La confrontación de Badiou (matema) con Heidegger (poema) sobre la naturaleza.

por Erich Luna

El grupo de lectura de El ser y el acontecimiento de Alain Badiou (Cfr., la presentación que hace Badiou de su propio libro), del cual formo parte (con Emmanuel y Javier), se ha quedado “atorado” en la Meditación 26 (“El concepto de cantidad y el impasse de la ontología”). Dicha meditación es fundamental para lo que viene después (las 11 meditaciones restantes) y para el libro de Meillassoux Tras la finitud (He escrito ya algo sobre dicho libro en los siguientes posts: Hacia la crítica del correlacionismoLo “ancestral” y el “arche-fossil”Crítica de la posición correlacionista sobre lo ancestral hacer afirmaciones ancestralesLa imposibilidad de la defensa correlacionistaLos supuestos de la metafísica dogmática y la crítica del correlacionismo débilMetafísica, ideología, crítica y especulación). La parte más importante de ese libro presupone un buen conocimiento de la ontología de Badiou, de la teoría de conjuntos y de los tansfinitos). Así que existen buenos motivos para resolver las dudas que tenemos de dicha meditación, que son más que nada dificultades con el manejo de la axiomática.

Por eso decidimos re-leer las 25 meditaciones anteriores, pero haciendo unos resúmenes breves que expongan lo esencial de cada meditación, con el fin de tener más “a la mano” el aparato matemático y conceptual de la filosofía de Badiou que permita seguir avanzando con esta obra. Dichos resúmenes son solamente de las meditaciones “filosóficas” y “matemáticas”. Las meditaciones “históricas” (las que versan explícitamente sobre filósofos y poetas) han sido dejadas de lado por el momento. Javier hizo muy buenos resúmenes sobre las meditaciones 1, 3, 4, 5, 7 y 8. Ya he promocionado en entradas anteriores el blog que algún día planea sacar. Asumo que ahí colgará los resúmenes. Si al final desiste de la idea de hacer un blog trataré de subirlos acá.

Por mi parte, he preferido hacer los resúmenes a modo de posts en blog, con el fin de poder compartirlos y discutirlos más allá de nuestro grupo de lectura. Veremos que resulta de ello.

***

La Meditación 11 (“La naturaleza ¿Poema o matema?”) empezará retomando algunas de las concepciones heideggerianas sobre la naturaleza (sobre todo a partir del curso de 1935, Introducción a la metafísica). Dicha meditación puede ser complementada con el texto de Badiou “El estatuto filosófico del poema después de Heidegger” (1992). La idea es regresar de nuestra expresión cotidiana, “naturaleza”, a lo que la palabra griega φύσις quería mentar originariamente. Badiou quiere señalar que en Heidegger y en las ontologías que él llama de la “presencia” o “poéticas”, φύσις nos invoca a pensar en el ente en su totalidad, en su despliegue y en su aparecer.

El ser es φύσις porque es “el aparecer que reside en sí mismo” (143).

La naturaleza es el ser mismo en tanto desvelamiento y presentificación de la presencia. El olvido del sentido originario de φύσις puede constatarse, dentro de la reflexión heideggeriana, con Galielo y la visión de la naturaleza desde el paradigma matemático. Badiou quiere mostrar, o recordar, que dicha “ruptura” no es recién algo moderno, ya que es Platón el iniciador de dicho paradigma. Pero Badiou no es “nostálgico” o “pesimista” como Heidegger en lo que respecta al papel de Platón. Todo lo contrario:

En los confusos límites del destino griego del ser, el “viraje” platónico consistió en proponer “una interpretación de la φύσις como ἰδέα”. Pero además, la Idea, en el sentido platónico, sólo resulta comprensible desde el punto de vista de la concepción griega de la naturaleza, o φύσις. No constituye un renegar o una decadencia. Ella culmina el pensamiento griego del ser como aparecer, es la “culminación del comienzo” (144).

La ἰδέα sería lo que se nos muestra. Sin embargo, ella está fundada en el aparecer más originario de la φύσις. Cuando se olvida este origen en la φύσις es que se origina esta “decadencia” u “olvido” que la reflexión heideggeriana atribuye al “viraje platónico”. Lo que aparece o manifiesta deviene mera aparición (si bien no se trata de “lo mismo”, una reflexión análoga puede verse en la descripción fenomenológica que Heidegger realiza del concepto de “fenómeno”). Este giro hecho por la filosofía de Platón, a partir de la ἰδέα y del matema debe verse como una ruptura con la manera en que el ser humano se aproximó en sus orígenes a esta experiencia ontológica fundamental de la apertura del ser propia de la φύσις: el poema.

