Lo siguiente es el audio y la guía de la sexta sesión de prácticas del curso de Teoría del Estado del cual soy asistente este semestre. La novena sesión tuvo por eje la discusión del texto “El Estado regresa al primer plano” de Theda Skocpol. La idea de compartir estos recursos es triple: (1) poder hacer que estos recursos sirvan a un público más amplio; (2) que los propios alumnos del curso tengan estos recursos con mayor disponibilidad; y (3) el que una mayor exposición de estos recursos posibilite una discusión crítica constructiva que lleve a mejorar la propia clase y mis propias lecturas, con el fin de brindar un mejor curso cada semestre. No está demás decir que cada uno de estos textos y autores daría para muchas horas (o meses) de discusión teórica. Sin embargo, las sesiones asignadas son de dos horas semanales. Al mismo tiempo, el curso está pensado para alumnos de quinto semestre, alumnos que recién están empezando sus estudios de especialidad de ciencia política. De ahí que los temas tiendan a tratarse con un tono más introductorio y general.
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[Introducción]
[Skocpol]
Pluralistas, estructural-funcionalistas, marxistas y neomarxistas son aproximaciones importantes, dentro de la historia de las ciencias sociales.
Sin embargo, cuentan con serias dificultades para abordar de manera exitosa al Estado. Unos se resisten a hablar de él y otros son reticentes a admitirle autonomía.
Desde sus orígenes, la ciencia social se fijó en la “sociedad civil” (lo social, lo económico) como lo esencial, dejando de lado al Estado.
Luego se pensó que era la “modernización” (social y económica) la que generaría las transformaciones en todo nivel, abandonando los valores “tradicionales”.
Pero muchos cambios históricos en el siglo pasado, generaron un progresivo viraje en el enfoque: se empezó a pensar que el Estado podría ser un factor decisivo para una serie de cuestiones.
Ahora, también ha habido una tradición de estudios donde el Estado ha sido fundamental. Entre finales del siglo XIX e inicios del siglo XX hay dos figuras muy importantes: Max Weber y Otto Hintze.
Siguiendo a Stepan, Skocpol rescata lo siguiente:
Las organizaciones administrativas, jurídicas, recaudatorias y coercitivas permanentes constituyen el núcleo de todo Estado.
No solamente estructura relaciones entre la sociedad civil y la autoridad pública en una organización política. Estructura relaciones cruciales dentro de la sociedad civil.
Hintze señala, además, la importancia del contexto internacional.
Se trata de las relaciones geopolíticas de dominación y de competencia interestatal (sistema de Estados).
Marco de referencia conceptual: (1) Argumentos sobre la autonomía y capacidades del Estado; (2) influencia de los Estados en el contenido y funcionamiento de la política.
¿Qué significa “autonomía del Estado”? Significa que los Estados, entendidos como organizaciones que controlan territorios y personas, pueden formular y perseguir objetivos que no son un mero reflejo de demandas, grupos de interés o clases sociales. Las “capacidades estatales” son las capacidades que tendrían los Estados para alcanzar sus objetivos.
¿Cómo formula y persigue el Estado sus objetivos?
La estructura transnacional, las corrientes internacionales de comunicación pueden influenciar a los altos funcionarios estatales.
Esto puede llevar a transformaciones que tengan indiferencia o rechazo nacional.
Para mantener el control y el orden también se pueden emprender reformas.
Hay mayores posibilidades de que esto se dé si es que existe un cuerpo de funcionarios estatales de carrera, relativamente desvinculados de los intereses socioeconómicos del momento.
Pueden desarrollar políticas públicas que tengan cierta continuidad y estabilidad.
Ejemplos de la autonomía del Estado los da Stepan. En Brasil y Perú se dieron golpes militares diferentes. Pero tenían en común el hecho de haber sido hechos por “nuevos profesionales militares”. Militares de carrera, organizados, que habían aprendido técnicas e ideas sobre planificación y contrarrevolución.
Trimberger complementa el diagnóstico de Stepan viendo la relación de la élite del Estado con las clases económicas dominantes.
La autonomía de los aparatos estatales o burocráticos son relativamente autónomos cuando: (1) los altos funcionarios no provienen de las clases terratenientes, comerciales o industriales dominantes; y (2) no establecen vínculos personales y económicos estrechos con esas clases después de su acceso a los altos cargos.
Estos autores estudiaron los casos de autonomía estatal en países que hicieron reformas políticas o sociales importantes a través de gobiernos no constitucionales.
Pero también existen estudios sobre casos así en democracias liberales.
Heclo lo señala para Suecia y Gran Bretaña. Aquí los funcionarios públicos han tenido un papel esencial para las políticas sociales que han emprendido dichos Estados.
[Krasner, Skocpol y Finegold resaltan argumentos "análogos" para los Estados Unidos]
La autonomía del Estado puede aparecer o desaparecer. Las crisis pueden precipitar la formulación de estrategias y políticas oficiales.
Pero estas posibilidades autónomas pueden variar con el tiempo. Por eso se requiere investigación histórica que sea sensible a las variaciones estructurales.
Ahora bien, en lo que respecta a la racionalidad de los funcionarios, no debe descartarse fácilmente que simplemente sirvan a los intereses de determinado grupo de interés o clase social.
Pero también las iniciativas autónomas pueden ser estúpidas o estar mal dirigidas, pueden ser fragmentarias, parciales o contradictorias.
Pero a veces, también pueden ser coherentes y apropiadas.
Lo que sí debe quedar claro, es que la iniciativa autónoma del Estado nunca puede ser “desinteresada”.
Las acciones del Estado benefician a algunos intereses sociales y perjudican a otros.
Las acciones estatales autónomas normalmente buscan reforzar la autoridad, la longevidad política. Lo que buscan las acciones autónomas del Estado es el fortalecimiento de las prerrogativas (privilegios, derechos) de los colectivos de funcionarios del Estado.
Esto implica fijar unos objetivos determinados.
Pero lo que hay que añadir aquí son las capacidades estatales. ¿Qué puede hacer el Estado? ¿Qué puede proponerse el Estado? ¿Puede cumplir lo que se propone?
El total e íntegro control administrativo-militar estable en un territorio dado: condición previa de toda capacidad de una política por parte del Estado.
Funcionarios leales y capacitados.
Abundantes recursos económicos para alcanzar con eficacia toda suerte de objetivos. Créditos e ingresos, negociaciones entre el Estado y las clases sociales, equilibrios políticos, negociaciones entre los Estados.
Ingresos, recaudación y empleo.
Los medios del Estado para captar y emplear recursos financieros nos dicen más que cualquier otro factor individual sobre sus capacidades para crear o reforzar organizaciones estatales, contratar personal, lograr apoyo político, subvencionar iniciativas económicas y financiar programas sociales.
Entonces: integridad territorial del Estado, recurso económicos y personal son el punto de partida para investigar las capacidades estatales.
Pero se deben ver actuaciones concretas. Hay múltiples esferas y no en todas las capacidades del Estado, el grado de autonomía de sus acciones y su desempeño es igual (ejemplos: saludo, educación, transporte).
Ahora, no basta solamente pensar en lo que puede o no hacer el Estado. Es necesaria una perspectiva relacional que tome también en cuenta a la sociedad con la que se relaciona el Estado (por ejemplo, grupos de interés o clases sociales bastante organizados dispuestos a dar su apoyo).
Se debe tener en cuenta la organización y los intereses del Estado, la organización y los intereses de los grupos socioeconómicos. También el conocimiento de las relaciones complementarias y/o conflictivas que puedan tener los actores estatales con los actores sociales.
Todo lo anterior ha sido pensar al Estado más como un “actor” (organizaciones a través de las cuales los colectivos de funcionarios pueden formular y aplicar estrategias o políticas características).
Pero hay otra aproximación que viene de Alexis de Tocqueville.
Aquí el Estado importa no solamente porque los funcionarios del Estado persiguen objetivos. El Estado importa porque sus configuraciones organizativas y sus modelos globales de actividad influyen en la cultura política colectiva. Posibilitan el planteamiento de ciertas cuestiones.
Acá a lo que se presta atención es a cómo las estructuras y actividades del Estado influyen (de modo no intencionado) en la formación de grupos y en las capacidades, ideas y exigencias políticas de los diversos actores de la sociedad.
Los Estados no solamente realizan actividades decisorias, coercitivas y judiciales diferentes. Dan origen a diferentes concepciones, concepciones que influyen en el comportamiento de los grupos y clases de la sociedad.
Lo siguiente es el audio y la guía de la novena sesión de prácticas del curso de Teoría política moderna del cual soy asistente este semestre. La idea de compartir estos recursos es triple: (1) poder hacer que estos recursos sirvan a un público más amplio; (2) que los propios alumnos del curso tengan estos recursos con mayor disponibilidad; y (3) el que una mayor exposición de estos recursos posibilite una discusión crítica constructiva que lleve a mejorar la propia clase y mis propias lecturas, con el fin de brindar un mejor curso cada semestre. No está demás decir que cada uno de estos textos y autores daría para muchas horas (o meses) de discusión teórica. Sin embargo, las sesiones asignadas son de dos horas semanales. Al mismo tiempo, el curso está pensado para alumnos de sexto semestre, alumnos que recién están empezando sus estudios de especialidad de ciencia política. De ahí que los temas tiendan a tratarse con un tono más introductorio y general.
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§ 1. Introducción.
[Hoy vamos a ver a Hegel, uno de los filósofos modernos más importantes (y también uno de los más difíciles).
Es una verdadera falta de respeto pretender explicar sus ideas principales en dos horas.
Una falta de respeto hacia ustedes como alumnos, hacia mí como docente y hacia el propio Hegel.
Trataré de no hacer el ridículo demasiado.
Hegel es tan importante que después de él se tiene que estar con él o contra él, pero no se puede ser indiferente.
Incluso inmediatamente después de su muerte sus herederos y discípulos inmediatos se dividieron en dos: los viejos hegelianos (conservadores y de derecha) y los jóvenes hegelianos (revolucionarios y de izquierda). Marx, en su juventud, perteneció a estos últimos.
Sin embargo, Hegel es más grande que sus facciones y por eso merece ser tratado desde sí mismo.
Restringiremos nuestra presentación a su principal obra de "teoría política" (aunque es mucho más que eso): Principios de la filosofía del derecho o compendio de derecho natural y ciencia política (1821).
Una advertencia previa: debo decirles que esa explicación cliché de Hegel que sostiene que "todo es dialéctica" y que ésta se expresaba a través de la relación “tesis”-“antítesis”-y-“síntesis” son tonterías.
Hegel NUNCA dijo eso (¡Y Marx tampoco!).Así que olvídense de esa tontería. Nadie es tan estúpido como para sostener eso (solamente los hegelianos ortodoxos, si los hay, y los marxistas ortodoxos de manual, ejemplos de la imbecilidad humana).
Nos interesa ver a Hegel en un curso de teoría política moderna para futuros científicos políticos (¡y en dos horas!) por las siguientes razones básicas:
(1) Su visión de la historia, la tradición, el pueblo y su relación con las instituciones políticas; (2) Su concepción de la sociedad civil.
(3) La relación que ésta tiene con el Estado, así como la visión particular que Hegel tiene de éste.
No vamos a poder desarrollar, por obvias cuestiones de tiempo, muchas tesis claves de la ontología hegeliana. Sin embargo, sí me gustaría presentar breve y esquemáticamente algunos conceptos que sí considero imprescindibles para que algo de esto tenga sentido.
§ 2. La historia universal.
Lo primero es decir que su filosofía política se enmarca en lo que él denomina el “Espíritu Objetivo”.
“Espíritu” es un concepto central en Hegel.
Para nuestros fines, el concepto de “Espíritu” en relación a la historia social y política es siempre el “espíritu de un pueblo” (Volksgeist).
La “unidad de análisis” de la historia universal para Hegel son los pueblos y éstos están caracterizados por tener un “espíritu” que subyace a ellos.
Montesquieu había hablado del “espíritu de las leyes”, así que hay algo de familiaridad con los aspectos histórico-sociales y empíricos que podrían “operacionalizar” el concepto.
Sin embargo, en Hegel hay un matiz también metafísico que marca la esencia de los pueblos. Se trata de un “principio” que los caracteriza, que marca su desarrollo en todos los niveles (moral, sociedad, religión, política, ciencia, filosofía, etc).
Esto es clave porque para Hegel los pueblos son históricos y la racionalidad que desarrollan también lo es.
A diferencia de los pensadores anteriores que pensaban al ser humano de manera “natural”, Hegel opone la tesis de que el ser humano es histórico.
Esto implica que los pueblos heredan lo que otros pueblos han hecho y desarrollan a partir de esto sus posibilidades y potencialidades (¡Pero Hegel es un filósofo moderno y no es "relativista"!).
En Hegel la dirección de este proceso (la historia universal) es teleológica: hay “avance” y “desarrollo” (o “progreso”). El hilo conductor de la historia universal para Hegel es la conquista de la libertad.
Esta historia sostiene, a muy grandes rasgos, que la humanidad que es “en sí” (potencialmente, en esencia) libre, debe serlo “para sí” (real y efectivamente en la historia concreta).
Este proceso es un proceso de objetivación: los pueblos objetivan su espíritu ("se hacen objeto") en instituciones (sociales, jurídicas, políticas).
Este espíritu también se expresa bajo la palabra “eticidad” (Sittlichkeit) y alude a las costumbres, tradiciones e historia particular de un pueblo.
Es la eticidad particular de cada pueblo la que configura a cada miembro de él como si fuese su “segunda naturaleza” (la "primera naturaleza" sería, digamos, la "biólogica"/"animal").
Su racionalidad, sus deseos, sus pasiones, deberes, creencias, intereses, prácticas… todo ello es fruto de la historia.
En ese sentido puede decirse que Hegel estaría de acuerdo con la expresión de que uno es siempre “hijo de su tiempo” y que pretender lo contrario sería tan absurdo como querer “salirse de su propia piel”.
