¿Qué es esto, la fenomenología? (4): el concepto preliminar de “fenomenología”

por Erich Luna

Es propio de la esencia de las investigaciones fenomenológicas el que no puedan relatarse de manera abreviada, el que siempre haya que repetirlas, recorrerlas de nuevo.

Martin Heidegger, Prolegómenos para una historia del concepto de tiempo, 1925.

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Ligando los matices y sentidos de las palabras anteriormente presentadas es que podemos expresar el sentido formal de la investigación fenomenológica como tal:

(…) hacer ver desde sí mismo aquello que se muestra, y hacerlo ver tal como se muestra desde sí mismo (SZ, 34).

Dicha frase puede verse como la explicitación y tematización de los motivos “apofánticos” y “sintéticos” (entender estas expresiones en relación a su significado griego originario) de la máxima fenomenológico-husserliana por antonomasia:

¡A las cosas mismas!

De esta manera regresamos a la idea de que la fenomenología no es una doctrina o un sistema de ideas, sino una manera de aproximarse a los problemas y a los asuntos: un método, un cómo (y no un qué quiditativo). La idea es proceder de una manera descriptiva que no acepte nada que no se dé, que no se muestre y que no se manifieste como evidente.

Así pues, fenomenología es un título “metódico“, puesto que es la denominación de la manera de proceder, de aprehender y definir aquello que sea el asunto de la filosofía (P, 115).

A continuación, Heidegger hará la distinción entre dos conceptos de fenomenología: el concepto vulgar de fenomenología y el concepto fenomenológico de fenomenología. El primer concepto, el vulgar, es considerado como más formal y general, ya que aquí la fenomenología tiene que ver con toda mostración del ente tal y como se muestra en sí mismo (SZ, 35). Heidegger considera que, si bien esto no estpa equivocado, hay que reconocer que hay un sentido de fenómeno que es eminente y que la fenomenología debe buscar mostrar, por sobre todos los demás:

¿Qué es lo que por esencia necesariamente debe ser tema de una mostración explícita? Evidentemente, aquello que de un modo inmediato y regular precisamente no se muestra, aquello que queda oculto en lo que inmediata y regularmente se muestra, pero que al mismo tiempo es algo que pertenece esencialmente a lo que inmediata y regularmente se muestra, hasta el punto de construir su sentido y fundamento.

Ahora bien, aquello que eminentemente permanece oculto o recae de nuevo en el encubrimiento, o sólo se muestra “disimulado“, no es este o aquel ente, sino como lo han mostrado las consideraciones anteriores, el ser del ente (SZ, 35).

La fenomenología busca tematizar y acceder a los fenómenos buscando describirlos sin caer en tergiversaciones, yendo a ellos mismos. El ser del ente es el fenómeno que cotidianamente permanece oculto, encubierto y olvidado. La tarea eminente de la fenomenología sería la de tematizar el ser. En pocas palabras, el ser es el fenómeno en sentido fenomenológico que hace de tarea y asunto eminente del quehacer fenomenológico.

Fenomenología es el modo de acceso y de determinación evidenciante de lo que debe constituir el tema de la ontología. La ontología sólo es posible como fenomenología <Cfr., Los problemas fundamentales de la fenomenología>. El concepto fenomenológico de fenómeno entiende como aquello que se muestra el ser del ente, su sentido, sus modificaciones y derivados. Y este mostrarse no es un mostrarse cualquiera, no tampoco algo así como un manifestarse [Erscheinen]. El ser del ente es lo que menos puede ser concebido como algo “detrás” de lo cual aún habría otra cosa que “no aparece” (SZ, 35-36).

La última parte del párrafo me parece central, ya que debe servir de hilo para tratar de evitar errores. El ser de ente no es “algo” que “está dentrás” de los entes. la fenomenología no busca, en este sentido, algo que está detrás. No es como si se quisiera “tematizar el noúmeno”. Lo que sí debe entenderse con el ser, por ahora, es que es algo que cotidianamente se encuentra encubierto y cuya mostración corresponde a la fenomenología. El ser no es un ente detrás de otro ente, pero sí debe pensarse como el fenómeno por antonomasia que la fenomenología debe des-cubrir y tematizar. Hacer del ser encubierto fenómeno, he ahí la tarea eminente de la fenomenología.

Fenómeno no es nada detrás de lo cual haya algo; más exactamente con respecto al fenómeno no se puede en absoluto preguntar por ningún detrás, puesto que lo que se da es justamente algo en sí mismo. Lo que sí puede suceder es que lo que se muestra en sí mismo y hay que acreditar se encuentra encubierto. Lo que es visible en sí mismo y, al menos por definición, puede ser accesible en cuanto fenómeno no tiene necesariamente por qué serlo de hecho. Lo que según la posibilidad es fenómeno precisamente no está dado en cuanto fenómeno, sino que antes de nada debe darse. En cuanto labor de investigación, la fenomenología es justamente el trabajo de hacer ver poniendo al descubierto, en el sentido de, con la guía del método, desmontar los encubrimientos (P, 116).

Ahora bien, sobre los modos de ocultamiento, Heidegger elabora brevemente algunas consideraciones. Un primer sentido de ocultamiento tiene que ver con el fenómeno que aún no ha sido descubierto y que por eso se encuentra oculto. Un segundo sentido tiene que ver con el fenómeno que alguna vez fue descubierto, pero que luego fue recubierto de nuevo, quedando oculto. Además, hay encubrimientos que son fortuitos y hay encubrimientos que son necesarios (SZ, 36).

Nunca he entendido muy bien esa expresión de Heidegger. A menos que se asuma cierta teleología histórica, creo, no entiendo como es que puede haber un encubrimiento que tenga que ser necesario. Ahora bien, esa es una manera de entender esto, pero no es la más interesante a mi juicio. La necesidad del encubrimiento no viene de ninguna providencia, sino de algo mucho más concreto: que cuando se descubren fenómenos y se plasman en el lenguaje, uno puede luego no llegar a los fenómenos y quedarse como la expresión, una especie de “mentar vacío” (Leermeinen husserliano o Gerede heideggeriana) que no tiene arraigo en las cosas mismas, en los fenómenos y por eso es que el encubrimiento es necesario. No es determinismo burdo, sino la situación de no ir a las cosas mismas, esa situación es la que necesariamente encubre a los fenómenos. Creo que no sería descabellado que Heidegger podría tener en mente, entre otras cosas, al tratamiento del ser que Platón y Aristóteles (Heidegger dictó cursos sobre ambos en los años anteriores a la publicación de SZ) tuvieron y que la tradición ha tergiversado o asimilado de manera no originaria.

Por ello mismo, el modo de tematizar algo como el ser del ente, fenómeno fenomenológico, es de vital importancia. De ahí que Heidegger diga lo siguiente, cita con la que podemos terminar la entrada:

Puesto que fenómeno, en sentido fenomenológico, mienta siempre y solamente el ser, y ser es siempre el ser del ente, para la puesta al descubierto del ser se requerirá primero una adecuada presentación del ente mismo.

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