Introducción a la ética kantiana (3) (segundo capítulo de la Fundamentación de la metafísica de las costumbres)

Las siguientes notas tienen como fin el hacer de esquema de práctica dirigida para los alumnos del curso de Ética de Gonzalo Gamio, del cual soy jefe de práctica. Tiene como fin, pues, el ser una especie de guía esquemática e introductoria a una serie de problemas abiertos (y relacionados), en parte, con la propuesta ética de Immanuel Kant. El texto base para esta sesión es el segundo capítulo “Tránsito de la filosofía moral popular a una metafísica de las costumbres” de la Fundamentación para una metafísica de las costumbres, traducción de Roberto Aramayo, Madrid: Alianza Editorial, 2002.

***

Kant (1)

Ahora la cuestión es pensar cómo son posibles dichos imperativos.

En el primer caso no hay problema: quien quiere un fin, quiere también el medio para ese fin. Si quiero el efecto, entonces quiero la acción que lo produce.

En el segundo caso el problema radica en definir qué es la felicidad. La razón radica en que los elementos de la definición de la felicidad son empíricos, ya que se trata de un bienestar máximo en todas las circunstancias. El problema es que los seres finitos no pueden hacerse una idea clara de lo que realmente quieren.

  • Riqueza: preocupaciones.
  • Grandes conocimientos: agudeza para ver más males.
  • Larga vida: podría ser una gran calamidad.
  • Gran salud: muchos excesos.

Conclusión: para saber lo que a uno lo haría feliz se necesita omnisciencia, que los seres racionales humanos por definición no tienen.

En el tercer caso tenemos dificultades para expresar lo propio del imperativo. para empezar no podemos dar ningún ejemplo, ya que los ejemplos y la experiencia son insuficientes para captar este imperativo. Cualquier ejemplo podría esconder, en el fondo, un imperativo hipotético. Es un imperativo incondicionado. Por su necesidad es el único que puede ser llamado una ley práctica en sentido estricto, porque no tiene un propósito más allá que podrímos abandanor para abandonar el actuar.

El imperativo categórico es una proposición sintético-práctica a priori. Es un imperativo que contiene la ley y la necesidad de que la máxima sea conforme a la ley. Una universalidad a la que debe de conformarse la máxima de la acción:

Así pues, el imperativo categórico es único y, sin duda, es éste: obra sólo según aquella máxima por la cual puedas querer que al mismo tiempo se convierta en una ley universal (104).

Pero puede reformularse este imperativo si tenemos en cuenta que la naturaleza es lo que tiene que ver con la universalidad de la ley. Esto tiene que ver con cosas que están determinadas por leyes universales. De ahí que la segunda formulación sea:

Obra como si la máxima de tu acción pudiera convertirse por tu voluntad en una ley universal de la naturaleza (104).

No debemos olvidar de que la máxima es el principio subjetivo del obrar, mientras que la ley práctica es el principio objetivo. Esta ley es el principio válido para todo ser racional, el que concierne al deber. A partir de aquí, Kant distingue entre:

1. Deberes perfectos. No admite a la inclinación.

2. Deberes imperfectos.

Ejemplos:

  • Suicidio. No podría ser una ley universal de la naturaleza, que promueve la vida.
  • Mentir para obtener un préstamo. Nadie creería ninguna promesa.
  • No desarrollar un talento por comodidad. El ser racional quiere desarrollar sus capacidades.
  • Alguien a quien le va bien, pero no le importa ayudar  a los demás. Uno mismo se arrebataría el auxilio que esperaría para sí.

Hasta aquí lo que tenemos es el poder querer que nuestras máximas se conviertan en leyes universales. Quedan fuera las máximas que no pueden pensarse sin contradicción como leyes universales de la naturaleza (el deber más estricto), así como el hecho de que podamos querer que eso pudiera suceder. En otros casos la voluntad es la que entraría en contradicción y no la ley (un deber más lato).

