El paso del Estado oligárquico al Estado neoliberal (6): Apéndice sobre la tercera incursión democratizadora

por Erich Luna

[Continuación de lo visto en los post anteriores (1), (2), (3), (4) y (5)]

Esta entrada tiene el propósito de ser un apéndice que trata de profundizar, un poco más, en la importancia que tuvo la izquierda para ciertos procesos de democratización en nuestro país, lo que Sinesio ha llamado la tercera incursión democratizadora.

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La tercera incursión democratizadora tuvo lugar desde 1978, y durante toda la década de 1980, después de la caída del Estado oligárquico. La ciudadanía será extendida aquí a los jóvenes mayores de 18 años y a los analfabetos. Instituir, de esta manera, el sufragio universal acabó con la exclusión histórica basada en la raza y en la étnia. Las clases que participaron de esta incursión democratizadora fueron, fundamentalmente, los ciudadanos pertenecientes a las clases populares urbanas, campesinos, y algunos estudiantes e intelectuales. Estos grupos sociales fueron canalizados a través de movimientos de izquierda radicales, que pueden verse en los múltiples partidos de izquierda de la década de 1970, así como en el partido de Izquierda Unida (IU), durante la década de 1980.

Con el ingreso de IU, nuestro “sistema de partidos” dejará de ser un pluralismo polarizado y pasará a ser un pluralismo centrípeto. Lo que tendremos ahora serán, básicamente, tres tercios: derecha, centro e izquierda. IU tendrá la primacía de la oposición al gobierno de Belaunde. Sin embargo, su debacle político se dará por varios factores importantes: la crisis del comunismo en el mundo, la caída del muro de Berlín y la guerra librada por Sendero Luminoso. Todo el problema concerniente a su primer congreso en 1989 es, para López, un mero “corolario” a estos factores esenciales.

Además, y creo que esto es lo más importante para mantener la analogía con las dos incursiones anteriores, no había crecimiento económico, sino todo lo contrario. Todas las demás incursiones de clases, parecían ir con una inclusión económica, mientras que la tercera incursión se dio por una fuerte exclusión económica y social. Estos factores son los no permitieron realizar a cabalidad la tercera incursión democratizadora y esto se expresa en que el partido que, quizá, pudo canalizar a estos movientos sociales (IU) no llegó nunca al gobierno.

El más importante de los principios que consiguieron las incursiones democratizadoras fue, según López, el principio de negociación. Este principio es fundamental porque, más allá de lo que podamos llegar a acordar, está el fundamento de reconocer a otro como un interlocutor posible, como un actór político legítimo. Además, implica disenso, oposición y competencia. Aún así, la instucionalización de los conflictos siguió siendo muy frágil. Había, y hay por eso, mucha ley, mucho procedimiento, pero siempre existe, como posibilidad real, el “patear” el tablero si es que el resultado no nos va a favorecer como quisiéramos.

Hay una conclusión, acerca de las incursiones no radicales que han triunfado, que nos debe llamar la atención:

“El triunfo de las incursiones democratizadoras moderadas, como de todas las cosas que se hacen a medias, ha permitido la sobrevivencia de estructuras, instituciones y actores tradicionales que están siempre al acecho de la política peruana y que en ciertas coyunturas concentran sus energías para impulsar regímenes autoritarios y dictatoriales” (263).

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