Entonces, desde esta concepción de la historia universal como objetivación de los pueblos en instituciones que cada vez son más libres, se podría hablar de cuatro grandes momentos:
(1) el primero se da en lo que Hegel llama el “mundo oriental” (el ejemplo más célebre es China) donde solamente una persona es libre (el emperador);
(2) el segundo momento corresponde al “mundo griego” y al “mundo romano” donde “algunos son libres”, pero no todos (existía esclavitud);
(3) el tercer momento se da con el “mundo cristiano” donde se formula el principio de que “todos son libres”, pero que en ese momento (en vida de Jesús) no se hizo efectivo. A partir de aquí, toda la historia occidental posterior (“d.c.”) busca llevar a cabo este principio (realizarlo, pasar del "en sí", al "para sí") y para Hegel esto se realiza en
(4) el último momento: el “mundo germano” (“germano” aquí alude más a “europeo” que a alemán) que en la modernidad desarrolla este principio haciendo que “todos sean libres”. Esta culminación (o “superación”, para usar el lenguaje hegeliano) se da pues, en el Estado nación moderno que, para Hegel, se expresa filosóficamente como una monarquía constitucional. Con esto acabo de resumir, patéticamente, unas 600 páginas tomadas de sus Lecciones sobre filosofía de la historia universal.
Otro tema central en Hegel es la importancia de la totalidad. Si bien no podemos ver las implicancias metafísicas del Absoluto, podemos partir de una conocida frase de Hegel: “la verdad es el todo”.
A Hegel le interesa comprender la totalidad y como ésta es compleja, Hegel busca que prestemos atención a múltiples determinaciones o momentos.
Hegel considera unilateral pretender agotar la complejidad de algo con una única determinación que haga de factor explicativo.
Podríamos decir quizá, haciendo cierta analogía con la ciencia política, de que para Hegel la cuestión es tan compleja que hay muchas variables en juego. Esa sí podría ser una enseñanza hegeliana importante que podemos hacer: no caer en la unilateralidad y en la simplificación superficial (y eso sí es algo que hereda Marx de Hegel).
§ 3. La sociedad civil.
Personas libres y particulares que se necesitan (nacen y vienen criados en el primer momento de la eticidad: la familia).
[Hay que tener claro los momentos y determinaciones aquí]
Los intereses egoístas entran en relación y dependencia generando la subsistencia, el bienestar y el derecho de todos.
Personas privadas que tiene por finalidad su propio interés.
A. El sistema de las necesidades.
Necesidades subjetivas que se satisfacen por:
Cosas exteriores, propiedad.
Actividad y trabajo.
a) El modo de la necesidad y la satisfacción.
El hombre va más allá del animal: múltiples necesidades y medios para satisfacerlas.
Es una diferenciación y multiplicación que se desarrolla ad infinitum.
Lujo.
b) El modo del trabajo.
El trabajo es la mediación del ser humano con la naturaleza que da a ésta valor y utilidad.
Los seres humanos se relacionan principalmente con producciones humanas.
Esto requiere de una cultura (teórica y práctica).
La multiplicación anterior acá se ve como una división del trabajo.
Se genera relación e interdependencia con los trabajos de los demás.
c) El patrimonio.
Lo que todo el sistema de necesidades produce es el patrimonio general.
Cada individuo tiene una parte, el patrimonio individual.
La desigualdad se da por:
Capital.
Habilidad.
Desarrollo de (y) capacidades naturales y espirituales.
El sistema general de necesidades se particulariza y ello genera clases particulares de necesidades, medios y trabajo. Diferente cultura teórica y práctica.
Estas son las clases (sociales). Algunos prefieren hablar de “estamentos”.
Clase substancial: trabaja el suelo (que debe ser propiedad privada). Relaciones familiares.
Clase artesanal: produce para necesidades individuales.
Clase fabril: producción general.
Clase comercial: intercambio, a través del dinero.
Clase universal: se ocupa de los intereses generales de la situación social (Funcionarios públicos).
Trabaja por lo general.
No produce. Requiere de patrimonio privado o de indemnización del Estado.
Pueden existir condiciones naturales (como el nacimiento) para la pertenencia de clase. Sin embargo, la determinación última es la opinión subjetiva y el arbitrio particular (libertad individual económica y profesional, derechos que llamaríamos hoy “civiles” y “económicos”).
Honestidad y dignidad de clase.
B. Administración de justicia.
Las relaciones del sistema de las necesidades suponen el derecho abstracto, derecho que tiene que ver con la propiedad.
Un derecho común, universal y válido.
a) El derecho como ley.
El derecho objetivado es la ley. Es el derecho positivo.
Es algo histórico, falible y perfectible.
Estas leyes generales deben de aplicarse a casos particulares.
b) La existencia de la ley.
Las leyes deben ser públicas y conocidas.
La propiedad se da a través del contrato y de las formalidades.
c) El tribunal.
El tribunal es el poder público que realiza el derecho en los casos particulares, dejando de lado los sentimientos subjetivos, los intereses particulares, el mero querer y la mera opinión.
El delincuente lesiona el derecho y recibe una pena.
Los miembros de la sociedad civil tienen el derecho de asistir al tribunal y el deber de presentarse ante él para reivindicar un derecho en litigio.
Se requieren pruebas, fundamentos, procedimientos, demostraciones.
La administración de justicia también debe ser algo público.
C. Poder de policía y corporación.
Policía: organización y reglamentación interna de un Estado.
Asegurar la seguridad de la persona y la propiedad.
Asegurar la subsistencia y el bienestar del individuo.
a) El poder de policía.
Vigilar las costumbres, el espíritu de la constitución, la situación presente, el peligro del momento, etc.
Los diversos intereses pueden entrar en conflicto.
Debe haber cierta regulación (precios de artículos básicos de primera necesidad).
Debe dar educación a los “hijos” de la sociedad civil (familia “universal”). Sus miembros ya han salido de la familia natural a la que pertenecen.
Debe hacerse cargo de los pobres.
Cuando la sociedad civil funciona sin trabas se desarrolla, progresa, aumenta la riqueza y la industria.
El riesgo es que surja una gran masa desposeída y que exista por debajo de un mínimo nivel de subsistencia: la plebe.
La riqueza no es suficiente para eliminar la pobreza.
No se trata de asistencialista, ya que la sociedad civil se funda en el trabajo.
Tampoco se trata de más trabajo porque eso genera más plebe.
¿Solución? ¡Colonias! Comercio histórico mundial, a través del mar y vías de comunicación.
b) La corporación.
La corporación cuida de sus intereses y acepta a sus miembros de acuerdo a sus criterios.
Una segunda familia.
Da capacitación.
Da honor de clase.
Realiza el interés general.
§ 4. El Estado.
Hegel señala que el Estado es la realización última de lo ético, pues realiza el interés universal.
El Estado ve el interés de todos, mientras que la sociedad civil ve lo particular.
En el Estado se dala Constituciónracional, las instituciones.
Esto requiere de sustancialidad (tradición, costumbres, cultura).
Es la realización del espíritu ético.
En las costumbres tiene su existencia inmediata.
La libertad del ser humano se realiza como miembro del Estado.
A. Derecho político interno.
El Estado es lo universal que complementa lo particular de la sociedad civil.
Sus instituciones.
Su constitución.
Son los pilares de la libertad pública, la hacen racional.
Se requiere de sustancialidad:
Subjetiva: disposición política: patriotismo.
Resultado de las instituciones existentes del Estado.
Confianza.
Objetiva: el organismo del Estado, el Estado propiamente dicho y su constitución.
I. Constitución interna por sí.
El Estado político se divide en:
Poder legislativo: determina y establece lo universal.
Poder gubernativo: subsumir lo universal a los casos individuales y esferas particulares.
El poder del príncipe: la subjetividad como decisión última de la voluntad.
Culminación del mundo moderno: monarquía constitucional.
La constitución depende de la cultura, de las costumbres, del pueblo.
Cada pueblo tiene la constitución que le corresponde.
En este Estado debe haber 3 poderes complementarios.
Poder Legislativo: Se encarga de determinar y estableces lo universal.
Poder Gubernativo: Debe subsumir lo universal en los casos individuales. Para ello, abarca el sistema de justicia.
Poder del Príncipe: Es la subjetividad como decisión. Es la última voluntad (la última instancia)
a) El poder del príncipe.
Hereditario.
Derecho de gracia para los delincuentes.
Elige a su cuerpo consultivo superior.
No tiene responsabilidad.
b) El poder gubernativo.
El poder policial y el poder judicial se encuentran subsumidos aquí.
Funcionarios ejecutivos y autoridades superiores reunidas en órganos consultivos y colegiados (la clase universal).
Son la parte principal de la clase media: la inteligencia culta y conciencia jurídica del país.
Convergen en niveles superiores hasta mantener contacto con el monarca.
Las comunas y corporaciones hacen de contrapeso para evitar cualquier abuso o arbitrariedad.
c) El poder legislativo,
El monarca: decisión suprema.
Poder gubernativo: momento consultivo, tiene el conocimiento, la visión global.
La asamblea de estamentos (clases sociales).
Diputados, representantes (no delegados con instrucciones). Deliberan y buscan el bien común.
Cita página 284.
2 cámaras.
Las deliberaciones de la asamblea son públicas.
Libertad de comunicación pública.
Prensa.
Pero se limitan excesos.
Para Hegel, la perfección del Estado es pasar dela Monarquía Absolutaala Monarquía Constitucional.
El rey es quien elige a sus asesores y quien da los indultos.
Los cuerpos consultivos, que están en contacto con el monarca, es la clase universal burocrática/política (la clase media).
Las corporaciones son las encargadas de hacer frenos y contrapesos a los abusos de los burócratas. Debe haber, además, una asamblea de los estamentos (clases).
Hegel cree que la democracia no es buena, pues todos creen que entienden del gobierno.
Él piensa que no se debe votar sin saber, cosa que permite la democracia.
Lo que Hegel dice es que cada uno debería votar por sus representantes (en las corporaciones).
Además, debería haber dos cámaras. En este Estado hay libertad pública y de prensa pero en ella no deben haber excesos, por lo que se deben plantear límites de las mismas.
Lo siguiente es el audio y la guía de la octava sesión de prácticas del curso de Teoría política moderna del cual soy asistente este semestre. La idea de compartir estos recursos es triple: (1) poder hacer que estos recursos sirvan a un público más amplio; (2) que los propios alumnos del curso tengan estos recursos con mayor disponibilidad; y (3) el que una mayor exposición de estos recursos posibilite una discusión crítica constructiva que lleve a mejorar la propia clase y mis propias lecturas, con el fin de brindar un mejor curso cada semestre. No está demás decir que cada uno de estos textos y autores daría para muchas horas (o meses) de discusión teórica. Sin embargo, las sesiones asignadas son de dos horas semanales. Al mismo tiempo, el curso está pensado para alumnos de sexto semestre, alumnos que recién están empezando sus estudios de especialidad de ciencia política. De ahí que los temas tiendan a tratarse con un tono más introductorio y general.
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§ 1. Características básicas de la libertad de los modernos.
[Vamos a ver un discurso de Constant muy importante: Sobre la libertad en los antiguos y en los modernos (1819)]
[La razón por la cual me interesa revisar este texto con ustedes es porque me parece que expresa de manera bastante clara la visión moderna e ilustrada sobre la modernidad, así como su diferencia con la antigüedad, en materia política. Esto va a ser clave, como mencioné tangencialmente la sesión pasada, para poder aproximarnos mejor a Hegel. Lo central es ver el conflicto o antagonismo entre la “continuidad” de la tradición (antigüedad) y la “ruptura” del progreso (modernidad). Constant va a sostener que “no hay vuelta atrás”. Hegel va a reconocer la tensión, pero va a buscar resolverla a través de una mediación y no de una “ruptura total”]
¿Qué entiende un inglés, un francés o un norteamericano por la palabra “libertad” (los “modernos”)?
[Hobbes, Locke, Montesquieu, Rousseau, Madison, Hamilton y Jay]
El derecho de no estar sometido sino a las leyes (no al capricho o arbitrio de una persona).
No poder ser detenido, ni preso, ni muerto, ni maltratado por la voluntad arbitraria (no puede haber violencia arbitraria contra uno).
Derecho de decir su opinión (libertad de creencia y de expresión).
Derecho de escoger su industria, de ejercerla (libertad para elegir una profesión).
Poder disponer de su propiedad (derecho de propiedad privada).
Movilizarse sin necesidad de requerir un permiso (libertad de tránsito).
O tener que dar cuenta o razones.
Derecho de reunirse con otros individuos (libertad de asociación).
De acuerdo a sus intereses, caprichos e inclinaciones.
Derecho de influir en la administración del gobierno, en el nombramiento de funcionarios-
Vía, votación representación, petición o consulta.
[Se trata de libertades civiles y políticas y, sobre todo, de la libertad en un sentido “negativo”, como “libertad de…”]
§ 2. La libertad de los antiguos.
¿Cómo era la libertad de los “antiguos”? (¡Según Constant, que es lo que nos interesa, en tanto reflexión moderna sobre la especificidad de la propia condición moderna!)
Ejercer colectiva y directamente la soberanía entera.
Deliberar en la plaza pública sobre la guerra y la paz.
Concluir con los extranjeros tratados de alianza.
Votar las leyes.
Pronunciar las sentencias.
Examinar las cuentas, los actos, las gestiones de los magistrados.
Hacerlos comparecer antes todo el pueblo, acusarlos y condenarlos, o absolverlos.
Elemento central: la sujeción completa del individuo a la autoridad de la multitud reunida (libertad colectiva).
Las acciones privadas estaban sometidas a vigilancia (independencia individual, opiniones, industria, etc.).
Las leyes regulaban las costumbres.
[Lo colectivo era más importante que lo individual. El todo era anterior a las partes. Recuerden como Aristóteles expresa esto al decir que “la πόλις es anterior al ciudadano”. Tal es un rasgo de la vida política del mundo antiguo: la comunidad de miembros. Esto se reitera con la sentencia aristotélica que afirma que el ser humano vive en comunidad. Solamente las bestias y dioses viven en soledad. Tal es el sentido del ζooν πoλίτικoν aristotélico]
El individuo era soberano en los negocios públicos, pero “esclavo” en sus relaciones privadas.
