El problema del indio (2): el nuevo planteamiento

Lo que Mariátegui empieza afirmando frente al problema indígena es que éste no podrá ser abordado, de una manera seria, mientras no se preste atención a sus fundamentos y rasgos económico-sociales. El problema, desde esta óptica, es pues esencialmente económico y no, como se solía pensar y tratar, jurídico, eclesiástico, administrativo, cultural, racial, moral, etc. Esta tesis obviamente entra en tensión con el anti-reduccionismo que habíamos tratado de mostar en entradas anteriores.

La cuestión indígena arranca de nuestra economía. Tiene sus raíces en el régimen de propiedad de la tierra. Cualquier intento de resolverla con medidas de administración o policía, con métodos de enseñanza o con obras de vialidad, constituye un trabajo superficial o adjetivo, mientras subsista la feudalidad de los “gamonales” (31-32).

Mariátegui quipara al “gamonal”, al “hacendado” y al “latifundista” con lo que en occidente fue denominado como “señor feudal”. La existencia de estas relaciones sociales de tipo servil entran en un claro antagonismo con lo que la formalidad y legalidad del Estado estipulan. Ejemplo claro de ello es la idea liberal de trabajo libre, dicho trabajo queda completamente prohibido y excluido en dichas relaciones de tipo cuasi feudal.

La ley no puede prevalecer contra los gamonales. El funcionario que se obstinase en imponerla, sería abandonado y sacrificado por el poder central, cerca del cual son siempre omnipotentes las influencias del gamonalismo, que actúan directamente o a través del parlamento, por una y otra vía con la misma eficacia (34).

Luego de esto, recurre a Gonzáles Parada (“Horas de Lucha”) y a Encinas (“Contribución a una legislación tutelar indígena”) como personajes que han cuestionado ciertas abordajes del problema del indio como meramente educativo, resaltando el papel esencial que juegan las condiciones materiales, en lo que respecta a la propiedad de la tierra.

No debemos olvidar que, si bien se ha mencionado que ciertas legislaciones formales de tipo liberal no se cumplen en la práctica material concreta, no por eso debemos pensar que toda la legislación y formalidad propia del derecho republicano está en contra de la situación concreta de los indios. Tal es el caso de la legislación individualista. que tendería a favorecer la gran acumulació progresiva de propiedades por parte del latifundio. Solamente disolviendo las condiciones feudales, para Mariátegui, es que se podrá realmente llevar a cabo una efectiva realización de las leyes liberales.

Otra visión con la que polemiza Mariátegui es la que concierne a la superioridad o inferioridad de la raza indígena. Él señala que dicha raza no ha “degenerado” y que, por lo tanto, no tiene sentido pensar el problema indígena en términos “étnicos”. Pero tampoco tiene sentido pensarlo como un problema meramente “moral”. Esta visión podría verse como lleva a su culminación, a mi entender, en la figura de la Asociación Pro Indígena que llevaron a cabo Pedro Zulen y Dora Mayer. En otros textos (como en Peruanicemos el Perú)  Mariátegui dará a entender que si bien los aportes y logros de la asociación Pro Indígena no deben desestimarse, su resultado (un fracaso) nos debe servir para aprender de que la vía “humanitaria” y “moral”  (así como tampoco puede verse como una mera problemática “religiosa”) no puede ser suficiente para llevar a acabo una verdadera emnacipación de la población indígena.

El concepto de que el problema del indio es un problema de educación, aparece sufragado ni aun por un criterio estricta y autónomamente pedagógico. La pedagogía tiene hoy más en cuenta que nunca los factores sociales y económicos. El pedagogo moderno sabe perfectamente que la educación no es una mera cuestión de escuela y de métodos didácticos. El medio económico social condiciona inexorablemente la labor del maestro. El gamonalismo es fundamentalmente adverso a la educación del indio: su subsistencia tiene en el mantenimiento de la ignorancia del indio el mismo interés que en el cultivo de su alcoholismo (39).

Vemos aquí las relaciones entre base y superestructura: la educación está condcionada por factores económicos y sociales, aunque ello no parece implicar que esto sea totalmente mecánico y determinista. En todo caso, Mariátegui puede mostrar cómo es que el embrutecimiento de los indígenas por el alcoholismo no está desligado del medio económico, así como de las relaciones sociales que mantienen las clases que interactuan. De ahí que ni siquiera implantando escuelas “modernas” en todos los lugares del país se solucionaría el problema, ya que las relaciones sociales de tipo servil (que Mariátegui considera feudales) no podrían desarrollar una educación plena, ya que dicho grupo no estaría emancipado para estar en relaciones asimétricas e igualitarias con los no indígenas.

La solución pedagógica, propugnada por muchos con perfecta buena fé, está ya hasta oficialmente descartada. Los educacionistas son, repito, los que menos pueden pensar en independizarla de la realidad económico-social. No existe, pues, en la actualidad, sino como una sugestión vaga e informe, de la que ningún cuerpo y ninguna doctrina se hace responsable.

El nuevo planteamiento consiste en buscar el problema indígena en el problema de la tierra (40).


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