Habermas: excurso sobre la teoría de la argumentación (Teoría de la acción comunicativa)

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Esta presentación esquemática tiene como propósito hacer de hilo conductor para la discusión del grupo de lectura de la Teoría de la acción comunicativa que hemos empezado un grupo de amigos hace muy poco. De ahi que no todas las partes del texto estén igualmente desarrolladas, o se tengan unas muy esquemáticas. Creo que se podría profundizar más luego de una primera lectura integral de la obra, que es lo que quiero hacer primero.

***

Habermas piensa que la teoría de la argumentación es necesaria, pero afirma que dicha teoría se encuentra, a penas, en sus comienzos. Esta teoría trata de las relaciones internas entre las unidades pragmáticas, es decir, de los actos de habla. Esta “lógica informal” se diferencia de la lógica formal que trata de las relaciones inferenciales entre unidades semánticas (oraciones). Recordemos la enumeración de tipos de argumentación a la que llegamos en el post anterior:

  1. Discurso teórico.
  2. Discurso práctico.
  3. Crítica estética.
  4. Crítica terapéutica.
  5. Discurso explicativo.

Lo importante es tener una lógica de la argumentación que pueda responder acerca de las condiciones, criterios y procedimientos y demás. Básicamente son tres aspectos:

  1. Proceso: la argumentación es la continuación con otros medios de la acción orientada al entendimiento. Es una forma de comunicación que busca aproximarse a una situación ideal sin coacción, donde lo que cuenta es el mejor argumento.
  2. Procedimiento: es una forma de interacción sometida a una regulación especial. Hay una división cooperativa del trabajo para tematizar pretensiones de validez, adoptar actitudes hipotéticas, examinar con razones si debemos reconocer la pretensión de validez.
  3. Producir argumentos: argumentos que convenzan por sus propiedades intrínsecas. Los argumentos son medios para llegar al reconocimiento intersubjetivo de pretensiones de validez.

En el canon aristotélico, según Habermas, tenemos que la Retórica se ocupa de la argumentación como proceso, la Dialéctica, de los procedimientos pragmáticos de la argumentación, y la Lógica, de los productos de la argumentación. Además, cada aspecto de la argumentación tiene estructuras distintas:

  1. Estructuras de una situación de habla especialmente inmunizada contra la represión y desigualdad. Hay la intención de convencer a un auditorio universal.
  2. Estructuras de una competición ritualizada por los mejores argumentos. Hay la intención de cerrar una disputa con un acuerdo racionalmente motivado.
  3. Estructuras que definen la forma interna de los argumentos y las relaciones que estos guardan entre sí. Hay la intención de fundamentar uan pretensión de validez por medio de argumentos.

Klein quiere describir la argumentación Toulmin piensa que no podemos dejar de evaluar. Haberas critica a Kelin por no distinguir entre lo que fácticamente es válido para una comunidad en términos de saber aproblemático de donde surgen las razones, y entre lo que debería ser válido en un sentido universal que trascienda el contexto particular. Lo más grave de la posición de Klein, para Habermas, es que lo “colectivamente válido” se funda en razones que son concebidas como causas opacas de los cambios de actitud (51). Esta primacía excesiva del contexto que no sabe qué hacer frente a un relativismo, que también niega, se daría por no distinguir entre la vigencia social y la validez de un argumento.

Y es que un argumento puede tener una fuerza racionalmente motivadora (condiciones internas) si es válido. Sin embargo, puedo generar condiciones  externas que aseguren la aceptación de un argumento, con independencia de su validez. Para el primer caso necesitamos de una lógica de la argumentación, mientras que para el segundo, una psicología de la argumentación.

Habermas piensa que Klein se limita al plano de la Retórica y que por eso tiene ressultados paradójicos:

“Estas consecuencias paradójicas son resultado de la tentativa de plantear la lógica de la argumentación exclusivamente desde la perspectiva del desarrollo de los procesos de comunicación y de evitar analizar desde un principio los procesos de formación de un consenso también como obtención de un acuerdo racionalmente motivado y como desempeño discursivo de pretensiones de validez. El limitarse al plano de abstracción que la Retórica representa tiene como consecuencia la preterición de la perspectiva interna que representa la reconstrucción de nexos de validez. Se echa en falta un concepto de racionalidad que permita establecer una relación interna entre <<sus>> estándares y los <<nuestros>>, entre lo que es válido <<para ellos>> y lo que es válido <<para nosotros>>” (53-54).

Lo que Habermas sostiene, en relación con algo que no desarrolla Klein, es que:

“El concepto de verdad proposicional es, en efecto, demasiado estrecho para cubrir todo aquello para lo que los participantes en una argumentación pueden pretender validez en sentido lógico. de ahí que la teoría de la argumentación tenga que disponer de un concepto más amplio de validez que no se restrinja a la verdad. Pero de ello no se sigue en absoluto la necesidad de renunciar a conceptos de validez análogos al de verdad, de expurgar del concepto de validez todos sus momentos contrafácticos y de equiparar validez y <<aceptancia>>, validez y vigencia social” (54).

Toulmin sí contemplaría un concepto de validez con sentido crítico, que trasciende a las restricciones espaciales y temporales. Sin embargo, él no llega a mediar lo lógio y empírico de manera convincente. Lo que tenemos son tipos diferentes de pretensiones que varían dependiendo de contextos de acción, donde se apela a instituciones específicas. Para entender un argumento, necesitamos saber qué pretende, qué se propone, cuál es su propósito, cuál es la empresa que se busca. Asumo que, de otra manera, podríamos decir que conociendo el fin es que los medios se hacen inteligibles.