Si llega a estar sometido al cuerpo colectivo puede llegar a ser despojado de dignidades, desterrado, condenado a muerte.
[Sócrates podría ser el ejemplo paradigmático]
No había noción de derechos individuales.
Eran “máquinas”, cuyos resortes y ruedas dirigía la ley.
En los modernos el individuo es independiente en su vida privada, pero no es realmente soberano.
Constant quiere explicar el origen de estas distinciones y diferencias sobre la libertad.
La extensión de las antiguas repúblicas.
Espíritu belicoso: los pequeños pueblos entraban en continuos roces y conflictos.
La guerra era el precio para la existencia, la seguridad y la independencia.
La esclavitud era necesaria por ello (“desigualdad”).
§ 3. La libertad de los modernos.
El mundo moderno es diferente en los tres aspectos anteriores:
Los Estados son mucho más extensos (“tamaño”).
Los seres humanos son una gran masa homogénea en naturaleza, aunque se estructure en diversos modos de organización social (“igualdad”).
Su tendencia uniforme es hacia la paz.
La guerra y el comercio son medios para poseer lo que se desea.
Uno es través de la voluntad de ambos, mientras que el otro se da por la violencia de uno.
El cálculo, propio del comercio, requiere de un desarrollo de la razón. La guerra se debe fundamentalmente al impulso.
[Tesis básicamente ilustrada. Modernidad y civilización (“razón”) versus antigüedad y barbarie (“impulsos”, “pasiones”)]
Los pueblos antiguos y comerciantes (como Atenas) son la excepción a la regla.
No había brújula.
En los modernos el comercio es lo ordinario (economía política, de mercado, “capitalista”).
El objeto, la tendencia universal y la verdadera vida de las naciones.
Las naciones buscan el descanso y la comodidad (bienestar privado).
[Lo que Nietzsche denunciará, en su crítica a la modernidad, como el “lamentable bienestar”]
La guerra para los antiguos aumentaba esclavos, tributos y tierras.
En la modernidad, la guerra cuesta mucho más (no es “rentable”).
Podríamos decir que los costos son muy altos.
El comercio, la religión, los progresos intelectuales y morales de la especie humana han generado que ya no existan esclavos en Europa.
Los hombres libres son los que ejercen las profesiones, son los que proveen lo que necesita la sociedad.
[Si todos tienen derechos y son iguales, entonces nadie puede esclavizar a nadie. Esto genera una sociedad de individuos y trabajadores libres (necesario para constituir un sistema económico de libre mercado, capitalista).
Ya no existen ciudadanos por un lado y trabajadores por otro (como en la antigüedad clásica donde el ciudadano era el hombre “público” y su esposa, sus hijos y sus esclavos eran “privados”/ el οἶκος). Ahora la escisión se da en cada ser humano y no en grupos diferentes de seres humanos]
Abolir la esclavitud elimina el ocio del que gozaban los ciudadanos atenienses.
No es posible ir a deliberar todos los días a la plaza pública.
[Piensen esto para lo que requería ocio: filosofía, ciencia, política, religión. Ahora esas cosas van a tender a profesionalizarse y a especializarse. Pero lo esencial aquí es que la participación del ciudadano ateniense se hace imposible, básicamente, porque ya no hay esclavos.
Por eso considero que resaltar la importancia de los griegos para nuestra vida política puede devenir profundamente “reaccionario” o “utópico” (en el sentido marxista) porque es materialmente imposible ser un “ciudadano activo a tiempo completo” si es que uno tiene que trabajar.
Piensen ahora esto en un contexto como el nuestro con altos índices de pobreza y bajos índices de educación, además de una obvia precariedad laboral.
Añorar la virtud cívica griega expresa la nostalgia de una vida que hoy es imposible porque requiere de la esclavitud y de la exclusión de la gran mayoría de la vida pública (a menos que uno tenga confianza en que la técnica y la ciencia moderna pueda proveer de esa base material hoy, tanto para garantizar la subsistencia, como para coordinar una eficiente y efectiva participación política masiva)]
Regresando a la condición moderna de trabajador libre asalariado que debe buscar su subsistencia.
[¿Qué puede incentivarlos a interesarse en la política y a gastar su tiempo en emitir un voto “informado” que vale igual que uno “desinformado” cuando podrían dedicar ese tiempo a trabajar para mantener a su familia o a ustedes mismos?
Claro, de hecho es fácil hacerlo cuando tu profesión es estudiar la política. Eso sería análogo a un economista diciendo que es necesario que todos se preocupen de la economía o de un filósofo diciendo que todos se preocupen de la filosofía]
La extensión de los Estados modernos ha disminuido la porción de “importancia política” de cada ciudadano.
Su influencia personal es imperceptible en la voluntad social.
Antes la voluntad de cada uno podía llegar a tener una influencia “real” (o “efectiva”).
El ejercicio de la voluntad era un placer vivo y repetido.
Era valioso: podían hacer sacrificios por conservar sus derechos políticos.
[El voto hoy no hace diferencia. 1 voto de 30 millones “vale muy poco”]
El comercio inspira a los hombres un vivo amor por la independencia individual.
Socorre sus necesidades, satisface sus deseos.
Sin intervención de la autoridad.
Los modernos no pueden gozar de la libertad de los antiguos: participación activa y constante del poder colectivo.
La libertad moderna se compone del goce pacífico y de la independencia privada.
En la multitud el individuo casi no advierte la influencia que ejerce.
“El ejercicio de los derechos políticos no nos ofrece, pues, sino una parte de los goces que los antiguos encontraban: y al mismo tiempo los progresos de la civilización, la tendencia comercial de la época, la comunicación de los pueblos entre sí han multiplicado y variado al infinito los medios de felicidad particular” (pág. 76).
Antes, con sacrificar la independencia individual por los derechos políticos, uno daba “menos” y obtenía “más”.
Si los modernos hacen esto, terminaría desprendiéndose de “más” por “menos”.
“El objeto de los antiguos era dividir el poder social entre todos los ciudadanos de una misma patria: eso era lo que llamaban libertad. El objeto de los modernos es la seguridad de sus goces privados; y ellos llaman libertad a las garantías concedidas por las instituciones de estos mismos gocen” (pág. 76).
[Antes lo privado se subordinaba a lo público. En el mundo moderno es lo público lo que se subordina a lo privado]
La independencia individual es la primera necesidad de los modernos (por eso critica a Rousseau).
[Esto es clave para la vida política moderna que empieza a configurarse: una sociedad de individuos (¡No una comunidad de miembros!). La realidad primordial de dicho orden es el individuo. Lo esencial de la sociedad moderna, para Constant, es el liberalismo (económico y político)]
“Ninguno tiene derecho a arrancar al ciudadano de su patria, al propietario de sus bienes, al negociante de su comercio, al esposo de su esposa, al padre de sus hijos, al escritor de sus meditaciones estudiosas, y al viejo de sus hábitos o costumbres. Todo destierro es un atentado político, todo destierro pronunciado por una asamblea por pretendidos motivos de salud pública es un crimen de esta asamblea contra la misma salud pública, que no consiste sino en el respeto de las leyes, en la observación de las fórmulas, y en sostener las garantías” (pág. 83-84).
Constant es tajante sobre la diferencia entre la antigüedad y la modernidad:
“La libertad individual, repito, he aquí la verdadera libertad moderna: la libertad política es la garantía y, por consiguiente, es indispensable. Pero pretender de los pueblos en nuestros tiempos que sacrifiquen, como los antiguos, la totalidad de su libertad individual a la política, es el medio más seguro de apartarlos de una para quitarles bien pronto la otra” (pág. 86).
La libertad ahora es diferente y el gobierno también.
El moderno defenderá la libertad individual.
Los derechos políticos deben darnos más tiempo para nuestros intereses privados.
[Por eso es que se rechaza la democracia directa y participativa de los antiguos y se defiende al gobierno representativo]
El gobierno representativo.
La nación se descarga sobre algunos de lo que no quiere o no puede hacer por sí misma.
Personas que defienden los intereses de otros.
Se requiere una vigilancia activa de los ciudadanos hacia sus representantes.
[Parece una emrbionaria “accountability social” propia de la sociedad civil hoy]
Los ciudadanos modernos no deben renunciar a la libertad política, pues ella es condición de garantías que posibilitan lo esencial de la libertad moderna: la felicidad individual, la vida privada.
[Los derechos civiles y políticos que garantizan los derechos básicos del individuo no pueden negociarse en pro de cualquier cosa]
“La obra del legislador no es completa cuando ha dado solamente tranquilidad a un pueblo: aun estando éste contento, falta todavía mucho por hacer. Es necesario que las instituciones acaben la educación moral de los ciudadanos. Respetando sus derechos individuales, manteniendo su independencia, no turbando sus ocupaciones, debe, sin embargo, procurarse que consagren su influencia hacia las cosas públicas; llamarles a que concurran con sus determinaciones y sufragios al ejercicio del poder, garantizarles un derecho de vigilancia por medio de la manifestación de sus opiniones y, formándoles de este modo por la práctica a estas funciones elevadas, darles a un mismo tiempo el deseo y la facultad de poder desempeñarlas” (pág. 92-93).
[Lo público no es lo central de la vida moderno. Se trata de todo lo contrario: la política no es la esencia del ser humano moderno. La sociedad moderna subordina lo público a lo privado. Todos son libres e iguales. Los derechos y garantías individuales son el pilar de la sociedad moderna: liberalismo.
La política ya no es lo que era antes y parece ser que ya no hay marcha atrás.
Tal es la diferencia fundamental entre la antigüedad y la modernidad, de acuerdo a Constant.
Lo siguiente son los audios y la guía de la novena sesión del curso Ética de la Gestión del cual soy profesor este semestre. La idea de compartir estos recursos es triple: (1) poder hacer que estos recursos sirvan a un público más amplio; (2) que los propios alumnos del curso tengan estos recursos con mayor disponibilidad; y (3) el que una mayor exposición de estos recursos posibilite una discusión crítica constructiva que lleve a mejorar la propia clase y mis propias lecturas, con el fin de brindar un mejor curso cada semestre. No está demás decir que cada uno de estos textos y autores daría para muchas horas (o meses) de discusión teórica. Sin embargo, las sesiones asignadas son de dos horas semanales. Al mismo tiempo, el curso está pensado para alumnos de quinto semestre, alumnos que recién están empezando sus estudios de especialidad de Gestión y Alta Dirección. De ahí que los temas tiendan a tratarse con un tono más introductorio y general.
***
§ 1. Gamio: concepto de “sociedad civil”.
La participación ciudadana es lo clave aquí.
Conjunto de instituciones cívicas.
Asociaciones voluntarias, movimientos sociales, redes organizativas.
Mediación entre los individuos y el Estado.
Interacción y debate.
Participación política ciudadana, investigación, trabajo, fe.
Espacios públicos de vigilancia contra la concentración ilegal del poder político (y económico).
Velan por la legalidad y políticas no autoritarias.
La sociedad civil es importante porque constituye un espacio que posibilita el que los asuntos públicos no queden (solamente) en manos de una cúpula de gobierno o de políticos profesionales.
Se caracteriza por la participación, la palabra y la acción.
Y es esencial para la democracia (es muy difícil que exista una buena democracia sin una sociedad civil fuerte, organizada, participativa, movilizable).
(Pero que sea necesario, no quiere decir que sea suficiente).
Ciudadanos organizados y participativos que pueden movilizarse para defender sus derechos e intereses.
Debe haber también elementos propositivos y no solamente cuestionadores.
El concepto de sociedad Civil nos permite reconocer nuevos espacios para la práctica política ciudadana y deja conocer que su espíritu vigilante es imprescindible para mantener la democracia.
La sociedad civil puede (y debe) articular corrientes de opinión pública, de actuación y deliberación ciudadana, que permitan valer las voces de los ciudadanos.
Estas organizaciones buscan configurar espacios públicos de vigilancia contra la concentración ilegal del poder político y económico.
La participación de los ciudadanos puede influir en las decisiones de los políticos y del Estado, esto permite que los asuntos públicos no queden exclusivamente en las manos del gobierno.
Entonces…
Interacción y debate. Los individuos tienen que organizarse e interactuar entre sí, tienen que deliberar y negociar. Los ciudadanos que no son políticos hablan de asuntos sociales de interés público.
Participación (en múltiples niveles). Hay movilizaciones puede también haber desarrollo de investigación (ciencia, trabajo, fe). Es bastante amplia, y puede ocupar diferentes niveles. Por ejemplo: Las universidades, son asociaciones sin fines de lucro; tienen un modelo de autogobierno, no tienen dueño, lo ingresos se reinvierten. Los colegios profesionales, Las ONGs, las comunidades religiosas.
Opinión pública. Se busca la articulación de corrientes de opinión pública. La sociedad civil puede ser un ámbito de fiscalización o vigilancia del Estado, de forma constante y de determinada manera; y también a las empresas, frente a abusos y actos de corrupción, como violar normas o que se beneficie el Estado.
Las organizaciones de la sociedad civil no es homogéneas ni buscan serlas, tienen un ámbito plural. Sin embargo, hay personas que piensan que son diferentes al gobierno y son diferentes entre sí. Las organizaciones de la sociedad civil promueven la deliberación, mejoran la democracia y la sociedad no con una única ideología.
Buscan promover la legalidad y en pro de criticarlas. El ámbito de la protesta y de la deliberación, manifestar pero no puedes atentar contra alguien. Debe ser bajo canales pacíficos y debe de dar crítica a algo.
No se debe de dar nada autoritario. En los extremos autoritarios no hay sociedad civil, se politiza todo; y si hay gente se piensa que pueden atentar contra el Estado. El autoritarismo restringe las libertades políticas pero no libertades civiles.
Los perjuicios que se tienen sobre la sociedad civil:
1° Son solo las ONGs
2° Todas piensan iguales.
3° Solo critican y no proponen nada.
Las organizaciones de la sociedad civil deben indignarse si es que hay alguna injusticia pero también deben de poder proponer posibles soluciones para que el gobierno las tome cuenta y puedan aplicarse.
