Pluralidad, utilidad y eficiencia (6): Introducción a Instituciones políticas de Josep M. Colomer

4. La elección de instituciones socialmente eficientes (conclusiones).

A modo de conclusión podemos ir enumerando las tesis que concluye Colomer, después de haber comparado una gran variedad de casos. Lo primero tiene que ver con la utilidad social. Si es que la política busca generar o maximizar dicha utilidad, entonces tendremos que concluir lo siguiente:

“La utilidad social puede ser considerada relativamente alta cuando los resultados del proceso institucional cumplen ciertas condiciones. Concretamente, cabe obtener resultados socialmente eficientes de procesos conducentes a la formación de gabinetes parlamentarios o de presidentes ejecutivos cuando el ganador incluye la preferencia del votante mediano. Como se ha recordado anteriormente, la mediana es la posición que minimiza la suma de las distancias desde las preferencias y, por tanto, cabe considerar que maximiza la satisfacción política de los ciudadanos o la utilidad social” (245).

Desde esta perspectiva puede concluirse de manera normativa que la amplitud del voto es mejor que su restricción:

“los derechos amplios de voto son mejores que los derechos restringidos porque dan más oportunidades a más individuos y a grupos más amplios de desarrollar sus demandas y obtener la satisfacción política de sus preferencias. Una democracia estable, como fórmula basada en elecciones pluralistas de los gobernantes por el mayor número de ciudadanos, es, en conjunto y a largo plazo, siempre mejor, es decir, más eficiente socialmente, según las categorías de la teoría de la elección social, que los regímenes no democráticos” (246, las cursivas son mías).

Es sobre todo para el caso de electorados complejos, piénsese en sociedades pluriculturales o plurinacionales, donde los diseños tienen que ser más sofisticados. Ello implica una buena división del gobierno, tanto a nivel horizontal, como a nivel vertical, teniendo como principio de representación a la representación proporcional. Estos diseños serán más eficientes para maximizar la utilidad social que los diseños que implican gobiernos no divididos con principio de representación mayoritaria o de pluralidad. La idea es pues, la de tener múltiples ganadores y contar con incentivos para la formación de coaliciones. Ejemplos de este tipo serán las democracias parlamentarias con representación proporcional y por el federalismo descentralizado y bicameral. El primer caso tiene incluso como prueba una alta correlación estadística entre alta participación política y baja violencia política:

“Cuanto más pluralista es el sistema, más probable es que los perdedores estén satisfechos con el modo como funciona la democracia (entre los cuales el caso extremo en la muestra es Holanda). En otras palabras, la satisfacción política está más amplia y regularmente distribuida en los regímenes pluralistas que en los mayoritaristas” (248).

Sobre la cooperación entre la Presidencia y la Asamblea, está tenderá a darse de una manera más eficiente en gobiernos dividíos verticalmente, pero puede ser reforzada con mecanismos que puedan prevenir el bloqueo y el conflicto. En concreto, Colomer se refiere al fenómeno de la “cohabitación” característica del semipresidencialismo francés de la Quinta República.

Teniendo como marco los desarrollos democráticos y sus éxitos, Colomer presenta los siguientes porcentajes para expresar los logros en lo que a consolidar una estabilidad y eficiencia democrática se refiere:

“Las correspondientes proporciones de éxito o de intentos democratizadores que han producido democracias que continúan existiendo son los siguientes: un 37% de los regímenes parlamentarios-mayoritaristas, un 54% de los presidenciales y semipresidenciales y un 72% de los parlamentarios con representación proporcional. Estos resultados dan fuerte sostén a nuestra hipótesis acerca de la capacidad relativamente más alta de los regímenes democráticos pluralistas de obtener apoyo endógeno y durar” (251).

Para terminar, podemos citar el último párrafo del libro que nos da un muy buen panorama contemporáneo sobre el porcentaje de los diseños institucionales democráticos (actualizado hasta el año 2006):

“A principios del siglo XXI, de los sesenta y cuatro regímenes democráticos en países con más de un millón de habitantes, sólo un 14% son regímenes parlamentarios con reglas electorales mayoritaristas, mientras que un 48% son regímenes presidenciales o semipresidenciales y un 38% son regímenes parlamentarios con representación proporcional (…). Una cuarta parte tiene una división de poderes de tipo federal. El éxito relativo de las fórmulas pluralistas debe ser sometido a la observación de su supervivencia en el futuro. Sin embargo, el análisis empírico aquí presentado permite mantener la hipótesis sobre la mayor capacidad de las instituciones políticas pluralistas y socialmente eficientes de obtener un apoyo estable y duradero” (255).

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