Acerca de la posibilidad de una ciencia del mundo de la vida en Husserl (1)

Acerca de la posibilidad de una ciencia del mundo de la vida en Husserl
El mundo dela vida es lo más conocido para nosotros, lo ya siempre autoevidente en toda vida humana. Hay un conocimiento imperfecto que tenemos aquí, cotidianamente, pero es lo necesario para la praxis cotidiana que todos realizamos. La pregunta de Husserl es cómo tematizar científicamente este mundo de la vida. La respuesta, para él, no puede ser la que sostenga que es a través de la ciencoa objetiva como podremos tematizar científicamente el mundo de la vida. Y es que para Husserl, debemos hacer distinguir, de manera decisiva, entre “ciencia en general” y “ciencia objetiva”.
Al respecto dice Husserl:
El título “mundo de la vida” posibilita y reclama, quizá, diferentes líneas de tareas científicas, aunque referidas esencialmente las unas a las otras, y quizá pertenezca precisamente a la auténtica y plena científicidad el que todas quellas líneas de tareas científicas sólo puedan ser tratada a la vez, si bien siguiendo su esencial orden de fundamentación, y no, por ejemplo, tratando a la una, la lógico-objetiva, para sí (esta específica realización en el marco del mundo de la vida), mientras que las otras no son realizadas científicamente; así pues, nunca se pregunta científicamente por la manera como el mundo de la vida funciona constantemente como subsuelo, ni por la manera como hay que fundamentar sus múltiples valideces pre-lógicas para las verdades lógicas, teóricas. Y quizá la cientificidad que este mundo de vida exige como tal y en su universalidad, sea una cientificdad peculiar, una cientificidad precisamente no lógica-objetiva, pero, en tanto que la fundamentadora en última instancia, no la menor, sino la más elevada axiológicamente. ¿Más cómo cabe realizar esta cientificidad radicalmente diferente, cientificidad a la que, hasta el momento, siempre ha suplantado la cientificidad ojetiva? La idea de la verdad objetiva está determinada de antemano según su sentido por el contraste respecto de la idea de la verdad de la vida pre- y extracientífica (130-131).
De lo que se trata es de pensar en la posibilidad de una cientificidad no lógico-objetiva, es decir, de un tipo de fundamentación propio de las ciencias objetivas. Si lo que queremos es tematizar el mundo de la vida, que es subsuelo de la ciencia objetiva, tendremos pensar en un tipo de cientificidad distinta a la lógico-objetiva en el que ésta se funde. Y no debemos olvidar que este suelo en el que se funda la ciencia objetiva es el de la experiencia de la praxis cotidiana: una experiencia que no debe ser entendida en el sentido restringido y delimitado de la ciencia objetivo, sino que debe ser entendida tal y como la entiende la vida precientífica (sin interpretaciones psicológicas y psicofísicas). Esto significa rechazar a los “datos de sensación” (“sense data”) como si estos fueran lo originario para la vida cotidiana y sus daciones intuitivas, es decir, lo que se le da a esta vida de manera inmediata y originaria en la existencia cotidiana de la praxis vital comun en el mundo de la vida compartido.
Esto primero dado a la vida pre-científica es la intuición “meramente subjetivo-relativa”. En la vida cotidiana esta intuición es una buena creditación, incluso para el científico que, si bien puede despreciar o desconfiar de ella a la hora de la hacer ciencia, inevitablemente regresa a ella, ya que es el subsuelo de la actividad científica:
Las ciencias construyen sobre la autoevidencia del mundo de vida en la medida en que, a partir de él, aprovechan lo en cada caso necesario para sus fines respectivos. Pero utilizar el mundo de vida de esta manera no significa conocerlo científicamente a él mismo en su propia manera de ser (131-132).
Esta cita es importante porque nos muestra que el científico que realiza la actividad científica objetiva, no puede tematizar al mundo de la vida en su peculiaridad propia, ya que la la científicad lógico-objetiva está fundada en el mundo de la vida. Hay que agregar a eso que el científico sí tiene una especie de “conocimiento pre-científico” (“comprensión” o “saber no temático”) ya que recurre a él, pues lo presupone como subsuelo ievitable de sus quehaceres científicos.
Husserl utiliza como ejemplo, para clarificar lo que trata de decir, el caso de Einstein y Michelson. Lo que dice es que Eisntein busca reproducir los experimentos de Michelson, pero lo hace con aparatos distintos que cumplen la misma función, así como el espacio y los seres humanos, que tampoco necesariamente tienen que ser los mismos (y que de hecho no lo son).

Las siguientes notas tienen como fin el hacer de esquema de práctica dirigida para los alumnos del curso de Temas de filosofía contemporánea de Mariana Chu, del cual soy jefe de práctica. Tiene como fin, pues, el ser una especie de guía esquemática e introductoria a una serie de problemas abiertos (y relacionados), en parte, con la fenomenología desarrollada por el filósofo Edmund Husserl. El texto de base es una selección de parágrafos de La crisis de las ciencias europeas y la fenomenología trascendental, Barcelona: Editorial Crítica, 1991.

