B. Guy Peters y Vincent Wright sobre la administración pública: seis verdades tradicionales cuestionadas.

petepicEsta entrada consta de unas notas realizadas a partir de un artículo bastante breve. De ahí que la estructura sea bastante esquemática, y que no se encuentren demasiados detalles o ejemplos.

Ambos autores señalan que son los cambios en la administración, la transformación más grande de la ciencia política. En las últimas décadas, mucho de la que funcionaba, ahora se considera obsoleto. Estoha implicado mucho mayor diálogo e interdiscpinariedad con otras ramas del saber, dos de ellas: la teoría organizativa y la política empírica. Expresiones que consolidad el giro y las influencias de la nueva administración pública son, por ejemplo:

  • New managerialism” (“nueva gestión pública”) (Pollit, Hood)
  • Las tres “es”: eficiencia, economía y eficacia.
  • “Nuevo patrimonialismo”: esto tiene que ver con el hecho de que los líderes políticos intentan ganar control sobre la designación de cargos, además de obtener, así, una mayor lealtad de los servidores. Parece, en el peor de los casos, que en nuestro país pasamos del patrimonialismo al neo patrimonialismo.
  • “Nueva fragmentación”: esto se da en los gobiernos centrales que, cada vez más, otorgan más autonomía a sus ministerios y a las suborganizaciones que componen a estos.

El papel de los servidores y funcionarios públicos se ha diversificado, complejizado y especializaco, que ahora lo esencial acá ya no es decidir en materia de políticas públicas. De lo que se trata es de llevar una organización de manera eficiente.

En base a lo anterior, Peters y Wright mencionan el cuestionamiento contemporáneo de las “seis verdades” tradicionales en materia de gestión pública.

1. La autosuficiencia.

La autosuficiencia de de la administración pública se ve hoy desafiada por la subcontratación, privatzación e introducción de la competencia. Agentes privados que concursan. Esto se da desde limpieza de calles, recolección de basura, hasta, en algunos casos,  seguridad y servicios penitenciarios (Reino Unido). En el extremo, algunos gobiernos han llegado a privatizar las que eran denominadas “empresas estratégicas” (gas, electricidad, agua y telecomunicaciones). Tambien, en varios casos, se busca introducir la competencia, con el fin de abaratar costos y mejorar la calidad.

Lo que me parece más llamativo e importante es la idea pensar en lo importantes que son las redes y el networking organizacional. Y es que, según muchos, pensar en “una” y “única” organización estatal central es algo que no puede seguir manteníendose (tanto en la teoría, como en la práctica). Lo que hay son múltiples organizaciones, en múltiples niveles, con múltiples coordinaciones.

Finalmente, hay que sumar a esto la importancia que lo trasnacional e internacional tiene en lo que a regulaciones administrativas se refiere.

2. El control directo.

La idea de un control jerarquíco y superior están siendo revisadas desde las nociones actuales de “cesión de poderes”. Cada vez, hay un mayor grado de control en cada eslabón de trabajo, es decir, mayor libertad y responsabilidad para la toma de decisiones de cada miembro de la organización. Esto es visto, por algunos teóricos, como una creciente democratización para las organizaciones públicas y privadas.

3. Uniformidad.

Lo tradicional había sido el ideal de que todos tuviesen cargas similares y beneficios similares del Estado. La idea era bienestra e igualdad a largo plazo, a través de una gran burocracia centralizada. El cuestionamiento de esto puede verse, también, en analogía con los cambios del desarrollo industrial:

“La descentralización y la desconcentración de la administración, de manera más importante, y del gobierno de manera más general, se han convertido en populares antídotos para los fallos alegados contra la centralización. Igual que las empresas en el sector privado comenzaron a romperse en líneas de productos siguiendo las consolidaciones de los años setenta y ochenta, así, también, las organizaciones públicas han empezado a diferenciarse ellas mismas y a centrarse sobre políticas y asuntos singulares” (922)

Si la centralización y uniformación, como ideal, son hoy imposibles; y, además, implican un cierto grado de alienación en los empleados subordinados, entonces, según algunos especialistas, deben ser abandonadas.

4. Responsabilidad pública ascendente.

La profileración de organizaciones semiautónomas hacen borrosa la responsabilidad política ascendente. Esto se en los ministros, que son eximidos de responsabilidad política.

5. Procedimientos estandarizados para la gestión de personal.

Antes la carrera de funcionario público tenía una lógica propia, que era a largo plazo y meritocrática. Ahora, lo que se viene dando en nuestra época es una creciente importación de gente que viene, y pertenece, al sector privado. Como consecuencia:

“La prestación individualizada de cada funcionario público está siendo medida y remunerada de manera diferente; sea en la forma de pluses o de incrementos sobre el salario base, se autorizan pagas adicionales para aquellos funcionarios con mejores resultados. Este esquema remunerativo ha sido introducido en casi todas las democracias industrializadas, incluso en aquellas como Suecia con una larga tradición de pagas solidarias” (Sjölund, 1994) (925)

Muchas preguntas surgen aquí: ¿Cómo medir los resultados? ¿Se debe privilegiar al funcionario, frente al asesor?

6. El servicio apolítico.

¿Puede ser el servició público “neutral”? Los países desarrollados han tenido una tendencia a politizar la administración. Lo político implica aquí, mayoritariamente, partidista. El “nuevo institucionalismo”, desarrollado por Mach y Olsen (entre muchos otros), es un enfoque interesante para analiar el papael de los funcionarios públicos como actores políticos. A modo de breve síntesis:

“Una de las premisas de este enfoque (o al menos de algunas variantes del mismo) es que las instituciones encarnan valores propios que intentan inculcar a sus miembros y usar como mecanismos para moldear las políticas. La literatura sobre cultura organizacional había sostenido ya algunas de estas mismas aformaciones, pero la literatura institucionalista, ha resaltado el papel más manifiestamente político de los valores e intereses organizativos” (928)

¿Conclusión?

Lo que podemos ver es como el creciente cambio y cuestionamiento de “verdades” tradicionales ha traído mucha más eficiencia y expansión. Sin embrago, tambipen trae tensiones. Sobre todo las que conciernen a la responsabilidad, jerarquía, decisión y descentralidad.

No busca ser esto una teoría acabada, según ambos autores , como tampoco busca llegar a ser perfectamente sistemática. Lo que se quiere son generar pincipios que sean compatibles con las ideas políticas del día.

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