¿Qué es esto, la fenomenología? (2): El concepto de fenómeno

por Erich Luna

“La fenomenología, mientras se entienda a sí misma, seguirá esa vía de investigación, contra cualquier tipo de profetismo, contra cualquier inclinación a hacer de guía de la vida. La investigación filosófica es y sigue siendo ateísmo; por eso puede permitirse la <<arrogancia del pensar>>, y no sólo se la va a permitir, sino que esa arrogancia es la necesidad íntima de la filosofía y la verdadera fuerza, y justamente en el ateísmo llega a ser lo que en una ocasión dijo uno de los grandes, una <<gaya ciencia>>”

Martin Heidegger, Prolegómenos para una historia del concepto de tiempo, 1925

***

Debemos comenzar, primero, señalando algo esencial al pensamiento de Heidegger. Para él la pregunta por el sentido del ser, que es el tema de Ser y tiempo, es “la cuestión fundamental de toda filosofía” (SZ, 27). Y la forma en la que debe ser tratada dicha cuestión, el cómo de su tratamiento (el método) es necesariamente fenomenológico. Esto no debe dejar de ser tomado en consideración: Heidegger considera a la fenomenología como un método y no como una concepción del mundo o una doctrina filosófica. Dicha concepción metodológica queda perfectamente expresada en la máxima enunciada por Husserl “¡A las cosas mismas!” ¿Cómo entender dicha máxima? En los Prolegómenos para una historia del concepto de tiempo podemos se afirma lo siguiente:

Aquello por lo que se orienta en todo momento la investigación efectiva, lo que en todo momento sirve de hilo conductor de los pasos que verdaderamente va dando, eso es el principio de la investigación. No encierra ningún resultado, ninguna tesis, ningún dogma extraído del contenido del conocimiento de la investigación; lo que en el principio de la investigación se encuentra es la dirección que orienta la búsqueda (P, 103).

Y más adelante se reformula la máxima husserliana a la luz de la expresión “descripción”, señalando lo que fundamental que dicha actividad efectivamente mienta para la empresa fenomenológica:

El carácter de la descripción vendrá determinado sólo por el contenido de aquello que haya de describirse, de tal modo que una y otra descripciones puedan ser radicalmente diferentes según duál sea el caso. Eso es algo que hay que tener presente: que este caracterizar el modo de tratamiento de los objetos de la fenomenología en cuanto descripción en principio no quiere decir más que aprehensión directa del asunto, y no construcción indirecta de subestructuras ni experimentación. El término “descripción” no implica en principio nada más (P, 106).

Heidegger en Ser y tiempo afirma que, de lo que se trata, es de no caer en construcciones conceptuales etéreas, sin fundamentos. Si bien esto puede sonar obvio, para Heidegger es de suma importancia que no se pierda de vista lo originario que expresa: una actitud particular para con los problemas fundamentales. De lo que se trata es de tener una actitud crítica hacia los conceptos tradicionales que carezcan de fundamento (Cfr. las nociones de “encubrimiento” y de apropiación originaria de la tradición que Heidegger desarrolla en SZ).

¿a qué cosas mismas? En la máxima fenomenológica suena una doble exigencia: por un lado, a las cosas mismas en el sentido de investigar demostrando las cosas con los pies puestos en el suelo (la exigencia de una labor demostrativa); por otro, en primer lugar recuperar y asegurar ese suelo (mira; la exigencia de poner el suelo al descubierto). La segunda de ellas es la exigencia de poner fundamento y por ello incluye la primera (P, 104).

Siguiendo con lo anunciado en post anterior, empezaremos delimitando el concepto de “fenómeno”. Para poder comprender el significado originario y fundamental de la fenomenología, Heidegger nos invita a entender dicha expresión, primero, a partir de las palabras que la componen: φαινόμενoν λόγος.  Superficialmente (o “externamente”) uno podría definir a la fenomenología como la “ciencia de los fenómenos”, análogamente a como solemos pensar que la teología es una “ciencia de Dios” y la biología una “ciencia de la vida”. Pero Heidegger quiere ir a las nociones originarias con el fin de aclarar propiamente en que consiste dicho método, al mismo tiempo que permanece fiel a la máxima husserliana, pues no se queda conforme con una definición que carece de arraigo en dichas “cosas mismas”.

φαινόμενoν significa originariamente “lo que se muestra”, “lo que se manifiesta”, “lo que se da”, “lo patente”. En pocas palabras, fenómeno es “lo-que-se-muestra-en-sí-mismo, lo patente” (SZ, 28). Los fenómenos serán pues, la totalidad de lo que se manifiesta, es decir, los entes o el ente en su totalidad. Este es el primer sentido de la expresión “fenómeno”.