Pero, a diferencia de Habermas, Toulmin diferencia los campos en base a criterios institucionales <<contingentes>> (derecho, moral, ciencia, dirección de empresas, crítica de arte), en lugar de ver lo institucional como, justamente, una plasmación institucional (valga la redundancia) de formas de argumentación <<estructura interna>>. Además, para no pagar el precio relativista, habla de un <<punto de vista imparcial del juicio racional>> que habría de obtenerse a partir de una apropiación comprensiva de la empresa colectiva racional de la humanidad. Sin embargo, no aclara no desarrolla muy bien a qué se refiere con esto. Habermas dice al respecto:

“Mientras Toulmin no aclare los presupuestos y procedimientos comunicativos generales de la búsqueda cooperativa de la verdad, tampoco podrá dilucidar en términos de pragmática formal qué significa adoptar como participante en una argumentación una postura imparcial. Pues tal <<imparcialidad>> no hay modo de estudiarla a partir de la estructura de los argumentos empleados, sino que sólo podremos aclararla recurriendo a las condiciones de desempeño o fundamentación discursivos de pretensiones de validez. Y este concepto fundamental de teoría de la argumentación remite por su parte a los conceptos básicos de acuerdo racionalmente motivado y de asentimiento de un auditorio universal” (59).

Lo esencial de la discrepancia de Habermas se expresa en la cita siguiente:

“A mí me parece que el error radica en que Toulmin no distingue claramente entre pretensiones convencionales dependientes de los contextos de acción y pretensiones universales de validez” (60).}

Y después añade:

“Estas consideraciones y otras parecidas hablan en contra de la tentativa de covertir las plasmaciones institucionales de los campos de argumentación en hilo conductor de la lógica de la argumentación. Las diferenciaciones externasparten, más bien, de diferenciaciones internas entre distintas formas de argumentación, las cuales tienen que permanecer cerradas a un tipo de análisis que se guíe por las funciones y fines de las empresas racionales. Las formas de argumentación se diferencian según pretensiones universales de validez que con frecuencia sólo nos resultan reconocibles a partir del contexto de una manifestación, pero que no vienen constituidas como tales por los contextos y ámbitos de acción” (62).

“Si esro es así, la teoría de la argumentación ha de hacer frente a notables obligaciones en lo que a demostración se refiere; pues tiene que poder detallar un sistema de pretensiones de validez. Ciertamente que para tal sistema no es menester recurrir a una deducción en el sentido de una deducción trascendental; basta con un procedimiento fiable para la comprobación de las correspondientes hipótesis reconstructivas” (63).

Sobre las pretensiones de validez, Habermas sostiene, aquí, lo siguiente:

“Una pretensión de validez equivale a la afirmación de que se cumplen las condiciones de validez de una manifestación o emisión” (63).

Cada forma de enunciado tiene pues, un sentido específico de fundamentación:

1. Enunciados descriptivos: demostración de la existencia de estados de cosas.

2. Enunciados normativos: demostración de la aceptabilidad de acciones o de normas de acción.

3. Enunciados evaluativos: demostración de preferibilidad de valores.

4. Enunciados expresivos: demostración de la trasparencia de las autopresentaciones.

5. Enunciados explicativos: demostración de que las expresiones simbólicas han sido correctamente generadas.

Hay que recordar que, a diferencia de las pretensiones de verdad o rectitud, las pretensiones de veracidad no pueden fundamentarse con razones, sino que únicamente pueden mostrarse. Aquí, al igual que en el psicoanálisis, Habermas habla de “crítica” y no de “discurso”:

“Para dar cuenta de estas especiales circunstancias hablaré de <<crítica>> en lugar de <<discurso>> siempre que se empleen argumentos sin que los participantes tengan que suponer cumplidas las condiciones de una situación de habla libre de coacciones internas y externas” (68).

El excurso termina profundizando en lo que distingue al “discurso” de la “crítica”:

“Sólo la verdad de las proposiciones, la rectitud de las normas morales y la inteligibilidad o correcta formación de las expresiones simbólicas son, por su propio sentido, pretensiones universales de validez que pueden someterse a examen en discursos. Sólo en los discursos teóricos, prácticos y explicativos tienen que partir los participantes en la argumentación del presupuesto (a menudo contrafpactico) de que se cumplen con suficiente aproximación las condiciones de una situación ideal de habla. Sólo hablaré, pues, de <<discursos>> cuando el sentido mismo de la pretensión de validez que se ha tornado problemática fuerce conceptualmente a los partipantes a suponer que en principio podría alcanzarse un acuerdo racionalmente motivado, significando aquí <<en principio>> la siguiente reserva idealizadora: con tal que la argumentación fuera suficientemente abierta y durara el tiempo suficiente” (69).

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One response to “Habermas: excurso sobre la teoría de la argumentación (Teoría de la acción comunicativa)

  • Enrique Aguirre Hall

    El excurso de la argumentación guía acerca de como hacer operativa la teoría de la acción comunicativa. El reto es instrumentar las premisas y los principios expuestos en el excurso, publicando los resultados.

    Enrique Aguirre Hall
    krieso@hotmail.com

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