El paso del Estado oligárquico al Estado neoliberal (4): Belaunde, García y el surgimiento de Sendero Luminoso

por Erich Luna

[Continuación de lo visto en los post anteriores (1), (2) y (3)]

20080612klphishpe_17_Ies_SCOBelaunde recogió los ánimos dictatoriales y ganó las elecciones de abril de 1980. Se busco inicar, así, un período para consolidar la democracia. Sin embargo, el terrorismo, la crisis económica y la dedua externa, hicieron muy difícil dicha tarea. No se pudo sobrelevvar, de manera exitosa, la fuerte tensión entre las presiones externas de la deuda y las presiones internas por la redistribución. A esto debemos sumar, además, los desastres naturales que se dieron en 1983 por el fenómeno del Niño.

Belaunde, en su segundo gobierno, se dedicó a desmontar las reformas realizadas por Velasco. Empezaron ciertas pruvatizaciones y políticas de modernización para establecer una economía propiamente de mercado, buscando abandonar el estatismo orgánico y el corporativismo. Pero el proteccionismo norteamericano hizo imposible la competencia. De esta manera las clases populares fueron fuertemente afectadas por este impasse de la modernización. El resultado, a largo plazo, será una fuerte y significativa informalidad en crecimiento. El cambio en la concepción de la ciudadnía y de la autoridad empezó a darse. López al respecto afirma:

“La significativa parcelación privada de las cooperativas y de otras formas asociativas en el campo, el desmoronamiento de la organización vecinal en las ciudades y la desactivación de las comunidades industriales en las fábricas dieron origen al establecimiento de relaciones individualistas de autoridad. De ese modo, el ciudadano comunitarista comenzó a ser desplazado por el ciudadano liberal” (281)

Este intento de “tibio liberalismo”, como lo llama López, tendrá como resultado el regreso al populismo, con el triunfo de Alan García en las elecciones de 1985.

20080612klphishpe_20_Ies_SCOAlan García se dedicó la las cuestiones internas y para ello dejó de lado el pago de la deuda externa. De esta manera se dedicó a emprender fuertes gastos públicos. El resultado fue una terrible hiperinflación que acabó con la economía privada de nuestro país. Formó una coalición de clases medias y empresarios (“los Doce Apóstoles”) con los que decidió fijar únicamente el 10% para el pago de la deuda externa. Se buscó desarrollar una política de inclusión. Lamentablemente, ésta tuvo que fracasar, ya que por la inminente crisis que esto traería, y que estalló en 1988, aunque ya se veía el debacle político desde antes:

“la coalición populista estalló con la estatización de la banca en julio de 1987: los empresarios se distanciaron violentamente de Alan García y las clases medias se replegaron de forma gradual” (281)

Además, justamente por el contexto de crisis, el Estado dejó de garantizar, muchísimo más, la seguridad en muchas zonas del país. Un gran número de áreas rurales fueron declaradas como zonas de emergencia. Pero a pesar de todo, según Alvarez Rodrich, el Estado seguía siendo una fuerza económica fundamental en el país:

“Hacia fines de la década del 80, el Estado seguía siendo´, pese a la crisis económica y fiscal, el empresario más importante del país, pues tenía en sus manos 186 empresas estatales -135 no financieras y el resto financieras-, cuyas actividades generaban alrededor del 20% del PBI” (283)

López añade un poco más abajo:

“En 1985, los cinco grupos empresariales más importantes del país eran de propiedad del Estado así como 7 de los 10 más importantes” (283)

Las sucesivas crisis políticas, sociales y economicas reconfiguraron de tal manera el escenario político, que los partidos empezaron a dejar de tener el rol esencial que habían tenido en las últimas décadas. La político devino, aún más, personalista:

“El fracaso del gobierno aprista en el enfrentamiento de la crisis económica -sobre todo en el control de la inflación- y de la violencia terrorista, así como la caída del muro de Berlin y la crisis  y división de la izquierda, hundieron a los partidos que hasta entonces se mantenían en pie. La primera señal de esa debacle fue la elección de Ricardo Belmont como alcalde de Lima en noviembre de 1989. La elección de Fujimori en 1990 y las elecciones posteriores han consolidado el éxito de los independientes y el hundimiento de los partidos políticos, alimentando el desprestigio de la política” (282)

mario_vargas_llosa_1985La crisis de los partidos se verá, también, cuando AP y el PPC vayan decayendo, solamente para resurgir después en el FREDEMO, pero por la importancia del independiente Vargas LLosa, más que por la que ellos mismos, en cuanto partidos, podrían aportar en un sentido significativo. El triunfo de Fujimori en segunda vuelta consolidará, en la cultura política peruana, la preeminencia de los independientes por sobre la de los partidos políticos.

Sobre la sociedad civil, en este proceso de transformación entre el fin de una década y el inicio de otra, Balbi dice al respecto:

“La crisis institucional llegí también a la sociedad civil, pero la suerte de sus organizaciones ha sido diversa. Mientras la Iglesia, los medios de comunicación de masas. especialmente la radio y la televisión y, en menor medida, las instituciones culturales (algunas universidades y ONGs) se han fortalecido o han mantenido su vigencia asumiendo una orientación conservadora, las organizaciones gremiales, particularmente las populares, regionales y poblacionales se han debilitado seriamente. El clasismo ha desaparecido y el sindicalismo en general se ha visto mermado en sus filas y se ha vuelto pragmático” (284-285).

Grompone, por su parte, afirma:

“El rasgo distintivo de la sociedad civil en esta década fue su descentramiento y la fragmentación sin llegar a la desestructuración ni a la sociedad de masas” (282).

Blondet, al respecto:

“El debilitamiento de las organizaciones sindicales y territoriales ha sido parcialmente compensada por la presencia en el escenario social de los comedores y comités femeninos del vaso de leche y las rondas campesinas de autodefensa, todas ellas reivindicadoras del derecho a la sobrevivencia en un contexto de aguda crisis económica y política” (285).

Con el debilitamiento de las instituciones del Estado, por un lado, tenemos el fuerte crecimiento de las fuerzas abimael_guzmansubversivas, encabezadas por Sendero Luminoso, por el otro. López afirma sobre ello:

“En los años 1985-1988, Sendero se extendió por todo el país, se articuló con el narcotráfico y salió a la luz pública con su vocero oficioso. El Diario. Desde 1989 incrementó sus acciones espectantes en las ciudades” (285).

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