¿Cómo reencontrar de la dimensión utópica? Riesgos, legitimidad y posibilidad

Daniel Sacilotto ha hecho una respuesta bastante buena que ahora debo comentar (y que recién me podido, lamentablemente, dar tiempo de responder). Mi respuesta no ha tomado en cuenta la respuesta a Javier, pero posteriormente comentaré algo sobre eso en el post mismo de Daniel.

Por lo pronto debo decir, que lo que sostuve en el anterior post se mantiene. Creo que el “radicalismo chic” deviene en un cinismo político. Sin embargo, creo que esa crítica ya no se le aplican ni a Badiou, ni a Daniel y sí a Zizek y a Emmanuel (véase su comentario en el post ya citado y mi respuesta al suyo). Esto es así por las distinciones que ha hecho Daniel en su respuesta a mi respuesta. El cinismo político del radicalismo chic puede ser una degeneración, una desviación, una tergiversación o un riesgo constante de la actitud comprometida con ideales y utopías (los estudios culturales en su vertiente más banal y academicista pecarían, a mi modesto juicio, de ello). Sin embargo, esas desviaciones no anulan la legitimidad de dicha actitud. Acepto que no toda actitud utópica cae en el cinismo político ya mencionado, de ahí que piense que es una actitud legítima (y acepte cierta crítica a Vargas LLosa por parte de Daniel). Pero sí pienso que, como todo, tiene riesgos. Ello sin embargo no anula su legitimidad y posibilidad, aunque es una difícil tarea pensar y realizar dicha posibilidad.

Precisar el asunto de lo “platónico” y de la “verdad” es lo esencial aquí y Daniel lo reconoce de manera inmediata.

Estoy de acuerdo con que puede ser un problema el que Vargas Llosa restrinja toda posibilidad de pensamiento diferente a los que se quieran fuera de la democracia liberal y del capitalismo. Estoy de acuerdo con que polarizar la oposición entre “libertad”/ “realismo”/ “democracia liberal”, y “utopía”/ “ideales”/ “dictadura” es algo que peca de simplificador y hasta de injusto. De esta manera cambiar las cosas “para bien” o “para mejorarlas” es algo imposible pues esto caería inevitablemente en el totalitarismo y en la privación de la libertad. De ahí que la posición de Vargas Llosa pueda ser asociada a un sentido común basado en Fukuyama y el “fin de la historia” que no comparto.

Sí concuerdo con Daniel en esto (en que nuevas posibilidades no totalitarias podrían ser reprimidas a priori por una falsa e injusta polarización), pero mi primera respuesta buscaba un poco hacer más “razonable” o “comprensible” (no sé si demasiado “justificable”) a la polarización. Daniel y yo concordamos en que la democracia liberal y el capitalismo tienen ciertos problemas y generan ciertos problemas. Supongo que coincidiremos en algunos problemas y discreparemos en otros, así como en manera en que estos se generan (que tan estructural, endógeno o necesario al “sistema” mismo, o incluso la misma noción de “sistema”). Mi primera respuesta quería apelar, en líneas generales, a casos conocidos del siglo XX donde esto había pasado, donde ideas para cambiar lo que teníamos se hicieron realidad y no se asemejaron mucho a lo que en teoría se buscaba y decía (por eso me encanta la expresión “socialismo real”, enfatizando que lo de verdad es muy diferente, y esto es curioso pues es un origen filosófico que buscaba romper esa separación entre teoría y praxis). Sé que obviamente puede ser mediocre (conservador o hasta reaccionario) no querer cambiar las cosas, pero quería que quedara claro que también alguien podría promover mantener una democracia liberal porque las probabilidades de que fracase otra cosa son altas (muchos riesgos y costos). Creo que esto no debe ser tildado sin más como conservador o reaccionario. Puede ser hasta “cobardía” o “mediocridad”, pero puede también quererse como una posición “realista” o “razonable”. Mi énfasis va pues, por los costos y riesgos.

