El fin de la filosofía (5)

Llego el momento se acabar, provisionalmente, con esta pequeña serie de entregas. En las dos primeras entradas (aquí y aquí) dialogué con los textos de Bryant para resaltar que la filosofía no es principalmente una acatividad hiper-especializada de comentarios sobre filósofos que se distribuye en revistas especializadas, en ámbitos bastante restirngidos. Conocer la tradición es importante y condición primera, pero no el único y principal objetivo final. Si no, de lo que se trata es de un scholar (y hablar en esos términos no tienen ningún carácter peyorativo)

Después de eso rescate algunas ideas de Harman en lo relativo a escribir (aquí):  no se debe pretender dar a luz un magnum opus “a la primera”. Fallar o fracasar es comprensible en el proceso de hacer algo original. Además, reslaté que el estilo importa y que uno debe tener presente la audiencia ante la que se dirige. Finalmente, la filosofía no tiene que ser, per se, “aburrida”. No creo que ser serio, riguro y profundo equivalga a ser “aburrido”. La última idea central aquí fue la de aprovechar los recursos existentes y disponibles para uno e ir auméntandolos con la producción y esfuerzo (ahí sigo con fe la máxima que comenté: “mientras más escribas (y publiques), más escribirás (y publicarás)”).

Finalmente, en la cuarta entrada retome algunos puntos señalados por Alejandro León (aquí). La tesis esencial es que lo espcios académicos muchas veces suelen ser insuficientes para generar verdaderos intercambios y diálogos. La alusión final al proyecto en el cual participó me sirve para resalatar que hay medios nuevos y diferentes para producir y generar nuevas ideas, y ello es algo que tiene que interesar al quehacer filosófico.

Esta es una muy breve síntesis de lo anterior. Ahora bien, en esta última entrada me gustaría no basarme directamente en otro texto. En las cuatro partes previas e disuctido otras ideas, con cierta apropiación. Sin embargo, me gustaría terminar retomando estos elementos, pero a la luz de algunas ideas que he venido pensando y discutiendo. Creo que podrán complementar y cerrar esta breve serie de posts.

Lo primero tiene que ver con algo que mencioné en la respuesta a Javier del post anterior. Me gusta pensar que la filosofía tiene que ver, de manera íntima, con su propia época o “tiempo”. De ahí que sus problemas no puedan desligarse de lo que sucede ahora. Ahora bien, creo que la complejidad de nuestra época hace muy difícil y fácil poder aprender de manera autodidacta muchas cosas. Por un lado, es difícil por lo complejas que son algunas materias a la hora que entramos en ellas de manera seria y rigurosa. Sin embargo, es posible aprender por nuestra cuenta más cosas por los nuevos medios (imágenes, noticias, videos, libros, entrevistas… es realmente un gran consumo de información). Redondeando el punto: tenemos una situación paradójica ya que contamos más recursos para aprender y, al mismo tiempo, eso que queremos aprender se hace mucho más complejo cada vez.

Uno no tiene que asumir una “partición” o “regionalización” a priori de las disciplinas. Sin embargo, creo que sí puede ser pensable el intento por definir algunos intereses principales. Normalmente a los estudiantes de filosofía, y asumo que a los de humanidades en general, les interesan varias cosas, además de la filosofía. Al mismo tiempo, dentro de la filosofía, uno va viendo que períodos, autores, libros, temas o problemas, etc.  Creo que es en la mediación o articulación de estos dos niveles donde, creo, se evidencia esa suerte de imapsse que estado mencionando en torno al quehacer filosófico y la extrema especialización académica. Me explico con un par de ejemplos “sencillos”.

Pueden darse casos de estudiantes de filosofía que sienten particular interés por la epistemología y la filosofía de la ciencia (he conocido varios en nuestro medio). Conocen la historia de la filosofía y leen con entusiasmo las interpretaciones del quehacer científico. En nuestro departamento suelen ser canónicas las lecturas de Kuhn Y Popper al respecto. Ahora bien, yo creo que ese conocimiento es necesario, pero no suficiente. La razón: porque creo que una reflexión filosófica que se quiera seria y profunda con este campo necesita un mínimo conocimiento de la ciencia que se precie de ser mucho más que un conocimiento de mero “aficionado”. En pocas palabras, si eres nulo en física o matemáticas, tanto en parte teórica, como en la experimental, no creo que tenga mucho sentido escribir largos ensayos sobre lo que es la ciencia y los científicos. Y es que, en el momento en que uno tenga que trabajar, discutir o exponer sus ideas filosóficas sobre la ciencia, los verdaderos científicos obviamente pensarán que el filósofo no tiene idea de lo que está hablando.

