Del ideal desmitificador a la desmitificación del ideal: la Dialéctica de la Ilustración de Horkheimer y Adorno

por Erich Luna

Para el curso de Temas de filosofía contemporánea que vamos a dictar con Victor, Bárbara y Jose Carlos este semestre que viene (2010-2, hay un blog con algunas ideas del curso del semestre 2008-2 que hicimos con Victor, Eduardo y Raúl ) vamos ver, en las primeras semanas, algunas reflexiones sobre la tecnología. El tema es muy amplío y tomaría un curso entero si se quisiera ver en detalle. Por eso hemos solamente elegido a tres autores para las sesiones de prácticas: Marshall McLuhan y los padres de la Escuela de Frankfurt, Max Horkheimer y Theodor W. Adorno. Lo relativo a McLuhan ya lo desarrollé en varios posts (¿El medio es qué?, Entrevista de Patrick Peyton (EWTN) a Marshall McLuhan, La temperatura de los medios, Narcóticos híbridos, Traductores y artistas y Marshall McLuhan y la ontología orientada a objetos (OOO) ). Para el caso de Horkheimer y Adorno hemos elegido ver 2 ensayos de su conocida obra Dialéctica de la Ilustración. Fragmentos filosóficos (Madrid: Editorial Trotta, 1998), ellos son “Concepto de ilustración” y “La industria cultural. Ilustración como engaño de masas”. Voy a empezar hoy con el primero de ellos.

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La Ilustración, en el más amplio sentido de pensamiento en continuo progreso, ha perseguido desde siempre el objetivo de liberar a los hombres del miedo y constituirlos en señores (59).

Tal es la frase con la que se abre dicho ensayo. El programa de la ilustración se manifiesta como el proyecto de secularización y desencantamiento del mundo (Weber). La idea era acabar con la ortodoxia, el mito, el dogmatismo, para instaurar la racionalidad, la libertad y la ciencia (y ello desde Bacon). El saber del entendimiento es un poder sin límites que domina, legítimamente, sobre la naturaleza desencantada.

Lo que los hombres quieren aprender de la naturaleza es servirse de ella para dominarla por completo, a ella y a los hombres. Ninguna otra cosa cuenta. Sin consideración para consigo misma , la Ilustración ha consumido hasta el último resto de su propia autoconciencia. Sólo el pensamiento que se hace violencia a sí mismo es lo suficientemente duro para quebrar los mitos (60).

Me parece que esa cita sintetiza bastante bien lo que la expresión “Dialéctica de la Ilustración” quiere decir. La razón de ello se irá aclarando a lo largo de esta y las sucesivas entradas. Por lo pronto, debe quedar claro que este desencantamiento del mundo implica el fin del animismo. Asimismo, este dominio de la naturaleza tiene al cálculo y a la utilidad eficaz, como sus criterios decisivos.

El mito se disuelve en Ilustración y la naturaleza en mera objetividad. Los hombres pagan el acrecentamiento de su poder con la alienación de aquello sobre lo cual lo ejercen. La Ilustración se relaciona con las cosas como el dictador con los hombres. Éste los conoce en la medida en que puede manipularlos. El hombre de la ciencia conoce las cosas en la medida en que puede hacerlas. De tal modo, en sí de las mismas se convierte en para él. En la transformación se revela la esencial de las cosas siempre como lo mismo: como materia o substrato de dominio (64-65).

Son el potencial de dominación y racionalidad de control para con el mundo y el potencial desmitificador los que generan la propia contradicción estructural e inmamente de la Ilustración, a juicio de nuestros autores. Es el hecho de racionalizar y secularizar el mundo en nombre de los ideales de la Ilustración lo que dialécticamente genera una contradicción: la Ilustración misma busca desmitifcar todo y termina desmitificándose a sí misma.

La propia mitología ha puesto en marcha el proceso sin fin de la Ilustración, en el cual toda determinada concepción teórica cae con inevitable necesidad bajo la crítica demoledora de ser sólo una creencia, hasta que también  los conceptos de espíritu, de verdad, e incluso el de Ilustración, quedan reducidos a magia animista (66).

Adorno y Horkheimer piensan por ello que el nacionalsocialismo y el fascismo son la culminación de la Ilustración. Frente al sentido común que ve a estos regímenes políticos totalitarios como un “regreso” a la barbarie, ellos sostienen que son el final de esta dialéctica ilustrada.

La horda, cuyo nombre reaparece sin duda en la organización de las juventudes hitlerianas, no es una recaída en la antigua barbarie, sino el triunfo de la igualdad represiva, la evolución de la igualdad ante el derecho hasta la negación del derecho mediante la igualdad (68).

Es en este largo proceso de dominación, racionalización y control, que culmina en el totalitarismo que viven nuestros autores, que el poder de quienes dominan adquiere un peso fundamental para con los miembros de la sociedad.

El dominio no se paga sólo con la alienación de los hombres respecto de los objetos dominados: con la reificación del espíritu fueron hechizadas las mismas relaciones entre los hombres, incluso las relaciones de cada individuo consigo mismo (81).

Lo que tenemos es la desacralización del mundo y del ser humano. Pero ello implica también la desacralización de las relaciones humanas para con el mundo y para con los demás seres humanos. Lo que se ha ido desarrollando es, para Adorno y Horkheimer, estructuras de control y dominación, tanto a nivel de coacción física, como cultural o ideológica.

A través de las innumerables agencias de la producción de masas y de su cultura se inculcan al individuo los modos normativos de conducta, presentándolos como los únicos naturales, decentes y razonables. El individuo queda ya determinado sólo como una cosa, como elemento estadístico, como éxito o fracaso (82).

La reificación de los sujetos hace que la racionalidad de éstos carezca de potencial crítico y devenga instrumento puramente (y únicamente) útil para la economía y para el control.

Los dominadores mismos no creen en ninguna necesidad objetiva, pese a que a veces den tal nombre a sus maquinaciones. Se presentan como los ingenieros de la historia universal (90-91).

Parece pues, que la dialéctica de la Ilustración, para Adorno y Horkheimer, termina disolviendo los ideales de racionalidad, ciencia, libertad y emancipación, para dar pie a una pura racionalidad instrumental totalitaria que busca controlar y dominar, abdicando de cualquier ideal. Es por ello que parece implicarse que el fascismo y el nacionalsocialismo de la época en la que escriben este ensayo son la culminación del la Ilustración como tal.

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