Resumiendo: si alguien me pregunta si quisiera que la democracia liberal y el capitalismo cambiaran por algo que fuese más “justo”, “emancipador”, “libre” o algo en esa línea, sí estaré de acuerdo (aunque obviamente ya es toda una polémica debatir sobre qué significa cada una de esas palabras). Pero también comprendo, y acá creo que el adjetivo de “pragmatista” que me atribuye Daniel viene de estudiar algo de ciencia política (creo que sería mejor hablar de “pragmático” y no tanto de “pragmatismo “por el pragmatismo filosófico norteamericano), que no basta decir “que no haya habido, no significa que no pueda haber” porque los riesgos y costos son grandes. Y apelar que “lo que es grande, tiene grandes costos o requiere de grandes intentos” me parece igual también problemático. ¿Puede haber algo mejor que el “mal menor”? ¿Vale la pena intentar cambiar al “mal menor”? ¿Es cierto que dicho mal es realmente el “menor”? Creo que estas interrogantes son fundamentales para el problema que nos atañe aquí.

Puede haber pues, gente que quiera mantener el sistema por dominación, control, explotación, lo que se quiera. Pero puede haber gente brillante y bienintencionada, con buenas razones, para mantener lo que tenemos y hacer reformas graduales. Ya si a eso se le considera ser “ideólogo” sin saberlo, creo que estamos cayendo en supuestos complicados y polémicos.

Daniel me hace ver que caigo en la polarización de Vargas Llosa al hablar de esa manera. Y el rechaza, al igual que yo, que transformaciones significativas en la sociedad, la economía y la política tengan que darse a través de los medios tradicionalmente violentos del totalitarismo o de las dictaduras, etc. Un punto fundamental en cuestión, aquí, es el de si es posible, vía los procedimientos de las instituciones políticas de la democracia liberal, hacer estas transformaciones (léase: transformar la democracia democráticamente). Si esto es posible, medios no democráticos no serían necesarios. Obviamente la crítica radical dice que ello es imposible. Asumo que Daniel no cree que desde la democracia liberal ésta puede superarse a sí misma. Pero los medios violentos tradicionales de partidos, guerrillas y vanguardias revolucionarias también están descartados (y Daniel reconoce esto). Por eso se trata de pensar en medios propicios y diferentes para realizar el fin. Yo no estoy muy seguro si es que desde la democracia liberal no se puedan hacer cambios significativos. Creo que es muy extremadamente difícil, pero no imposible.

Daniel se distancia de lo que el llama “un residuo nostálgico por la secuencia Maoísta-Leninista del Siglo XX”, así como del “ideal del comunismo abstracto que ellos proponen, al menos nominalmente”. Acá vamos en la misma línea. De hecho él ha leído y ha sido mucho más influenciado por Badiou y Zizek de lo que yo he sido, pero ambos recusamos de esa nostalgia.

Si bien la expresión “programática” sería excesiva para algunas de las tesis siguientes de Daniel, por lo menos es necesario resaltarlas para ver algunos de los ejes de la reflexión:

“(…) no temer en impulsar la imaginación en función del ideal de justicia en el sentido original en que la libertad individual está subordinada a la colectividad genérica, o lo que llamaba <Vargas Llosa> ‘homogeneidad’. En esto si mantengo resonancia tanto con el Platonismo primitivo que busca separar el discurso de la opinión del discurso propiamente dialéctico-filosófico, y abstraer lo universal de lo meramente aparente o singular. Pienso que esto puede hacerse sin recaer en las atrocidades de las dictaduras del pasado. No es sino falaz sugerir que el destino de cualquier concepción filosófica en pos de la verdad tiene el singular destino del totalitarismo y la violencia, si bien es común seguir esa línea argumentativa en la variedad de discursos post-modernos” (las cursivas son mías).

