El Ordo amoris de Max Scheler (1)

Lo siguiente son unas notas acerca del artículo Ordo amoris de Max Scheler (traducción de Xavier ZubiriMadrid: Caparrós Editores, 1998) para las sesiones dirigidas de prácticas de los cursos de Temas de filosofía contemporánea y Ética en Estudios Generales.

***

“Quien posee el ordo amoris de un hombre posee al hombre”

Max Scheler, Ordo amoris.

¿Por qué se posee al hombre con poseer el ordo amoris (el “orden del amor”) de dicho hombre? Porque con él uno penetra en lo más profundo del  “núcleo espiritual” del ser humano. Es el fundamento de los lineamientos de su ánimo y que determina el entorno moral. Es lo que hace de cimiento para la estructura jerárquica de los valores del ser humano, valores que están siempre presentes en nuestra existencia concreta cotidiana, la que tenemos al vivir en nuestro mundo circundante (Umwelt). Podemos ver pues, a modo de primera descripción, que el ordo amoris tiene que ver con dicha estructuración y jerarquización de tipo valorativo:

El hombre no prefiere siempre las mismas cosas y los mismos hombres; pero sí las mismas clases de hombres y de cosas, clases que son en todo caso clases de valores que le atraen conforme a ciertas reglas constantes del preferir o del posponer lo uno a lo otro, y que le atraen y le repelen dondequiera que vaya (OA, 28-29).

Lo que le atrae y le genera repulsión tiene que ver con esta estructuración que hace de condición de posibilidad de lo percibible y observable en materia valorativa. Tanto el destino, como el mundo circundante están ligados de manera íntima a lo que Scheler viene llamando ordo amoris.

“Mundo circundante” no es un término muy complicado de entender, si qusiéramos hacer una muy breve y esquemática definición: se refiere al mundo cotidiano en el que estamos inmersos existiendo en el “día a día”. Es literalmente el mundo que “nos rodea”. No es el mundo físico que contemplamos para hacer ciencia (teniendo una actitud “puramente teórica”), sino el mundo de preocupaciones y asuntos con los cuales ocupamos nuestra existencia y frente a los cuales nos comportamos de un determinado modo.

En cambio, creo que comprender el “destino” al que alude Scheler es algo más complicado y por eso valdría la pena una cita al respecto:

Lo peculiar de destino lo constituye precisamente esto que, al contemplar el panorama de una vida entera o de una larga serie de años o acontecimientos, sentimos tal vez como absolutamente contingente en cada caso particular, pero cuya conexión, por muy imprevisible que haya sido el acontecer de cada uno de sus miembros, refleja precisamente eso que creemos que constituye el núcleo de la persona en cuestión (OA, 30).

Y más abajo complementa dicha definición:

Por consiguiente, solamente puede llamarse “destino” de un hombre lo que hay en el ámbito de ciertas posibilidades de vivir el mundo, rigurosamente circunscritas desde el punto de vista caracterológico -ámbitos variables de hombre a hombre, de pueblo a pueblo, aun siendo constantes los acontecimientos externos y los acontecimientos reales que parecen llenar estos ámbitos. Y lo que domina el acontecer del contenido de su destino, en el sentido estricto de la palabra, es justamente el modo de formación del ordo amoris que efectivamente posee un hombre, su modo de formación según ciertas reglas que funcionalizan lentamente objetos que primariamente han atraído su amor en su primera infancia (OA, 31).

Podemos ver pues, que Scheler considera que el destino está íntimamente ligado al ordo amoris del hombre, ya que éste constituye y forma reglas que nos llevan a estar atraídos (o no) hacia una diversidad de asuntos. Ahora bien, lo interesante es que frente a estos dos fenómenos, el mundo circundante y el destino, el ser humano puede comportarse de diversas maneras. Esto es importante porque nos debe llevar a abandonar la idea de que si hay destino, entonces no hay elección y por ende lo que tenemos es un fatalismo. Uno puede estar constreñido por el destino al punto de no ser consciente que es su destino; uno puede estar por encima de su destino conciéndolo; uno puede entregarse a él; uno puede oponerle resistencia. Y, finalmente, las mismas estructuras del mundo circundante (ambiente) y el destino pueden ser transformadas, aunque no por una mera “libre elección” individual, ya que esta se halla enmarcada en estas estructuras. Para que se puedan dar dichas transformaciones se requiere de la cooperación de entes que se encuentran fuera de dichas estructuras.

