La teología política de Carl Schmitt (2)

por Erich Luna

Lo siguiente son unas notas sobre el texto Teología política. Cuatro ensayos sobre la sobernía de Carl Schmitt. Editada por Struhart & Cia, traducida por Francisco Javier Conde y prologada por el mismo Schmitt. En la entrada anterior traté el primer ensayo “Definición de soberanía”. En esta segunda entrega abordaré el segundo ensayo “El problema de la soberanía como problema de la forma jurídica y de la doctrina”

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Schmitt inicia retomando lo visto en el primer ensayo, afirmando que el concepto de sobernaía es el concepto jurídico que suscita más interés en la discusión contemporánea. Dicho concepto ha tenido un desarrollo por las luchas políticas y no por el mero desarrollo dialéctico-conceptual. Sin embargo, Schmitt señala lo común de las definiciones tradicionales:

Las diversas fórmulas repiten, en el fondo, la vieja definición: soberanía es el poder supremo, originario y jurídicamente independiente (30).

El problema fundamental para el estudio del concepto de soberanía es pues, el poder articular esta fórmula jurídica con la realidad fáctica. Kelsen ha buscado separar lo jurídico de lo sociológico El resultado es un sistema puro normativo que descansa en una norma fundamental y unitaria. Lo que Kelsen concluye, al hacer esta disociación, es que el Estado es algo puramente jurídico.

Por consecuencia, el Estado no es ni el creador, ni la fuente del orden jurídico; tales nociones son, a los ojos de Kelsen, simples personificaciones e hipñostasis, duplicaciones del orden jurídico unitario e idéntico en sujetos diferentes. El Estado, es decir, el orden jurídico, es un sistema de imputaciones con referencia a un punto final de imputación y a una última norma fundamental (32).

Desde esta perspectiva la competencia suprema la tiene, según Kelsen, el orden jurídico mismo, el sistema puramente normativo. Cada norma reposa en otra, se fundamenta en otra norma y el entero sistema de normas descansa en la norma unitaria fundamental por anotonomasia: la constitución. Schmitt va a cuestionar este supuesto esencial, al preguntar el fundamento de las normas. La idea central es que el sistema de imputaciones propias del derecho normativo descansan sobre una disposición positiva: el mandato. Kelsen, al no poder dar cuenta de dicha positividad, elimina el concepto de soberanía para mantener su formalismo normativo jurídico de manera unitaria y sistemática.

Otro autor importante con el cual discute Schmitt en este ensayo es Krabbe. Lo que Krabbe hace es diferenciar el Estado del derecho y sostener que es el derecho el que realmente es soberano. Además, sostiene que la función principal del Estado es producir y realizar el derecho. Piensa que lo más importante de la modernidad y del Estado moderno es que lo que impera son las normas y no el arbitrio personal. El valor del derecho será para Krabbe el valor supremo; su interés, el interés supremo.

Una posición que discrepa con la de Krabbe y Kelsen es la de Gierke, quien sostiene que la fuente última del derecho es el pueblo, pero entendido de manera orgánica. Schmitt sostiene que el Estado de Gierke no puede ser soberano, ya que un soberano no es un mero “pregonero” del derecho. Un representante más moderno de esta teoría corporativa es Wlzendorff, que afirma que el Estado actua como última razón, si es que las acciones individuales o corporativas son insuficientes.

El Estado debe mantener el derecho: es “guardian” suyo, no su “señor”, pero en cuanto “guardian” no es un “servidor ciego”, sino su garante responsable y el que decide en última instancia (41).

Schmitt sostiene que esta imagen del Estado como “garante” está ad portas de ser una caracterización autoritaria del Estado, ya que el Estado termina siendo en esta concepción una “forma” para el orden. El poblema que detecta Schmitt es que el concepto de forma suele ser bastante ambiguo en los análisis tradicionales. Ejemplo de ello es la sociología jurídica de Max Weber. De acuerdo a Schmitt hay hasta tres posibles acepciones para el concepto de “forma”.

Lo importante, en todo caso, es que la realización del derecho necesita de una forma. De ahí que Schmitt proceda a ahondar más en la noción de “forma jurídica”. En Kelsen encontramos la pretensión de sostener que la forma jurídica es puramente objetiva e impersonal. La idea es que se tengan normas objetivamente válidas en lugar de mandatos subjetivos. Krabbe también genera la antítesis entre lo individual y lo general.

Está dentro de la tradición del Estado de derecho contraponer de esta suerte al mandato personal la validez objetiva de una norma abstracta (46).

El problema con el formalismo y objetivismo normativo es que no ve que las normas no pueden transformarse a sí mismas, así como tampoco pueden designar quiénes deben aplicarlas a los casos concretos. El margen no estipulado a toda norma, sobre su aplicación, necesita de la decisión.

Normativamente considerada la decisión nace de la nada. La fuerza jurídica de la decisión es harto distinta del resultado de su fundamentación. No se hace la imputación con el auxilio de una norma, sino viceversa: sólo desde un centro de imputación se puede determinar qué es una norma y en qué consiste la regularidad normativa. De la norma misma no se deriva punto alguno de imputación, sino solamente la cualidad de un contenido (49).

Y más abajo Schmitt complementa la idea:

No cumple a cualquiera ejecutar y realizar un precepto jurídica. El precepto jurídico, en cuanto norma decisoria, sólo da a entender cómo se debe decidir, pero no a quién toca hacerlo. Si no hubiese una instancia suprema, estaría al alcance de cualquiera invocar un contenido justo. Pero esta instancia suprema no se deriva de la norma decisoria (50).

Schmitt luego pasa a mencionar que para él es Hobbes el primer clásico “decisionista”. Hobbes sostenía que es la autoridad lo que determina la ley y no la verdad o la justicia (“Auctoritas, non veritas facit legem“). Schmitt termina el ensayo mostrando la importancia de la decisión para la forma jurídica:

Dada la significación autónoma que la decisión tiene, también el sujeto de la decisión tiene significación autónoma al margen de su contenido. En la realidad de la vida jurídica importa quién decide. Junto al problema de la razón del contenido está el de la competencia. En la oposición entre sujeto y contenido de la decisión y en la significación propia del sujeto estriba el problema de la forma jurídica. No es la forma jurídica apriorísticamente vacía como la norma trascendental, por cuantp emana de lo jurídicamente concreto. Tampoco es la fórmula de la precisión técnica, cuya finalidad es eminentemente objetiva, impersonal. Ni es, por último, la forma de la configuración estética que no conoce la decisión.

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