Habermas: racionalidad y pretensiones de validez (Teoría de la acción comunicativa)

por Erich Luna

9783518287750Esta presentación esquemática tiene como propósito hacer de hilo conductor para la discusión del grupo de lectura de la Teoría de la acción comunicativa que hemos empezado un grupo de amigos hace muy poco. De ahi que no todas las partes del texto estén igualmente desarrolladas, o se tengan unas muy esquemáticas. Creo que se podría profundizar más luego de una primera lectura integral de la obra, que es lo que quiero hacer primero.

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Habermas piensa, como vimos en la entrada anterior, que partir de una concepción de la racionalidad de tipo puramente cognitiva trae como consecuencia una serie de impasses y problemas. Él nos propone partir de una racionalidad mucho más amplia: la racionalidad comunicativa. Es una racionalidad que busca llegar a consensos a través de una argumentación sin coacción, donde lo que prevalecen son las mejores razones. Para que una acción y/ o una afirmación puedan ser consideradas como racionales, tienen que cumplir ciertas condiciones. Lo importante es que esto no garantiza el éxito. Esto significa que se puede fracasar, lo cual, por seguir siendo racional, es algo que puede explicarse.

A partir de aquí, Habermas resalta dos posiciones frente a los análisis de la racionalidad en relación a los conceptos de mundo objetivo y saber proposicional. Estas posiciones son las siguientes:

1. “Realista”: las acciones racionales son intervenciones efectuadas para realizar propósitos, bajo el criterio de la eficacia. Se asume la objetividad del mundo.

2. “Fenomenológico”: se pregunta por las condiciones que constituyen un mundo objetivo para una comunidad. La objetividad depende del reconocimiento y de la consideración de una comunidad de sujetos. Es necesario indagar por las condiciones que posibilitan un consenso.

Frente a esto, Habermas nos presenta lo esencial del contexto de acción comunicativa:

“En los contextos de acción comunicativa sólo puede ser considerado capaz de responder de sus actos aquel que sea capaz, como miembro de una comunidad de comunicación, de orientar su acción por pretensiones de validez intersubjetivamente reconocidas. A estos diversos conceptos de responsabilidad se les puede hacer corresponder distintos conceptos de autonomía. Un mayor grado de racionalidad cognitivo-instrumental tiene como resultado una mayor independencia con respecto a las restricciones que el entorno contingente opone a la autoafirmación de los sujetos que actúan con vistas a la realización de sus propósitos. Un grado más alto de racionalidad comunicativa amplía, dentro de una comunidad de comunicación, las posibilidades de coordinar las acciones sin recurrir a la coerción y de solventar consensualmente los conflictos de acción (en la medida en que éstos se deban a disonancias cognitivas en sentido estricto” (33).

Ahora es necesario mencionar que lo racional está íntimamente ligado al poder contar con el respaldo de buenas razones. Es importante señalar esto porque las pretensiones verdad y de eficiencia no son las únicas pretensiones de validez. Tipos aducidos por Habermas:

1. Hacer una afirmación y defenderla (hechos – verdad) <mundo objetivo>.

2. Seguir una norma y justificarla (normas – rectitud) <mundo social>.

3. Expresar una vivencia interna y convencer de su autenticidad (vivencias – veracidad) <mundo subjetivo>.

Las tres son pretensiones de validez susceptibles de fundamentación y de crítica. Las manifestaciones evaluativas pueden ser consideradas racionales mientras no devengan meras manifestaciones idiosincráticas. Habermas conecta y resume los puntos de la siguiente manera:

