El cinismo político del “radicalismo chic”

(Slavoj Zizek & Alain Badiou)

No tengo que repetir que Vargas Llosa ganó el Nobel. Daniel ha escrito un post interesante sobre un aspecto importante de su visión de lo político y de su relación con las utopías, a partir de una entrevista. Usualmente suelo estar muy de acuerdo con lo que suele escribir. Pero es también bastante saludable discrepar entre amigos que se estiman en demasía. Y este es el caso.

Daniel considera que la visión política de Vargas llosa es en realidad una “anti-política sosa” fundada en una actitud “anti-utópica”. Vargas Llosa, siendo fiel a tesis importantes del liberalismo político, afirma que este potencial utópico e idealista debe volcarse a actividades y producciones tales como la literatura y las artes. En esto no está muy lejos de Rorty, ya que éste en Contingencia, ironía y solidaridad, afirmaba en relación al canon filosófico tradicional que hay ciertos autores que uno debe utilizar para el ámbito público y otros para el ámbito privado. Por ejemplo, Rawls y Habermas (los filósofos “políticamente correctos”) son importantes en la discusión sobre la esfera pública, mientras que Nietzsche, Heidegger y Foucault (los filósofos “políticamente incorrectos”) servirían para la esfera privada. De esta manera, vía el supuesto liberal fuerte de un ámbito público y uno privado, tanto Rorty como Vargas Llosa asignan determinados asuntos a determinadas esferas. En el caso de Vargas Llosa se trata, más que de libros, de canalizar actitudes y posibilidades utópicas.

Sin embargo, Vargas Llosa cree que la actitud utópica debe quedar restringida a lo privado porque si se introduce en el ámbito de lo social, esto devendrá una dictadura (caracterizada por tender a ser totalitaria y a privarnos de nuestra libertad individual, osea, a perder uno de los valores supremos del liberalismo).

Cito lo que me parece central en el argumento de Vargas Llosa (y que Daniel también cita):

Porque cada ves que la utopía se ha intentado materializar el resultado ha sido catastrófico, ha sido la desaparición de la libertad, el establecimiento de sistemas atroces… En ese campo es mejor eso que llamamos la democracia, esa cosa mediocre que a los grandes utopistas les repugna pero que es el sistema que crea esos consensos donde podemos vivir en la diversidad que somos… no hay manera de establecer una homogeneidad absoluta sin establecer una violencia brutal. Esa homogeneidad absoluta no existe… la democracia es el sistema que conjuga mejor esa gran diversidad.

Estoy de acuerdo con la tesis de Daniel, según la cual el liberalismo y la actitud para con la democracia liberal y la utopía sería, de alguna manera, lo opuesto a la actitud platónica “estándar” sobre la República, con todo lo anacrónico que ello pueda ser (sé que hay platonistas que pueden defender visiones diferentes de dicho texto, pero quedémonos con la que suele ser influyente en estas discusiones y que creo que es la que maneja Daniel, aunque también hay obvias influencias de Alain Badiou).

Platón resalta que las capacidades y funciones diferentes deben servir a lo común. El filósofo encabeza la Polis y vía la Idea del Bien, de la justicia, etc, puede hacer buenas leyes, buscar y realizar la justicia propia de una Polis. Es cierto que Platón se muestra crítico con los poetas, pero por momentos también da a entender que pueden ser útiles (de hecho, por algo es que el diálogo termina con el mito de Er).

Puede ser que Vargas Llosa sí crea que la democracia liberal y el capitalismo global hayan venido “para quedarse”, pero no sé si ello debe inferirse de la entrevista. A mi me pareció que la actitud fue genuinamente liberal: la democracia como el “mal menor” porque el liberal desearía que no haya Estado, pero lo necesita lamentablemente para proteger su propiedad y sus libertades individuales, tanto civiles como políticas y, dependiendo que tan de izquierda sea, sus derechos y libertades sociales. Daniel da a entender que el diagnóstico de lo literario, de lo poético (que es lo que encarna lo utópico), termina siendo algo que es ajeno a lo político y al cambio político. Yo no estoy seguro que Vargas Llosa piense que no deba haber ningún tipo de “contacto”. Su propia obra literaria ha tenido y tiene también obvias repercusiones. Quizá sean de “menor” alcance.