La representación y participación son dimensiones necesarias para una democracia.
La sociedad civil ofrece espacios de para la práctica política ciudadana.
Esto quiere decir que el ciudadano puede optar por participar en el debate político sin que nadie pretenda hablar por él.
La existencia de las organizaciones de la sociedad civil genera espacios a los ciudadanos para la crítica, y su espíritu vigilante constituye un elemento necesario para mantener el aparato estatal y a las organizaciones partidarias en el cauce democrático.
El futuro de la democracia está en manos de sus ciudadanos y no exclusivamente sobre los hombros de la autodenominada “clase dirigente”.
§ 2. Peruzzotti y Smulovitz: sociedad civil y “rendición de cuentas”.
Rendición de cuentas social (accountability social).
La rendición de cuentas busca reducir y regular la brecha entre representantes y representados.
Deben informar y justificar sus decisiones (cuando ello se evidencia como necesario).
Rendición de cuentas legal.
Frenos y contrapesos, leyes, procedimientos, división de poderes.
Accountability legal: “garantizar que las acciones de los funcionarios públicos estén enmarcadas legal y constitucionalmente” (PERUZZOTTI 2001: 26).
Para que los mecanismos de accountability legal funcionen con eficacia es necesaria la existencia de un sistema legal con capacidad para imponer la ley.
Rendición de cuentas política.
Elecciones.
Accountability político: “la capacidad del electorado para hacer que las políticas gubernamentales respondan o se adecuen a sus preferencias” (PERUZZOTTI 2001: 27).
Se resalta también que un gobierno es políticamente responsable si los ciudadanos cuentan con los medios para castigar administraciones irresponsables (Por ejemplo en las elecciones al no volver a elegir a un determinado candidato).
Rendición de cuentas social.
Sociedad civil activa (asociaciones civiles, ONGs, movimientos sociales) y medios de comunicación autónomos.
Se busca monitorear el comportamiento de los funcionarios públicos.
Puede canalizarse por vías institucionales.
Acciones legales, reclamos ante organismos de supervisión.
Buscar que se haga efectiva la rendición de cuentas legal.
Hacen “sonar la alarma”
Exponen y denuncian actos presumiblemente ilegales.
Pueden incluir temas en la agenda política.
Debe tener una voz “fuerte” e “intensa”.
Riesgo: una minoría intensa puede terminar con “sobrerepresentación”.
Se pueden terminar generando organizaciones paralelas de vigilancia.
[Resumen – Cuadro de la página 41]
La rendición de cuentas social en América Latina.
Jurídica.
Activar el poder judicial y otras instancias de control.
Da legitimidad a las peticiones y obliga al Estado a intervenir en ellas.
“Judicialización” de la política.
Aumento de los reclamos legales en los tribunales judiciales.
Red de ONGs que buscan aumentar la protección de derechos civiles, humanos, sociales, culturales, económicos.
Intentan controlar el accionar gubernamental.
Movilización social.
Buscan centrar la atención en un reclamo particular derivado del accionar indebido de agencias u oficiales públicos.
Su éxito radica en que pueda generar costos de reputación.
Mediática.
Visibilidad.
También puede surgir por periodismo de investigación.
Crean agenda pública, influyen en los funcionarios públicos, aceleran decisiones, “condenan”.
La radio y la televisión también generan espacios para pequeños reclamos de los ciudadanos.
Generan la sensación de que uno es culpable hasta que se demuestre lo contrario.
Todo esto también depende de los intereses y necesidades económicas de los medios.
Lo más efectivo es realizar las tres estrategias de manera conjunta.
Entonces:
La rendición de cuentas social en América Latina se fundamenta en tres estrategias:
1) Jurídica.- esta estrategia presupone la activación del Poder Judicial y de otras agencias de control a partir de la iniciación de reclamos por parte de los ciudadanos.
2) Movilizacional.- Este tipo de control se logra cuando los actores sociales organizados logran captar la atención pública en un problema que surgió como resultado del accionar indebido de las agencias u oficiales públicos.
3) Mediática.- esta estrategia es muy importante por la cobertura que abarca y por los costos reputacionales que podría generar a los políticos.
Finalmente, el reconocimiento del nuevo papel de los medios como mecanismo de accountability es fundamental pues así la rendición de cuentas social tiene más oportunidades de ser eficaz al interactuar con esas tres estrategias.
Lo siguiente es el audio y la guía de la sexta sesión de prácticas del curso de Teoría del Estado del cual soy asistente este semestre. La octava sesión tuvo por eje la discusión del texto Camino de servidumbre de Friedrich A. Von Hayek. La idea de compartir estos recursos es triple: (1) poder hacer que estos recursos sirvan a un público más amplio; (2) que los propios alumnos del curso tengan estos recursos con mayor disponibilidad; y (3) el que una mayor exposición de estos recursos posibilite una discusión crítica constructiva que lleve a mejorar la propia clase y mis propias lecturas, con el fin de brindar un mejor curso cada semestre. No está demás decir que cada uno de estos textos y autores daría para muchas horas (o meses) de discusión teórica. Sin embargo, las sesiones asignadas son de dos horas semanales. Al mismo tiempo, el curso está pensado para alumnos de quinto semestre, alumnos que recién están empezando sus estudios de especialidad de ciencia política. De ahí que los temas tiendan a tratarse con un tono más introductorio y general.
***
[Introducción]
Es un libro político que deriva del compromiso con “valores últimos”, escrito entre 1940 y 1943 (dirigido a los ingleses).
Es “liberal” y no “conservador” (me parece que más cercano a lo que hoy llamamos “libertario”).
“El conservadurismo, por más que sea un elemento necesario en cualquier sociedad estable, no es un programa social; en sus tendencias paternalistas, nacionalistas y adoradoras del poder, a menudo se asemeja más al socialismo que al verdadero liberalismo; y, con sus propensiones tradicionalistas, anti-intelectualistas y con frecuencia místicas, jamás puede conseguir —si se exceptúan breves periodos de decepción— despertar el interés de los jóvenes y de todos cuantos piensan que, para que este mundo se convierta en un lugar mejor, son deseables algunos cambios. Un movimiento conservador se ve obligado, por su propia naturaleza, a defender los privilegios constituidos y a presionar sobre el poder del gobierno para la protección de tales privilegios. La esencia de la postura liberal, en cambio, consiste en el rechazo de todo privilegio, si el privilegio se entiende en su propio y original significado, es decir, como concesión y protección por parte del Estado de derechos no accesibles a todos en los mismos términos” (pág. 74).
Se trata de una crítica al socialismo (que luego se llamará “realmente existente”), al colectivismo, a la planificación (de la economía, de la sociedad, etc.).
“Acaso debería recordar también al lector que jamás he acusado a los partidos socialistas de tender deliberadamente a un régimen totalitario, ni he sospechado que los líderes de los viejos movimientos socialistas pudieran mostrar siempre tales inclinaciones. Lo que sostengo en este libro, y que la experiencia inglesa me ha impulsado aún más a considerar verdadero, es que las consecuencias imprevistas pero inevitables de la planificación socialista crean un estado de cosas en que, si se quiere llevar a cabo esa política, las fuerzas totalitarias acabarán imponiéndose” (pág. 79).
Socialismo aquí significa sobre todo nacionalización de los medios de producción y planificación centralizada.
“(…) socialismo significa abolición de la empresa privada y de la propiedad privada de los medios de producción y creación de un sistema de «economía planificada», en el cual el empresario que actúa en busca de un beneficio es reemplazado por un organismo central de planificación” (pág. 121)
Y el punto es que la planificación va de la mano con el aumento del totalitarismo.
El nacionalsocialismo ha ido (también) en contra de lo que desde el renacimiento viene constituyendo occidente: una civilización individualista.
“Individualismo” no tiene por qué significar una “mala palabra”, de acuerdo a Hayek.
Para él, lo esencial de éste consiste en lo siguiente:
“(…) el respeto por el hombre individual qua hombre, es decir, el reconocimiento de sus propias opiniones y gustos como supremos en su propia esfera, por mucho que se estreche ésta, y la creencia en que es deseable que los hombres puedan desarrollar sus propias dotes e inclinaciones individuales” (pág. 102).
Se trata de una esfera de libertad individual para que los individuos tengan las creencias y opiniones que elijan, además del desarrollo de sus talentos o intereses.
Hayek piensa por ello que ser liberal no implica no querer cambiar las cosas:
“El principio fundamental, según el cual en la ordenación de nuestros asuntos debemos hacer todo el uso posible de las fuerzas espontáneas de la sociedad y recurrir lo menos que se pueda a la coerción, permite una infinita variedad de aplicaciones. En particular, hay una diferencia completa entre crear deliberadamente un sistema dentro del cual la competencia opere de la manera más beneficiosa posible y aceptar pasivamente las instituciones tal como son. Probablemente, nada ha hecho tanto daño a la causa liberal como la rígida insistencia de algunos liberales en ciertas toscas reglas rutinarias, sobre todo en el principio del laissez-faire” (pág. 105).
La reforma y la crítica a la sociedad son no solamente posibles, sino necesarias. la meta es crear un mejor sistema de instituciones que puedan hacer una mejor competencia.
La libertad política es la libertad frente a la coerción y frente a la arbitrariedad de otros hombres.
La libertad económica que la tradición socialista reivindica es la libertad frente a la indigencia. Se trata de una distribución más igualitaria de la riqueza.
Hay una mayor cercanía entre el comunismo y el fascismo/ nacionalsocialismo de lo que se piensa (otros análisis los han agrupado bajo el rótulo “totalitarismo”, como Arendt).
Ambos se opondrían a la civilización liberal occidental.
El socialismo tiene por fines mayor justicia social, mayor seguridad y mayor igualdad. Mucho de la discusión tiene que ver con los medios para alcanzar estos fines.
El “socialismo” para Hayek es una especie del género “colectivismo”.
Liberalismo no es dejar las cosas “tal y como están”:
“La argumentación liberal defiende el mejor uso posible de las fuerzas de la competencia como medio para coordinar los esfuerzos humanos, pero no es una argumentación en favor de dejar las cosas tal como están. Se basa en la convicción de que allí donde pueda crearse una competencia efectiva, ésta es la mejor guía paraconducir los esfuerzos individuales. No niega, antes bien, afirma que, si la competencia ha de actuar con ventaja, requiere una estructura legal cuidadosamente pensada, y que ni las reglas jurídicas del pasado ni las actuales están libres de graves defectos. Tampoco niega que donde es imposible crear las condiciones necesarias para hacer eficaz la competencia tenemos que acudir a otros métodos en la guía de la actividad económica. El liberalismo económico se opone, pues, a que la competencia sea suplantada por métodos inferiores para coordinar los esfuerzos individuales. Y considera superior la competencia, no sólo porque en la mayor parte de las circunstanciases el método más eficiente conocido, sino, más aún, porque es el único método que permite a nuestras actividades ajustarse a las de cada uno delos demás sin intervención coercitiva o arbitraria de la autoridad. En realidad, uno de los principales argumentos en favor de la competencia estriba en que ésta evita la necesidad de un «control social explícito» y da a los individuo suna oportunidad para decidir si las perspectivas de una ocupación particular son suficientes para compensar las desventajas y los riesgos que lleva consigo”(pág. 125).
Libertad para comprar y vender a cualquier precio. Libertad para producir, vender o comprar cualquier cosa que pueda producirse, venderse o comprarse. La ley no debe tolerar que se restrinja el acceso de individuos o grupos a las diferentes actividades.
Pero para Hayek no hay incompatibilidad entre la competencia y los servicios sociales o determinados costos o restricciones. El problema es dónde se establece el límite (y eso es algo que señaló Keynes al conocer este texto, afirmando que compartía las convicciones que se defendían).
Pero lo más importante es que existan instituciones y leyes que garanticen y protejan la competencia para que esta opere de la manera más beneficiosa posible (buscando prevenir sobre todo el fraude y el abuso).
“Pero el hecho de tener que recurrir a la regulación directa por la autoridad cuando no pueden crearse las condiciones para la operación adecuada de la competencia, no prueba que deba suprimirse la competencia allí donde puede funcionar” (pág. 127).
La planificación es un movimiento contra la competencia.
“Lo que en realidad une a los socialistas de la izquierda y la derecha es esta común hostilidad a la competencia y su común deseo de reemplazarla por una economía dirigida” (pág. 129).
“Aunque la competencia puede soportar cierta mezcla de intervención, no puede combinarse con la planificación en cualquier grado que deseemos si ha de seguir operando como una guía eficaz dela actividad productiva” (pág. 130).
Hayek no critica que no se deba planificar. Lo que critica es una planificación que vaya encaminada a sustituir a la competencia.
“Lejos de ser propia para condiciones relativamente sencillas tan sólo, es la gran complejidad de la división del trabajo en las condiciones modernas lo que hace de la competencia el único método que permite efectuar adecuadamente aquella coordinación” (pág. 138).
Tesis fuerte: La competencia es el mejor método en sociedades modernas que son complejas.
El especialista quiere la planificación por los valores e ideales que tiene. Cree que se puede alcanzar más rápido de lo que se haría en competencia.
El colectivismo busca organizar la sociedad en función de un objetivo o finalidad unitaria (ejemplo: “bien común”, “interés general”, etc.).
Individualismo: no es que el hombre sea interesado o egoísta (o que deba serlo).
“Se limita a partir del hecho indiscutible de que la limitación de nuestras facultades imaginativas sólo permite incluir en nuestra escala de valores un sector de las necesidades de la sociedad entera, y que, hablando estrictamente, como sólo en las mentes individuales
pueden existir escalas de valores, no hay sino escalas parciales, escalas que son, inevitablemente, diferentes y a menudo contradictorias entre sí. De esto, el individualista concluye que debe dejarse a cada individuo, dentro de límites definidos, seguir sus propios valores y preferencias antes que los de otro cualquiera, que el sistema de fines del individuo debe ser supremo dentro de estas esferas y no estar sujeto al dictado de los demás. El reconocimiento del individuo como juez supremo de sus fines, la creencia en que, en lo posible, sus propios fines deben gobernar sus acciones, es lo que constituye la esencia de la posición individualista” (pág. 148).
