Un día sin McLuhan (y sin Levitsky), pero sí con Lacan (y Mondoñedo)

por Erich Luna

“Hoy” (es más de medianoche) los posts de McLuhan fueron interrumpidos, lamentablemente en lo que sería su cumpleaños número 90 (¡Vaya regalo!). Hubo dos eventos nocturnos que fueron causantes de ello:

El primero fue la presentación de Perú Debate, una plataforma para acercar la academia a los asuntos públicos. Harán un seguimiento de las elecciones regionales en uno de sus blogs. Recomiendo su seguimiento. Steve Levitsky, profesor de Harvard que nos acompañará un tiempo (y que dará un curso al que espero poder asistir, Carlos será uno de los asistentes), no pudo asistir y Eduardo Dargent lo reemplazó. Habló sobre la relevancia que tendrían las elecciones del próximo año de nuestro país para la región y para la academia extranjera. Se mostró preocupado por la posibilidad de candidatos que expresen extremos: tanto el populista (sea de derecha o de izquierda), como el anti-populista. Parecía simpatizar más por un “justo medio”. En todo caso, si llego a tener la oportunidad de hacerle algunas preguntas, le pediré que desarrolle esas intuiciones que no pudieron ser extendidas debido, obviamente, a su ausencia.

Lo segundo fue un grupo de discusión de la Escuela lacaniana organizado por Javier (cuyo blog espero que salga pronto): “Debatir en la Escuela”. El expositor de hoy fue Marcos Mondoñedo que abordo el tema de la “enunciación” desde la lingüística y la semiótica, buscando discutir los nexos y aportes de Lacan al respecto. También hubo referencias interesantes a Foucault y Agamben. Si llega a mandar alguna reseña o protocolo de lo que expuso le pediré permiso para adjuntarlo aquí. En todo caso dejo la sumilla.

La enunciación

En alguna ocasión Émile Benveniste sostuvo que, en todo acto de habla, el sujeto se hace cargo del sistema de la lengua. Con esto quería decir que, cuando alguien pronuncia sus enunciados particulares, no utiliza todo lo que su idioma posee, sino que selecciona unas cuantas palabras, unas pocas articulaciones sintácticas, algunos campos semánticos y, así, deja sin realización un enorme tesoro de posibilidades de una lengua, el tesoro de los significantes.

Este acto de asumir o hacerse cargo de la lengua se llamó enunciación. Sin embargo, para Benveniste, la enunciación era un acto individual; literalmente, la definió en los términos de una práctica, la de “poner a funcionar la lengua por un acto individual de utilización”. De este modo, sobre el individuo recaía todo el peso de una práctica que, en realidad, se corresponde con una serie de factores que, más allá de la particularidad, apuntan a lo que propiamente se denomina la singularidad del sujeto.

Como sabemos, sujeto no es igual a individuo. Mientras que este puede entenderse como una entidad que se sostiene en la imagen del cuerpo y configura la llamada identificación imaginaria, aquel, el sujeto, es el nombre de la falta en ser, la posición implícita y representada por la articulación de los significantes.

De este modo, la enunciación deberá ser entendida como una práctica que devela a un sujeto, es decir, aquella posición que, a partir de los enunciados que produce, constituye la verdad de un deseo más allá del sentido y la significación.

Espero que “mañana” puedan seguir los posts sobre McLuhan. También prometo responder a los comentarios de Giovanni y Eduardo.

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