Hay que precisar obviamente aquí muchas cosas y no exijo que Daniel tenga que hacerlo. Sé que mucho de ello (por propia experiencia) tiene referencias directas en la propuesta ontológica de Badiou.

  1. Ideal de justicia: libertad individual subordinada a la comunidad genérica.
  2. Distinguir entre el discurso filosófico y la opinión.
    • Distinguir entre lo universal y lo particular.
  3. Todo lo anterior no implica totalitarismo ni dictadura.
    • El sentido común filosófico “post-moderno” no cree eso (acá Daniel menciona como ejemplos a Levinas y a Heidegger).
    • Nuestra época reivindica la pluralidad, pero ello iría con una indiferencia política importante.

Estoy de acuerdo con el hecho de que el capitalismo esté en “complicidad” con los ejemplos que cita Daniel vía Zizek. Y me alegra que concordemos también, y acá pequé de asociar demasiado la posición de Daniel a la de Zizek, en el problema que Laclau detecta en Zizek (Cfr., Contingencia, hegemonía, universalidad. Diálogos contemporáneos en la izquierda; La razón populista; Debates y combates. Por un nuevo horizonte de la política). Y acá es donde Badiou se muestra como más fundamental. Si Zizek tiene el mérito de hacer mucha crítica y denuncia ideológica, pero sin tener un sujeto emancipador, la obra de Alain Badiou busca realizar este intento, en una época donde la propuesta y la construcción ya han sido abandonados y considerados como meros asuntos anacrónicos.

(…) la primera labor es construir un nuevo esquema dónde las categorías básicas para una teoría de acción e intervención política tengan sentido contemporáneo: ¿qué es un sujeto político?

Creo, y reconozco, que mi post anterior quizá asoció de manera excesiva, no solamente a Daniel con Badiou y Zizek, sino que creo que no diferenció demasiado a Badiou de Zizek. La crítica de Laclau a Zizek es eso y no merece ser asociada injustamente con la obra de Badiou. Laclau tiene otros textos donde habla de Badiou (pero no vienen en este post al caso). Acá obviamente peco de ignorancia ya que, si bien he estado leyendo El ser y el acontecimiento durante el último ya casi año y medio con Emmanuel y Javier, ello no quita que todavía no estemos en una plena capacidad para comprender sus principales aportes ontológicos que cada vez, con cada página, van mostrándose como esenciales para pensar eso: conceptos como “sujeto” y “verdad”. Si a este debo añadir la posterior lectura de Las lógicas de los mundos, creo que puedo reconocer bastante ignorancia momentánea sobre lo esencial de la ontología de Badiou.

Las múltiples tareas y aspectos de la ontología de Badiou son sistematizadas por Daniel. Estoy citando y recortando con el fin de meramente enumerar. En su post se encuentran las precisiones y aclaraciones de cada punto.

a) Una noción de verdad construida no en torno a trascendencias etéreas, sino que sea inmanente a la pluralidad de procesos materiales de la época.

b) Una noción de agencia subjetiva no suturada a un proceso genérico en un mundo particular, sino que admita la relativa independencia de la multitud de procesos. En la obra de Badiou esto se plantea en torno a la relativa independencia de las cuatro formas genéricas de verdades: política, arte, ciencia y amor.

c) Una tipología de modos subjetivos en torno a la producción de procesos genéricos a raiz del acontecimiento. Esto permite configurar la noción de lo que es un acto político en relación a la creación concreta en un campo específico.

d) Una teoría del cambio que nos lleve desde meras regulaciones locales, a cambios en la estructura de la situación, a cambios globales (que Badiou llama ‘acontecimientos’).

e) Una reelaboración del concepto dialéctico de negatividad, para articular una fenomenología adecuada a la variedad de mundos, y a la luz de los avances en las lógicas de tipo clásico, intuicionista y para-consistentes.

