Habermas sobre el Estado nacional: pasado y futuro (1)

por Erich Luna

habermasLos apuntes que vienen acontinuación tratan de rpresentar las reflexiones hechas por Habermas en La inclusión de otro, fundamentalmente las que conciernen al Estado nación moderno.

Habermas empieza constatando que las “Naciones Unidas” tienen como “unidad” a los Estados nacionales. Sin embargo, el origen de estso múltiples Estados no fue igual. Estudiar los orígenes y las genealogías de los Estados actuales se vuelve imperativo, si es que queremos comprender con mayor profundidad a los Estados nacionales, tanto en sus rasgos esenciales, como en sus problemas actuales y en sus posibilidades de superarlos. Dado que la expresión es “Estado nación” o “Estado nacional”, la relación que el Estado pueda tener con lo que entendamos por “la nación”, tiene un papel preponderante.

Hay, dentro de las múltiples posibilidades, cuatros orígenes centrales, de acuerdo a Habermas:

1. Primero se conformó el Estado y luego la nación. Son los Estados que compusieron el sistema de Estados que resultó después de la paz de Weestfalia, en 1648. Los actores principales aquí fueron juristas, diplomáticos y militares.

2. Primero se conformó la nación y luego el Estado. Son las que algunos llaman las “naciones tardías”, como Italia y Alemania. Los principales actores fueron aquí historiadores, eruditos, intelectuales.

3. Los que fueron descolonizados (post Segunda Guerra Mundial). Principalmente África y Asia. Es característico de ellas el adquirir soberanía mucho antes de ganar la institucuonalidad propia del Estado.

4. Los que se formaron después de la caída de la URSS, en Europa oriental y sudoriental. Lo más recurrente aquí han sido los procesos violentos. La norma han sido la conformación de movimientos etononacionalistas.

Si seguimos las intuiciones históricas de Hegel, veremos que los Estados nacionales surgieron para dar una respuesta a las formas de integración social que demandaba una modernidad temprana. Hoy, según Habermas, nos encontramos en una sitación análoga. Y es que la globalización, el desarrollo de la tecnología y los medios de comunicación, así como el gran cambio en la economía internacional, en la industria y en la ecología del planeta, nos generan nuevas interrogantes, problemas y retos que deben ser abordados por una humanidad para la que los Estados nacionales cada vez son más “chicos” e “insuficientes”. Habermas considera que la tendencia es a un orden global y cosmopolita, del que las instituciones internacionales y regímenes actuales son un mero e incipiente comienzo.

Pero para poder comprender bien nuestro futuro, necesitamos comprender bien el pasado y su devenir histórico. Por eso la primera pregunta es esencial: ¿Qué es el Estado (nacional moderno)?

La respuesta inicial es la de un poder soberano al interior de un territorio y para el exterior, dentro de un sistema de Estados internacional. Eso en lo que concierne a la delimtación espacial, temporal y geográfica. En lo que respecta a lo social, el Estado está delimitado por un conjunto finito de seres humanos, una totalidad de miembros que es entendida, desde la modernidad, como un pueblo (Staatsvolk). Esto trae un orden jurídco específico y particular que el pueblo, de alguna manera, se autoimpone. Lo que Hegel llamaría la consumación del Espíritu Objetivo. Pero lo importante es que la expresión “nación” añade a la noción de “pueblo” un rasgo esencial: el origen común, la tradición, las raíces, las costumbres, la cultura. En pocas palabras, una historia común.

En el plano institucional, el Estado moderno obtendrá el monopolio legítimo de la violencia y de la coerción. Además, tendrá una institucionalidad especializada y bastante compleja, que obtendrá sus recursos mediante la recaudación de impuestos. Funcionarios especializados (burocracia) son aquí fundamentales, así como un ejército nacional consolidado, una polícia y un sistema penitenciario. El desarrollo teórico que Marx y Weber hicieron para comprender de manera profunda y rigurosa lo propio y esencial del Estado moderno es aquí un hito obligado por el cual uno debe pasar.

La soberanía pues, tiene que ver aquí con el poder mantener el orden, la paz y la seguridad al interior del Estado mismo, dentro del territorio que reclama como suyo y que es reconocido como tal por sus miembros y por el resto de Estados. Esta relación con el exterior debe llevarlo a poder competir en condiciones medianamente iguales y a ser considerado como un Estado que cuenta con los mismos derechos que cualquier otro Estado sobernao.

Otro factor esencial es la distinción, tambipen claramente realizada a nivel filosófico por la Filofosía del derecho de Hegel, entre Estado y sociedad civil. Las tareas administrativas son del Estado y las productivas, fundamentalmente, de la sociedad civil,a  través de una economía de mercado independiente. Lo que el Estado provee es el marco jurídico que hace de condición necesaria para regular las reglas de la competencia económica y del intercambio. Esta diferenciación entre Estado y sociedad civil se refleja, finalmente, en la diferenciación que la ciencia jurídica hace entre derecho público y derecho privado. De esta manera, el ciudadano gana cierta autonomía privada.

En el plano referido a la nación hay que hacer algunas precisiones terminológicas. “natio” y “gens” son conceptos opuestos, en el mundo romano, al de “civitas”. Las naciones mantienen lazos ce cercanía geográfica, de cultura, mantienen una lengua común, costumbres y tradiciones, pero no tienen necesariamente una forma unitaria común de organización política de tipo estatal. En el mundo feudal, la diversidad estaba agrupada en torno a estamentos. Y estos se reunian en “parlamentos” o en “dietas” que “representaban a la nación” frente al poder de la corte. Pero al existencia política fundamental era aún la de los nobles y no la del pueblo, entendido como la totalidad de los súbditos.

Son los burgueses intelectuales los que expandieron la idea de una “consciencia nacional” y de una “historia común”. La nación de la nobleza empezó a devenir, así, “nación étnica”. Esto generó una especide de identidad común que buscaba mantenerse y defenderse frente a todo lo extraño. Esto trajo la discriminación efectiva de muchos grupos minoritarios dentro del territorio que reclamaban las naciones para sí. El caso emblemático es el de los judíos. Esta vinculación, no necesaria, entre nacionalismo y antisemitismo es la que traerá graves consecuencias para Europa, sobre todo en el siglo XX.

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