Nohlen sobre la “trilogía” del sistema político y los enfoques de investigación

por Erich Luna

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Es la primera vez que me ha sucedido tener que volver a leer algo que no recordaba mucho, pero sobre lo que ya había posteado. Ahora tengo la experiencia de volver a leer el capítulo 3 (“La trilogía: sistema de gobierno, sistema electoral y sistema de partidos”) de Dieter Nohlen. Dicho texto forma parte de la compilación de textos titulada Instituciones políticas en su contexto. Las virtudes del método comparativo (Buenos Aires: Rubinzal – Culzini Editores, 2007). Hace 1 año y 2 meses que escribí este post. Me dedicaré a revisarlo, a confrontarlo con una nueva revisión del texto de Nohlen, buscando mejorar mi presentación de lo que Nohlen sostiene, así como de mis opiniones y de las referencias que se me pudiesen venir a la mente hoy.

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En la conferencia “La trilogía: sistema de gobierno, sistema electoral y sistema de partidos” (Conferencia pronunciada durante la III Conferencia de la Unión Interamericana de Organismos Electorales, UNIORE, en el Museo Nacional de Antropología, ciudad de México, el 3 de julio de 1996) Nohlen busca mostrar, de manera breve, la compleja interacción y determinación recíproca que los sistemas electorales, los sistemas de partidos y los sistema de gobierno guardan entre sí.

Lo interesante, es que Nohlen muestra como uno puede ver  que normalmente se le considera a los primeros dos sistemas (el sistema de gobierno y el sistema electoral) como constando, fundamentalmente, de variables que el llama “institucionales” (básicamente “reglas”). La idea es que lo central para comprender estos fenómenos y sus repercusiones tiene que ver con un diseño específico. En concreto, en el sistemade gobierno lo que tendremos, a grandes rasgos y de manera esquemática, será o un sistema de tipo parlamentario, o uno presidencial, o uno semi-presidencial (que para el profesor Henry Pease debería ser llamado “semi-parlamentarismo”). En el caso del sistema electoral, lo que tendríamos como grandes principios son la repressentación proporcional o el sistema mayoritario. Como puede verse, ello expresa una simplificación o polarización en la elección de “diseños puros”. Uno termina condenado, bajo este esquema, a una elección entre “o lo uno o lo otro”, casi al modo de Kierkegaard.

Pero nuestro tercer sistema, el sistema de partidos, no responde de una manera tan clara y decisiva a variables de tipo puramente “institucional”. Lo que prima aquí es, según Nohlen, la história social, política y cultural de cada comunidad y de cada contexto específico en cuestión. En pocas palabras, no basta “decretar” un sistema de partidos para que este ocurra de la manera en que el diseñador o legislador desea, así como pretender que el diseño lo genere como por “arte de magia”. No es una variable puramente institucional que pueda tomarse como absolutamente independiente, ya que es también dependiente de fáctores socioestructurales e históricos. De ahí que el sistema de partidos tenga un rasgo esencial: el ser el nexo entre la historia y la pura institucionalidad. Obviamente no debemos pensar, yéndonos al otro extremo, que el sistema de partidos es únicamente dependiente, ya que la determinación es recíproca entre los tres sistemas. De ahí que también deba considerársele como variable independiente. Las reglas cuentan, pero no tanto. Son necesarias, pero no son algo suficiente para producir los efectos determinados que se persiguen.

A partir de estas consideraciones previas, Nohlen aborda los diversos enfoques para comprender el sistema político y la interacción de los sistemas que lo componen. Cada uno de estos enfoques o niveles de análisis trae consigo discursos diversos y teorías distintas que generaran múltiples aproximaciónes, tanto para la comprensión de los sistemas políticos específicos, como para los diseños institucionales particulares. Son distintos tanto en las premisas en las que se fundamentan, como en la lógica de investigación que desarrollan y promueven.