f) Una nueva noción del objeto que no dependa de la constitución del sujeto a modo idealista, antropocentrista, que de tal manera evite las filosofías ‘correlacionistas’ u idealismos de los siglos pasados, en favor de teorizar la separación de individuos y sujetos, y explicar la rareza de los últimos en función a situaciones concretas.

g) Finalmente, una reevaluación del estatuto del discurso científico en contra del antropologismo de la época que relativiza todo discurso en homogeneidad ontológica, bajo el espectro de la constitución subjetiva/linguistica/cultura, etc. No se trata de revivir un naturalismo arcaico, pero de rehabilitar la función discriminante de la representación para desarrollar un nuevo esquema de normatividad, radicalizando el enfoque Kantiano. En esto la obra de Meillassoux y Ray Brassier (vease su ensayo Concepts and Objects) son importantes, así como los proyectos de Peter Wolfendale (vease el Ensayo Sobre Realismo Trascendental), y permiten avanzar a una concepción distinta de lo que puede significar deliberación racional,concenso, objetividad, interpretación, y reestablecer un vínculo entre epistemología y metafísica (pacé Deleuze). Queda por decidir como este último punto se entrelaza con el aparato filosófico de Badiou y el resurgimiento del Platonismo o filosofía; cuestión que presentemente me ocupa.

(Acá me da pena decir que por ignorancia momentánea no puedo comentar estos puntos. Si lo hiciera sería de manera superficial, cayendo en lugares comunes y preguntas inmaduras que terminarían remitiéndome a la lectura de los textos. Mejor me ahorro la superficialidad de “cagar a Badiou en un párrafo” y me pongo a leerlo en serio).

Daniel, luego de precisar estos aspectos de la ontología y propuesta de Badiou, nos pide que no seamos “impacientes” o “injustos” con una elaboración ontológica rigurosa que quiera sentar bases para pensar y comprender nuevas posibilidades. Acá estoy de acuerdo, pero con la atingencia de que a veces la filosofía, sobre todo la continental, cae muchas veces en “pedir tiempo” y sentar las bases sólidas introductorias para un prolegómeno a una introducción que haga de prólogo a la tarea de una obra que nunca se escribe. Puede sonar simplificador, pero el “pecado original” de la fenomenología es nunca hacer lo que quiere, sino la tarea previa para la verdadera tarea que nunca se hace (quizá no se pueda hacer, pero ese es otro asunto).

Acá entonces hay una incertidumbre. Paciencia y rigor para grandes cosas, obviamente sí. Pero caer en una tarea “revolucionaria” previa sin fin me parecería lo más perversamente reaccionario. Sin embargo, no creo ni por asomo que Badiou (o Daniel) están en esta línea. Solamente lo señalo como un peligro constante.

Ahora, yo no quise dar a entender, como me lo señala Daniel, de que pretender grandes cambios o cierto compromiso con ideales universalistas tenga que ser necesariamente cínico o “anti-político”. De hecho que hay actividades concretas, locales, inmediatas que deben hacerse, pero soy también escéptico de esta ideología de las meras caridades. Aquí si sigo a Zizek y creo que concuerdo con Daniel. En todo caso, la tensión se mueve entre lo inmediato y lo “esencial” a largo plazo. Pero todo se juega en pensar si es que estos problemas son estructurales o generados por algo así como “el propio sistema”. Creo que en muchos caso ello puede ser así, pero no sé si en todos. No todo se agota en las “marchitas”, en darle “likes” a todas las causas justas del Facebook. La cuestión es tan compleja que lamentablemente se tiene que enfrentar en múltiples frentes (no sola, ni exclusivamente, el académico).

Daniel reitera dos puntos centrales para esta tarea:

Nuestra meta es hacer ello sin que a) se disuelva la universalidad de la verdad en particularidades individuales/contextuales, y b) se conciba concepciones reduccionistas que devengan en concepciones violentistas o dictatoriales.