Haciendo el paralelo con Rorty (aunque sé que todos los pragmatistas dirán que Vargas Llosa sería un liberal metafísico y Rorty no, lo cierto es que veo algunas semejanzas para el tema en cuestión), podría pensarse que la literatura puede “hacernos mejores”, pero quizá de una manera más moderada, “ampliando nuestra sensibilidad”, “haciéndonos ver las cosas de maneras más interesantes y creativas”, etc (cambios en la cultura y en la política graduales y bastante “softcore”). Lo cierto es que esos fines me resultan preferibles a la matanza masiva de seres humanos por no creer que lo que dijeron un par de alemanes del siglo XIX y un par de rusos del siglo XX sea verdad. Si los libros deben tener ese alcance para ser verdaderamente emancipadores, entonces creo que paso.

Hasta aquí creo que no tengo muchos reparos y más bien lo que he tratado de hacer es complementar las aclaraciones de Daniel con algunas ideas de Rorty. Es donde entra Zizek que tengo mis reparos. Entiendo el “twist” del argumento: pensar que el fin de las ideologías ha advenido es la ideología más perversa, decir que la democracia liberal es lo único que habrá es conservador y reaccionario, etc. Los liberales son los reaccionarios y conservadores, no los “progres”. Creo que hay liberales que crean eso, pero creo que un liberal puede pensar que la democracia liberal es lo mejor que ha tenido, y tiene, por el momento. Y acá vuelvo a citar un fragmento de lo que ya cité:

Porque cada ves que la utopía se ha intentado materializar el resultado ha sido catastrófico, ha sido la desaparición de la libertad, el establecimiento de sistemas atroces…

A menos que se quiera ser revisionista histórico, lo cierto es que las utopías del siglo XX han generado totalitarismos y autoritarismos. Y acá Zizek y Badiou, salvo con citas y anécdotas (propias de un “radical chic”) de Lenin o Mao, creo que no pueden defenderse. Porque el siglo XX le da la razón y la victoria a la democracia liberal y al capitalismo, nos guste o no. No digo que no sea explotador, que no sea violentad, que no sea hipócrita, que sea belicista, que no sea todo lo malo (yo creo todo eso y más del capitalismo). Sin embargo, creo que es mejor o “menos malo” que lo que los países comunistas del siglo XX hicieron.

Por eso creo en la crítica de la Laclau a Zizek, y voy un poco en la misma línea al criticar la posición de Daniel. Si Daniel piensa que Vargas Llosa es un anti-político soso porque es un reaccionario y conservador que no cree en las utopías y quiere mantener la explotación del sistema capitalista “and so on, and so on”, tenemos ser justos y preguntar en qué está pensando Daniel (y Zizek y Badiou asumo) con “mantener el ideal, la utopía, la posibilidad del cambio revolucionario, liberador, emancipador, etc”. No hay casos empíricos, no hay nada que se asemeje a eso. Si el liberalismo político, sea de derecha o de izquierda, es acusado de conservador por querer cambios no que no cambian nada, la posición supuestamente “comprometida” peca de ser cinismo político: “toda lucha liberal es hipócrita, debemos buscar la verdadera lucha, el verdadero orden, etc”. Pero no existe tal cosa. Zizek no tiene un sujeto político emancipador, Laclau ya le hizo ver eso. Todas las luchas para el son softcore y superficiales, pero nunca dice quién o dónde debe estar la verdadera lucha, la que emancipa y cambia estructuras. Además, y no se suele resaltar esto: criticar con el ideal comunista la democracia liberal capitalista real es injusto. Zizek se gana la vida mostrando como los que piensan en un capitalismo con rostro humano son utópicos. Pues sí, ese es el capitalismo ideal que Zizek cree que es estructuralmente imposible. Zizek evidencia que el capitalismo ideal no se corresponde con el capitalismo real y que el capitalismo real no puede realizar ese ideal. Sin embargo, ¿Qué pasa con el comunismo real? Porque si tengo que elegir entre lo que más se acerca al ideal, el capitalismo va ganando y por bastante. Yo puedo también criticar la Unión Soviética (comunismo real) y decir que en la democracia liberal capitalista ideal no habrían los problemas que hay en dicha realización. Creo que sería más justo que lo real se combata con lo real y lo ideal con lo ideal. Porque también podría haber un Zizek liberal que se pase la vida dando conferencias sobre como es imposible que el comunismo real realice el comunismo ideal y que eso es utópico y estructuralmente imposible (ningún país comunista ha pensado obviamente en la posibilidad de abolir el Estado para que advenga la sociedad comunista).