“Podemos decir, en resumen, que las acciones reguladas por normas, las autopresentaciones expresivas y las manifestaciones o emisiones evaluativas vienen a completar los actos de habla constatativos para configurar una práctica comunicativa que sobre el trasfondo de un mundo de la vida tiende a la consecución, mantenimiento y renovación de un consenso que descansa sobre el reconocimiento intersibjetivo de pretensiones de validez susceptibles de crítica. La racionalidad inmanente a esta práctica se pone de manifiesto en que el acuerdo alcanzado comunicativamente ha de apoyarse en última instancia en razones. Y la racionalidad de aquellos que participan en esta práctica se  mide por su capacidad de fundamentar sus manifestaciones o emisiones en las circunstancias apropiadas. La racionalidad inmanente a la práctica comunicativa cotidiana remite, pues, a la práctica de la argumentación como instancia de apelación que permite proseguir la acción comunicativa con otros medios cuando se produce un desacuerdo que ya no puede ser absorbido por las turinas cotidianas y que, sin embargo, tampoco puede ser decidido por el empleo directo, o por el uso estratégico, del poder” (36).

Habermas considera pues, bajo este esquema, que una teoría de la argumentación necesita ser desarollada. Pero ¿Qué es lo que entiende Habermas por argumentación?:

“Llamo argumentación al tipo de habla en que los participantes tematizan las pretensiones de validez que se han vuelto dudosas y tratan de desempeñarlas o de recusarlas por medio de argumentos. Una argumentación contiene razones que están conectadas de forma sistemática con la pretensión de validez de la manifestación o emisión problematizadas. la fuerza de una argumentación se mide en un contexto dado por la pertinencia de las razones. esya se pone de manifiesto, entre otras cosas, en si la argumentación es capaz de comvencer a los participantes en un discurso, esto es, en si es capaz de motivarlos a la aceptación de la pretensión de validez en litigio” (37).

La forma de argumentar y de participar (por ejemplo exponerse a crítica, dar razones, etc.) en la argumentación es para Habermas un índice esencial del grado de racionalidad que un sujeto posee. La suceptibilidad de crítica y la exigencia de fundamentación conllevan también a poder aprender y corregir nuestras emisiones. Aquí se distinguen dos medios:

1. Discurso teórico: la forma de argumentación que tematiza las pretensiones de verdad.

2. Discurso teórico: la forma de argumentación que tematiza las pretensiones de rectitud normativa (Habermas es pues, un cognitivista, ya que cree que las cuestiones prácticas pueden decidirse argumentativamente).

3. Crítica estética: pretensiones de autenticidad acerca de valores, pero sin pretensiones de universalidad, a diferencia de las discursivas.

4. Crítica terapéutica: pretensión de veracidad, asimetría entre el médico y el paciente.

5. Discurso explicativo: es una forma de argumentación que tematiza, problematiza y cuestiona la inteligibilidad de las expresiones simbólicas, así como el hecho de que sean correctas o estén bien formadas. Estas devienen pretensiones de validez.

Para resumir, Habermas dice lo siguiente:

“Nuestras consideraciones pueden resumirse diciendo que la racionalidad puede entenderse como una disposición de los sujetos capaces de lenguaje y de acción. Se manifiesta en formas de comportamiento para las que existen en cada caso buenas razones. Esto significa que las emisiones o manifestaciones racionales son accesibles a un enjuiciamiento objetivo. Lo cual es válido para todas las manifestaciones simbólicas que, a lo menos implícitamente, vayan vinculadas a pretensiones de validez (o a pretensiones que guarden una relación unterna con una pretensión de validez susceptible de crítica). Todo examen explícito de pretensiones de validez controvertidas requiere una forma más exigente de comunicación, que satisfaga los prespuestos propios de la argumentación.

Las argumentaciones hacen posible un comportamiento que puede considerarse racional en un sentido especial, a saber: el aprender de los errores una vez que se los ha identificado. Mientras que la susceptibilidad de crítica y de fundamentación de las manifestaciones se limita a remitir a la posibilidad de la argumentación, los procesos de aprendizaje por los que adquirimos conocimientos teóricos y visión moral, ampliamos y renovamos nuestro lenguaje evaluativo y superamos autoengaños y dificultades de comprensión, precisan de la argumentación” (43).

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