Filósofos clásicos y contemporáneos que reflexionaros sobre la ciencia como Husserl, Kuhn y Popper tenían un gran manejo y conocimiento de la ciencia. Si uno carece de esos conocimientos, entonces uno (a) o mienta vacío y habla con pseudo profundidad, o bien (b) hace una mera historia de la filosofía de la ciencia, es decir, se limita a repetir lo que otros que si sabían de ciencia han dicho sobre la ciencia. Por ponerlo en simple: si a uno le interesa la epistemología y la filosofía de la ciencia, no basta leer a divulgadores de la ciencia, ver Discovery Channel o What the Bleep Do We Know para tener algo serio y relevante que decir que añada algo significativo al manejo que se tenga sobre lo que han dicho filósofos de la ciencia importantes. Para mí en ese caso quedan dos caminos: aprender ciencia de manera autodidacta o estudiar un grado en el campo de la ciencia que a uno le interese de manera particular.

En mi caso particular, mis intereses en filosofía estaban sobre todo ligados a la filosofía política y a la ética. Por eso estudiar ciencias políticas fue algo que consideré importante porque podría contribuir de manera significativa a enriquecer mis propias reflexiones. Y es que, aprender algo de historia del Perú y Latinoamerica, algo de instituciones políticas, de teoría de la democracia y de estadística, aportaron muchísimo a mi comprensión de la historia de la filosofía política y, al mismo tiempo, a mi propia aproximación a los fenómenos políticos y a la reflexión fiosófica sobre los problemas políticos mismos. Creo que con un mayor conocimiento de la historia política uno puede apreciar mejor las obras de los grandes filósofos políticos (por ejemplo Hobbes y Locke en relación a la situación política de Inglaterra). El conocer las instituciones políticas complejiza y favorece mucho también la comprensión de muchas cosas. Un ejemplo podría ser Rawls y su opinión de la corte suprema norteamericana. Conocer estudios empíricos sobre la democracia relativiza muchos conceptos que la filosofía política extremadamente normativa y la hermenéutica filoófica pretenden decir sin más. No basta decir “viva la democracia” o “viva la diferencia” o “hay que comprender al otro” porque se exige arraigar las ideas en instituciones, en casos, en procesos y eso demanda a la filosofía política bastante. Solamente así se obtiene lo mejor de ambos mundos: uno es consciente de las virtudes y límites de ambas disciplinas y puede ser crítico con ambos frentes. Si no se hace esto, el filósofo siempre quedará como el personaje de los pitufos: alguien que habla mucho y en difícil, pero que no sabe de lo que habla.

Ahora bien, no quiero que se piense que esto es una especie de propuesta para justificar mis elecciones personales (aunque quizá Nietzsche sí pensaría esto). Quiero sostener que este es un camino posible, pero no el único. Yo sí soy de los que piensan que una formación en varios campos es más enriquecedora, creo que puede generar cambios mucho más cualitativos en la manera de pensar de uno. Estudiar 10 años seguidos historia de la filosofía, creo, genera un cambio cualitativo hasta un punto y luego es mera acumulación de datos, hasta que se de algo análogo a un encuentro singular, una lectura singular, cosas no muy comunes. Estudiar 5 años filosfía y 5 años otra cosa pone a prueba muchas cosas y exige de nosotros nuevas cosas, creo que amplía nuestra racionalidad. Necesitamos igual seres humanos que sigan estos caminos y otros más, pero yo suscribo el interdisciplinario.