Nuestra libre elección, nuestra determinación individual, es algo evidente en nuestra existencia cotidiana y concreta en la que se manifiesta el hecho de nuestra personalidad. Pero lo que precede a este conocimiento es el legítimo amor propio, que no debemos confundir con el “mero amor de uno mismo”. Este amor propio legítimo es en el que nos amamos, en tanto que podamos existir para un ojo que todo lo ve. Lo que no cumpla con esa condición merecerá nuestro odio y rechazo. Podemos ver pues, como es que ese amor fundamental que el ser humano posee, en tanto amor legítimo hacia uno mismo, está íntimamente ligado a la idea de existir para una omnivisión:

El martillo escultórico de la corrección de sí mismo, de la autoeducación, del arrepentimiento, de la mortificación, alcanzan a todas aquellas partes de nosotros que salen fuera de la figura que nos ofrece esta imagen nuestra ante Dios y en Dios (OA, 38).

Después de estas consideraciones preliminares sobre el ordo amoris, es necesario entrar a considerar su forma. A ello está dedicada la segunda parte del artículo y los siguientes posts. Sin embargo, no debemos perder de vista lo alcanzado hasta ahora, a modo de intuiciones y proposiciones generales acerca del problema: el ordo amoris como fuente de constitución de estructuras y reglas para nuestra atracción o rechazo hacia asuntos, el amor legítimo como fuente previa en la que se funda la conciencia del poder tener determinaciones individuales, al modo del libre albedrío y, finalmente, dos asuntos que faltan aclarar: la cuestión relativa a esa omnivisión, es decir, Dios; y, por otra parte, el cuestión sobre el estatuto ontológico de los valores (su objetividad, algo bastante cuestionable y contra intuitivo para toda la tradición moderna que viene desde autores como David Hume, con la idea de “hechos objetivos” y “valores subjetivos”).


13 responses to “El Ordo amoris de Max Scheler (1)

  • Geviert-Kreis

    saludos Erich,

    una agradable sorpresa que te estés dedicando a la lectura de Scheler, un autor muy interesante y un nexo importante, creo yo, para comprender la dimensión de los sentimientos en la Befindlichkeit heideggeriana (no conozco el correspondiente en castellano, perdóname). Se puede notar rápidamente, en este post tuyo, cómo se va introduciendo otra reflexión completamente diferente a la que se hace normalmente en LA sobre el tema del destino, el amor humano y la dimensión ético-amorosa. Por lo que voy encontrando, por ejemplo, en los blogs latinoamericanos sobre el tema, ninguno intuye en lo más mínimo lo que explicas en este post. Este nexo entre amor (que Scheler distingue entre Menschenliebe y Liebe, amor humano y amor) y ética, será desarrollado en su “esencia y y formas de la simpatía”.

    En Alemania, Scheler, junto a otros autores, forma parte del programa de antropología filosófica (se llamaba así ya en los años 30 del siglo pasado). Estos autores son: Max Scheler, Arnold Gehlen, Helmut Schelsky, Helmut Plessner,Gotthard Günther entre otros). Gehlen (tal vez puedas revisar su texto-clave “el alma en el periodo de la técnica”) y Schelsky (maestro de Luhmann) desarrollarán esa ontología política con Heidegger que vamos bozquejando poco a poco. Plessner se dedicará a una crítica de esta ontología política, mientras Günther creará con los americanos un interesante nexo entre la cibernética y todas estas reflexiones. La cibernética introduce la reflexión sobre el concepto de control e información y se refiere al problema “práctico” de la técnica digamos. Scheler es entonces un puente directo a estas áreas interesantes.

    Sobre el tema del destino y lo que tratas en tu post, yo he intentado un nexo entre Schmitt y Dante usando precisamente otros dos aspectos que podrían añadirse al ordo amoris: ordo ordinans y ordo ordinatur. Encuentras el post en este link si te interesa:

    http://geviert.wordpress.com/2010/02/16/amor-milagro-excepcion-la-rosa-mistica-en-dante-y-schmitt/

    saludos, GK

    PS. Veo que has revisado tu concepto de destino como fatalismo. Bien.

