Los supuestos de la metafísica dogmática y la crítica del correlacionismo débil

por Erich Luna

Siguiendo lo desarrollado en los posts anteriores, me interesa proseguir las reflexiones de Meillassoux desarrolladas en el segundo capítulo de Tras la finitud. El problema de la ancestralidad nos lleva a plantearnos la posibilidad de pensar un mundo sin pensamiento, sin dación de mundo. Ello es una crítica frontal al supuesto moderno correlacionista por excelencia: “ser es ser un correlato”. Concebir esto es plantear la tarea de ver si es que es posible (y de serlo, de ver cómo es posible) que el pensamiento pueda acceder a un absoluto, algo capaz de ser o existir independientemente de nosotros.

Sin embargo, ello no implica que la filosofía tenga que volver a ser pre-crítica, es decir, metafísica y dogmática. Si algo nos enseño Kant, es que esa vía ya no es posible. La idea es pues, plantearse la pregunta sobre la posibilidad de otra vía o salida. En los posts anteriores se resaltó que ciertos supuestos ontológicos cartesianos podrían hacer frente a algunas aporías de las afirmaciones ancestrales, a diferencia del correlacionismo. Frente a esto, Meillassoux sostiene que no podemos regresar a ser cartesianos, metafísicos o dogmáticos. Las razones de este fracaso son las que se expondrán a continuación y que abrirán, de ser posible, una nueva relación posible para con lo absoluto.

A continuación presentaré, de manera bastante breve, los argumentos de Meillassoux en relación a la metafísica dogmática y la crítica del correlacionismo. Espero que cuando tenga más tiempo pueda ir aumentando este post con más detalles de mis propias lecturas de Descartes y Kant (lecturas más “tradicionales”), para contraponerlas con las de Meillassoux.

Meillassoux presenta la argumentación central de Descartes de la manera siguiente:

  1. Podemos probar la existencia de un Dios todopoderoso. Si bien hay varios argumentos, el principal para Meillassoux es la prueba ontológico. La idea es inferir la existencia de Dios a partir de que su definición como ser perfecto implica la existencia, pues esta es considerada como una perfección. Este ser necesario es el absoluto. Meillassoux llama a este absoluto el “absoluto primario”.
  2. Como Dios es perfecto, entonces no puede engañarme cuando hago un buen uso de mi entendimiento. vía el razonamiento con ideas claras y distintas.
  3. La percepción de que existen cuerpos externos puede ser entendida como una conocimiento claro y distinto, cuando aprehendo con el entendimiento la extensión. Estos cuerpos deben existir, pues Dios no podría engañarme. Meillassoux considera que esta aprehensión matemática, vía la garantía de Dios, es un “absoluto derivado”. Y es que, dicho conocimiento, conoce atributos que existen independientemente de mi existencia y mi percepción.

Meillassoux indica que se tendría que proponer algo “similar”. Pero antes de arribar a eso, es necesario ver la clásica crítica correlacionsita. Para Meillassoux hay dos modelos básicos de correlacionismo: el “débil” (Kant) y el “fuerte” (el modelo dominante en la filosofía contemporánea). Empecemos pues, con la versión “débil”. Luego pasaremos a ver la crítica que hace la versión “fuerte” a la versión “débil”. La primera crítica sería la de cuestionar la validez de la prueba ontológica. El correlacionismo criticará que se pueda inferir una existencia, ya que dicha inferencia necesaria es necesaria para nosotros. Pero nosotros no podemos saber realmente si es que ello podría implicar algo más que eso. No se puede inferir que una necesidad para nosotros sea una necesidad de lo que es “en sí”. La duda hiperbólica puede imponerse. En palabras de Meillassoux:

” (…) But we have no grounds for maintaining that this necessity, which is for us, is also a necessity in tiself – we can reiterate the argument from hyperbolic doubt and maintain that we cannot know for sure that our minds are not originally deluded, leading us to beleive in the truth of an argument which is actually inconsequential. Or to put it more straightforwardly: because absolute necessity is always absolute necessity for us, necessity es never absolute, but only ever for us” (30-31).

Lo que está viciado, y de plano, es la pretensión de poder pensar el absoluto. Recordemos que para Descartes, y los que defiendan la prueba ontológica de la existencia de Dios, es necesario sostener que la mera noción de un Dios no-existente es contradictoria. Kant tiene que demostrar que ello es posible, que no es contradictorio pensar que Dios no exista. La razón de este es que Kant, según Meillassoux,  considera que lo que es lógicamente contradictorio es imposible en sentido absoluto. Este supuesto es esencial para poder afirmar que la cosa en sí es incognoscible, pero pensable. Las dos proposiciones que sintetizan el aporte kantiano, y que configuran el correlacionismo débil, son las siguientes:

  1. La cosa en sí no es contradictoria.
  2. La cosa en sí existe dado que lo que aparece requiere de “algo” que aparece.

En el caso de la prueba ontológica lo que se afirma es que uno puede rechazar la existencia de Dios porque la existencia no es un predicado que a priori brinde la existencia a algún concepto. No hay contradicción pues, en pensar cualquier tipo de entidad como siendo o no siendo. Con esta crítica a la prueba ontológica, se cierra la posibilidad de demostrar la existencia necesaria de cualquier entidad. Y es esta pretensión de entidad necesaria, y que Meillassoux llama “necesidad real”, lo que configura el núcleo fundamental de toda metafísica dogmática. Ser dogmático es afirmar que una entidad existe de manera necesaria. Por eso es que la prueba ontológica es la versión más acaba de dicha pretensión:

For to be dogmatic is invariably to mantain that this or that – i.e. some determinate entity – must absolutely be, and be the way it is, whether it is Idea, pure Act, atom, indivisible soul, harmonious world, perfect God, infinite substance, World-Soul, global history, etc. But if we caracterize a metaphysics minimally in terms of this kind of claim, viz., taht such and such entity must absolutely be, we then begin to understand how metaphysics culminates in the ontological argument, viz., in the claim that this or that entity must absolutely be because it is the way it is. The ontological argument posits a necessary being ‘par excellence’ insofar as the essence of this being provides the reason for its existence – it is because God’s essence is to be perfect that He must necessarily exist (32-33).

Y esta prueba, que representa la culminación de la metafísica dogmática, no puede desligarse de un principio fundamental. Dicho principio fue tematizado por Leibniz, aunque de alguna Manera ya estaba en Descartes: el principio de razón suficiente. Dicho principio establece que por cada hecho, manifestación, ocurrencia, debe de haber una razón que haga que ello sea así y no de otra manera. Pero para que esta fundamentación de los hechos y razones no se vaya hacia el infinito, es necesario detenera y es ahí donde la prueba ontológica soporta está razón última: una razón no condicionada por otra razón que ella misma es la que hace de fundamento último.

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