El matema platónico debe ser pensado exactamente como una disposición que se ha separado y olvidado del poema pre-platónico, del poema de Parménides (145).

Badiou resume la tesis heideggeriana de la siguiente manera:

Queda claro entonces que hay dos vías, dos orientaciones, que guían el destino del pensamiento de Occidente. Una de ellas, apoyada en la naturaleza en el sentido griego originario, acoge en la poesía el aparecer como presencia ad-viniente del ser. La otra, apoyada en la Idea en el sentido platónico, somete la falta, la sustracción de toda presencia, al matema y separa así el ser del aparecer, la esencia de la existencia.

Para Heidegger, la vía poético-natural que deja-ser la presentación como no-velamiento, es el origen auténtico. La vía matemático-ideal, que sustrae la presencia y promueve la evidencia, es la clausura metafísica, el primer paso del olvido (145).

Badiou no busca invertir esta relación. Lo que propone es disponerla de una manera diferente para mostrar que el matema es todo menos “decadencia” u “olvido”. Badiou acepta que el poema es la raíz originaria que piensa el aparecer. Sin embargo, ella no puede ser considerada como la vía propia para la ontología o la filosofía.

Recordemos como es que empieza “El estatuto filosófico del poema después de Heidegger”:

Cuando Parménides coloca su poema bajo la invocación de la diosa, y cuando lo comienza por la imagen de una cabalgata iniciática, es preciso reconocer lo que no es, que esto no es aún filosofía. Pues toda verdad que acepta su dependencia con relación el relato y con la revelación está aún detenida en el Misterio, por lo cual podemos decir que la filosofía sólo existe al querer desgarrar el velo.

La forma poética en Parménides es esencial, cubre con su autoridad la conservación del discurso en la proximidad de lo sacro. Ahora bien, la filosofía sólo puede comenzar por una desacralización: instaura un régimen del discurso que es su propia y terrena legitimación. La filosofía exige que la autoridad misteriosa y sagrada de la dicción profunda sea interrumpida por la laicidad argumentativa.

Lo que hizo que Grecia pudiese desarrollar la reflexión propiamente ontológica no puede ser, para Badiou, lo que ya existió con una grandeza igual en otras grandes civilizaciones.

La ontología propiamente dicha, en tanto figura nativa de la filosofía occidental, no es -ni podría ser- el advenimiento del poema en su intento de nombrar el aparecer, en potencia y esplendor, como venir-a-la-luz del ser, o no-latencia. Eso es mucho más antiguo en el tiempo, y mucho más variado con respecto a los lugares (China, India, Egipto…). Lo que constituye el acontecimiento griego es, por el contrario, la segunda vía, la que piensa el ser sustractivamente, en el modo de un pensamiento ideal o axiomático. La invención propia de los griegos consiste en que el ser puede ser dicho a partir del momento en que una decisión del pensamiento lo sustrae a toda instancia de la presencia.

Los griegos no inventaron el poema. Más bien interrumpieron el poema con el matema (146).

Uno podría objetar que, si bien hubo poema en otras culturas, también hubo matema con lo que la exclusividad de Grecia en esta campo también podría ser totalmente cuestionada. Christopher Norris, en su libro Badiou’s ‘Being and Event’: A Reader’s Guide, dice lo siguiente:

Of course it may well be objected that these cultures also contributed their share to the development of mathematics, along with some notable advances in the field achieved by thinkers from the Arab world or the tradition of Islamic scholarship. However it is Badiou’s more particular thesis that the Greeks played a crucial role in discovering those two most essential components of modem mathematical thought, namely the axiomatic-deductive mode of reasoning and the willingness – as shown in their very different ways by Parmenides, Plato and Aristotle – to reckon with the kinds of paradoxical challenge thrown up by any rigorous or sustained address to the question of non-being (111).

