Gianni Vattimo en Lima (1): modernidad y posmodernidad

El 25 y el 27 de julio Gianni Vattimo estuvo dando unas breves conferencias en la Feria internacional del libro. Tuve la oportunidad de poder ir a ambas y, además, poder intercambiar unas cuantas palabras con él. Creo que no estaría mal hacer un breve post que recree, en líneas generales, lo acontecido.

Vattimo dedicó buena parte de su primera conferencia a explicar a un público general lo que él entiende por “pensamiento débil”. Básicamente ve a esto como el resultado de la disolución de la metafísica, como una respuesta al nihilismo contemporáneo que habrían tematizado y vaticinado sus dos referentes filosóficos más importantes: Nietzsche y Heidegger. Vattimo piensa que este “debilitamiento” no solamente se refiere a lo que ya Lyotard había denominado “el fin de los metarrelatos”, sino (sobre todo) al “fin del eurocentrismo” (algunas ideas sobre esto y algo de lo demás pueden verse en mis únicos otros dos posts sobre Vattimo: Gianni Vattimo sobre la sociedad posmoderna y Posmodernidad y política emancipatoria).

La idea es abandonar la pretensión de poder dar cuenta de visiones de la historia que afirmen que existe un punto de vista privilegiado y/ o neutral. Ya no hay el antagonismo entre “moderno”/ “primitivo”, “civilización”/ “Barbarie”, por lo menos no como era utilizado por los que se consideraban modernos o civilizados. Obviamente Vattimo considera que el pensamiento débil no hace estas aseveraciones con pretensiones metafísíco-teoréticas, ya que ello sería recaer en el mismo error. En pocas palabras, cuando se rechaza la posibilidad de un tratamiento científico y sistemático del ser y de los fundamentos últimos, ello no se hace con la pretensión de hacer de fundamento. Con qué tipo de pretensión ello se haga es otro problema, problema que no fue abordado por cuestiones de tiempo, pero que Vattimo desarolla en sus escritos. En todo caso, Vattimo utiliza un “razonamiento” análogo al hecho por Nietzsche en el Crepúsculo de los ídolos, en el clásico texto: “De cómo el mundo verdadero acabó convirtiéndose en una fábula. Historia de un error“.

Es en esta línea que Vattimo veía a su interpretación del cristianismo, a partir de una lectura posmetafísica o posmoderna, bajo la conocida frase “¡Gracias a Dios soy ateo!”

Esta conocida frase Vattimo la reformula en la siguiente: “Gracias al cristianismo ya no creo en la verdad objetiva”. Es una tesis bastante controversial, pero de hecho es interesante pensar en la posibilidad de un cristianismo posmetafísico. Si es que la metafísica griega y la filosofía no siempre fueron parte de la vida y existencia cristiana, entonces ello debe hacernos pensar en la posibilidad de dicha separación (intereses de pensar la religión cristiana en nuestro mundo, desde la posmodernidad, la deconstrucción y el pragmatismo pueden verse siempre en el blog de Raúl Zegarra).

Lo que Vattimo quiere rechazar es el dogmatismo y la ortdoxia en sus vertientes fuertes e intolerantes. Vattimo piensa en eso cuando rechaza la verdad. De ahí que sus ejemplos sean los de matar a alguien en nombre de “la verdad”, “la libertad”, “la emnacipación”, “la revolución”, etc. Este fundamento o ideal metafísico es el Dios no cristiano, el principio último de los filósofos. El Dios personal no tiene nada que ver con ello para Vattimo (así como para Caputo y la “teología débil”). Este debilitamiento empieza con, según nuestro autor, con los “maestros de la sospecha”: Marx, Nietzsche y Freud. El mérito que subyace a estos autores es la de invitarnos a tener una actitud crítica para con el mundo en el que vivimos, para nuestros valores y para nuestra propia identidad. Tematizar lo obvio, así como lo dijo Heidegger en Ser y tiempo, en relación al objeto más propio de la filosofía, a partir de una cita de Kant (al respecto pueden verse los posts que he dedicado a qué es la fenomenología, sobre todo ¿Qué es esto, la fenomenología? (4): El concepto preliminar de “fenomenología”).

