El nuevo institucionalismo (1)

En el artículo “Elaborating the ‘New Institutionalism'”, artículo introductorio al volumen Handbook de ciencia política de Oxford dedicado a las instituciones políticas, March y Olsen empiezan definiendo lo que comprende la palabra “institución”:

An institution is a relatively enduring collection of rules and organized practices,embedded in structures of meaning and resources that are relatively invariant in theface of turnover of individuals and relatively resilient to the idiosyncratic preferencesand expectations of individuals and changing external circumstances (March andOlsen 1989, 1995). There are constitutive rules and practices prescribing appropriatebehavior for specific actors in specific situations. There are structures of meaning,embedded in identities and belongings: common purposes and accounts that givedirection and meaning to behavior, and explain, justify, and legitimate behavioralcodes. There are structures of resources that create capabilities for acting. Institutionsempower and constrain actors differently and make them more or less capableof acting according to prescriptive rules of appropriateness. Institutions are alsoreinforced by third parties in enforcing rules and sanctioning non-compliance (3).

El institucionalismo enfatiza el carácter endógeno de las instituciones políticas, así como el hecho de que son construcciones sociales. Las instituciones comprenden estructuras, reglas y procedimientos operativos estandarizados que tienen un rol parcialmente autónomo en la vida política. En relación a esto, el institucionalismo busca comprender al sistema política con el fin de, en última instancia, mejorarlo.

Ahora bien, para complementar esta visión donde priman las estructuras, las formas y los procedimientos (pathos más kantiano), se recurre normalmente a otras dos teorías. Dichos suplementos para el institucionalismo suelen ser:

1. La perspectiva del actor racional: la vida política se entiende como una organización e intercambio de actores calculadores que tienen determinados intereses. Creo que este es un pathos más ligado al mundo anglosajon, hobbesiano y lockeano (liberal). Quizá similar a lo que Macpherson llama “individualismo posesivo”.

2.  La perspectiva de la comunidad cultural: la vida política se organiza bajo visiones del mundo y valores compartidos. Se trata de una comunidad con una cultura común. Creo que este es un pathos más aristotélico y hegeliano (“las instituciones como objetivación del espíritu del pueblo”).

March y Olsen resaltan que si bien dichos marcos teóricos pueden complementar las explicaciones institucionalistas, lo cierto es que las personas que creen demasiado en el poder explicativo de uno u otro de estos dos marcos tienden a considerar a las instituciones como un epifenómeno de “determinados intereses” o de “determinada cultura”, casi al modo en que el marxismo ortdoxo consideraría a las instituciones como algo meramente superestructural. El institucionalista no puede aceptar esto y piensa que, si bien hay un contexto que puede tener importancia, ello no le resta a las instituciones el poder de crear elementos de orden y predictibilidad, a partir de incentivar y restringir a los actores políticos.

Institutions are carriers of identities and roles and they are markers of a polity’s character, history, and visions. They provide bonds that tie citizens together in spite of the many things that divide them. They also impact institutional change, and create elements of ‘‘historical ineffciency’’ (4-5).

El institucionalista cree que los procedimientos, al hacerse rutinarios y comprensibles, producen modos de acción y patrones organizacionales recurrentes. La tarea es explicar cómo dichos procesos se estabilizan o desestabilizan, cuáles son los factores que sostienen o interrumpen a los procesos.

¿Qué caracteriza pues al institucionalismo? Retomando las tesis que habían ya presentado en 1984, March y Olsen resaltan como rasgos esenciales del institucionalismo lo siguiente:

First, we argued for the relative autonomy and independent effects of political institutions and for the importance of their organizational properties. We argued against understanding politics solely as reflections of society (contextualism) or as the macro aggregate consequences of individual actors (reductionism).

Second, we claimed that politics was organized around the interpretation of life and the development of meaning, purpose, and direction, and not only around policy-making and the allocation of resources (instrumentalism).

Third, we took an interest in the ways in which institutionalized rules, norms, and standard operating procedures impacted political behavior, and argued against seeing political action solely as the result of calculation and self-interested behavior (utilitarianism).

Fourth, we held that history is ‘‘ineffcient’’ and criticized standard equilibrium models assuming that institutions reach a unique form conditional on current circumstances and thus independent of their historical path (functionalism) (6).

Las instituciones son  también, pues, una variable independiente. Hacerlas enteramente dependientes de la sociedad o de los actores individuales es caer en el contextualismo y el reduccionismo respectivamente. Tampoco se trata de reducir la política a las políticas públicas o a la asignación de recursos. En lugar de dicha visión instrumentalista, nuestros autores rescatan el papel fundamental que cumplen las concepciones del mundo, del sentido y del propósito. Como las instituciones pueden tener relación con lo anteriormente mencionado, se rechaza el utilitarismo que ve en la acción política únicamente al mero interés egoísta e individual, ya que se piensa que las mismas instituciones pueden influir en el comportamiento. Finalmente, se rechazan las visiones funcionalistas que ven en el desarrollo de las instituciones un proceso más determinista, líneal o cuasi-teleológico. Todo esto en pro de los procesos históricos de cada caso que, con un contexto e historia compleja, hacen difícil pensar en un único “resultado”.

Asimismo, las instituciones repercuten en lo que motiva el comportamiento y curso de acción de los actores, así como en las restricciones de lo que es posible o está permitido hacer.

Political actors organize themselves and act in accordance with rules and practices which are socially constructed, publicly known, anticipated, and accepted. By virtue of these rules and practices, political institutions define basic rights and duties, shape or regulate how advantages, burdens, and life-chances are allocated in society, and create authority to settle issues and resolve conficts (7).

La idea es que las instituciones pueden generar orden en las relaciones sociales, reducir la incertidumbre en lo que concierne a la variabilidad y flexibilidad del comportamiento, así como el restringir los deseos y las empresas meramente egoístas e individualistas. La lógica propia de la acción que sigue la perspectiva institucionalista es la acción que se orienta y rige por reglas. Estas prescripciones, derechos y obligaciones derivan esencialmente de los vínculos de pertenencia que los individuos conciben como ligados a su identidad. Ello implica la noción, para nuestro caso, ser reconocerse como miembros de una comunidad política. Dicha condición está marcada por un ethos que configura prácticas y expectativas. Las reglas se siguen pues, porque se perciben como “naturales”, “correctas” y “legítimas” (sería interesante ligar esta visión con los desarrollos hechos por Wittgenstein en lo relativo a “seguir una regla”).

Ahora bien, estos rasgos descritos sobre las instituciones no suponen de ninguna manera el que las instituciones tengan que ser estáticas o inmóviles. Todo lo contrario: la institucionalidad y la institucionalización sobre procesos que devienen contínuamente, aunque lo normal sea que dichos cambios no se den de la noche a la mañana. Asimismo, el cambio en las instituciones no implica ninguna visión lineal, unidireccional o teleológica. Bajo este esquema no tendría mucho sentido hablar de “progreso institucional”. El estudio de las instituciones, desde esta perspectiva se nos presente como algo bastante rico e interesante, esencial para complementar la buena historia política.


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