A veces somos conscientes de que nuestras máximas no son susceptibles de ser universalizables y sin embargo realizamos esas acciones. Kant sostiene que es porque lo que estamos haciendo es una excepción para nuestras inclinaciones, excepción que no estaríamos dispuestos a tolerar para otros. Lo que tenemos aquí es una especie de conflicto entre la razón y la inclinación.

Para poder constatar el carácter a priori de dicho imperativo, Kant considera necesario no buscar abstraerlo de algún atributo de la naturaleza humana, además de (obviamente) no querer derivarlo de ejemplos concretos y empíricos. Y es que el deber ser y la obligatoriedad de la acción es algo que obliga e impera en cualquier acción racional, sea o no sea humana. De ahí que la ética de Kant por momentos trascienda el ser una ética meramente humana. Su universalidad la lleva a contemplar la posibilidad de valer universalmente para cualquier ser que sea racional, independientemente de que sea o no un ser humano.

(…) no hay que esperar nada de la inclinación del hombre, sino todo el poder supremo de la ley y del debido respeto hacia ella o, en caso contrario, condenar a los hombres al autodesprecio que les hace aborrecerse a sí mismos en su fuero interno (111).

El imperativo es algo a priori y vinculado con el concepto de voluntad de un ser racional en general. Hay que buscar los fundamentos de lo que debe suceder, aunque nunca llegara a suceder. Se trata de leyes objetivo-prácticas. Se trata de una voluntad determinada puramente por la razón, suprimiendo todo lo empírico. La razón debe determinar a la voluntad de manera puramente a priori.

La voluntad es pensada como una capacidad para que uno se autodetermine a obrar conforme a la representación de ciertas leyes. Y una facultad así sólo puede encontrarse entre los seres racionales. Ahora bien, fin es lo que le sirve a la voluntad como fundamento objetivo de su autodeterminación y, cuando dicho fin es dado por la mera razón, ha de valer igualmente para todo ser racional.

Kant va a distinguir aquí entre:

1. Móvil. Es el fundamentos subjetivo del deseo. De acá uno puede inferir fines subjetivos que descansan sobre móviles. Acá los principios prácticos son materiales. Los fines materiales son arbitrarios y relativos. Todo esto es el fundamento de los imperativos hipotéticos.

2. Motivo. Es el fundamento objetivo del querer. De acá uno puede inferir fines objetivos válidos para todo ser racional. Acá los principios prácticos son formales. El fundamento requerido aquí debe ser el de la existencia de algo que posea un valor absoluto, que sea un fin en sí mismo.

Kant sostiene para que (2) pueda tener sentido, que todo ser racional es un fin en sí mismo. Los seres puramente de la naturaleza son seres irracionales, cosas, medios para nuestros fines. Los seres racionales son personas. Las personas son objetos de respeto y no pueden ser tratadas con pura arbitrariedad. Como son (2) eso quiere decir que no son (1), es decir, no son un fin subjetivo.El fundamento entonces es pues, que la naturaleza racional existe como fin en sí misma. La formulación del imperativo será la siguiente:

Obra de tal modo que uses a la humanidad, tanto en tu persona como en la persona de cualquier otro, siempre al mismo tiempo como fin y nunca simplemente como medio (116).

Retomemos los ejemplos para echar nuevas luces sobre ellos, a partir de la nueva formulación.

  • Suicidio. Es utilizarnos a nosotros como medios y no como fines. No puedo mutilarme, estropearme, ni matarme, desde esta formulación (a menos, claro está, que sea para preservarme.
  • Mentir para obtener un préstamo. Estamos utilizando a los demás como medios y no como fines en sí mismos.
  • No desarrollar un talento por comodidad. No se promueve a la humanidad como un fin en sí mismo, aunque pueda mantenerse como tal.
  • Alguien a quien le va bien, pero no le importa ayudar  a los demás. Los fines de los demás son, por definición, mis fines.


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