El segundo sentido podemos verlo cuando comprendemos que la manifiestación de los entes comprende la posibilidad de que el ente se muestre (o manifieste) como lo que él no es. En este caso de lo que se trata es de la apariencia. Fenómeno asume aquí el significado de la expresión alemana Schein (de la que deriva Erscheinung, palabra que Heidegger utiliza para la tercer y cuarta acepción): algo que parece una cosa que en realidad no es. Recordemos que la fenomenología al querer llegar a las cosas mismas, a lo originario, puede mostrar con sus descripciones como diversas cuestiones están fundadas sobre otras. Para nuestro caso, es claro que solamente es posible que algo se muestre, como algo que no es, únicamente sobre la base de que en primer lugar puede mostrarse. Es decir, el poder manifestarse precede a la posibilidad de manifestarse como algo que el ente no es.

En el tercer sentido tenemos la acepción de “manifestación”. Hasta este momento he usado, quizá irresponsablemente, las expresiones “manifestarse” y “mostrarse” como si fuesen equivalentes. Sin embargo, aquí debemos hacer una distinción. El fenómeno en cuanto manifestación implica que un ente que se muestra pero anunciando un ente que no se muestra. En ello radica la acepción del “manifestarse”. Podemos decir que el segundo ente se manifiesta a través del primero. “Manifestarse es un no-mostrarse” , “Manifestarse es anunciar-se por medio de algo que se muestra”(SZ, 29). Enlazando esto con el primer sentido de fenómeno (“el mostrarse”, “lo patente”), tendremos que decir que lo que se manifiesta no es un fenómeno, ya que no se está mostrando, pero que, para ser tal, necesita de fenómenos (de entes que se muestran). De lo contrario no se podría anunciar nada y, por ende, no habría manifestación (Heidegger menciona en los, ya citados, Prolegómenos que Erscheinung puede ser tenido aquí como síntoma, lo cual puede ser un punto interesante para hacer puentes con el psicoanálisis). A continuación, me gustaría citar un párrafo de este parágrafo donde Heidegger resume un poco el estado de la cuestión de lo que hemos estado presentando:

El término alemán “Erscheinung” puede, por su parte, significar, nuevamente, dos cosas: primero, el manifestarse, en el sentido del anunciarse como un no-mostrarse, y luego, lo anunciante mismo- que en su mostrarse denuncia algo que no se muestra. Y por último, se puede emplear el vocablo manifestarse [Erscheinen] como término para el fenómeno en su sentido auténtico, es decir, como mostrarse. Si se designa estos tres contenidos diferentes como “manifestación” [“Erscheinung“], la confusión es inevitable (SZ, 30).

Ahora, cuando sostuvimos que la expresión “fenómeno” podía comprenderse a través de la expresión “manifestación” y que ella nos remitía a la expresión alemana Erscheinung, nos hizo falta mencionar algo que solamente es pertinente en este momento, ya que nos encontramos a punto de abordar la última acepción que dicho término posee, según Heidegger. Y es que Erscheinung puede significar, también, el ser una “mera apariencia” (bloße Erscheinung). La idea es añadir el matiz del “perpétuo velo”. Si en la tercera acepción teníamos la idea de un ente que anuncia a otro que no se muestra, constituyéndose en la manifestación de este último, acá lo que tenemos es el énfasis en el hecho de que dicho ente que no mostrado es “in-mostrable”. El fenómeno deviene así, al ser una “mera manifestación” o “mero fenómeno”, lo que significa que en su mostrarse anuncia algo que siempre vela.

Después de lo visto queda claro que si queremos hacerle justicia al sentido originario de “fenómeno” tenemos que comprender esta noción bajo su acepción primera: “lo-que-se-muestra-en-sí-mismo” (SZ, 31). Ahora bien, acá es preciso distinguir entre el concepto “vulgar” de fenómeno y el concepto “fenomenológico” de fenómeno. El segundo, que es el que nos interesa, tiene que ver con el fenómeno que tematizamos para poner al descubierto los supuestos y fundamentos que se muestran ya, cada vez (y previamente). El ejemplo que pone Heidegger son las formas de la intuición en Kant.

La idea es que pretender mostrar estas estructuras fundamental es tematizar lo que ya siempre está mostrándose cada vez. Tematizar esto es la tarea de la fenomenología: ¡Esos son los fenómenos de la fenomenología!

Anuncios