Creo que Daniel cae en el problema de Zizek, cae en el cinismo político: lo que hay no es una verdadera lucha, no sé cómo sería una verdadera lucha, así que probablemente esto se acabe con los marcianos o con crisis ecológica. Yo creo que esto es lo verdaderamente utópico (y lo digo en el sentido peyorativo en el que Zizek lo utiliza, como buen marxista que adjetiva lo falso como “utópico”): negar cualquier intento de hacer algo por no ser suficientemente radical, pero no tener idea de qué sería eso.

Creo que el argumento de que los que buscan cambios graduales porque así su propiedad no se toca es simplificador y reduccionista porque sigue asumiendo que lo fundamental es la infraestructura económica. Osea que Vargas Llosa no puede tener compromisos serios con la idea de que el Estado debe ser un Estado de derecho, que los derechos humanos son universales y no deben vulnerarse, que el poder debe estar dividido, que se deben respetar las libertades individuales. Simplemente se trata de que es un adinerado que inconscientemente quiere mantener su explotación y conversar con sus amigos. Reducir todo a lo económico es algo que las ciencias sociales y la filosofía ha mostrado como problemático.

Es cierto que la utopía está asociada a la dictadura y que eso puede ser injusto, pero ¿es acaso tan absurdo? Osea díganme cuántas utopías no han acabado en dictadura. El liberal juega a perder lo menos posible y si la historia le da evidencia para afirmar que toda idea en nombre de la libertad por ese lado ha terminado en una dictadura, entonces ¿qué referente tienen? Y entiendo que se pueda decir que tienen que pensar en otros mundos posibles o posibilidades, pero tampoco es tan fácil venir a vender lo que nunca ha habido pues.

Daniel luego dice lo siguiente:

La libertad (de opiniones, individuales…) y la individualidad es entonces, bajo el lente del Nóbel, más importante que la verdad o universalidad, la cual en el ámbito de la política clásicamente lleva el nombre de justicia. El problema es que al reducir el concepto de homogeneidad política a las libertades democráticas, y anunciar las últimas como el horizonte insuperable del pensamiento, Vargas Llosa substrae a la política del ámbito de producción de nuevas verdades, reduciéndo el imaginario político al destino singular del tirano: el discurso del dictador.

Entiendo que en sentido estricto descalificar una posición utópica como dictadura no sea justo, pero dime qué “verdades” son esas… ¿La revolución francesa? ¿La revolución rusa? ¿La revolución china? Entiendo que sean trascendentes y hechos importantes, pero el grado de violencia que generaron es algo que el liberal no querría (y que yo tampoco querría hoy). Si lo radical implica que muera mucha gente, probablemente él prefiera cambios graduales por su compromiso con derechos humanos y su seguridad. Si se me dice que el liberal es hipócrita porque el capitalismo y la democracia liberal matan mucha gente todo el tiempo, uno puede señalar casos de liberales que están en contra de esto pues traiciona las banderas ideales del liberalismo. Y si se responde que ese ideal es una trampa porque estructuralmente la democracia liberal y el capitalismo global no pueden generar ese ideal y que siempre tendrá que haber conflicto y siempre tendrá que morir mucha gente por las “verdades políticas”, entonces creo que soy por el momento utopista, reaccionario y conservador. Me niego a pensar que esa sea la “única vía”.