Podrían existir fines sociales, pero entendidos como fines individuales comunes.
La democracia liberal es incompatible con la planificación, ya que esta última supone que debe darse (idealmente) un acuerdo en todo (unanimidad), lo cual es imposible.
Capitalismo: sistema de competencia basado sobre la libre disposición de la propiedad privada. Para Hayek es el único sistema en el que es posible la democracia.
La democracia es un medio para salvaguardar la paz interna y la libertad individual.
Estado de derecho.
“Despojada de todo su tecnicismo, significa que el Estado está sometido en todas sus acciones a normas fijas y conocidas de antemano; normas que permiten a cada uno prever con suficiente certidumbre cómo usará la autoridad en cada circunstancia sus poderes coercitivos, y disponer los propios asuntos individuales sobre la base de este conocimiento” (pág. 161).
La planificación del Estado hace, por el contrario, más difícil la planificación de los individuos.
“La cuestión de si el Estado debe o no debe «actuar» o «interferir» plantea una alternativa completamente falsa, y la expresión laissez-faire describe de manera muy ambigua y equívoca los principios sobre los que se basa una política liberal. Por lo demás, no hay Estado que no tenga que actuar, y toda acción del Estado interfiere con una cosa o con otra. Pero ésta no es la cuestión. Lo importante es si el individuo puede prever la acción del Estado y utilizar este conocimiento como un dato al establecer sus propios planes, lo que supone que el Estado no puede controlar el uso que se hace de sus instrumentos y que el individuo sabe con exactitud hasta dónde estará protegido contra la interferencia de los demás, o si el Estado está en situación de frustrar los esfuerzos individuales” (pág. 169).
“Si la ley dice que una cierta comisión u organismo puede hacer lo que guste, todo lo que aquella comisión u organismo haga es legal: pero no hay duda que sus actos no están sujetos a la supremacía de la ley. Dando al Estado poderes ilimitados, la norma más arbitraria puede legalizarse, y de esta manera una democracia puede establecer el más completo despotismo imaginable” (pág. 171).
“El control económico no es sólo intervención de un sector de la vida humana que puede separarse del resto; es el control de los medios que sirven a todos nuestros fines, y quien tenga la intervención total de los medios determinará también a qué fines se destinarán, qué valores serán calificados como más altos y cuáles como más bajos: en resumen, qué deberán amar y procurarse los hombres. La planificación central significa que el problema económico ha de ser resuelto por la comunidad y no por el individuo; pero esto implica que tiene que ser también la comunidad, o, mejor dicho, sus representantes, quienes decidan acerca de la importancia relativa de las diferentes necesidades. El control económico no es sólo intervención de un sector de la vida humana que puede separarse del resto; es el control de los medios que sirven a todos nuestros fines, y quien tenga la intervención total de los medios determinará también a qué fines se destinarán, qué valores serán calificados como más altos y cuáles como más bajos: en resumen, qué deberán amar y procurarse los hombres. La planificación central significa que el problema económico ha de ser resuelto por la comunidad y no por el individuo; pero esto implica que tiene que ser también la comunidad, o, mejor dicho, sus representantes, quienes decidan acerca de la importancia relativa de las diferentes necesidades” (pág. 181).
La planificación termina dirigiendo casi todo en la vida de las personas.
“Se dice a menudo que la libertad política carece de significado sin libertad económica. Esto es muy verdad, pero en un sentido casi opuesto al quedan a la frase nuestros planificadores. La libertad económica que es el requisito previo de cualquier otra libertad no puede ser la libertad frente a toda preocupación económica, como nos prometen los socialistas, que sólo podría obtenerse relevando al individuo de la necesidad y, a la vez, de la facultad de elegir; tiene que ser la libertad de nuestra actividad económica, que, con el derecho a elegir, acarrea, inevitablemente, el riesgo y la responsabilidad de este derecho” (pág. 189).
Se puede dar una seguridad limitada que tiene que ver con un salario mínimo.
“Una consideración imprudente de estas cuestiones puede causar serios y hasta peligrosos problemas políticos; pero es indudable que un mínimo de alimento, albergue y vestido, suficiente para preservar la salud y la capacidad de trabajo, puede asegurarse a todos” (pág. 210).
Los “peores” y el totalitarismo:
“En primer lugar, es probablemente cierto que, en general, cuanto más se eleva la educación y la inteligencia de los individuos, más se diferencian sus opiniones y sus gustos y menos probable es que lleguen a un acuerdo sobre una particular jerarquía de valores. Corolario de esto es que si deseamos un alto grado de uniformidad y semejanza de puntos de vista, tenemos que descender a las regiones de principios morales e intelectuales más bajos, donde prevalecen los más primitivos y «comunes» instintos y gustos. Esto no significa que la mayoría de la gente tenga un bajo nivel moral; significa simplemente que el grupo más amplio cuyos valores son muy semejantes es el que forman las gentes de nivel bajo” (pág. 227).
“Entra aquí el segundo principio negativo de selección: será capaz de obtener el apoyo de todos los dóciles y crédulos, que no tienen firmes convicciones propias, sino que están dispuestos a aceptar un sistema de valores confeccionado si se machaca en sus orejas con suficiente fuerza y frecuencia. Serán los de ideas vagas e imperfectamente formadas, los fácilmente modelables, los de pasiones y emociones prontas a levantarse, quienes engrosarán las filas del partido totalitario” (pág. 228).
“Parece casi una ley de la naturaleza humana que le es más fácil a la gente ponerse de acuerdo sobre un programa negativo, sobre el odio a un enemigo, sobre la envidia a los que viven mejor, que sobre una tarea positiva” (pág. 228).
“Dividir o descentralizar el poder significa necesariamente reducir la cuantía absoluta del poder, y el sistema de la competencia es el único sistema dirigido a hacer mínimo, por descentralización, el poder que los hombres ejercen sobre los hombres” (pág. 234)
“El propagandista diestro tiene entonces poder para moldear sus mentes en cualquier dirección que elija, y ni las personas más inteligentes e independientes pueden escapar por entero a aquella influencia si quedan por mucho tiempo aisladas de todas las demás fuentes informativas” (pág. 242).
“Es bastante cierto, seguramente, que la gran mayoría apenas es capaz de pensar con independencia, que en la mayor parte de las cuestiones acepta criterios que encuentra ya fabricados y que se manifestará igualmente contenta si, por nacimiento o por seducción, se halla inserta en un conjunto de creencias u otro. En cualquier sociedad, la libertad de pensamiento sólo tendrá, probablemente, significación directa para una pequeña minoría. Pero esto no supone que alguien esté calificado o deba tener poder para elegir a quienes se les reserva esta libertad. Ello no justifica ciertamente a ningún grupo de personas para pretender el derecho de determinar lo que la gente debe pensar o creer. Procede de una completa confusión de ideas el hecho de sugerirse que, como bajo cualquier tipo de sistema la mayoría de la gente sigue la dirección de alguien, es igual que todos sigan la misma dirección. Impugnar el valor de la libertad intelectual porque nunca significará para todos la misma posibilidad de pensamiento independiente, supone confundir por completo las razones que dan su valor a la libertad intelectual. Lo esencial para que cumpla su función como principio motor del progreso intelectual no es que todos puedan ser capaces de pensar o escribir cualquier cosa, sino que cualquier causa o idea pueda ser defendida por alguien. En tanto no se prohíba la disensión, siempre habrá alguien que tendrá por discutibles las ideas que gobiernen a sus contemporáneos y someterá nuevas ideas a la prueba de la discusión y la propaganda” (pág. 252).
“Si hemos fracasado en el primer intento de crear un mundo de hombres libres, tenemos que intentarlo de nuevo. El principio rector que afirma no existir otra política realmente progresiva que la fundada en la libertad del individuo sigue siendo hoy tan verdadero como lo fue en el siglo XIX” (Pág. 330)
Lo siguiente es el audio y la guía de la séptima sesión de prácticas del curso de Teoría política moderna del cual soy asistente este semestre. La idea de compartir estos recursos es triple: (1) poder hacer que estos recursos sirvan a un público más amplio; (2) que los propios alumnos del curso tengan estos recursos con mayor disponibilidad; y (3) el que una mayor exposición de estos recursos posibilite una discusión crítica constructiva que lleve a mejorar la propia clase y mis propias lecturas, con el fin de brindar un mejor curso cada semestre. No está demás decir que cada uno de estos textos y autores daría para muchas horas (o meses) de discusión teórica. Sin embargo, las sesiones asignadas son de dos horas semanales. Al mismo tiempo, el curso está pensado para alumnos de sexto semestre, alumnos que recién están empezando sus estudios de especialidad de ciencia política. De ahí que los temas tiendan a tratarse con un tono más introductorio y general.
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§ 1. Introducción.
Los federalistas están en contra de los regímenes despóticos (cfr., Montesquieu). Pues consideran que estos suprimen la libertad.
Ellos creen que suprimir la libertad no es la solución, pues es la esencia del ser humano.
Ahora bien, desde la tradición republicana (cfr., Rousseau) las facciones corrompen a la república.
Son intereses propios promovidos por grupos organizados. Sin embargo el faccionalismo siempre va a existir, pues los seres humanos siempre van a ser diferentes. Por ello, es necesario crear un balance entre las diferencias (se trata de buscar remediar los efectos, ya que se considera imposible abolir las causas).
Y no consideran la democracia participativa como una solución. Solamente se puede aplicar en sociedades muy pequeñas. (El único caso exitoso es Atenas y no duró mucho).
Los federalistas presentan como remedio a este problema el gobierno representativo.
Aquí se delega la facultad de gobierno a ciudadanos elegidos por el resto de ciudadanos.
Ahora todos tienen derechos políticos, pero hay un filtro para la posibilidad de competir en política.
§ 2. ¿El Federalista?
Convención de 1787
Hamilton buscó la manera de que se aprobara la Constitución.
Planeó ensayos cortos, publicados en la prensa de Nueva York, para defender las virtudes de la constitución.
Se buscaba convencer a los delegados.
Se publicaron los ensayos en forma de libro y se distribuyó entre la gente culta.
Es un texto coyuntural que buscar ir más allá.
Defiende un asunto concreto, pero busca dar validez duradera a lo que se sostiene ahí.
Hamilton escribió 51 ensayos, Madison escribió 29 y Jay, 5.
Pseudónimo: Publius (en honor a un cónsul romano republicano).
El Federalista busca “brindar un relato congruente, exhaustivo y verdadero dela Constitución y del régimen que, se pensaba, engendraría ésta” (Diamond, 620).
Se defiende la Unión que daría prosperidad política (gobierno republicano).
La Confederación es débil.
Unión y republicanismo son los puntos esenciales de El Federalista.
Los norteamericanos ya vivían con gobiernos republicanos y confederados.
El Federalista critica a la confederación, pues piensa que el principio en el que basan sus gobiernos republicanos y su unión confederada es viejo y falso.
§ 4. El Federalista I – Hamilton.
Uno de los obstáculos más formidables a una nueva constitución: resistencia de ciertos hombres a disminuir el poder.
Los juicios falsos pueden darse en hombres sensatos y buenos.
Además la verdad misma puede defenderse por ambición, avaricia, etc.
Los partidos políticos mismos están marcados por una intolerancia.
En política y religión el proselitismo por la fuerza no funciona.
Todo puede torcerse:
Energía y eficacia en el gobierno – poder despótico.
Proteger los derechos del pueblo – popularidad a expensas del bien público.
Ha sido más recurrente esta degeneración: de la demagogia a la tiranía.
Objetivo: Defensa del Estado de la unión.
§ 5. El Federalista II – Jay.
América es un país unido, fértil y vasto.
La providencia le ha dado variedad de tierras y productos.
Es el patrimonio de los hijos occidentales de la libertad.
Es un pueblo unido, que desciende de los mismos antepasados, habla el mismo idioma, profesa la misma religión, mismos modales y costumbres.
Lucharon juntos por la independencia y la libertad.
Es un pueblo partidario de la unión y de la libertad.
Se formó el congreso de Filadelfia con hombres prudentes, experimentados y de distintos lugares.
Su interés era la libertad y la prosperidad pública.
§ 6. Críticas más comunes a la nueva constitución.
Los que criticaban la nueva constitución sostenían que de un gobierno central sería contrario a gobiernos libres y republicanos.
Además: el país era territorialmente enorme.
Recuerden que Montesquieu (Y Rousseau) pensaba los gobiernos más libres y republicanos solamente podían darse en territorios pequeños.
Riesgo de despotismo: Los países grandes son propensos a la guerra y a que sus ciudadanos se desinteresen de los asuntos públicos porque devienen muy complejos (Esto último era el miedo de Rousseau).
El gobierno representativo en un país grande distancia mucho a los representantes de sus representados y termina incentivando a que los primeros terminen velando, básicamente, por sus propios intereses privados y egoístas.
Lo único que se puede hacer es tener lo que se tiene: gobiernos republicanos y libres, confederados para cosas muy puntuales.
Lo otro es centralizar el gobierno, hacer una gran república (y ello sería anti-republicano).
§ 7. Defensa de la Constitución.
Que sea algo nuevo no es algo malo.
Los norteamericanos se han abierto un camino en la historia (revolución y confederación).
La nueva constitución busca realizar exitosa y plenamente lo que la confederación no ha podido.
Se trata de crear un gobierno sin modelo previo, de ahí que haya escepticismo.
Entonces, ¿Qué tipo de república?
Publio defiende la república democrática.
Los muchos y la mayoría.
Sufragio universal de los ciudadanos.
No se trata de una “democracia pura” (pocos ciudadanos que se autogobiernan).
La república se caracteriza, según Publio, por tener un esquema de representación.
Con El Federalista empieza a acuñarse la idea de que una república es una democracia representativa.
La república no se opone a una democracia.
Se trataría más bien de una “democracia impura”.
En ambos la soberanía residen en los ciudadanos (en “los muchos” y no en “los pocos”).
La democracia representativa es la manera de salvar el gobierno popular en el mundo moderno.
