Alain Badiou: meditación 1 (El ser y el acontecimiento)

por Erich Luna

badiou

Lo que sigue son resúmenes, apuntes y notas de lectura de El ser y el acontecimiento, de Alain Badiou. Tengo mucho interés en estudiar su filosofía y he conseguido “armar” una especie de grupo de lectura, pequeño, para dicho texto. Me toca la primera presentación, sobre la primera meditación (estilo cartesiano de división).

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Meditación Uno – Lo uno y lo múltiple: condiciones a priori de toda ontología posible

Empiezo citando el inicio de la primera meditación:

“La experiencia por la cual la ontología, desde su disposición parmenídea, se convierte en el pórtico de un templo en ruinas, es la siguiente: aquello que se presenta es esencialmente múltiple, aquello que se presente es esencialmente uno. La reciprocidad de lo uno y del ser es, por cierto, el axioma inaugural del discurso filos+ofico, excelentemente enunciado por Leibniz: <<Aquello que no es un ser, no es un ser>>” (33).

Pero esta tesis ontológica tradicional es el impasse de la metafísica: si decimos que lo uno es, tendremos que decir que lo múltiple no es. Y si decimos que lo múltiple es, ya que es lo múltiple lo que se nos presenta, entonces tendremos que negar lo uno. El problema es que lo múltiple únicamente se puede contar por uno. Badiou quiere romper con este aporético misterio con una decisión: sostener que lo uno no es.

¿Qué significa pues decir que “lo uno no es”? Significa de que existe solamente como operación. No hay uno, lo que hay es la cuenta-por-uno. Lo uno no es pues, una presentación (como sí lo es lo múltple que si es). Lo uno es un resultado operatorio. Al respecto:

“(…) el ser es aquello que (se) presenta, no siendo, por ese hecho, ni uno (pues sólo la presentación es pertinente para la cuenta-por-uno), ni múltiple (pues lo múltiple es solamente el régimen de la presentación)” (34).

La multiplicidad presentada es lo que Badiou llama situación:

Siendo la presentación efectiva, una situación es el lugar del tener-lugar, cualesquiera sean los términos de la multiplicidad implicada” (34).

Toda situación admite un operador de cuenta-por-uno que le es propio. La estructura es lo que prescribe el régimen de la cuenta-por-uno para la multiplicidad presentada. Además, es necesario aclarar que toda situación está estructurada, es decir, que múltiple únicamente es “legible” de manera retrospectiva. Lo que la cuenta-por-uno (estructura) instituye en la situación es la omnipertinencia del par uno/ múltiple para toda situación (34).

Sobre lo múltiple, a continuación Badiou aclara una suerte de “escisión”:

“Está claro que lo múltiple se encuentra escindido. <<Múltiple>> se dice, en efecto, de la presentación retroactivamente aprehendida como no-una, en la medida en que el ser uno es un resultado. Pero <<múltiple>> se dice también de la composición de la cuenta, o sea de lo múltiple como <<muchos unos>>, contados por la acción de la estructura. Hay una multiplicidad de inercia, la de la presentación, y una multiplicidad de composición, que es la del número y la del efecto de estructura” (35).

Badiou va a llamar multiplicidad inconsistente a la primera y multiplicidad consistente a la segunda. La multiplicidad consistente es lo que hay “hacia adelante” de la estructuración de la cuenta-por-uno, mientras que la multiplicidad inconsistente es lo que habría “hacia atrás” de dicha estructuración.

La pregunta que nos plantea Badiou es la concerniente al discurso que pueda hablar del ser, es decir, qué tipo de discurso sobre el ser puede constituirse, si seguimos todo lo anteriormente dicho. Lo que hay son situaciónes. Luego, la ontología es una situación (36). Hay una doble dificultad:

1. ¿Hay una presentación del ser, en tanto ser? Esto es problemático, dado que “el ser” debería estar comprendido en lo que presenta toda presentación.

2. Si lo uno no es, entonces el ser no es uno. esto nos lleva a tener que pensarlo fuera de la oposición uno/ múltiple.

¿No hay entonces estructura del ser? ¿Necesitamos de una experiencia situada más allá de toda estructura? (Cfr. la Idea del Bien y las teologías negativas). Badiou sostendrá lo opuesto: la ontología sí es una situación.

En oposición a Heidegger, Badiou afirma lo siguiente:

“<<Sustractivo>> se opone aquí, como se verá, a la tesis heideggeriana de un retiro del ser. En efecto, no es en el retiro-de-su-presencia que el ser fomenta el olvido de su disposición original, hasta destinarnos -a nosotros, en lo más extremo del nihilismo- a un <<retorno>> poético. No, la verdad ontológica obliga más y es menos profética: es el ser forcluído de la presentación lo que encadena al ser como tal a ser, para el honbre, decible, en el efecto imperativo de una ley, la más rígida de todas las leyes concebibles: la ley de la inferencia demostrativa y formalizable” (37).

La ontología tiene que ser, pues, la situación que presenta la presentación misma. Esta presentación tiene que tener en cuenta, obviamente, a lo múltiple, pero a lo múltiple incosistente:

“(…) la ontología no puede ser sino una teoría de las multiplicidades inconsistentes en tanto tales” (38).

“La ontología, en tanto exista, será necesariamente ciencia de lo múltiple en tanto múltiple”(38).

Esto trae como exigencia a priori dos tesis:

1. Lo múltiple tiene que componerse de múltiplicidades, es decir, que todo múltiples es un múltiple de múltiples.

2. La estructura operatoria de la ontología debe poder discenrnir lo múltiple sin tener que hacerlo uno. No puede tener, por tanto, una definición de lo múltiple. De ahí que la prescripción deba ser implícita.

La conclusión es que debemos tratar con un sistema de axiomas:

“(…) partir de términos no definidos, para prescribir la regla de su uso. Esta regla cuenta por uno en el sentido en que los términos, no definidos, lo son, sin embargo, por su composición. Se encuentra de hecho prohibida toda composición en la que la regla falle. Se encuentra de hecho autorizado todo lo que sea conforme a la regla. Jamás se encuentra una definición explícita de aquello que la axiomática cuenta por uno, cuenta como sus objetos-unos”

“Está claro que sólo una axiomática puede estructurar una situación en la que lo que es presentado es la presentación. Sólo ella, en efecto, evita tener que hacer uno de lo múltiple, al que deja en lo implícito de las consecuencias regladas en las que se manifiesta como múltiple” (40).

Badiou termina la meditación concluyendo lo siguiente:

“La ontología, axiomática de la inconsistencia particular de las multiplicidades, captura el en-sí de lo múltiple mediante la puesta en consistencia de toda inconsistencia y la inconsistencia de toda consistencia. Así, ella deconstruye todo efecto de uno, fiel al no-ser de éste, para disponer, sin nominación explícita, el juego reglado de lo múltiple como forma absoluta de la presentación, por tanto, el modo según el cual el ser se propone a todo acceso” (41).

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