Y sobre lo siguiente, sí creo que puede ser nocivo en muchas casos que el sentido común sea “posmoderno”, “relativista”, “culturalista”, etc. Pero tampoco estoy muy seguro, quizá porque no he entendido del todo a Badiou, porque debemos ser “platónicos”. Yo no sé si realmente ser un “sofista” es algo malo per se. De hecho creo que sin la sofística no sería lo que es hoy. Creo que podrían cumplir con honor ese papel que denuncias: ser los objetores al peligro potencial de las utopías.

A su credo pueden sumarse todos los marranos que piensan que predicando ‘libertad para todos’ y marchar en las calles recitando los eslóganes insustanciales de ‘la democracia’ y ‘derechos humanos’ basta para calificar de activistas, y de encontrarse en el ámbito de la política verdadera.

Este tipo de párrafos me encantan porque evidencian mi punto sobre el cinismo político del “radical chic” que Zizek ha generado en Daniel. Si esa estrategia es tan claramente inútil me intriga saber en qué Daniel piensa como la verdadera “estrategia revolucionaria”: ¿alistarse en la guerrilla? ¿trabajar en una fábrica y formar un sindicato? ¿ser militar y hacer un golpe de Estado? ¿militar en un partido democrático? ¿romper cosas? ¿escribir en un blog? ¿estudiar literatura comparada? No hay respuesta.

Evidentemente no se trata de simplemente coincidir con la visión Platónica de la antigua República en la que cada hombre obtiene un cargo en base a sus funciones naturales, ni de apelar a la nostalgia de aquellos viejos proyectos de Izquierda o demás para resucitar el credo del partido, del proletariado, o de la comunidad. Debemos rechazar la quietud de la mediocridad democrática, pero también las nostalgias regresivas, los provincialismos, los totalitarismos gastados, y las retóricas burdas de los que protegen los ‘derechos del hombre’. Se trata de no rendir el prospecto de homogeneidad comunal a la heterogeneidad individualista y alienante; de no reducir el concepto y prospecto de verdad política, de la justicia, al ámbito de meras opiniones para el comercio banal del relativismo democrático y el conocimiento de expertos. Finalmente, de no escarmentar, en elevarse sobre lo mediocre de la injusticia contemporánea, impulsando la imaginación a ‘las nubes’, preparándolas para que suelten relámpagos.

Este final radicaliza esto, todo es negativo: no partido, no nostalgia, no nada. Ser comunista no tiene nada que ver con el socialismo real y con todo lo que ello implica. Todo eso que crees, eso no. Pero no se dice qué es. Y como las estrategias han fracasado, no se quiere abandonar la utopía. El fin no se abandona (eso sería ser utópico asumo, mantener la hipótesis comunista), pero sí todos medios tradicionales. Obviamente nadie sabe qué entonces implica ser revolucionario, pero ahí llegan los aportes filosóficos. Ontología, epistemología, metafísica. Decir que todo lo que se hace es inútil por razones estructurales. Sin embargo, la tarea positiva en los que se reclaman hoy comunistas (vía Badiou y Zizek) no existe.

Creo que el escepticismo de la utopía es, por el momento, mejor que el cinismo político que se considera radical, pero no tiene idea de qué es eso y por dónde va. Prefiero alguien que marcha y pertenece a grupos de Facebook, que alguien que se dedica a mostrar que todo eso estructuralmente no sirve, pero no dice qué se puede hacer. Sin estrategia (y ese sí fue el gran mérito de Lenin) queda una crítica divertida (vía Zizek) e interesante. Sin embargo, decir que todo lo que se hace no sirve o es reaccionario y conservador en pro de algo que supuestamente es revolucionario, pero no se sabe qué es, que es algo que  tiene que pensarse o que ya vendrá, creo que constituye un mayor conservadurismo.

Y sobre el ad hominem clasista: creo que es un mal argumento porque se le puede aplicar al propio Daniel (es un argumento que NO comparto): ¿Qué revolución puede haber en un departamento de literatura comparada gringo? Si EEUU no tiene problemas en tener a todos esos “radicales” ahí es porque no importan, porque no van a hacer diferencia. Vender esos libros da dinero y que estos patines den conferencias da prestigio y rentabilidad.


