Narcóticos híbridos

Siguiendo con esta serie de posts sobre McLuhan, me gustaría ahora ver los capítulos 4 y 5 de la primera sección de Comprender los medios de comunicación.

Acá McLuhan realiza su conocida, y polémica, interpretación del mito de Narciso. El mito de Narciso (por los humildes fines de este post, creo que Wikipedia basta por el momento) es por todos conocido.

El mito de Eco y Narciso (por Gerardo88)

Después de “ver” o “leer” el relato, es necesario tener presente que McLuhan juega con la relación que existe entre el nombre “Narciso” y la “narcosis”. Recordemos que la narcosis es una especie de “embotamiento de la sensibilidad” (RAE). Y McLuhan considera que este embotamiento de los sentidos es producido por las extensiones (los medios) con los cuales interactuamos, con los medios en los cuales nos hallamos inmersos.

Ahora bien, el punto importante de este mito es el hecho de que el hombre en seguida se siente fascinado por cualquier extensión suya en cualquier material diferente de él (61).

Es una sensación y experiencia esencial la de estar fascinados con nuestras extensiones. Resalto extensiones y no “nuestras” porque McLuhan sostiene que Narciso no se enamora de “sí mismo”: él se sabe diferente del reflejo. Lo que realmente le fascina es su reflejo, en tanto extensión. Todos sentimos esa especie de asombro cuasi griego (θαυμάζειν) cuando nos relacionamos con nuestras extensiones. Ahora bien, yo entiendo esta experiencia como un “asombro”, pero McLuhan nos habla de “entumecimiento”. Yo tengo más en mente el recuerdo de la primera vez que uno “chatea” o participa de redes sociales como Facebook o Twitter: nos “asombra” hacer cosas que ahora nos parecen tan banales como subir una foto, decir “hola”, poner un “emoticon” (:D), etc. O pensemos en cómo nos sorprende la resolución de nuestros nuevos monitores, más allá de lo que veamos (el medio es el mensaje), así como la primera vez que jugamos alguna consola. Sin embargo, la expresión de McLuhan  tiene que ver con la idea de “impedir, entorpecer el movimiento o acción de un miembro o nervio” (RAE). El supuesto de fondo es su concepción física (¿fisicalista?) del ser humano:

El sistema nervioso sólo puede soportar esta amplificación gracias al entumecimiento, o bloqueo de la percepción. Éste es el sentido del mito de Narciso. La imagen del joven es una autoamputación o extensión inducida por presiones irritantes. Como antiirritante, la imagen produce un entumecimiento generalizado, o choque, que evita el reconocimiento. La autoamputación previene el reconocimiento de uno mismo (62).

Entonces parece ser que la causa de la producción de extensiones o medios tiene que ver con “irritaciones” de nuestro cuerpo. Dichas extensiones logran hacer de narcóticos para con estas irritaciones, causando relajación. Se busca, pues, un equilibrio con nuestro cuerpo, pero también con nuestras extensiones:

Cualquier invento o tecnología es una extensión o autoamputación del cuerpo físico, y, como tal extensión, requiere además nuevas relaciones o equilibrios entre los demás órganos y extensiones del cuerpo (64).

Entonces parece ser, desde esta perspectiva, que buscamos un equilibro ante las irritaciones que padece nuestro cuerpo. Para ello nos hacemos de extensiones. Pero cada extensión se relaciona con el cuerpo y con las otras extensiones. De ahí que las relaciones y vínculos aumentan exponencialmente. Ello obviamente genera irritaciones que demandan nuevos medios y así ad infinitum (al parecer). Es esta tensión la que generaría los grandes cambios históricos:

Socialmente, es la acumulación de irritaciones y presiones del grupo lo que empuja a la invención y a la innovación, ya que éstas son antiirritantes (66).

Creo que acá podrían hacerse relaciones, combinaciones o “mixes” (propias del filósofo DJ) con la teoría de sistemas (es una intuición superficial, por la idea de “equilibrio” o “adaptación”), el psicoanálisis y el idealismo alemán. Pienso en estos últimos casos, en Kant y la condición de finitud que condena al ser humano a no poder generar un concepto: un “saber” o verbalizar el deseo o demanda, según Lacan (si las clases de Montalbetti no me fallan) de la “felicidad”. La proliferación de extensiones busca aliviar y estabilizar la irritación o tensión propias de la existencia humana, buscando como ideal regulativo una situación que nunca existió y que nunca existirá, pero que hace de objeto de deseo y de supuesto retroactivo.

Regresando a lo que McLuhan sostiene, debemos mencionar que es esencial para las extensiones el que éstas, para terminar de constituirse como tales, deban ser abrazadas por los seres humanos.

Al abraza constantemente tecnologías, nos relacionamos con ellas como servomecanismos. Por ello, para poder utilizarlas, debemos servir a esos objetos, a esas extensiones de nosotros, como dioses o religiones menores (66).

Me gustaría pensar que este pasaje puede no solamente ser relacionado con la tesis de sentido común sobre los medios que sostiene el que en nuestra época los medios y las industrias culturales son dioses e ídolos, sino que me parece que la idea de que el hombre no sirve a sus extensiones, pues es él el que sirve a aquellas, puede quizá relacionarse como la visión que Heidegger desarrolla de la técnica (Gestell), cuando también nos dice que no se trata de un “mero medio” o de algo sobre lo cual tenemos pleno “control” o “dominio”.