Al descentrar la historia, Vattimo se alía con Benjamin y sus conocidas Tesis: la historia y el progreso pueden expresar la visión de los vencedores, de los que tienen poder y voz. Y por eso Vattimo dice que es de extrema izquierda: la idea es tener un compromiso para con la emancipación de los débiles. De ahí que se pueda hablar de un giro fundamental, del giro que va del pensamiento débil al pensamiento de los débiles, al mismo tiempo que la denuncia ideológica adquiere un papel crítico esencial en nuestra época: la de denunciar a lo que se presenta como “normal”, “eterno”, “natural”, etc., como un constructo histórico (algo de esto ve también Meillassoux, aunque con fines totalmente opuestos).

Ahora bien, si bien la emergencia de la pluralidad en una sociedad posmoderna es un rasgo esencial, ello no implica que dicho encuentro (“conflicto de las interpretaciones”) tenga que ser siempre armonioso o puramente consensual o dialógico. Acá Vattimo lleva a la hermeneútica posmoderna más allá de Gadamer y Habermas, para reivindicar el rasgo constitutivo que tiene el “conflicto” y el antagonismo (tal es el tema de su última Lección). Ello lo hace mucho más contemporáneo, en algunos aspectos, con tradiciones como la schmittiana o con la posmarxista encabezada por Laclau y Mouffe. No hay condiciones ideales de la comunicación y la nostalgia por la deliberación griega, la que tiene como paradigma el diálogo platónico, no revela que dicho “diálogo” es escrito por una persona que ya sabe qué va a pasar. No habría verdadero antagonismo ahí (el ejemplo extremo de Vattimo era la irrupción en su casa de un grupo extremista “nazi” y la obvia defensa no “comunicativa” que uno tendría, si es que se evidencia que la primera es imposible.. parafraseando el lema del escudo de Chile: “por el diálogo o por la fuerza”).

Dicha tesis es muy polémica y no hubo tiempo para que sea efectivamente contestada. Y es que, al mismo tiempo que parece reivindicar el antagonismo, menciona que el cristianismo debe dejar de lado la metafísica y dejar de ser una religión de dogmas para ser una religión de caridad. Esa es una de las pocas maneras que ve Vattimo para que la Iglesia pueda sobrevivir. Otra manera, en tono broma, es que lo elijan Papa. El grado de secularización que Vattimo ya constata y que invita a la Iglesia a reconocer, se ve claramente en el rol de los misioneros hoy. A su juicio, hoy las misiones tienen como objetivos la caridad: hacer hospitales, colegios, asistencia y ayuda. Ello es más importante que hacer rezar o aprender cuestiones relativas a la dogmática a los necesitados.

Para Vattimo se necesitan varios cambios institucionales y dogmáticos en nuestra época. Por ejemplo, el es partidario de que las mujeres sean sacerdotas. El hecho de que los discípulos de Jesús fueran hombres es algo contingente para él. Primero porque habían mujeres que lo seguían; y segundo porque si nos ponemos “literales” o “descriptivos” deberemos aceptar que eran también hombres “casados” y “pescadores”, algo que el Papa actual no es. La caridad debe ser el elemento hegemónico en el cristianismo de hoy.

Esa es la manera, para Vattimo, en la que el cristianismo podrá hacer frente a una sociedad posmoderna y secularizada, marcada por la muerte de Dios: muchas voces, interpretaciones y perspectivas. Una historia de diálogo y conflicto donde se debe tomar posición, siendo obviamente consciente de los límites que ello implica. La neutralidad es una pretensión hipócrita para Vattimo. La historia es historia de múltiples conflictos y negociaciones (y creo que su diagnóstico se ve avalado por su condición de parlamentario, alguien que tiene que negociar y reconocer antagonismos).

Si se piensa que ello es “relativismo”, la hermenéutica puede defenderse por sí misma de esta acusación. Vattimo añade a modo de broma que a uno no debería preocuparle mucho lo que pueda hacer el relativista: históricamente no se han hecho guerras de religión o masacres por el relativismo. Un Estado plural, laico y secular es lo que quiere Vattimo (y a la izquierda). El problema no es de los seculares o posmodernos, es de los “absolutistas”. Ello nos lleva a plantear la pregunta por la importancia de un Estado de derecho libre, plural, secular y laico, así como por sus límites en lo que respecta a la tolerancia para con otras ideas, grupos y acciones.

¿Uno debe, por ponerlo de alguna manera, “tolerar” la “intolerancia”?

Vattimo no pudo abordar esto por cuestiones de tiempo.


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