13 responses to “El cinismo político del “radicalismo chic”

  • Emmanuel

    Bueno, el cínico es un pesimista ilustrado. En ese sentido, tanto Daniel L. como Daniel S. son cínicos. Yo tb soy cínico, a mucho orgullo🙂. Todos sabemos -o intuimos que hay algo tremendamente perverso el en capitalismo y en aceptar sus reglas liberales de juego; pero todos las jugamos. Con ambivalencia o sarcasmo, las jugamos.

    Ahora, creo que Daniel S. y yo somos -felizmente- un poco más cínicos y ácidos que Daniel L. como para ir modelando nuestro discurso para apoyar al “mal menor”, recurriendo a argumentos empíricos.

    El comunismo fue una mierda y ya terminó. El capitalismo es otra mierda y parece que tiene para rato. No comparto las ideas emancipatorias-comunistoides de Zizek y Badiou, pero sí concuerdo con sus críticas feroces al liberalismo-capitalismo. Ahora, la pregunta que me harían sería: ¿Y tú qué propones? Respuesta: No tengo la menor idea, solo sé que hay algo que anda mal, muy mal en creer utópicamente en utopías comunistas, y que algo anda aún peor en confiar en un capitalismo con rostro humano en el que todos seamos libres. Tb me parece que apoyarlo públicamente como el “mal menor” está mal.

    El hecho de que las propuestas alternativas de la izquierda radical nos parezcan cuentos chinos sazonados con enigmáticas fórmulas matemáticas, no invalida la profundidad de sus críticas al orden actual.

    Hay que hacer más crítica cultural radical que propuestas utópicas. ¿Para qué sirve esta crítica? No es comprometida con un proyecto político claro, no va a cambiar al mundo; pero tal vez sea un espacio de resistencia en el que algunos de nosotros encontramos nuestra voz y nuestro pathos propio, tal vez sea un espacio para la izquierda académica que el capitalismo académico nos ha construido para domesticar de sus excesos, tal vez las mascotas ladran más de lo que le gusta al amo y un día se puedan cagar en su sala o morderle la mano, no sé. No sé, pero ese espacio me parece el más auténtico para mí.

  • Sobre una tipología pendiente (o de por qué “caviar” no debería ser un insulto) (I) « Sagrada Anarquía

    […] (recomiendo al respecto la lectura de un intercambio de posts muy interesante llevado a cabo por Daniel Luna y Daniel Sacilotto). Lo que cabe decir, contra Zizek y otros, es que yo no veo con tanto pesimismo […]

  • Javier Urbina

    Daniel, como ya te he dicho antes, eres mucho más lúcido cuando expones tus ideas amargado.😀

    Estoy muy de acuerdo con tu posición. Luego, haré un comentario con lo que me motivan sus ideas.

    Un abrazo

  • Erich Luna

    Hola Emmanuel

    Muchas gracias por tu comentario.

    Entiendo tu definición de cínico y el hecho de que, mal que bien, los tres seríamos cínicos. Ahora bien, creo que el problema a abordar ahí es el de si eso es cierto, así como el hecho de saber si es que es posible no ser cínico.

    No sé si es que necesariamente tenga que ser una diyuntiva entre ambivalencia o sarcasmo el seguir las reglas del capitalismo. Porque bajo ese esquema no estar de acuerdo, y ser consecuente qué sería ¿vivir fuera de un Estado nación? ¿fuera de una democracia liberal? O sería más bien una disidencia dentro de esta… y en este caso ¿qué tan disidente uno debería ser? ¿Cometer crímenes o vivr como un paria? No sé si es justo generar esa polarización.

    Sí es cierto que yo soy más proclive a ser seducido por el argumento del mal menor. Es cierto que me apoyo en evidencia empírica y es cierto que Daniel ha diferenciado bastante su posición en su respuiesta a mi post (mi respuesta a la suya todavía no la he terminado).

    Compartes las críticas de Zizek y Badiou, pero no las posibilidades de pensar una propuesta positiva para hacer frente al problema. Creo que ahí pierdes lo mejor de ambos mundos. Creo que te quedas con la debilidad de Zizek, señalada por laclau, y no con las elaboraciones ontológicas positivas de badiou que, aunque no manejo todavía con ninguna solvencia significativa, parecen abrir un espacio diferente para pensar estos problemas.