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husserl

El mundo dela vida es lo más conocido para nosotros, lo ya siempre autoevidente en toda vida humana. Hay un conocimiento imperfecto que tenemos aquí, cotidianamente, pero es lo necesario para la praxis cotidiana que todos realizamos. La pregunta de Husserl es cómo tematizar científicamente este mundo de la vida. La respuesta, para él, no puede ser la que sostenga que es a través de la ciencoa objetiva como podremos tematizar científicamente el mundo de la vida. Y es que para Husserl, debemos hacer distinguir, de manera decisiva, entre “ciencia en general” y “ciencia objetiva”.

Al respecto dice Husserl:

El título “mundo de la vida” posibilita y reclama, quizá, diferentes líneas de tareas científicas, aunque referidas esencialmente las unas a las otras, y quizá pertenezca precisamente a la auténtica y plena científicidad el que todas quellas líneas de tareas científicas sólo puedan ser tratada a la vez, si bien siguiendo su esencial orden de fundamentación, y no, por ejemplo, tratando a la una, la lógico-objetiva, para sí (esta específica realización en el marco del mundo de la vida), mientras que las otras no son realizadas científicamente; así pues, nunca se pregunta científicamente por la manera como el mundo de la vida funciona constantemente como subsuelo, ni por la manera como hay que fundamentar sus múltiples valideces pre-lógicas para las verdades lógicas, teóricas. Y quizá la cientificidad que este mundo de vida exige como tal y en su universalidad, sea una cientificdad peculiar, una cientificidad precisamente no lógica-objetiva, pero, en tanto que la fundamentadora en última instancia, no la menor, sino la más elevada axiológicamente. ¿Más cómo cabe realizar esta cientificidad radicalmente diferente, cientificidad a la que, hasta el momento, siempre ha suplantado la cientificidad ojetiva? La idea de la verdad objetiva está determinada de antemano según su sentido por el contraste respecto de la idea de la verdad de la vida pre- y extracientífica (130-131).

De lo que se trata es de pensar en la posibilidad de una cientificidad no lógico-objetiva, es decir, de un tipo de fundamentación propio de las ciencias objetivas. Si lo que queremos es tematizar el mundo de la vida, que es subsuelo de la ciencia objetiva, tendremos pensar en un tipo de cientificidad distinta a la lógico-objetiva en el que ésta se funde. Y no debemos olvidar que este suelo en el que se funda la ciencia objetiva es el de la experiencia de la praxis cotidiana: una experiencia que no debe ser entendida en el sentido restringido y delimitado de la ciencia objetivo, sino que debe ser entendida tal y como la entiende la vida precientífica (sin interpretaciones psicológicas y psicofísicas). Esto significa rechazar a los “datos de sensación” (“sense data”) como si estos fueran lo originario para la vida cotidiana y sus daciones intuitivas, es decir, lo que se le da a esta vida de manera inmediata y originaria en la existencia cotidiana de la praxis vital comun en el mundo de la vida compartido.

Esto primero dado a la vida pre-científica es la intuición “meramente subjetivo-relativa”. En la vida cotidiana esta intuición es una buena creditación, incluso para el científico que, si bien puede despreciar o desconfiar de ella a la hora de la hacer ciencia, inevitablemente regresa a ella, ya que es el subsuelo de la actividad científica:

Las ciencias construyen sobre la autoevidencia del mundo de vida en la medida en que, a partir de él, aprovechan lo en cada caso necesario para sus fines respectivos. Pero utilizar el mundo de vida de esta manera no significa conocerlo científicamente a él mismo en su propia manera de ser (131-132).

Esta cita es importante porque nos muestra que el científico que realiza la actividad científica objetiva, no puede tematizar al mundo de la vida en su peculiaridad propia, ya que la la científicad lógico-objetiva está fundada en el mundo de la vida. Hay que agregar a eso que el científico sí tiene una especie de “conocimiento pre-científico” (“comprensión” o “saber no temático”) ya que recurre a él, pues lo presupone como subsuelo ievitable de sus quehaceres científicos.

Husserl utiliza como ejemplo, para clarificar lo que trata de decir, el caso de Einstein y Michelson. Lo que dice es que Eisntein busca reproducir los experimentos de Michelson, pero lo hace con aparatos distintos que cumplen la misma función, así como el espacio y los seres humanos, que tampoco necesariamente tienen que ser los mismos (y que de hecho no lo son). Son otros seres humanos que comparten nuestro mundo, este único mundo de experiencia común a todos. Este mundo es el suelo de validez sobre el que está fundada la ciencia objetiva.

Husserl nos muestra esto de la siguiente manera:

Pero a la par que el científico natural está interesado y está en actividad objetivamente de este modo, funciona por otra parte para él, en efecto, lo subjetivo-relativo, y no, por ejemplo, como algo transitorio irrelevante, sino como aquello que, para toda acreditación objetiva, fundamenta en última instancia la validez de ser lógica-teórica, así pues, como fuente de evidencia, como fuente de acreditación. Las medidas, graduaciones, etc., observadas son utilizadas como siendo realmente, y no como ilusiones; así pues, es una premisa lo realmente ente desde el punto de vista del mundo de vida en tanto que válido.


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