Benjamin Constant va a suscribir una tesis análoga cuando distinga entre la liberta de los antiguos y la libertad de los modernos.
Los antiguos tuvieron gobiernos populares a través de democracias puras.
Los europeos han tenido gobiernos, parcial o totalmente, representativos, pero no populares.
Son los norteamericanos los pueden innovar en esa combinación: gobierno representativo y popular.
La utilidad del principio representativo depende del tamaño del país.
A esto hay que añadir el progreso de la “ciencia política”, ciencia que ahora comprende la eficacia de muchas cosas:
Distribuir el poder en distintos departamentos.
Frenos y contrapesos legislativos.
Tribunales integrados por jueces que deben mantener buena conducta.
Representación del pueblo en la legislatura (sufragio).
“Ampliación de la órbita” de todos estos “sistemas”.
¿Qué problemas posibles tiene el gobierno popular representativo?
1. El pueblo puede perder el control de su gobierno, que los gobernantes subviertan el régimen.
Esto se evita haciendo que los representantes sean elegidos por los ciudadanos y que, por ende, dependan de éstos.
2. Las mayorías podrían gobernar opresivamente a través de representantes sumisos.
Esto se evita con la división de poderes.
Hay que proteger a la sociedad de los representantes.
Pero también hay que proteger a grupos de la sociedad de otros grupos.
Hay que evitar la “tiranía de la mayoría”.
Personal legislativo, ejecutivo y judicial.
Frenos y contrapesos (como la posibilidad de veto, apelación, etc).
La ambición y el poder se contrarrestan a sí mismas.
3. Las mayorías podrían gobernar de manera insensata a través de representantes sumisos (el gobierno pierde fuerza y estabilidad).
Publio pide que los electores elijan a los representantes con más sabiduría y virtud.
A todo esto hay que añadir otro punto esencial: ensanchar la “órbita republicana”.
Territorio extenso.
Distancia entre el pueblo y el gobierno.
Se necesita separación de poderes y principio de representación.
§ 8. El Federalista X – Madison.
Es el espíritu faccioso el que corrompe la república.
Facción: cierto número de ciudadanos que actúan por una pasión o interés común que es adverso a los derechos e intereses de los demás ciudadanos, de la comunidad en su conjunto.
Suprimir la libertad no puede ser una solución, ya que es algo esencial de la vida política como tal.
La razón humana, al ser falible, genera múltiples opiniones, intereses, etc.
El gobierno protege las facultades diferentes, que dan lugar a propiedades diferentes.
La más fuerte discordia es la desigualdad en las propiedades.
Ningún hombre es juez imparcial de sus intereses.
Las causas del faccionalismo no pueden desparecerse. Solución: proteger a la comunidad política de sus efectos.
Poner el bien público y los derechos privados a salvo de una facción.
O se impide que exista el interés o se impide la organización de quienes tienden dicho interés.
Una democracia pura (sociedad pequeña de ciudadanos que se reúnen y administran el gobierno) no puede erradicar el espíritu sectario.
Por eso han sido breves y luego conflictivas y violentas.
La igualdad de los teóricos no contempla la desigualdad de posesiones, pasiones y opiniones.
El gobierno representativo es el remedio.
Se delega la facultad de gobierno a un pequeño número de ciudadanos elegidos por el resto.
Representantes prudentes que pueden discernir mejor el interés del país.
Patriotas, amantes de la justicia.
Los representantes pueden llegar a comprender mejor el bien público que el pueblo mismo.
Pero puede darse lo opuesto: corruptos que se hagan del voto del pueblo y de ahí traicionen los intereses públicos. La solución se da con la segunda razón:
La república puede comprender un número más grande de ciudadanos y territorio.
Los representantes no son en número exactamente proporcionales. Pero se pueden elegir en repúblicas grandes de entre mayores candidatos y ello aumenta la probabilidad de mejores candidatos.
Cada representante será elegido por un número mayor de electores, con lo que será más difícil timar a la gente.
Pero si se amplía demasiado la base de electores, el representante perderá contacto local y no podrá representar los intereses.
Pero si su base se reduce demasiado se ata al representante a los intereses locales y se le incapacita para comprender los fines nacionales.
Mientras más grande es el territorio, hay más facciones y se hace más difícil que una gane mayoría.
“De lo anterior se deduce claramente que la misma ventaja que posee la república sobre la democracia, al tener a raya los efectos del espíritu de partido, la tiene una república grande en comparación a una pequeña y la poseela Uniónsobre los Estados que la componen. ¿Consiste esta ventaja en el hecho de que sustituye representantes cuyos virtuosos sentimientos e ilustrada inteligencia los hacen superar los prejuicios locales y los proyectos injustos? No puede negarse que la representación dela Unióntiene mayores probabilidades de poseer esas necesarias dotes. ¿Consiste acaso en la mayor seguridad que ofrece la diversidad de partidos, contra el advenimiento de que uno supere y oprima al resto? La creciente variedad de los partidos que integranla Unión, aumenta en igual grado esta seguridad. ¿Consiste, finalmente, en los mayores obstáculos que se oponen a que se pongan de acuerdo y se realicen los deseos secretos de una mayoría injusta e interesada? Aquí, una vez más, la extensión dela Uniónotorga a ésta su ventaja más palpable.
La influencia de los líderes facciosos puede prender una llama en su propio Estado, pero no logrará propagar una conflagración general de los restantes. Una secta religiosa puede degenerar en bando político en una parte dela Confederación; pero las distintas sectas dispersas por toda su superficie pondrán a las asambleas nacionales a salvo de semejante peligro. El entusiasmo por el papel moneda, la abolición de las deudas, por el reparto de la propiedad, o a favor de cualquier otro proyecto disparatado o pernicioso, invadirá menos fácilmente el cuerpo entero dela Uniónque un miembro determinado de ella; en la misma proporción que esa enfermedad puede contagiar a un solo condado o distrito, pero no a todo el Estado.
En la magnitud y en la organización adecuada dela Unión, por tanto, encontramos el remedio republicano para las enfermedades más comunes de ese régimen. Y mientras mayor placer y orgullo sintamos en ser republicanos, mayor debe ser nuestro celo por estimar el espíritu y apoyar la calidad de Federalistas” (pp. 40-41).
§ 9. El Federalista XXIII – Hamilton.
Los fines del gobierno federal:
Defensa común de sus miembros, conservación de la paz pública (por conflictos externos o internos).
Organizar ejércitos, equipar flotas, dictar sus reglas y operaciones. Estos poderes deben existir sin limitación alguna (cita página 94).
Fuerzas nacionales.
Reglamentación del comercio con otras naciones y entre los mismos Estados federales, la dirección de las relaciones políticas y comerciales con las naciones extranjeras.
§ 10. El Federalista 24 – Hamilton.
El poder de reclutar tropas se confiere a la legislatura, no al ejecutivo.
La legislatura es un organismo popular de representantes elegidos periódicamente.}
Mayores comunicaciones, mayores posibilidad de peligro y amenaza.
Aumentar las guarniciones fronterizas en tiempos de paz.
Un pueblo comercial requiere de una marina: astilleros, arsenales, fortificaciones, guarniciones. Cuando la marina deviene poderosa, las guarniciones devienen dispensables.
La discusión sobre la relevancia y pertinencia sobre el Psicoanálisis lacaniano para la política me parece que es fundamental. Por ello, me gustaría escribir algunas ideas a partir de los trabajos de Yanis Stavrakakis (Lacan y lo político, Buenos Aires: Prometeo Libros, 2007) en relación a dicho tema. Estas entradas no son, lamentablemente, una reflexión que tenga a Lacan como autor de primera mano. Pero la idea es que con estas aproximaciones luego ello sea posible. Es obvio que la obra lacaniana no resulta totalmente “unitaria” o “sistémica”. De ahí que se tomen algunos conceptos y argumentos, con el fin de hacer una apropiación que pueda contribuir a la teoría política y a las ciencias sociales.
Lo primero que puede resultar fundamental aquí es la concepción lacaniana de la subjetividad. Esto mismo ya es todo un problema, pero el elemento clave que destaca Stavrakakis es el hecho de que el sujeto lacaniano está esencialmente dividido. Esto implica que el sujeto lacaniano sea
(…) el locus de una imposible identidad, el lugar donde se produce una entera política de identificación (pág. 31).
La idea es pues, pensar la posibilidad de un sujeto (político) que no tenga una identidad, sino una división y una falta que implique una identificación. No se trataría aquí de pensar y promover, sin más, lo que hoy se llama “políticas de la identidad”. El primer aporte lacaniano aquí sería un llamado a pensar más bien en políticas de identificación. Es la tesis de una irreductible división en la subjetividad, lo que Lacan habría considerado como la verdad más decisiva que nos habría legado Freud (pág. 36).
Este sujeto no es un “individuo” o “sujeto consciente”, como muchas veces se asume en el sentido común y en análisis políticos tradicionales (como los que se habrían hecho en la obra de Rawls y en la tradición de la teoría de la elección racional, por poner algunos ejemplos). Lacan podría tener aportes para pensar la posibilidad de una teoría de la elección “irracional” o “no racional”, donde no primera la estrategia, la consistencia y la racionalidad instrumental. El “inconsciente”, la “pulsión de muerte”, el “doce”, entre otros conceptos lacanianos, así como la crítica al individualismo metodológico (sobre todo a través de la dimensión socio-simbólica del deseo humano) serían claves aquí para posibilitar una teoría de este tipo (pp. 38-39).
Esta subjetividad se constituye cuando los seres humanos, al nacer y crecer en un entorno social,empezamos a hablar. Aquí se da un ingreso en el campo de la representación lingüística, un ingreso en el orden simbólico. Todo este ámbito va a influenciar lo que podríamos llamar su “desarrollo psíquico”. El sujeto,para Lacan, es algo que emerge desde lo simbólico. Esto es importante y nos permite plantear algunas analogías similares, o comparaciones, con lo que suele llamarse el “giro lingüístico” en la filosofía contemporánea. Desde la hermenéutica y los aportes de Wittgenstein suele tenerse como lugar común (lugar común que puede ser obviamente cuestionado, también) la idea de que nuestra identidad y ser está íntimamente relacionado con el lenguaje: nuestro mundo y nuestra relación con él está atravesada por el lenguaje. Sin embargo, muchas veces esta apropiación suele ser asumida de una manera mucho más “armónica” (“mi lenguaje es mi mundo, mi identidad, quién soy y lo que hago”) de una manera un tanto burda. No digo que Heidegger o Wittgenstein tengan que hacer eso. Lo que sí pienso es que sus epígonos o la sedimentación que se genera de estas tesis en el sentido común filosófico continental, con el que he tenido algo de contacto, piensa esto de una manera que me parece es potencialmente más “armoniosa”. En el caso de Lacan, además de las múltiples diferencias que se puedan señalar, hay algo que destaca de manera frontal: no se trata de algo “armonioso”. Hablar implica más que tener una “forma de vida” o una “experiencia del ser”. Hablar implica ser un sujeto y eso implica estar dividido y ser el sujeto de una falta.
Con el lenguaje, los sujetos buscan obtener una identidad que sea, digamos, “estable” y “adecuada”. Este significado es buscado y se constituye como una promesa que se podría realizar desde el orden simbólico. Sin embargo, este vacío que busca ser llenado simbólicamente por el sujeto, con el fin de obtener “identidad” y “plenitud” resultará siempre un fracaso. No existe, pues, tal significado estable como posibilidad efectiva desde el orden simbólico.
La significación está articulada en torno a la ilusión de alcanzar el significado, pero esta misma ilusión es un resultado del juego del significante. El significado, como hemos señalado, es un efecto creado por el significante en el proceso de significación (pág. 52).
Y es que
(…) si hay un significado, éste sólo puede ser un significante al que atribuimos una función de significado transferencial. El significado es un “sujeto supuesto saber” lingüístico, o más bien, un “objeto supuesto saber” que un significante signifique para un sujeto (pág. 52).
El significado será, en última instancia, una ilusión. Esto se expresa en el hecho de que el orden simbólico, en tanto juego de significantes, nunca pueda eliminar la falta y experiencia fundamental de “pérdida” que el sujeto tiene. No hay un significante que pueda adecuarse a la “singularidad del sujeto”. Obviamente, todo esto debe ser explicado en detalle (y será discutido a la luz de escritos y seminarios del propio Lacan. Aquí solamente quiero sintetizar las tesis principales para luego ver potenciales aportes lacanianos. Tarea: abordar lo que podríamos llamar la “teoría lacaniana del lenguaje”). La idea es, entonces, que los seres humanos devienen sujetos al ingresar en el orden simbólico asumen la falta estructural que es constitutiva del propio lenguaje. Esta falta hace imposible cualquier identidad en sentido fuerte, sustantivo y estable. La identidad solamente sería posible como una identidad fracasada (pág. 55). Lo que genera esto para el sujeto son
(…) una serie de identificaciones fallidas o mejor aún un juego entre la identificación y su fracaso, un juego profundamente político (pág. 55).
La identificación del sujeto nunca podrá brindar esa identidad que el sujeto busca. Y esta sería una de las razones central que causarían el proceso mismo de identificación (un proceso que no podría tener fin… mientras los seres humanos tengan lenguaje y, por ende, sean sujetos).
A fin de ganar el mundo simbólico, tenemos que sacrificar la esencia de lo que buscamos en él, a fin de garantizar el significante tenemos que sacrificar el significado. La identificación simbólica es una identificación estructurada alrededor de esta falta constitutiva (pág. 60).
Lo que sacrificarían, entonces, los seres humanos al devenir sujetos es el acceso inmediato con la vida animal (pág. 61). Las necesidades devienen demandas, los instintos devienen pulsiones y deseos. Lo que se pierde es un acceso inmediato a “lo real” (en sentido lacaniano).
Ahora sólo podemos tratar de encontrar lo real a través de la simbolización. Ganamos acceso a la realidad, la que es principalmente un constructo simbólico, pero el significado del significante “realidad”, lo real en sí mismo, es sacrificado para siempre. Ninguna identificación nos posibilita restaurarlo o recapturarlo. Pero es justamente esta imposibilidad la que nos fuerza a identificarnos una y otra vez. Nunca obtenemos lo que se nos prometió, pero es por eso justamente que seguimos anhelándolo (pp. 61-62).