    Caes en el mismo problema: comunismo, capitalismo, rostro humano, mal menor, todo te parece mal y no hay ningún problema en afirmar que no tienes idea de cómo podría cambiar o a qué, pero no te importa (al parecer ni siquiera) pensar en ello como un problema.

    “Hay que hacer más crítica cultural radical que propuestas utópicas”.

    Acá discrepamos. Yo creo que hacer crítica cultural está bien, y asumo que puede ser algunas veces radical. Pero no creo que ello sea lo principal que las humanidades y las ciencia sociales deben aportar. Creo que es un complemento, pero no lo esencial. Ahí creo que caes en el ad hominem final de mi post.

    “¿Para qué sirve esta crítica? No es comprometida con un proyecto político claro, no va a cambiar al mundo; pero tal vez sea un espacio de resistencia en el que algunos de nosotros encontramos nuestra voz y nuestro pathos propio, tal vez sea un espacio para la izquierda académica que el capitalismo académico nos ha construido para domesticar de sus excesos, tal vez las mascotas ladran más de lo que le gusta al amo y un día se puedan cagar en su sala o morderle la mano, no sé. No sé, pero ese espacio me parece el más auténtico para mí”.

    Esto me parece completamente reaccionario. No hay nada crítico en ser un parásito de la academia y considerar como un logro “cagarse en la sala del amo” o “morderle la mano”. No sé si tienes mascota, pero cuando eso llega a suceder, los amos castigan a sus mascotas para que aprendan que NO deben hacerlo. Hacer crítica cultural de esa manera es aceptar un orden sin querer transformarlo, es divertirse con chácharas eruditas sin mayor ppropósito. Es no constatar que la academia también tiene restricciones y límites.

    Y sí, quizá tu imagen puede llegar a ser en algunos casos aterradoramente cierta: domesticar excesos. Si ese es el único espacio en el que te sientes cómodo, entonces no hay duda de que eres un cínico, tal y como el que denuncia mi post. Quizá yo también lo sea, pero me niego a serlo “en absoluto” o a serlo en ese mismo grado.

    Un abrazo,
    Daniel

    • Javier Urbina

      Buena respuesta! Se nota que la escribiste más afectivamente cargado o dispuesto de lo normal.🙂

      Por mi parte pienso que ninguno de los dos Daniel sería un cínico. Para serlo habría que creerse desengañado: delatador de todos los semblantes, crítico de todos los discursos, siempre más allá o más acá de las posiciones comprometidas.

      Nadie vive sin semblantes, sin dejarse engañar por algo. El cínico tampoco, y eso se le revela más fuerte que a nadie cuando su modo de vida se ve amenazado. Sólo en la comodidad está su arrogancia.

      Pienso que ambos Danieles están profundamente engañados y, gracias a eso, sus ideas nos transmiten una verdad al sesgo, medio-dicha, silenciosa, impermeable al saber, como todas las verdades. Creo que en mi comentario a Daniel S. pude transmitir algo de lo que a mi se me reveló.

      Dicho esto, estoy de acuerdo con que Emmanuel tiene algo de cínico a veces (aunque creo que es un cínico wannabe), más no con que los Danieles lo sean. Aún tienen esperanzas en el ser humano.

  • Erich Luna

    Hola Javier

    Muchas gracias por tu comentario.

    (¡Me has ganado en la respuesta!, pueden revisar el comentario de Javier a la respuesta que Daniel hizo de mi post aquí: http://bebereignis.blogspot.com/2010/10/respuesta-daniel-luna-sobre-la-idea-de.html y pueden revisar la respuesta de Daniel al comentario de Javier aquí: http://bebereignis.blogspot.com/2010/10/respuesta-javier-urbina-sobre-teoria-y.html)

    No sé si estaba amargado cuando escribí esto😀. En todo caso estaba más “afectivamente cargado o dispuesto” (en alusión a la Befindlichkeit heideggeriana) de lo que normalmenete lo estoy.

    Un abrazo y seguimos conversando (ye tenemos que retomar badiou, este contexto es muy propicio para ello),
    Daniel

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