¿Y por qué, además las razones ya expuestas (a nivel más individual), suscribo la interdisciplinriedad? Porque es la condición de seriedad para un trabajo colectivo que se quiera performativamente interdisciplinario. Un trabajo así no es meramente juntar a un filósofo, a un economista y a un abogado a que cada uno hable de lo que sabe y hagan una suma de las cosas y las presenten, o quealguien tome hegemonía en la cuestión o que ningungo se entienda. En cambio, si tenemos (por lo menos) un filósofo que sabe economía, un economista que sabe de derecho y un abogado que sabe de filosofía, entonces la conexión y el diálogo va a ser mucho más fructífero, va a darse una mayor cohesión y las posibilidades de evitar la unilateralidad (aquí de nuevo Hegel) y promover la originalidad colectiva crecen sustantivamente.

La costumbre de ser formado en el pathos de especialista lo lleva a uno, a veces, a sentir que si estudia algo diferente a la filosofía es como si hubiese “desertado” o “abortado” el camino “correcto” para llegar a ser un pensador. Creo que ese sentimiento es nefasto y debe cambiarse. Creo que esa idea es comprensible por que quizá antes no era necesario ser profesional en otra cosa para comprenderla y reflexionar sobre ella (yo creo que hoy eso es difícil). Si ya no es posible un “Aristóteles”, un “Kant” o un “Hegel” (en el sentido de que sabían “todo”) y la puerta de la hiper-especialización academicista de filósofos que solamente saben hablar de un autor o de un libro no parece muy viable para la creación y originalidad para con los problemas de hoy, entonces quizá deberíamos adoptar una especie de “justo medio” hasta que pensemos nuevas posibilidades: no podemos ser competentes en todas las materias, pero tampoco debemos ser competentes en una sola. Es pluralidad de competencias debe, a su vez, complementarse con el trabajo de otros formados pluralmente. Todo ello con el fin de trabajar colectivamente. Y no me refiero a una complilación de ensayos aislados. Me refiero a una verdadera creación colectiva.

¿Tendremos los medios hoy para ello? ¿Tendremos la disposición?

Creo que vale la pena hacer la apuesta. Pues, análogamente a Marx, lo que tenemos es un nuevo mundo por ganar.

(Volver a Filosofía, academia y nuevas tecnologías)

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4 responses to “El fin de la filosofía (5)

  • Víctor Samuel Rivera

    Estimado Erich;

    Antes que comentar tu post, te voy a comentar algo de mi vida. Yo estudié con un programa en el que la hiper-especialización era extremadamente muy bien valorada: Tú asumías un autor, lo leías en su propio idioma, abarcabas (lentamente) la totalidad de su obra y luego la comentabas. Cuando tenía tu edad creía como cosa normal que la mayor aspiración de un profesional en filosofía no era la filosofía misma, esto es, lo que en otra parte hemos llamado “originalidad” y creatividad”, sino la competencia para ser reconocido como “especialista” en algo. La idea de “originalidad” no era para nosotros. Las ideas aventuradas se veían sospechosas de falta de latín, de llevar falta de conocimiento de francés o griego, de no haber leído bien el texto del autor canónico. De estos remilgos saqué una extraordinaria pasión por el orden y el manejo de las fuentes de la que estoy muy agradecido. Pero hace mucho tiempo ya que creo que la filosofía es una muy otra cosa.

    Un buen día me pregunté si la filosofía era capaz de irrumpir en la interpretación de la vida, de la vida ordinaria. De la vida en la que algún día irremediablemente habremos de morir. Pero no sabía mucho entonces de la vida ordinaria en realidad. Tuve la suerte de contar después con la dura experiencia de los ideales sociales, de la convivencia con los actores políticos; la visión de sus limitaciones, vicios y grandezas en la realidad (donde la gente llora, donde cree, donde se alegra y goza, donde ama y mira el atardecer) me permitió en el transcurso de mi vida comprender algo que leí en un par de autores poco notorios: Hermann Meyer y Edward Burt (creo): El mundo que habitamos está poblado de ideas filosóficas. Nuestras ideas son la antorcha en esta pérdida tan grande del sentido que es la vida humana. Cuando uno las comprende seriamente, no es que uno se haya vuelto más especialista en algo, es que ha adquirido una sensibilidad -digamos- con el ser. Uno reconoce presuposiciones filosóficas en las manifestaciones efectivas de la vida social, capta su significado y, con él, la responsabilidad que se cierne sobre los filósofos.

    Hacer filosofía implica una vida que sea capaz de estrellarse contra el ser, intentar escapar, y aceptarlo, finalmente, como nuestra obligación.

    Un abrazo.

    VSR

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