¿Qué significa ser “revolucionario” hoy, según Slavoj Žižek?

por Erich Luna

Lo que sigue es una conferencia de Žižek, medianamente reciente (julio 2009), acerca de lo que significa ser revolucionario hoy. Me ha parecido muy interesante e inspiradora. La comparto con del fin de difundirla y discutirla. Creo, igual que Eduardo (a quien también le gustó), que es necesario pensar la revolución (con todo lo compleja que es dicha frase).

What does it mean to be a revolutionary today?

Žižek empieza la conferencia con una cita de Adorno. La cita supone una crítica a la obvia y común pregunta concerniente a qué es lo que nos podría enseñar o decir un filosófo muerto (el caso del texto de Adorno es Hegel). Žižek quiere que pensemos de esta manera no únicamente con el caso de los filósofos y pensadores, sino también con el sentido propio de la palabra “comunismo”. No debemos pensar si es que el ideal del comunismo podría ser “aplicable” a nuestro mundo contemporáneo. Lo que debemos hacer es preguntarnos cómo nuestra situación puede verse y comprenderse desde la perspectiva del ideal comunista, que es pensado como eterno (en el sentido en el que Alain Badiou habla de eternidad). Su potencial no debe ser el de poder aplicarse a todo los casos, sino el de poderse reinventarse en cada nueva situación.

Esta reinvención debe llevarnos a la creación y no a la nostalgia de lo que fue o de lo que pudo ser (socialismo de Estado, Estado de bienestar, democracia directa).. Tampoco debemos caer en la nostalgia de lo que sucede en otro lugar, una nostalgia que Žižek considera presente, usualmente, en los intelectuales de izquierda (Rusia, China, Cuba, Latinoamérica). Žižek piensa que lo mejor que la izquierda puede hacer para contribuir con los gobiernos latinoamericanos de izquierda (según él, por ejemplo el de Chávez) es ser duramente críticos cuando sea necesario. La nostalgia tampoco debe verse, en el caso de naciones colonizadas, como un regreso a cierto “paraíso premoderno” (por ejemplo, los incas). Žižek piensa que no se trata de eso, sino de ser modernos (en el sentido en que concibe dicho término).

Ser un revolucionario para Žižek tiene como primera tesis esencial el ver el principal problema en el capitalismo como tal, en su totalidad. La última meta es la superación del capitalismo, es la clausula no negociable. Žižek critica que muchos izquierdistas ahora ya no quieran un cambio real, sino que más bien buscan una suerte de “capitalismo con rostro humano” (tolerancia, bienestar social, inclusión, etc.). Para Žižek tan utópico como regresar (en nuestro caso) a los incas, como pensar (como los liberales) que progresivamente las cosas irán mejor, gradualmente. También es utópico pensar que lo que la izquierda democrática y moderada (polémica con Caputo) busca en el capitalismo puede, realmente, ser obtenido y conseguido dentro del sistema capitalista. Los males que quieren superar son vistos por Žižek como síntomas estructuralmente necesarios e inherentes al capitalismo.

Žižek sí piensa que los revolucionarios de hoy pueden aliarse y unirse con los liberales para lograr objetivos comunes, como abolir el sexismo, el racismo, la discriminación, fundamentalismo, etc. Sin embargo, los revolucionarios no deben dejar de cuestionar a los liberales y señalar que ellos también tienen complicidad en muchos de los problemas que el capitalismo genera. Žižek pone como ejemplo el fundamentalismo religioso, cuyo ascenso surge con la integración de los países del medio oriente en el capitalismo internacional, erradicando sus partidos socialistas. Estados Unidos no puede verse como ajeno a eso, ya que su versión casera de los problemas de fundamentalismos del medio orienta se presenta bajo la figura Kansas.

Retomando la discusión, Žižek piensa que no debemos abandonar tampoco la termonología de Marx de “proletariado”. Lo que debemos hacer, según Žižek, es radicalizarla, comprender en toda su dimensión contemporánea lo que puede ser esta subjetividad sin sustancia. La crisis ecológica, nunca imaginada por Marx, puede verse desde esta perspectiva como un nuevo modo de proletarización (somos despojados de la substancia natural de nuestra existencia). La pugna por la propiedad intelectual puede verse también como un despojo de nuestra sustancia simbólica. Se trata de que llevemos la proletarización de Marx a nuevos niveles para constatar que lo que vemos ahora es mucho más apocalíptico, pero en un sentido “débil” (análogo al “comunismo débil” de Gianni Vattimo). Ser un comunista hoy empieza por identificar estas nuevas maneras de proletarización, mucho más radicales de las que Marx detectó, con lo cual dejamos de pensar si es que Marx era muy utópico para empezar a pensar en cómo nuestra época evidencia problemas mucho mayores. Por ejemplo, hoy el primer mundo está comprando las tierras más fértiles del tercer mundo (por 99 años). Un ejemplo es Korea del Sur con Madagascar.

Žižek sostiene que los liberales deben darse cuenta que incluso para conservar sus propios ideales, tales como la democracia, necesitan de la “hermandad” de los izquierdistas.

El chiste del final es absolutamente recomendable, creo que incluso serviría para ser más críticos con nuestra supuestamente lúcida y productiva izquierda, tanto política como intelectual.

La tesis undécima hoy debe ser: los izquierdistas “críticos” se han dedicado a empolvar las bolas de los que tienen el poder, de lo que se trata es de cortárselas.

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