La semejanza entre el arte humano y el divino: introducción al Leviatán de Hobbes

hobbesEl siguiente semestre tendré que llevar un curso sobre Teoría política moderna, además dictar prácticas en el curso de Temas de filosofía moderna. En ambos cursos se tratará, de todas maneras, el pensamiento de Thomas Hobbes. No voy a hacer una introducción señalando su relevancia, pues creo que es cosa obvia lo fundamental que es este filósofo para la filosofía política moderna y para la teoría del Estado moderno, por poner dos casos.

Lo que intentaré será hacer una presentación, en mútilples entregas del Leviatán, su magnum opus o, por lo menos, de la primera sección dedicada a estudiar al ser humano. La traducción al español que tengo es la realizada por Manuel Sánchez Sarto, para el Fondo de Cultura Económica, reimpresa en Buenos Aires en el año 2007.

***

Hobbes inicia la introducción a su obra, sosteniendo que el arte del hombre, de alguna manera, imita al arte con que Dios ha hecho y gobierna el mundo. Dicho arte divino lo llama naturaleza. No debemos entender aquí arte, pues, por “bellas artes” o lo que normalmente entenderíamos hoy en día por dicha palabra.

Lo que llamamos lo vivo es, para Hobbes, “un movimiento de miembros cuya iniciación se halla en alguna parte principal de los mismos” (3). Hobbes sistiene que nos debería ser lícito llamar “vida artificial” a la de los artefactos que los seres humanos hacemos, ya que se mueven a sí mismos (por ejemplo, por medio de resortes y ruedas). De ahí que Hobbes, desde este paradigma del artefacto mecanicista, nos haga las siguientes equiparaciones:

Corazón= resorte

Nervios= fibras

Articulaciones= ruedas

Pero la obra más racional, excelsa y suprema del arte del Hombre es, para nuestro filósofo, el “gran Leviatán que llamamos república o Estado (en latín civitas) que no es sino un hombre artificial, aunque de mayor estatura y robustez que el natural para cuya protección y defensa fue instituído; y en el cual la soberanía es un alma artificial que da vida y movimiento al cuerpo entero (…)” (3). A partir de ahí hace las siguientes equiparaciones:

Magistrados y funcionarios de la judicatura y del poder= nexos artificiales

Recompensa y castigo= nervios

Riqueza y abundancia= potencia

Salvación del pueblo= negocios

Consejeros= memoria

Equida y leyes= razon y voluntad artificiales

Concordia= salud

Sedición= enfermedad

Guerra civil= muerte (el subrayado es mío)

Convenios (para crear el Estado)= el “hagamos al hombre” pronunciado por Dios en la creación.

Lo que el Leviatán de Hobbes se propone considerar son cuatro cuestiones (que se corresponden a las cuatro partes princiaples en que se divide la obra):

1. La materia de que consta (el hombre artificial) y el artífice: ambas cosas son el hombre.

2. Cómo y por qué pactos se instituye, cuáles son os derechos, el poder justo, la autoridad justa del soberano y lo que lo mantiene y aniquila.

3. Qué es un reino cristiano.

4. Qué es un reino de las tinieblas.

El análisis del hombre partirá de una constatación sobre la semejanza de estos en cuanto a sus pasiones. Y es que para gobernar, dice Hobbes, uno tiene que leer en sí mismo a la humanidad entera.


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