De ahí que en “El estatuto filosófico del poema después de Heidegger” Badiou señale la importancia de Platón:

El apoyo que la matemática suministra para la desacralización o la despoetización de la verdad, debe ser explícitamente sancionado, pedagógicamente por el lugar crucial de la aritmética y de la geometría en la educación política, ontológicamente por su dignidad inteligible que hace de vestíbulo a los desplazamientos últimos de la dialéctica.

Una vez que irrumpe el matema en Grecia, el poema subsiste (hasta hoy). Esta suplemento (Emmanuel sostiene que debe entenderse dicha expresión en el sentido que Derrida le da a esta expresión. No he leído a Derrida como para corroborar la tesis) puede generar en el poema lo que Badiou va a llamar la “tentación del retorno”.

La victoriosa enunciación matemática acarrea que el poema crea afirmar una presencia perdida, un umbral del sentido. Pero no es más que una ilusión desgarradora, correlativa con el hecho de que el ser sólo puede afirmarse desde el punto de vista de su sutura vacía al texto demostrativo. El poema se confía nostálgicamente a la naturaleza sólo porque alguna vez fue interrumpido por el matema, y “el ser”, cuya presencia persigue, no es más que el imposible llenado del vacío, tal como la matemática, en los misterios del puro múltiple, discierne indefinidamente lo que del ser mismo se puede enunciar sustractivamente (147).

De ahí que, en “El estatuto filosófico del poema después de Heidegger”, Badiou considere que el error de Heidegger haya sido no ver esta relación entre el matema y el poema para con la ontología y la filosofía:

Desgraciadamente, en su montaje historial, y más particularmente en su evaluación del origen griego de la filosofía, Heidegger no pudo, al no valorar el carácter originario del recurso al matema, más que volver sobre el juicio de interrupción, y restaurar, bajo nombres filosóficos sutiles y variados, la autoridad sagrada de la dicción poética, y la idea de que la autenticidad se da en la carne de la lengua. Existe una profunda unidad entre, por una parte, el recurso a Parménides y Heráclito considerados en tanto que recorte de un sitio anterior al olvido de la eclosión del Ser y, de otra parte, el penoso y falaz recurso a lo sagrado en los más controvertidos análisis de poemas, especialmente los análisis de Trakl. La incomprensión heideggeriana de la verdadera naturaleza del gesto platónico, que se basa fundamentalmente en la incomprensión del sentido matemático de la Idea (que es precisamente lo que, desnaturalizándola, la expone en la retirada del Ser), implica que en lugar de la invención de una cuarta relación entre filosofía y poema, ni fusional, ni distanciada, ni estética, Heidegger profetiza en vano una reactivación de lo Sagrado en el apareamiento indescifrable del decir de los poetas y del pensar de los pensadores.

Al desterrar al poema de la reflexión propiamente ontológica, Badiou pregunta si es que desde el matema se puede abordar la pregunta de Heidegger: ¿qué es la naturaleza? Badiou retoma de Heidegger algunas de sus intuiciones:

“(…) la constancia, la estabilidad de lo que se ha expandido de sí”.

La naturaleza es el “permanecer ahí de lo estable”. (…)

“Venir a estar y permanecer en el estar a partir de sí mismo” (147).

Badiou va a sostener que estas nociones de consistencia, estabilidad y equilibrio son las que van a caracterizar a las multiplicidades (recordemos que la ontología es la teoría de lo múltiple puro y la filosofía hace, en este caso, de una metaontología) que puedan ser llamadas propiamente “naturales”. La estabilidad deriva aquí de la cuenta-por-uno (estructura y meta-estructura después). Son los términos normales, es decir, los que son presentados (pertenencia) en la situación (presentación estructurada) y representados (inclusión) en el estado de la situación.

La naturaleza es lo que es normal, lo múltiple re-asegurado por el estado (148).

Badiou va a afirmar además que las multiplicidades que componen a las multiplicidades naturales tienen que ser, a su vez, naturales. Equilibrio, homogeneidad y consistencia son inherentes a las multiplicidades naturales.

Heidegger sostiene que el ser “está como φύσις”. Nosotros diríamos más bien: el ser con-siste en su punto máximo como multiplicidad natural, es decir, como normalidad homogénea. Sustituimos el no-velamiento, cuya proximidad se perdió, por este enunciado sin aura: la naturaleza es lo que es rigurosamente normal del ser (149).

Anuncios