Breve crítica de Sartori a la sociedad comunista de Marx

por Erich Luna

Karl Marx, así como el pensamiento marxista, siempre han constituido uno de mis mayores temas de interés filosófico., especialmente los denominados “heterodoxos”, así como los denomindados “posmarxistas” (especialmente Žižek, Badiou y Laclau). Las críticas del marxismo hacia sí mismo me parecen muy importantes e interesantes, pero también me llaman mucho la atención las críticas de pensadores importantes que no sean marxistas. Giovanni Sartori es un autor que recién estoy empezando a leer, aunque no a disfrutar del todo. En su Teoría de la democracia (1987) en dos volúmenes, Sartori desarrolla una gran variedad de temas y problemas en torno a la teorización de la democracia. Todavía no termino el primer volumen, pero ya falta poco. Hay muchas cuestiones tratadas en este libro que quería comentar, pero no he tenido mucho tiempo en los últimos días. En todo caso, en el primer volumen “El debate contemporáneo” el capítulo IV, titulado “Perfeccionismo y utopía” tiene en como tercera subsección (“El autogobierno y lo políticamente imposible”) una muy breve crítica a la sociedad comunista propuesta por Karl Marx.  La edición que estoy usando es la editada por Alianza Editorial (1988).

Sartori arremete frontal y radicalmente contra la visión de Marx, entendida (muy a grandes rasgos) como un autogobierno de la sociedad sin Estado, al punto de considerar que la imposibilidad de dico resultado puede ser demostrado a priori.

A mi juicio, podemos considerar justificadamente el autogobierno de Marx como una hipótesis desprovista de fundamento sin lugar de aplicación alguno y cuya absoluta imposibilidad puede demostrarse a priori (92).

El punto de partida es pes, el tratar de comprender en toda su complejidad al fenómeno del autogobierno. La idea básica es la de que constituye un gobierno de nosotros mismos por nosotros mismos. Pero Sartori considera que debemos prestar atención a la intensidad de dicho autogobierno, con el fin de poder ver en qué medida puede darse (y hasta que punto) dicho fenómeno empíricamente. La idea es que la intensidad de  todo autogobierno está en relación a la extensión del mismo. Sartori concluye la proposición siguiente:

La intensidad de autogobierno realizable es inversamente proprocional a la extensión que se exige para este autogobierno (92).

El caso más extremo en intenso sería el autogobierno de un individio: él sería el “despota perfecto”. La extensión aquí es prácticamente cero. En la polis griega, al ampliar el número de participantes, necesitamos hacer rotación de cargos y demás. A medida que esto crezca al punto de ser una región, o una ciudad mucho más grande, el uso de la expresión “autogobierno” deviene algo mucho más metafórico. En un Estado nación moderno esto se ve mucho más claramente. Aquí no hay autogobierno como tal. De ahí que:

En particular el designio de un sistema mundial de miles de millones de personas que se autogobiernan, unidos en un único sistema de autogobierno, puede reconfortar nuestros corazones, pero ignora simplemente el problema de la intensidad, es decir, que sólo una intensidad nula de “auto” puede corresponder a la extensión “mundo”. En ese autogobierno imaginario no habrá nada que se parezca remotamente a la más ligera imitación de sí mismos que se gobiernan (93-94).

Desde el razonamiento propuesto  por Sartori podemos ver que, si asociamos la intensidad espacial a la noción de autogobierno, entonces parece poco factible que una sociedad mundial pueda autogobernarse sin la necesidad de una mediación político-estatal. Pero Sartori añade algo más: la dimensión temporal de la intensidad. En el plano empírico la intensidad temporal que se asocia al autogobierno es formulada por Sartori de la siguiente manera:

La intensidad de autogobierno posible es inversamente proporcional a la duración que se exige para ese autogobierno (94).

De aquí se sigue que la intensidad máxima, en sentido temporal, para un autogobierno como el de una sociedad comunista mundial, tenga que ser mínimo. Sartori acá señala como hecho interesante y sintomático el ejemplo de democracia de Marx: la Comuna de París de 1871 (hice una breve mención aquí, el texto del propio Marx se puede leer aquí). El gran grado de autogobierno ejercido por la Comuna de París está íntimamente relacionado, según Sartori, con el poco tiempo que efectivamente duró. Sartori pues, no considera nada legítimo el pretender extrapolar este episodio excepcional (en el sentido de ser una excepción) como si algo análogo tuviera que ser el final de la historia en sentido hegeliano.

Toda la profecía política de Marx -una sociedad sin Estado, con autogobierno en el sentido literal- descansa o sólo sobre la “falacia de la instancia dramática”, sino incluso más sobre lo que cabe denominar la “falacia de la ausencia de tiempo” (94-95).

La visión de una sociedad comunista sería totalmente ingenua en lo que respecta a una continuidad sin tensiones ad infinitum.

En cuanto filósofo que especula sobre el autogobierno del proletariado fuera del tiempo y del espacio, Marx resulta interesante. Pero como filósofo revolucionario, comprometido con la transformación del mundo real, es un utópico puro. Su diseño político de sustituir los gobiernos por el autogobierno era imposible entonces, lo es ahora y lo será siempre (95).

Sartori termina diciendo que mucha antes, los seres humanos confiaban más en el razonamiento que en la experimentación. Por eso es que podían sostener dogmáticamente que ciertas cosas eran “imposibles”, cuando en realidad eran “improbables” o, incluso, “factibles”. Hoy estaríamos en el extremo opuesto. Exigiendo una experimentación para cada cosa. Sartori reclama rescatar la categoría de lo “imposible”, frente a la hegemonía de la visión puramente experimental y empírica, visión que solamente conoce lo “improbable”, mas no lo “imposible”.

Las imposibilidades -insisto- pueden y deben ser demostradas mediante el razonamiento. Si estamos equivocados, lo descubriremos razonando. Pero no esperemos a que se produzcan los desastres provocados por la utopía para reconocer la existencia de los imposibles (95).

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Algunas preguntas que se me vinieron a la mente, después de leer y presentar este breve texto son las siguientes : ¿Es realmente una demostración “a priori“? ¿Es una refutación definitiva del ideal de la sociedad comunista? ¿Qué presupone la crítica de Sartori?

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