El primer enfoque es el normativo. Es aquí donde se libran grandes discusiones académicas entre teóricos de renombre. El enfoque normativo posee una conexión importante con la filosofía política, ya que busca el deber ser, lo ideal. En pocas palabras: la pugna por el mejor sistema (best system approach), el mejor diseño, sin importar el contexto histórico. En lo que al enfoque normativo en el sistema político se refiere, tenemos las importantes contribuciones de Juan Linz. Linz sostiene que el parlamentarismo es superior al presidencialismo independientemente del contexto histórico, es decir, a priori .  En el caso del sistema electoral, Giovanni Sartori ha llegado a sistener que el mejor sistema electoral es el sistema mayoritario de dos vueltas. Arend Lijphart llegó a desarrollar su modelo de democracia consociacional, en base también a elementos de tipo más normativo. Nohlen sintetiza, en su conferencia, al respecto:

Del nivel normativo hemos destacado su axiología teleológica que inspira la denominación best system aproach, acompañada de una desvinculación espacio temporal. Mediante un proceder netamente deductivo se llega entonces (y se aspira llegar) a generalizaciones de validez universal basadas en una comprensión lineal y unidireccional de la causalidad, recurriendo incluso frecuentemente a la argumentación contrafáctica. En relación a la clasificación de las instituciones políticas, el nivel normativo se caracteriza por el uso de categorías dicotómicas de gran heterogeneidad interna, que por lo tanto dificultan una distinción apropiada de los casos y la consideración de diferencias de tipo gradual (67).

El segundo tipo de enfoque es el analítico. Se caracteriza por ser fundamentalmente histórico-empírico. Lo que se busca es rescatar la continegncia que caracteriza a cada situación y contexto específico. Muchas variables estructurales, contextuales, sociales, históricas, culturales y políticas particulares entran a jugar un papel decisivo aquí. El criterio de superioridad tiene que ver con el éxito de la adaptabilidad (el mejor sistema es que se adapta, según Sartori) y no con una superioridad de tipo ideal. Con la reinvidicación de lo particular, las tipologías devienen mucho más ricas, complejas y variadas. En el caso del presidencialismo en América Latina, podemos llegar, por lo menos, a distinguir cinco tipos: el autoritario, el puro, el atenuado, y el parlamentarizado. Algunos piensan que tipologías tan amplias nos deberían llevar al cuestionamiento de rotular a todos estos sistemas de gobierno bajo la etiqueta de “presidencialismo”. En el campo de los sistemas electorales, el enfoque analítico nos insta a observar cómo diseños similares en paises disímles pueden (y tienden a) tener reultados disímiles. En sus conclusiones, Nohlen resume este enfoque de la siguiente manera:

Como razgos centrales del nivel analítico hemos mencionado su enfoque histórico empírico con “conciencia” espacio-temporal que desemboca inevitablemente en generalizaciones sólo de alcance medio pero de mayor validez externa que en el caso del nivel normativo. Esta validez externa implica un distanciamiento moderado del objeto de análisis garantizado por un proceder inductivo que intenta no perder de vista la complejidad de la realidad en estudio. En lo referente a la clasificación de las instituciones políticas, este nivel se sirve no sólo de las categorías tradicionales que suelen no diferenciar más allá de la cifra dos, sino que recurre mucho más a la utilización de subcategorías que tienden a poner orden y a destacar las diferencias existentes dentro de las díadas básicas mismas. Así se alcanza una mayor sensibilidad ante las diferencias de tipo gradual” (67-68).

