El problema del indio (1): sumaria revisión histórica

Voy a empezar a tratar este ensayo remitiéndome primero a presentar el artículo que hace de primera nota a pie. Fue incluido en la edición popular de los 7 Ensayos de sus obras completas. Dicho artículo (escrito para la agencia Tass de Nueva York) constituye una sumaria revisión histórica del problema del indio.

El imperio incaico, en promedio, habría tenido alrededor de diez millones de habitantes, lo cual evidenciaría que la Conquista y el Virreintano habría sido, en suma, una gran empresa de exterminio y de explotación indígena. De lo que se trato fue de utilizar la mano de obra indígena para extraer los metales preciosos (como ya lo hemos visto en entradas anteriores), sin aprovechar dicha mano de obra para lo que había sido siempre: producción agrícola. El régimen de explotación fue tal, que se diezmó en muy poco tiempo a la población indígena. Más que un estado de servidumbre, se trataba de un estado de esclavitud (Mariátegui señala como ejemplo de los españoles que defendieron a los indios a Bartolomé de las Casas).

Dado que en la costa la población a explotar era mínima ya, se buscó importar a esclavos negros que fueran adecuados a las condiciones geográfico-climáticas propias de la región. Se le puso a trabajar en servicios domésticos y oficios afines. La mezcla de los blancos y los negros dio lugar a un tipo de mestizo que tenía simpatía por España y rechazo por el mundo indígena.

El poco protagonismo que los indígenas tuvieron, en materia política, tiene como punto clave a la independencia.:

La Revolución de la Independencia no constituyó, como se sabe, un movimiento indígena. La promovieron y usufructuaron los criollos y aún los españoles de las colonias. Pero aprovechó el apoyo de la masa indígena. Y, además, algunos indios ilustrados como Pumacahua, tuvieron en su gestación parte importante. El programa liberal de la Revolución comprendía lógicamente la redención del indio, consecuencia automática de la aplicación de sus postulados igualitarios. Y, así, entre los primeros actos de la República, se contaron varias leyes y decretos favorables a los indios. Se ordenó el reparto de tierras, la abolición de los trabajos gratuitos, etc.; pero no representando la revolución en el Perú el advenimiento de una nueva clase dirigente, todas estas disposiciones quedaron solo escritas, faltas de gobernantes capaces de actuarlas. La aristocracia latifundista de la Colonia duela del poder conservó intactos sus derechos feudales sobre la tierra y, por consiguiente, sobre el indio. Todas las disposiciones aparentemente enderezadas a protegerla, no han podido nada contra la feudalidad subsistente hasta hoy (30, n).

Mariátegui piensa que la República ha sido, paradójicamente, más perjudicial que el Virreinato. Y es que en el Virreinato estaba Bartolomé de las Casas defendiendo a los indios. Para Mariátegui no ha habido nadie, durante el período republicano, que llegase a hacer una defensa cercana a la que el fray hizo en sus días. Además, y esto es importante, la República tiene mucha mayor responsabilidad porque una de sus promesas debió ser elevar la condición del indio, ya que se proclamaba como un régimen liberal y nacional. Lo que ha sucedido es todo lo contrario: un radical despojo del indio de sus tierras, elemento que para Mariátegui constituye la alegría del indio.

La tierra ha sido siempre toda la alegría del indio. El indio ha desposado la tierra. Siente que “la vida viene de la tierra” y vuelve a la tierra. Por ende, el indio puede ser indiferente a todo, menos a la posesión de la tierra que sus manos y su aliento labran y fecundan religiosamente. (30, n)

La feudalidad criolla habría pues, desde esta visión, exacerbado lo negativo de la feudalidad española, sin incorporar ningún tipo de “ventaja” (hábitos señoriales). Ha restaurado la mita, a través de la ley de conscripción vial, además de haber “debilitado las energías de la raza”. Lo que busca sostener esta expresión es que la República ha disminuido,considerablemente la voluntad indígena de luchar por una reivindicación. Minería imperialista y gamonalismo feudal constituyen las dos formas principales de explotación del indígena.

Es el socialismo el que ha empezado a regenerar la energía de los indígenas para luchar por sus reivindicaciones. De lo que se trataría es de comprender que cuatro quintas partes de la población nacional no pueden ser explotadas en pro de una minoría. Esto también se expresaría en nuevas corrientes artísticas y formas literarias (se trata del indigenismo, pero ya lo veremos en el último ensayo que ocupa un tercio de todo el libro). Los indígenas, progresivamente, irían cada vez articulándose más, comunicándose más, ganando una mayor conciencia. La solución para Mariátegui no puede ser humanitaria o filantrópica (Cfr. Peruanicemos al Perú, el artículo en homenaje a Pedro Zulen).

La solución al problema del indio tiene que ser una solución social. Sus realizadores deben ser los propios indios. Este concepto conduce a ver en la reunión de los congresos indígenas un hecho histórico. (…) Los mismos cuatro millones de hombres, mientras no son sino una masa orgánica, una muchedumbre dispersa, son incapaces de decidir su rumbo histórico (32, n).


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