Gianni Vattimo en Lima (2): “Diálogo” con Luis Bambarén

El segundo evento (sobre el primero ya escribí aquí) en el que participó Gianni Vattimo cuando estuvo en la Feria internacional del libro fue un conversatorio con Luis Bambarén. Puse la palabra “diálogo” entre comillas porque en realidad no hubo, a mi modesto juicio, ningún intercambio efectivo entre los dos interlocutores. Hablaban diferentes “idiomas”, no estaban en la misma “frecuencia”, no creo que siquiera hayan estado jugando al mismo “deporte”. Fue un poco decepcionante, la verdad. Lo cual evidencia que incluso entre gente capaz es difícil que se dé un efectivo y enriquecedor diálogo (sobre todo si uno de ellos de sacerdote😛, a menos que sea alguien del calibre de Gustavo Gutiérrez).

Bambarén tuvo una posición crítica con la secularización del primer mundo, recordando como ejemplo sintomático de ello a la conocida propaganda londinense de los buses:

Frente a la idea de ver a Dios como un estorbo o un obstáculo, Bambarén reitera que existen bases teólogicas y antropológicas sólidas para el cristianismo en el mundo contemporáneo. Vattimo discrepa de dicha concepción: afirma la conclusión, pero no comparte las premisas. Él cree que es la secularización la que ha posibilitado que hoy podamos tener un verdadero espacio legítimo para una vida que se quiere cristiana. Piensa que Nietzsche es el que engloba dicho acontecimiento, vía la conocida frase “Dios ha muerto”. Vattimo cree que ese Dios es en realidad únicamente el dios de los filósofos y no el dios teísta y personal del cristianismo.

Para Vattimo la superación o fin de la metafísica implica una vuelta a la religión tradicional, a una experiencia genuina (vuelvo a recordar que Meillassoux también piensa lo mismo, pero su diagnóstico no es tan favorable a ese resultado, que él llama “fideismo”. Cfr., Metafísica, ideología, crítica y especulación). Vattimo considera que el cristianismo en nuestra época debe abandonar su fundamentación en una teología natural, así como las pretensiones filosóficas de demostrar la existencia de Dios o la racionalidad de los demás mandamientos o dogmas. El dios de los filósofos (que tiene como paradigma al motor inmóvil aristotélico) debe ceder a un dios personal que dialoga: Jesús. El amor y la caridad deben ser el fundamento esencial del cristianismo y debe abandonarse la pretensión de imponer una ley natural a la ley civil. Vattimo argumenta esto pensando en que no tiene sentido que se impongan creencias religiosas para un Estado de derecho laico y secular. Si bien no desarrolló este punto, creo que es problemática la posición porque se muestra injusto que el derecho solamente puede erigirse en base a los supuestos del ciudadano liberal y secular. Digo esto siendo alguien que sí se considera simpatizante de la secularización, aunque no sé qué tanto del liberalismo como tal.

Bambarén no dialogó con estas tesis, sino que siguió siendo fiel a la teleología y a una visión fuerte de la historia, bastante moderna y metafísica. Consideró que sí es cierto que Jesús es el hecho que marca y divide La Historia, de manera decisiva. La revelación y la resurrección se mostraron como los argumentos, siguiendo el estilo eclesiástico que Vattimo busca abandonar. Vattimo no respondió a esto, pero enfatizó que la Biblia hoy ya no puede pretender leerse literalmente. Vattimo quiere rescatar las prácticas, los rituales, lo mitológico y lo literario. Piensa que ello es propiamente lo religioso y no lo metafísico. La tarea de pensar y de vivir una religión no metafísica es para él imperativo para quien se quiere cristiano en un mundo secular.

Vattimo se considera cristiano y creyente. Respeta a la Iglesia, pero no simpatiza con mucho de ella. La jerarquía eclesiástica, la teología natural o la teología sistemática dura, el derecho canónico y demás cuestiones institucionales tienen para él mucho de metafísica que debe abandonarse. Sin embargo, las razones de su adhesión al cristianismo no me parecieron muy convincentes y/ o satisfactorias. Apeló a que es parte de su tradición, como buen hermeneuta, que ello es el μῦθος, la narración, el relato que hace de condición de su existencia. Sin embargo, creo que esa defensa es bastante débil si es que por otro lado se defiende el potencial creativo, libre y emancipador de la posmodernidad. En pocas palabras, si es que uno debe poder rechazar lo que le es impuesto en lo que respecta a la sexualidad, a las creencias, a la política, pues ello también lo será con la religión. Esa salida de Vattimo no me convención particularmente.

Cree en este Dios, pero no sabe si será universal. Por eso la caridad es lo central para Vattimo. Él cree que ello se constata en lo que hacen las misiones hoy en día: más que evangelizar, ayudan con educación y salud. Ese es para él el verdadero mensaje e imperativo cristiano.

Hacia el final Bambarén trató de defender a la Iglesia con cosas importantes que hizo a lo largo de la historia. Vattimo celebró eso, pero recordó que la Iglesia tiene también otra historia más: la de apoyar dictaduras, la de callar, la de servir a los que dominan. Por eso dijo con humor que cuando un católico se hace Papa se vuelve reaccionario.

La esencial del cristianismo es para Vattimo pobreza, lucha y libertad. De ahí que se haya mostrado bastante simpatizante de la Teología de la liberación de Gustavo Gutiérrez.

Creo que este intento de diálogo evidenció que los sacerdotes siempre serán sacerdotes, más allá de lo progresistas o conservadores que sean. Son miembros de un cuerpo jerárquico. Los más progresistas dirán que el cristianismo no tiene que ser monolítico, que es y debe ser plural, que puede haber disidencia (mis buenos amigos Gonzalo y Raúl defenderían esta posición). Concedido, pero lo cierto es que los sacerdotes responden a una jerarquía y si no la aceptan pueden disentir (Gutiérez lo hace, basándose cuidadosamente con fuentes “oficialistas”. No digo esto de manera despectiva, simplemente constato que ello es así), dentro de lo permitido. Pero “si se pasan de la raya” los sacan o se salen, como Franz Brentano (uno de mis héroes), quien siendo sacerdote rompió con la Iglesia cuando se decidió que el Papa estaría dotado de “infalibilidad papal”. Por eso no le veo mucho sentido a persistir en ser miembro de una institución que solamente le da a uno molestias. O uno la mira “por encima”  cuando es un filósofo de la religión posmoderno (“perdónalos porque no saben lo que hacen, léase porque no han leído a Derrida o al filósofo/ teólogo difícil en cuestión”) o asume una disidencia intelectual extremadamente pasiva que no cambia en nada la institución.

Obviamente estoy hablando de lo poco que sé de esto en nuestro medio. Pero no creo que “decirle” metafísico a Cipriani (o al Opus Dei, o a la Iglesia) y hacer un artículo que nadie vaya a leer va a hacer algo que cambie la Iglesia. De hecho creo que sería más exitoso que los católicos progresistas formaran su propia Iglesia. Así no pasarían tanto tiempo molestos con la institución a la que pertenecen. Son miembros de un club que no les gusta. Deberían cambiarse y si ninguno les gusta, deberían formar uno nuevo😛.

Le pregunté a Vattimo qué creía que era más probable de transformar, si el sistema capitalista global o la Iglesia católica. Me respondió sin dudarlo: “El capitalismo”.

***

Apéndice.

– Post de Sonia Luz Carrillo sobre la misma conferencia.


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