  • Erich Luna

    Hola Giovanni

    Muchas gracias por las referencias. Sí, no es muy común que se trabaje la obra de Scheler por acá (en los años de pregrado no tuve ningún curso en el que se le abordara, aunque es cierto que nunca hay tiempo para ver todo).

    Ha sido una feliz posibilidad el que la profesora que lo dicta (Mariana Chu), con la que dicto el curso hace un par de semestres, haya hecho una tesis sobre Husserl y Scheler en la Universidad Católica de Lovaina y que esté interesada en trabajar a dicho autor en los Estudios Generales. Este semestre decidimos ver el Ordo Amoris en las sesiones de práctica, lo cual es bastante interesante para comparar y contrastar con la fenomenología trascendental de Husserl.

    Sobre Befindlichkeit, creo que las traducciones más conocidas son las de Rivera, que lo traduce como “disposición afectiva” (por la idea de que siempre estamos ya afectivamente dispuestos), y la de Gaos, que traduce Befindlichkeit con “encontrarse” (por la idea de que el Dasein siempre ya se “encuentra” de alguna manera).

    De hecho, para el caso de Scheler, me gustaría leer en su totalidad el Formalismus, pero por cuestiones de tiempo este semestre me dedicaré al Ordo Amoris, los prólogos al Formalismus y una que otra sección de dicha obra.

    Saludos,
    Erich

  • Precesión del perihelio

    Hablando de conexiones… puede que te interese la aplicación práctica de los conceptos de Scheler por parte de Frankl en su logoterapia. También es curioso que ese aforismo de Badiou que da nombre a tu espacio blog esté íntimamente relacionado con la frustración del “deseo de sentido” y el consecuente vacío existencial; eso sí, llevándolo al afecto, para el sintiente, no como mera abstracción.

    Saludos

  • Erich Luna

    Hola

    Muchas gracias por tu comentario.

    He leído “El hombre en busca de sentido” y “Ante el vacío existencial” (o algo así, no recuerdo el título exacto). La logoterapia de Frankl suena interesante, pero no me convenció del todo. Pero el nexo que planteas entre Scheler y Frankl de hecho vale la pena ser explorado.

    Muchos saludos,
    Erich

  • 2 años en el Vacío: « Vacío

    […] 7. El Ordo amoris de Max Scheler (1) […]

  • 3 años en el Vacío « Vacío

    […] El Ordo amoris de Max Scheler (1) […]

  • Yamid Gómez

    Buenos días. Estoy realizando una Maestría de investigación sobre “Las dimensiones del amor en Max Scheler” y me interesó mucho lo publica en este blog. Como estoy en la etapa de investigación me gustaría mucho tener la mayor cantidad de fuentes secundarias posibles para tener más fundamento en la etapa de producción. La reflexión sobre el pensamiento de Max Scheler es algo realemente interesante y su aproximación a la realidad del AMOR es muy actual. Le agradecería mucho su ayuda. Yamid Gómez

  • Erich Luna

    Hola Yamid

    El tema que estás investigando suena sumamente interesante. Voy a ver si una amiga mía puede ayudarte con eso, dándote algunas fuentes para eso.

    Saludos,
    Erich

  • 4 años en el Vacío | Vacío

    […] El Ordo amoris de Max Scheler (1) […]

  • 5 años en el Vacío | Vacío

    […] El Ordo amoris de Max Scheler (1) […]

  • elizabeth

    hola, estoy leyendo este texto en la universidad y la verdad se me ha hecho complicado de entender (voy terminando el primer año de pedagogía en religión y filosofía). Me podrías dejar el link de la segunda parte de este texto?
    de ante mano muchas gracias

  • anonimo

    hola erich

    por favor recomiendame un libro excelente de antropología filosófica, pero que tenga un tamiz existencialista o nihilista.

    gracias

    • Erich Luna

      Hola

      No sé mucho sobre antropología filosófica. Pero más allá de las etiquetas de nihilismo y existencialismo, sería siempre productivo volver a los clásicos que inspiraron algo de eso. Principalmente Ser y tiempo de Martin Heidegger y El y ser y la nada de Jean Paul Sartre.

      Muchos saludos,

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