Acepto la crítica de Daniel a mi interpretación reduccionista apresurada sobre el diagnóstico de Vargas Llosa. Acepto la crítica de no haber entendido la distinción entre “verdad” y “acontecimiento”. Agradezco la distinción, vía Zizek, entre “violencia objetiva” y “violencia subjetiva”, aunque no di a entender esto, lo cierto es que sí suponía una distinción análoga. Quizá no la dejé en claro. La problemática central es si la violencia “objetiva” no puede cambiarse desde el sistema mismo. Esa es la objeción de Zizek a Caputo (Cfr., 7:24). Yo tampoco creo que el ideal del “capitalismo con rostro humano” pueda, sin más, realizarse. Pero no sé si es que todos los problemas fundamentales de nuestro sistema político y nuestro sistema económico son del tipo “objetivo”.

Aunque el argumento marxista de Zizek es bueno no sé si se deba pensar esto en términos estructurales. Laclau piensa estos movimientos de una manera más “posmarxista” vía articulaciones, demandas, discursos, hegemonía, continegencia etc. Esa también puede ser una vía para pensar estos problemas. Pero en esto no estoy muy seguro, sinceramente. Todo se juega en si el sistema económico es un “sistema”, si es que tiene contradicciones estructurales y si es que la agencia humana no tiene un papel importante en la configuración y solución de dichos problemas.

Un ejemplo de esto puede darse con el análisis y Bagua (y de hecho revisaré el Mortification de Daniel). No sé que tan “objetivas” hayan sido todas esas violencias. Osea, no es como que la democracia en el Perú tendría que funcionar necesariamente como funciona y generar esto. Obvias reformas institucionales, efectivas y posibles, en el sistema electoral, en la legislación sobre los partidos y en algunos aspectos del sistema de gobierno realmente le podrían dar representación legítima a los ciudadanos de Bagua.

Para ir cerrando (por el momento): hay que darse el trabajo, entonces, de estudiar seriamente estos aportes antes de declararlos inútiles y hay que ser conscientes de lo difícil de la tarea, del tiempo que requieren, de los recursos que suponen (me refiero en mi propio caso a Badiou, por el que sí siento un genuino interés en lo que respecta a pensar estas posibilidades legítimas). La posibilidad pues, no puede negarse a priori. Sin embargo, hay que ser conscientes de los peligros de la utopía (en las realizaciones totalitarias que denuncié en el post anterior) y de la constante imposibilidad de elaborar la tarea, vía una “rigurosa” procastinación académica, o peor, en una cómoda posición academicista de mera denuncia cultural “radical” y cínica. Creo que estas pueden ser las constantes desviaciones, entre muchas otras asumo, a las que este tipo de tareas se ven tentadas todo el tiempo.

Si en mi primera intervención critiqué el cinismo político del radicalismo chic, al hacerse de las utopías y los ideales, ahora mi punto fue señalar que hay actitudes que se relacionan con la utopía y que no caen en este saco. Sin embargo, dichas actitudes se encuentran amenazadas por riesgos constantes, algunos de los cuales (los que creo importantes en el contexto de esta discusión) he mencionado breve y esquemáticamente.

Sé que a veces es necesario correr riesgos y hacer apuestas, pero creo que es importante ser consciente (lo más posible) de los riesgos y costos. Creo, como Marx, que hay todo un mundo por ganar, pero no quiero que en nombre de dicho ideal no seamos conscientes que sí hay, hoy por hoy, mucho que perder.

Podría ser quizá un buen momento para, vía estos nuevos recursos e intentos, que podamos reencontrar la dimensión útopica. Flores Galindo nos lo agradecería:

El socialismo no debería ser confundido con una sola vía. Tampoco es un camino trazado. Después de los fracasos del estalinismo es un desafío para la creatividad. Estábamos demasiados acostumbrados a leer y repetir. Saber citar. Pero si se quiere tener futuro, ahora más que antes, es necesario desprenderse del temor a la creatividad. Reencontremos la dimensión utópica.

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