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El problema de la tierra (1): problema agrario, problema del indio, colonialismo y feudalismo

I. El problema agrario y el problema del indio.

Retomando lo que vimos  y tratamos en la entrada anterior es que podemos comprender el párrafo con el que se abre este ensayo:

Quienes desde puntos de vista socialistas estudiamos y definimos el problema del indio, empezamos por declarar absolutamente superados los puntos de vista humanitarios o filantrópicos, en que, como una prolongación de la apostólica batalla del padre de Las Casas, se apoyaba la antigua campaña pro-indígena. Nuestro primer esfuerzo tiende a establecer su carácter de problema fundamentalmente económico (41, el subrayado es mío para enfatizar que no dice “únicamente”).

El derecho básico que Mariátegui quiere reivindicar para los indios es el derecho a la tierra, derecho que hace de condición de posibilidad de los derechos que tradicionalmente se buscan y reclaman: “educación”, “cultura”, “progreso”, “amor”, “cielo”, etc. Mariátegui dice que por eso se le puede considerar materialista, ya que la demanda fundamental es económica y tiene una base real. Sin embargo, considera que ello no implica que él no pueda reconocer y admirar la labor que de Las Casas habría realizado. Ello es interesante porque evidencia un respeto por lo que puede hacer la religión y el clero. Y es que, si bien es insuficiente, no por ello debe ser desestimado a priori y ser considerado superficialmente algo irrelevante.

El problema de la tierra es, a grandes rasgos, el problema de lo que Mariátegui considera la feudalidad en el Perú. Maríategui considera que su abolición debió darse a través de la clase burguesa. Sin embargo, nuestra independencia no habría generado todavía dicha clase. Lo que tendríamos sería una feudalidad “camuflada” o “disfrazada” de burguesía republicana.

La supervivencia de un régimen de latifundistas produjo, en la práctica, el mantenimiento de latifundio. Sabido es que la desamortización atacó más bien a  la comunidad. Y el hecho es que durante un siglo de república, la gran propiedad agraria se ha reforzado y engrandecido a despecho del liberalismo teórico de nuestra Constitución y de las necesidades prácticas del desarrollo de nuestra economía capitalista (41).

Una primer solución sería privatizar la tierra e individualizarla, de acuerdo a principios liberales elementales, solución que iría en armonía con lo que la estructura formal de la república pretende: democracia liberal con economía capitalista. Mariátegui considera que el tiempo para esos cambios en la economía y en la sociedad peruana han pasado:

Congruentemente con mi posición ideológica, yo pienso que la hora de ensayar en el Perú el método liberal, la fórmula individualista, ha pasado ya. Dejando aparte las razones doctrinales, considero fundamentalmente ese factor incontestable y concreto que dá un carácter peculiar a nuestro problema agrario: la spervivencia de la comunidad y de elementos de socialismo práctico en la agricultura y la vida indígena (42, el subrayado es mío).

La revolución en la economía agraria busca pues, acabar con los elementos feudales que para Mariátegui se expresan en el gamonalismo, el latifundio y la servidumbre. Es la subsistencia de la feudalidad que la impide desarrollar el capitalismo. Sus expresiones culturales (los ejemplos que pone Mariátegui son: “inquisición”, “feudalidad” “espíritu reaccionario”, “método jesuítico”, “casuísmo escolástico”) ya han sido erradicadas, pero el fundamento económico no.

La siguiente cita expresa la visión marxista de Mariátegui para comprender las relaciones entre lo que, en terminología marxista tradicional, se conoce como “base” y superestructura:

El régimen de propiedad de la tierra determina el régimen político y administrativo de toda nación. El problema agrario, – que la República no ha podido hasta ahora resolver -, domina todos los problemas de la nuestra. Sobre una economía semifeudal no pueden prosperar ni funcionar instituciones democráticas y liberales (44, el subrayado es mío).

Mariátegui piensa pues, que las instituciones de la democracia liberal no bastan para consolidar una verdadera sociedad democrática efectiva. Y es que las reglas, que formalmente son “vigentes” y “efectivas”, no corresponderían a las relaciones sociales que efectivamente estructuran a la sociedad. Dichas relaciones tienen como fundamento y marco a la semifeudalidad. Sin romper con ella no se podrán hacer instituciones democrático-liberales efectivas, de acuerdo a Mariátegui.

Luego de esto viene la otra vía argumentativa: lo propio del pueblo indígena es la tierra. Desde los incas (y antes) la tierra ha ocupado un lugar central en la constitución de la vida económico. El pueblo indígena como un pueblo agrario. Propiedad comunitaria y vínculos con lo religioso y cósmico (influencia de Luis E. Valcárcel) son la cuasi esencia de la raza indígena, según Mariátegui, antes del contacto del nuevo mundo con el viejo mundo occidental. La comunidad agraria indígena, también concebida en sus orígenes como “comunismo inkaico”,  es pensada como una especie de “comunismo agrario” (el término es usado por Mariátegui). La propiedad colectiva y la cooperación común para trabajar serían los principales rasgos distintintivos que podríamos resaltar, en base a las fuentes del propio Mariátegui (como César Ugarte), para ver en qué se sustenta dicha terminología.

Esta manera de producir, habría sido destruida por la colonización española. Lo que Mariátegui reprocha a la colonización española no es la mera destrucción, sino una destrucción que en su lugar no puso algo mejor. En materia económico-productiva, la conquista sería vista (desde la óptica marxista de Mariátegui) como algo bastante inferior.

El régimen colonial desorganizó y aniquiló la economía agraria inkaika, sin reemplazarla por una economía de mayores rendimientos.

El argumento central en el que centra su atención Mariátegui es el demográfico. La eliminación de una comunidad de diez millines y diezmarla  (lo que autores como Flores Galindo considerarán como posible llamarlo  “etnocidio”) es algo que para evidencia y constata de manera evidente la inferioridad de la estructura productiva, social y política de la conquista española. Para terminar, es interesante que Mariátegui no considere con criterios morales esta inferioridad, sino que para emitir su juicio recurre a criterios de eficiencia y eficacia productivo-material:

Este hecho <la caída demográfica> condena al coloniaje y no desde los puntos de vista abstractos o teóricos o morales – o como quiera calificárseles – de la justicia, sino desde los puntos de vista prácticos, concretos y materiales de la utilidad.

El coloniaje, impotente para organizar en el Perú al menos una economía feudal, injertó en ésta elementos de economía esclavista (46, el subrayado es mío).


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