Todo esto implica una suerte de “alienación” por parte del sujeto. Y es que, si los sujetos no pueden con el lenguaje alcanzar una plenitud o una identidad estable que dé cuenta de ellos en su singularidad, lo que tendrán será un lenguaje que nunca será totalmente propio. La identificación simbólica (y social) siempre tendrá algo de alienación (habría que ver que relación podría haber con la idea de que el Dasein cotidianamente es “uno” y ello implica una identidad impropia).
Lo que concluye Stavrakakis, para ir haciendo el nexo con lo político es lo siguiente:
La constitución (finalmente imposible) de toda identidad puede intentarse solo a través de procesos de identificación con construcciones discursivas socialmente disponibles como ideologías, etc (pp. 63-64).
Lo siguiente es el audio y la guía de la sexta sesión de prácticas del curso de Teoría política moderna del cual soy asistente este semestre. La idea de compartir estos recursos es triple: (1) poder hacer que estos recursos sirvan a un público más amplio; (2) que los propios alumnos del curso tengan estos recursos con mayor disponibilidad; y (3) el que una mayor exposición de estos recursos posibilite una discusión crítica constructiva que lleve a mejorar la propia clase y mis propias lecturas, con el fin de brindar un mejor curso cada semestre. No está demás decir que cada uno de estos textos y autores daría para muchas horas (o meses) de discusión teórica. Sin embargo, las sesiones asignadas son de dos horas semanales. Al mismo tiempo, el curso está pensado para alumnos de sexto semestre, alumnos que recién están empezando sus estudios de especialidad de ciencia política. De ahí que los temas tiendan a tratarse con un tono más introductorio y general.
***
§ 1. Razón y sentimiento (crítica al liberalismo y al individualismo moderno)
“En un Estado verdaderamente libre los ciudadanos lo hacen todo con sus brazos y nada con el dinero; lejos de pagar para eximirse de sus deberes, pagarían por cumplirlos ellos mismos” (97).
“Contrapuso la inteligencia; el desarrollo del conocimiento y el progreso de la ciencia quela Ilustracióncreía constitutivos de la única esperanza de la civilización, los sentimientos amistosos y benévolos, la buena voluntad y la reverencia” (Sabine, pág. 440)
La base común de la sociabilidad es el sentimiento y no la razón.
Reacción innata al sufrimiento de los demás.
El egoísta calculador no es un ser humano “natural”: es el fruto de una sociedad pervertida.
Emociones y sentimientos comunes.
Familia, maternidad, labranza, reverencia religiosa, vida común.
Hay un rechazo al Derecho natural, a la utilidad y al egoísmo universal.
Se opone a Locke (y a Hobbes):
La comunidad no es una cooperación de egoístas.
La visión individualista de los liberales supone individuos “originarios” (calcular, felicidad, propiedad).
Lo que son lo sacan de la comunidad/ sociedad (influencia de Platón, la πόλις).
De ella obtienen sus facultades mentales y morales.
La categoría fundamental es ser ciudadano.
La sociedad tiene cosas comunes, vínculos.
Idioma, intereses, bienestar.
Incluso nuestras ideas egoístas e intereses privados surgen de las comunidades en las que vivimos.
La virtud moral se da con más pureza en la gente vulgar.
Preeminencia de la tradición y la costumbre por sobre el juicio privado.
Lealtad, patriotismo, bien común.
El ser humano nació para la libertad y vive encadenado en las sociedades existentes.
Prima el comercio, el dinero, la distinción entre ricos y pobres.
Se ha olvidado la virtud.
Las artes y las ciencias corrompen la mora.
Requieren de lujo y ocio.
Proceden del deseo de comodidad superflua y de la satisfacción de caprichos.
Genera mucha desigualdad (por los talentos para buscarlas) e injusticia (se requiere mucho dinero y trabajadores).
Rousseau reivindica la vida de la πόλις.
Dicha vida se funda en la virtud, no en la ciencia, las artes, la comodidad o la propia conservación.
Buena ciudadanía y “alma sencilla”.
Rousseau es republicano porque cree que los hombres por naturaleza son libres e iguales.
Ciudades-estado, pequeñas ciudades-república (sus miembros se conocen o pueden llegar a conocer).
Intereses comunes, confianza común.
Autogobierno de los ciudadanos. No hay gran diferencia entre los gobernantes y los gobernados.
Imperio de la ley.
Costumbres y un severo código moral.
Estricta vigilancia mutua entre los ciudadanos.
Virtud ciudadana.
Abandonar los deseos privados por el bien de todos.
“No es posible concebir la sociedad como el equilibrio de intereses conflictivos si se quiere que los hombres sean libres, y no títeres de grupos de interés en el poder. El requisito de una sociedad civil sana no es ilustración, sino una severa educación moral” (Bloom, pág. 531).
§ 2. Estado de naturaleza: el ser humano “natural”.
La política es artificial (moderno, al igual que Hobbes y Locke).
La vida política surge por la necesidad de conservación.
El hombre en estado de naturaleza no es como el Hobbes: la envidia, la avaricia, la desconfianza, la razón y el deseo insaciable de adquisición es fruto de vivir en la sociedad civil.
[Es como decir que la racionalidad calculadora y el egoísmo de los actores estratégicos no es algo “natural”. Ello sería resultado de vivir en sociedad]
¿Cómo hallar a ese ser humano “natural”?
Investigando los rezagos de ello en las sociedades primitivas y salvajes (una especie de “proto-antropología”).
Introspección.
El ser humano “natural”:
No tiene razón, no tiene habla, no tiene vida social.
Es un animal como los demás que “vagabundea” buscando alimento.
Simples necesidades, evita el dolor.
No concibe la muerte contra nosotros (ad “temor a la muerte violenta”).
Es ocioso y busca satisfacer sus necesidades naturales inmediatas (ad “hombre industrioso”).
Tiene dos pasiones fundamentales:
Deseo de conservación.
Piedad o comprensión del sufrimiento de otros seres de su especie.
No tiene virtudes, no las necesita.
Hace lo que hace porque le gusta.
Tiene una cierta “bondad”, no “hace daño”.
[Rousseau mantiene un poco la idea del “buen salvaje”. Los hombres naturales son “inocentes” como los niños]
Es un estado de igualdad e independencia.
No hay familia, ni esclavitud (no hay tales derechos).
El ser humano se diferencia de los animales porque tiene (1) una voluntad libre.
No está determinado por sus instintos.
Puede elegir, aceptar, rechazar (y es consciente de este “poder”).
Además, esta dotado de (2) perfectibilidad.
Puede mejorar siempre (y gradualmente) sus facultades y transmitir estas mejoras a toda la especie.
Se trata pues, de un “animal libre” que está marcado por una gran potencialidad y por muchas posibilidades.
“El hombre natural es, entonces, una bestia perezosa que se complace en la sensación de su propia existencia, que se preocupa de su conservación y se compadece de los sufrimientos de sus congéneres, que es libre y perfectible” (Bloom, pág. 534).
§ 3. El origen de la desigualdad.
Las catástrofes naturales (contingencia, accidentes, azar) lo llevan a establecer mayor contacto con los demás.
Desarrolla habla.
Establece vínculos familiares.
Se genera la posibilidad de “fricción” o “conflicto” entre los seres humanos.
No hay Estado, ley o derecho.
Cada uno es juez y parte.
La piedad se debilita y empieza a fortalecerse el “amor a sí mismo”.
De estos conflictos surge la propiedad privada.
Cultivar la tierra, trabajo.
Surge la previsión, aumentan los deseos.
Surge la desigualdad.
Diferentes capacidades y talentos la generan.
Esto se desarrolla hasta generar un conflicto entre los que tienen y los que no tienen.
El hombre se ha vuelto vanidoso, busca el dinero y el honor. Vive para los demás.
Surge el “amor propio” (vanidad).
Los ricos sugieren un contrato (la sociedad civil) para proteger su propiedad.
Paz, consentimiento, pacto, autoridad.
La desigualdad se hace legal.
La explotación de los pobres se mantiene a través de la fuerza pública.
El hombre era libre por naturaleza, pero se vuelve esclavo.
La ley se hace a favor de los ricos.
Se necesita una severa educación moral para transformar estas pasiones de la sociedad civil.
La sociedad no puede fundarse en el derecho natural.
Construir eso es el proyecto del El Contrato social de Rousseau.
La virtud como medio para obtener la libertad.
§ 3. El contrato.
La solución básica es el “contrato social”.
Todo pactante se da por entero a la comunidad con todos sus derechos y propiedades.
Cada individuo se da al conjunto.
De esta manera nadie se subordina a alguien en particular.
El individuo deviene un miembro de la comunidad política (“ciudadano”).
El conjunto de individuos con vínculos deviene una “comunidad política”, un “pueblo” (es el soberano).
“Encontrar una forma de asociación que defienda y proteja de toda la fuerza común la persona y los bienes de cada asociado, y por la cual, uniéndose cada uno a todos, no obedezca, sin embargo, más que a sí mismo y quede tan libre como antes” (22).
“Estas cláusulas, bien entendidas, se reducen todas a una sola: a saber, la enajenación total de cada asociado con todos sus derechos a toda la comunidad. Porque, en primer lugar, al darse cada uno todo entero, la condición es igual para todos, y siendo la condición igual para todos, nadie tiene interés en hacerla onerosa para los demás” (22).
Para generar un orden político de paz y libertad, se forma una asociación de hombres libres; esta asociación no es un agregado de personas sino una personalidad moral y colectiva; es decir, un contrato social, el cual implica que los intereses particulares son subordinados al bien general, existen vínculos sólidos de convivencia y se forma la comunidad, un “yo común” una especie de identidad común dada por una “voluntad general”.
De esta manera, el ser humano pierde su libertad individual pero gana la libertad civil, ya que se somete a leyes para ser un ciudadano miembro del pueblo, gracias a ello, el ser humano pasa de una desigualdad natural a una igualdad jurídica.
Es el ciudadano quien formula la ley, y por ende tiene que cumplirlas. Por ello es que el autogobierno se pone bajo la voluntad general de cada pueblo, quien no cumple este compromiso renuncia a su libertad.
Consecuencia: constitución de la comunidad, pueblo (vínculos sociales de pertenencia), yo común.
Cada hombre deviene miembro: ciudadano (de ahí la “ciudad”).
Se pierde la libertad natural, pero se gana la libertad civil y la libertad moral.
El pueblo deviene el único soberano.
El súbdito y los soberanos son los mismos, pero bajo diferentes aspectos.
Todos se ponen bajo la dirección de la voluntad general.
§ 4. La voluntad general y el gobierno.
El ciudadano acepta someterse al Estado y a la ley.
Lo que desea el Estado, la comunidad, es lo que se debe desear.
Es la voluntad general.
Ella hace leyes generales que aplican a todos los ciudadanos.
Desea lo que todos podrían desear.
Puede obligar a los demás a ser libres.
Que no sucumban a sus pasiones o intereses egoístas.
La “voluntad general” se caracteriza por buscar el bien común y formar el vínculo social, busca la utilidad pública y no tiene a equivocarse ya que instituye la ley general que todos deben cumplir.
Dado de que la voluntad general surge de la reunión de ciudadanos con interés particulares y comunes, busca llegar a lo común anulando los interese particulares mediante las conversaciones entre ciudadanos en asambleas públicas participativas.
Con ello se promueve la igualdad y libertad política no muy desligada de la libertad económica. Así,la Repúblicadebe tener una identidad con un bien común.
Para Rousseau no tiene sentido una comunidad con diferencias, de lo contrario, no existe una voluntad general acordada en las asambleas públicas donde se tiende a minimizar intereses privados de ciudadanos, no de representantes.
“Al fin, pues, de que el pacto social no sea un vano formulario, implica tácitamente el compromiso, el único que puede dar fuerza a los demás, de que quien rehúse obedecer a la voluntad general será obligado a ello por todo el cuerpo; lo cual no significa sino que se le forzará a ser libre (…)” (26).
Libertad humana: obedecer a las leyes que uno se prescribe.
Compromiso: obedecer a la voluntad general.
Busca el bien común.
Forma el vínculo social.
Es recta.
Tiende a la utilidad pública.
Instituye la ley, que es general.
¿De dónde surge?
De la voluntad común de los ciudadanos.
Lo que subyace a la diversidad de intereses particulares.
Surge de la opinión pública individual de cada ciudadano (no partidos, no agrupaciones).
La ley se instituye en una asamblea pública.
[Para Rousseau la voluntad general surge de la asamblea de los ciudadanos. Esa es la verdadera voz del pueblo. Esa es la verdadera opinión pública. Rousseau pensaría que el Instituto de Opinión Pública de la PUCP debería llamarse Instituto de Opinión Privada porque lo que se hace es preguntarle a cada uno qué piensa (voluntad particular) y lo que hace al final es un recuento estadístico. Para Rousseau eso no es público. La verdadera opinión pública sería juntarlos a todos a discutir los temas y a llegar a conclusiones comunes… esa sería la opinión pública]
El cuerpo ciudadano en general es el que hace leyes (sanciones y castigos).
Su soberanía es inalienable.
El gobierno representativo es una mala forma de gobierno.
Se delega el poder legislativo a voluntades personales.
Si el Estado es grande, debería haber representación en circunscripciones lo más pequeñas posibles y con mandato imperativo, consulta constante y posibilidad de revocatoria.
El contrato social genera un pueblo, una comunidad.
La libertad “natural” (animal) es reemplazada por la libertad civil (humana y moral).
Es infalible.
La voluntad general lo obliga a uno a ser libre.
“En otros términos, la coacción no es realmente coacción porque cuando un hombre quiere individualmente algo distinto de lo que el orden social le da, no quiere sino su capricho y no sabe en realidad cuál es su propio bien ni cuáles son sus propios deseos” (Sabine, pág. 450).
¿Obligar a un hombre a ser libre es hacerle obedecer ciegamente a la masa o al “partido”?
