Hacia la comprensión del surgimiento y apropiación del socialismo en América Latina (1)

por Erich Luna

(En construcción) Lo siguiente son reflexiones basadas, en lo esencial, en la clase de Procesos políticos del Perú y América latina en el siglo XX, del profesor Jaris Mujica.

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Las revoluciones, los partidos y las guerrillas están fundadas, dentro de muchas otras cosas, en las posibilidades del pensamiento político. Este pensamiento se caracteriza por no ser nunca una ideología programática. El caso de América Latina no es diferente, aunque, obviamente, muchas de las ideas occidentales han tenido que ser repensadas, readecuadas y reapropiadas. Como caso (y ejemplo) concreto, tenemos el socialismo, que debemos ver, desde ya, como algo no unitario, sino más bien, fragmentario. Son estos fragmentos los que, a su vez, han sido apropiados en un contexto fundado sobre otras grietas y fragmentos. Sin embargo, antes de entrar en esta compleja y “singular” historia, es necesario mencionar cuestiones esenciales y fundamentales concernientes a nuestro contexto y situación histórica particular.

Lo primero que hay que mencionar, y en esto hay que ir bastante atrás, es que la colonización, en el que ahora es nuestro territorio, no fue igual a la de los demás lugares del continente. Lo central a tomar en cuenta de nuestra peculiaridad histórica es que había una gran organización social, política y económica: un Estado prehispánico (léase Tawantinsuyo). Obviamente debemos entender Estado aquí en un sentido no moderno (por obvias razones).  La colonización no arrasó, aquí, con esas estructuras, sino que buscó utilizarlas para sus propios fines. Esto tuvo como efecto el no eliminar las tradiciones, así como mantener, de alguna manera, las estructuras sociales de clase preexistentes.

Recordemos que es en este encuentro de dos mundos donde se empiezan a gestar los problemas concernientes  a la determinación del otro, en un sentido prácticamente ontológico. La disputa de 1550-1551 entre Bartolomé de las Casas y Ginés de Sepúlveda, por ejemplo, expresa este grave problema: ¿Los indios tienen alma?. Tenemos que pensar esta discusión en toda su complejidad y profundidad para entender a lo que se la discusión se abría y enfrentaba. De las Casas ganó el debate y este reconocimiento de los indios trajo como consecuencia la instauración de ciertas instituaciones dado que ahora eran seres humanos y, por ende, personas. Esto significó el que tengan que ser reconocidos como portadores de derechos, así no sean exácatamente los mismos, así como un régimen propio.

Esto trajo como consecuencia la coexistencia singular de “dos sociedades (españoles e indios) en una”, con el reconocimiento, incluso, de una nobleza indígena. Este resultado fue singular en el continente: una especie de estructura social de tipo “bicéfala”, con nobles y no-nobles en ambas sociedades, con sus propias élites administrativas. Para englobar el punto, lo que se trata de ver y de mostrar aquí es cómo el reconocer al otro nos va a dejar un grave problema: la institucionalización de la fragmentación social. Ahora cada uno tiene su propio régimen (esta marca podrá llegar a ser considerada luego como no superada, incluso hasta hoy).

Podríamos entender, a grandes rasgos, este reconocimiento desde algunas categorías de Michel Foucault: como el paso del modelo lepra al modelo peste. De manera muy general y esquemática, podemos considerar al modelo lepra como que el excluye al otro de la sociedad, mientras que el modelo peste recluye: aquí no sacamos al otro, sino que lo clasificamos y lo limitamos, le damos su definición y su lugar. La progresiva reclusión en la colonia traerá como resultado una mayor institucionalización de la fragmentación.

Haciendo un paralelo con algunos países de América Latina, veremos que esta situación no se dio de la misma manera en ningún otro lugar del continente (aunque con Ecuador y Bolivia compartamos varias similitudes en términos de fragmentación).Esto es así porque por las condiciones históricas era obviamente impensable el que pudiera llegarse a dar una gran empresa estrategico-militar conjunta. En el caso de Chile, por ejemplo, hubo un fuerte discurso sistemático de exterminio, de limpieza. Tenían condiciones distintas, ya que no había en esa parte del continente una división estamental estructurada de clases fragmentarias, como sí la hubo en lo que ahora es el Perú. En Argentina tampoco hubo grupos estatalmente organizados. Sin embargo, a diferencia de Chile, no hubo ningún tipo de exterminio con carácter sistemático. La razón: no había, propiamente, nada que exterminar. En el Brasil hubo grupos bastante heterogéneos sin una organización social compleja que fueron exterminados sistemáticamente por una clase protuguesa que, en ese entonces, no se caracterizaba por ser muy honorable.

Hasta aquí, y a modo de resumen, tenemos que darnos cuenta que las estrategias de colonización en cada lugar fueron distintas. Estas diferencias pueden comprenderse a la luz de cuatro grandes ejes o factores a tomar en consideración:

  1. Tipo dde población y si es que tenían algún tipo de Estado o estructura de organización social y económica preexistente.
  2. La estrategia económica particular de cada contexta, esto es, ¿Qué querían de cada región los colonizadores? ¿Un puerto? ¿Defensa? ¿Extraer minerales?
  3. La geografía que, en el caso de América Latina, suele ser bastante diferente.
  4. Estrategias militares diferentes.

Hasta aquí, de lo que podemos estar seguros, es de que considerar la colonización en América Latina de una sola manera, es mucho más que reduccionista (abandono de grandes relatos basados en continuidades en pro de microprocesos y micropolíticas del poder basados en grietas y fragmentos).

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