Finalmente tenemos el enfoque que Nohlen llama operativo. El enfoque operativo debe comprenderse a la luz de haber trazado una línea que diferencia a la política de la ciencia política. La idea aquí es que la realidad es bastante compleja y la ciencia política tiene que aislar algunas cosas para poder hacer un tratamiento político del asunto (en lacaniano: la ciencia forcluye). Lo que haría la ciencia política es generalizar a partir de cierta unilateralización que se haría a los fenómenos, es este caso, políticos. En pocas palabras, la política es más compleja que la ciencia política. Por eso, los que quieran hacer el tránsito de la investigación puramente académica al diseño e implementación de diseños institucionales deben ser conscientes que no se trata de aplicar “recetas”, sino de comprender la complejidad del contexto y de los problemas concretos de cada caso y frente a ellos pensar en soluciones viables y realistas. Si bien Nohlen no simpatizaría con reformas radicales, podríamos considerar (siguiendo el espíritu de Mariátegui) que todo diseño debe ser “creación heroica” y no “copia y calco”.

No basta únicamente tener buenos diseños ideales o científicos, sino que se debe de tener en cuenta las estrategias y relaciones de poder que rigen los cambios y reformas. Una cita de Nohlen puede dar cuenta, bastante bien, de la situación que trata de describir en este enfoque:

Terminé en estos días un estudio comparativo sobre la génesis de los sistemas electorales en 20 países de Europa Oriental (Nohlen/Kasapovic 1996; Nohlen 1998a). El primer resultado es que el tipo de sistema electoral dependió en gran medida del tipo transición; el segundo es que en ningún caso el sistema que se acordó fue un sistema diseñado racionalmente de acuerdo a criterios lógicos y fundados en el best system approach; el tercero es que en ningún caso se trasladó un sistema electoral modelo o vigente a otro; y el cuarto es que, donde las relaciones de poder lo permitieron, el sistema electoral fue el resultado de negociaciones y compromisos. Bajo estas circunstancias, no sorprende que muchos de los sistemas electorales sean sistemas combinados (64-65).

En este nivel, según Nohlen, lo que tenemos una amplitud mayor de opciones de las que encontraríamos a un nivel estrictamente normativo o ideal. La cultura historia y tradición política de un pueblo, grupo o país especifico debe ser tomada en cuenta para entender lo viable o verosímil que puede ser el reformar instituciones con pretenciones de éxito (Cfr., Nohlen sobre el diseño y la evaluación de los sistemas electorales (1)(2)). A modo de englobar lo esencial, Noheln afirma lo siguiente:

El nivel operativo, por último, representa a través del consulting político el nexo entre la Ciencia Política como disciplina científica, más sencilla y abstracta y la política concreta en toda su complejidad. Dentro del nivel operativo se pueden distinguir, además, dos posturas en cuanto a la génesis de las instituciones políticas. Por un lado, una postura asociada a un pensamiento socialtecnológico que entiende a las instituciones como el resultado de un diseño racional materializado a través de una intervención más artificial o ad hoc. Por el otro, una postura relacionada a un entendimiento más evolucionista de la génesis y el desarrollo institucional, influenciados ambos procesos por un sinnúmero de factores (experiencias históricas, intereses, relaciones de poder, etc.) que imponen resistencias y limitaciones a la implementación de diseños científicos por más excelentes y recomendables que éstos sean” (68).

La “moraleja” que podemos sacar de aquí, a partir del último enfoque y su relación de discrepancia con los otros dos, es la siguiente (si es que queremos trascender más allá de las querellas académicas en pro de reformas institucionales efectivas):

El cientista social con ambiciones de ingeniería institucional tiene que tomar en cuenta, respecto a la forma de gobierno y al sistema electoral, el factor político, resumido aquí en el tercer elemento de nuestra trilogía, en el sistema de partidos políticos (66).

Hay que tener en cuenta las relaciones de poder existentes, pues es sobre la base de ellas que se decidirá (y de manera mucho más fundamental, una reflexión ontológica sobre el poder mismo). La decisión de reformas y diseños institucionales, en última instancia, es una decisión política y no un debate académico erudito de congreso o revista especializada.

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SISTEMA DE GOBIERNO, SISTEMA ELECTORAL

Y SISTEMA DE PARTIDOS

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