Es en este contexto de extensiones con carácter agencial para producir efectos, que McLuhan intoduce una categoría para expresar el proceso de relación entre las extensiones mismas: hidridación.

La hibridación o combinación de estos agentes presenta una oportunidad, especialmente favorable, de examinar sus componentes y propiedades estructurales (70).

McLuhan cree que la hibirdación con efectos más “poderosos” (mayor “liberación de energía”) es la que se da entre una cultura oral y una cultura alfabetizada. Esta exportación de la primacía del “ojo” frente al “oído” es, para McLuhan, la occidentalización. En esto McLuhan se encuentra en consonancia con autores como Heidegger, que resaltan la presencia de metáforas visuales en la historia de Occidente (del εἶδος a la Lichtung, pasando por la Ilustración, por poner unos ejemplos).

Más allá de los efectos que predice o tipologías que señala McLhuan, lo que me resulta más interesante es la constatación de que las extensiones se relacionan entre sí y esto genera cambios en nosotros y en ellas.

Lo que estoy diciendo es que los medios, como extensiones de los sentidos, establecen nuevas proporciones, no sólo entre sentidos por separado, sino también en conjunto, en sus interacciones (73).

McLuhan no lo dice acá (y no recuerdo si lo dice más adelante), pero si retomamos la idea de “estructura”, “gramática” o “lógica” propia del medio, y la unimos con esta idea de hibridación, tendremos como resultado la la transformación de estas estructuras o un mejor conocimiento acerca de sus límites y condiciones de posibilidad. Podemos decir que de la hibridación entre extensiones nosotros aprendemos sobre las extensiones y ellas también “aprenden” de las demás. Esto me recuerda a la posición que Danto atribuye a Greenberg a la hora de que la pintura, que buscaba la representación “más adecuada” de la realidad, se encuentra con la fotografía. La tesis es que con la fotografía la pintura habría descubierto que su función y potencial propio (su  “Eigentlichkeit” :P) no es hacer imágenes que reflejen la realidad, ese es el trabajo de la fotografía. De lo que se trataría es de aprovechar las propias condiciones de la pintura: el expresionismo abstracto.

¿Se trata de algo análogo en la historia de las extensiones del ser humano? McLuhan parece sostener que sí. Y es que los medios, como dije antes, van “aprendiendo” sobre sus estructuras, condiciones, límites y “propiedades”. Por eso es que los debates superficiales sobre si inmediatamente algo será o no “obsoleto” carecerían de sentido. No es que la televisión va a reemplazar a los libros porque ningún narcótico puede reemplazar a otro. Pero podemos descubrir que la televisión puede enseñarnos cosas diferentes, cuando empezamos a pensar que no debe actuar como un libro. Creo que los humanistas “neoluditas”, esos que se jactan de vivir como en la época del idealismo alemán, que no tienen celular y computadora “a mucha honra”, representan (a mi modesto juicio) esa hegemonía que busca, de manera reduccionista, medir todas las extensiones con la misma vara: la vara del trabajo acaémico humanista tradicional, la vara de lo que McLuhan llama “cultura alfabetizada”.

Todo se muestra como “estúpido”, para este individuo, porque no es un libro: la publicidad es mala (porque no es como un libro), la televisión es mala (porque no es como un libro), los debates políticos son malos (porque no son como un libro), la publicidad, la prensa, las combis, etc. El intelectual “conservador” (¡En este sentido!) no puede comprender las extensiones del ser humano en ese sentido. Y todavía no tenemos como algo normal el que se hable de productos culturales “diferentes”, en la academia. Hablaré por la filosofía (y siendo fiel a la crítica y denuncia del Manifiesto): ¿Qué filósofo hace filosofía del arte sobre arte contemporáneo experimental? ¿Qué filósofo reflexiona sobre el Anime/ Manga? ¿Qué filósofo reflexiona sobre los videojuegos? ¿Qué filósofo reflexiona sobre las redes sociales? ¿Sobre internet? Es obvio que existen casos para cada una de mis preguntas y más. Mi pregunta busca evidenciar el que ello sea “raro” y no “natural”.

Ello me lleva a mi siguiente punto, siguiendo la tesis de McLuhan sobre la “cultura alfabetizada” y su hegemonía occidental, y en mí caso, para con el quehacer filosófico: ¿Qué filósofo hace música experimental? ¿Qué filósofo hace cine? ¿Qué filósofo hace Anime/ Manga? ¿Qué filósofo hace videojuegos? ¿Qué filósofo hace filosofía vía redes sociales? ¿Qué filósofo filosofa a través del internet? (:P) En pocas palabras: ¿Qué filósofo hace filosofía a través de algo que no sean libros?

El padre de la filosofía nunca escribió como nosotros. Escribió diálogos. No veo el porqué “escribir” sea la única manera de hacer filosofía. Y ese sí es un verdadero reduccionismo. Algún día, espero, la historia de la filosofía será mucho más que la historia de los libros de filosofía.

Creo que esa es una razón fundamental para comprender el porqué el artista es, para McLuhan, el ser humano que pueda anticipar mucho de este proceso de amputación, extensión e hibridación.

El filósofo todavía sigue llegando tarde.

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8 responses to “Narcóticos híbridos

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