El deber es lo fundamental.
Lo privado se subordina a lo público (importancia de la tradición republicana).
“Tan pronto como el servicio público deja de ser el principal asunto de los ciudadanos, y tan pronto como prefieren servir con su bolsa antes que con su persona, el Estado está ya cerca de su ruina. ¿Hay que ir al combate? Pagan a tropas y se quedan en sus casas. ¿Hay que ir al consejo? Nombran diputados y se quedan en sus casas. A fuerza de pereza y de dinero, tienen en última instancia soldados para sojuzgar a la patria y representantes para venderla” (97).
“Cuanto mejor constituido está el Estado, más se imponen los asuntos públicos sobre los privados en el espíritu de los ciudadanos. Hay, incluso, mucho menos asuntos privados, porque al proporcionar la suma del bienestar común una porción más considerable al de cada individuo, le queda menos que buscar en los afanes particulares. En una ciudad bien guiada, todos vuelan a las asambleas; bajo un mal gobierno, a nadie le gusta dar un paso para dirigirse a ellas; porque nadie toma interés en lo que allí se hace, y porque finalmente las atenciones domésticas lo absorben todo. Las buenas leyes obligan a hacer otras mejores, las malas traen otras peores. Tan pronto como alguien dice de los asuntos del Estado: ¿a mí qué me importa?, hay que contar con que el Estado está perdido” (98).
El pueblo es soberano.
El gobierno es un órgano delegado.
Hay mayor participación (“democracia directa”, “asamblea comunal”).
Se critica al gobierno representativo.
“La soberanía no puede ser representada, por la misma razón que no puede ser enajenada; consiste esencialmente en la voluntad general, y la voluntad no se representa; o es ella misma, o es otra; no hay término medio. Los diputados del pueblo no son, por tanto, ni pueden ser sus representantes, no son más que sus delegados; no pueden concluir nada definitivamente. Toda ley que el pueblo en persona no haya ratificado es nula; no es una ley. El pueblo inglés se piensa libre; se equivoca mucho; sólo lo es durante la elección de los miembros del Parlamento; en cuanto han sido elegidos, es esclavo, no es nada. En los breves momentos de su libertad, el uso que hace de ella bien merece que la pierda” (98).
“No siendo la ley otra cosa que la declaración de la voluntad general, es evidente que en el poder legislativo el pueblo no puede ser representado; pero puede y debe serlo en el poder ejecutivo, que no es más que la fuerza aplicada a la ley” (99).
“Sea como fuere, en el instante en que un pueblo se da representantes, ya no es libre; ya no es” (100).
Rousseau nos muestra una imagen antiliberal, en defensa dela República, de lo público sobre lo privado y de la asamblea como el resultado de la voluntad general del pueblo.
No deben haber partidos, grupos de interés o faccionalismos. Se debe promover la voluntad general y no voluntades o intereses meramente particulares.
Tampoco debe existir una desigualdad social o económica relevante para que pueda existir de facto (y no solamente de jure) la libertad política o civil.
El más pobre no debe necesitar venderse a un rico.
El más rico no debe poder comprar a un pobre.
La soberanía es además indivisible.
No hay separación de poderes.
Hay delegación y derivación de funciones, pero el poder soberano es una unidad.
Se debe buscar generar buenas costumbres, además de buenas instituciones.
Se desarrollan intereses comunes.
En un inicio puede ser necesario un legislador con capacidad extraordinaria que proponga leyes que el pueblo tenga que aprobar (como con Maquiavelo).
Rousseau piensa en Moisés y en Licurgo.
Debe construir un régimen político.
Puede apelar a la religión o a lo divino con estos fines.
Igual la teoría no puede ser abstracta: hay que prestar atención al contexto (como con Montesquieu).
Clima, territorio, extensión, carácter.
Tradiciones, costumbres.
Rousseau señala factores que van a influir en el régimen político como la extensión del territorio, la población, la madurez de los pueblos, las costumbres y el determinismo geográfico.
Se requiere de un territorio no muy grande, igualdad de costumbres, unión geográfica. Relaciona un territorio pequeño con democracia.
Es probable que no exista una verdadera democracia por la dificultad en reunir a un pueblo y lograr su total participación.
§ 5. Conclusiones
Rousseau sobre las dificultades de la democracia:
“Además, ¿cuántas cosas difíciles de reunir no supone [la democracia]? En primer lugar, un Estado muy pequeño en que el pueblo sea fácil de congregar y en el que cada ciudadano pueda fácilmente conocer a todos los demás; en segundo lugar, una gran sencillez de costumbres que evite la multitud de asuntos y las discusiones espinosas; luego, mucha igualdad en los rangos y en las fortunas, sin lo cual la igualdad no podría subsistir mucho tiempo en los derechos y en la autoridad; finalmente poco o nada de lujo, porque o el lujo es efecto de las riquezas, o las hace necesarias; corrompe a la vez al rico y al pobre; al uno por posesión y al otro por ambición; vende la patria a la molicie, a la vanidad; priva al Estado de todos sus ciudadanos para hacerlos esclavos unos de otros y todos de la opinión” (72-73).
“Puede decirse que del estado de naturaleza parten dos caminos y que no se encuentran; uno de ellos conduce a la sociedad civil, el otro a la condición de hombres como Rousseau. Uno de ellos da de cara al futuro y a una transformación del hombre. El otro anhela apasionadamente un retorno a la naturaleza. No hay solución armoniosa al problema humano; hay opciones insatisfactorias a la tensión mutua: el estadista contra el soñador o el poeta. Se excluyen entre sí. Quedamos con la sensación de algo incompleto o imperfecto en la idea que Rousseau tiene de la vida humana. La sociedad civil no satisface muchas de las cosas que hay de más profundas en el hombre. El soñador no puede vivir bien con sus congéneres. Y, en el estado de naturaleza, donde no había ocurrido aún esta escisión, el hombre no era realmente hombre. Pero Rousseau resistió las tentaciones a las que sucumbieron sus sucesores. Teniendo conciencia de que la moral del hombre se adquiría al costo de sacrificar sus más dulces sentimientos naturales y en parte sólo es un medio para la conservación del Estado, no trató de que esa moral fuera absoluta, con exclusión de todo lo demás que es humano. No enseñó que la historia, pese a todo su poder, superaría la fuerza de la naturaleza del hombre. No creyó que el hombre pudiera volverse enteramente social. Y no desdeñó la importancia de la política para entregarse a anhelos románticos del pasado perdido. Todas estas posibilidades se encuentran en su pensamiento, pero a cada una de ellas no le dio más que lo que debía. Por esta razón creemos que Rousseau presentó el problema humano en toda su variedad con mayor profundidad y aliento que ninguno de sus sucesores.” (Bloom, pp. 547-548).
Comparto los audios de la conferencia de Fabián Repetto, “Las políticas públicas y la reforma del Estado en América Latina”. Esta conferencia tuvo lugar el 21 de marzo. Recién he podido subir los audios. Lamentablemente, no pude grabar los comentarios que hizo la mesa.
Fabían Repetto es especialista en la dimensión institucional de la política pública (en particular, la política social). Doctor de Investigación en Ciencias Sociales, Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO), Sede México, en asociación con la Universidad de Georgetown de Estados Unidos. Maestro en Gobiernos y Asuntos Públicos, Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO), Sede México. Maestro en Administración Pública, Facultad de Ciencias Económicas, Universidad de Buenos Aires. Licenciado en Ciencia Política, Universidad de Buenos Aires. En su gestión pública, ocupó el cargo de Sub-Coordinador del Sistema de Información, Monitoreo y Evaluación de Programas Sociales (Ministerio de Desarrollo Social y Medio Ambiente). En su gestión académica, entre otras responsabilidades, fue Secretario Académico de la Maestría en Administración y Políticas Públicas, Universidad de San Andrés. Secretario de Postgrado, Facultad de Ciencias Sociales, Universidad de Buenos Aires. Profesor de Postgrado en diversas universidades de América Latina, y Director de SOCIALIS. Revista Latinoamericana de Política Social. Ha publicado más de 40 artículos en revistas y libros especializados, además de ser autor del libro Gestión Pública y desarrollo social en los noventa y editor de los libros La gerencia social ante los nuevos retos del desarrollo social en América Latina y Caminos por andar. La perspectiva social de América Latina, los desafíos del desarrollo en Guatemala. Ha sido también Consultor de Organismos Multilaterales, como UNICEF, UNESCO, CEPAL, CEPAL, PNUD, BID y BANCO MUNDIAL. Se desempeñó como Coordinador Residente del Programa Nacional del Instituto Interamericano para el Desarrollo Social en Guatemala (2003-2005). Entre 2005 y abril 2008 ha sido profesor del Instituto Interamericano para el Desarrollo Social en Washington DC. Actualmente, se desempeña como Director del Programa de Protección Social del Centro de Implementación de Políticas Públicas para la Equidad y el Crecimiento.
En sus actividades como profesor del INDES y como profesor de posgrado en diversas unidades de prestigio latinoamericanas, ha formado funcionarios públicos y dirigentes sociales en los siguientes países de la región: Argentina, Brasil, Chile, Colombia, Costa Rica, Ecuador, El Salvador, Guatemala, Honduras, México, Nicaragua, Perú y Uruguay.
Lo siguiente son los audios y la guía de la séptima sesión del curso Ética de la Gestión del cual soy profesor este semestre. La idea de compartir estos recursos es triple: (1) poder hacer que estos recursos sirvan a un público más amplio; (2) que los propios alumnos del curso tengan estos recursos con mayor disponibilidad; y (3) el que una mayor exposición de estos recursos posibilite una discusión crítica constructiva que lleve a mejorar la propia clase y mis propias lecturas, con el fin de brindar un mejor curso cada semestre. No está demás decir que cada uno de estos textos y autores daría para muchas horas (o meses) de discusión teórica. Sin embargo, las sesiones asignadas son de dos horas semanales. Al mismo tiempo, el curso está pensado para alumnos de quinto semestre, alumnos que recién están empezando sus estudios de especialidad de Gestión y Alta Dirección. De ahí que los temas tiendan a tratarse con un tono más introductorio y general.
En esta sesión y las siguientes se tocan algunos aspectos sobre la economía en el Perú, buscando pensarla en relación al problema de la desigualdad, con el fin de posibilitar una reflexión ética más fundada. Estas aproximaciones son bastante básicas e introductorias, propias de un curso que tiene ese carácter dentro de la especialidad. El propósito es, como ya se dijo, poder contextualizar mejor la reflexión filosófica a la luz de dichos aspectos.
***
[Introducción]
§ 1. PBI y bienestar individual.
El crecimiento económico no es un buen indicador del aumento del bienestar de la gente.
En muchos casos, ni lo es del “progreso del país” o de su “desarrollo”.
El PBI per cápita se ha expandido precariamente, a penas equivale al alcanzado tres décadas atrás (2005).
“Las políticas de estabilización y ajuste aplicadas a partir (…) [1975] han sido un fiasco en términos de ampliación y diversificación de la capacidad productiva, de dinamización y persistencia del crecimiento económico, de generación de empleo y mayores ingresos, etc. Si bien se logró sanear las cuentas externas y aplacar la inflación, estas metas macroeconómicas esenciales se lograron a costa de estos otros requerimientos macroeconómicos y, sobre todo, generando desequilibrios mesoeconómicos y sociopolíticos que actualmente entrampan seriamente la viabilidad y sostenibilidad de la economía e incluso de la gobernabilidad de nuestra sociedad” (pp. 34-35).
1951-1975: el crecimiento económico ascendió en 5,6%. El crecimiento por habitante fue de 2,7%.
1976-2003: el crecimiento económico es de 1,8%. El crecimiento por habitante fue de 0,3%.
Schuldt afirma que siempre los gobiernos hablarán de crecimiento “en general” (y no resaltando cómo se da el PBI per cápita) porque, en términos “abstractos”, suena mejor decir que se crece “más”, a decir que se crece “menos”.
Sin embargo, el principal problema con el PBI en nuestro país, es según Schuldt (quien sigue a Hunt): su inestabilidad.
1951: +6,7%
1958: -3,0%
1960: +5,9%
1961: +5,4%
1962: +6,1%
1966: +5,1%
1974: +5,4%
1977: -2,1%
1978: -6,3%
1982: -2,7%
1983: -11,5%
1986: +9,6%
1987: +5,4%
1988: -11,4%
1989: -11,5%
1990: -7,1%
1994: +10,8%
1995: +6,7%
La volatilidad del PBI tiene costos sociales y familiares importantes que muchas veces no se toman en cuenta.
En comparación con América Latina, el Perú ha tenido una de las volatilidades más altas:
1960s: En AL era de 3,3%. En Perú, 2,5%.
1980s: En AL era de 4,7%. En Perú, 8,4%.
1990s: En AL era de 3,3%. En Perú, 5,2%.
¿Variables? Ingreso masivo y huída de capitales, el Niño (y demás desastres naturales), ciertas políticas económicas.
Muchas de estas políticas económicas fluctuantes se deben a lo que Hirschman llamaba “fracasomanía”.
La “fracasomanía” es la actitud de las élites políticas que, al asumir el gobierno, consideran que todo lo anterior fue un fracaso y que es necesario “empezar de cero”.
Y estos cambios de política pueden generar efectos importantes en la volatilidad del PBI.
Recordemos que esta volatilidad, además, puede tener efectos en la vida de las personas.
Un ejemplo simple:
Imaginemos que nuestro país crece en dos años 10%, pero el primer año se crece 10% y el segundo, 0%.
Ahora imaginemos que nuestro país crece durante dos años seguidos 5%.
Cuantitativamente sería lo mismo: crecer 10% en dos años.
Sin embargo, a un nivel cualitativo, las cosas son diferentes:
“(…) cada uno de estos casos viene acompañado de procesos económicos, políticos y psicosociales muy distintos, ya que crecer durante un bienio a una tasa estable, cerca al 5% (…) otorga sentido de seguridad a la población, genera expectativas relativamente confortables y no fragmenta el tejido social” (pág. 40).
Las expectativas y el nivel de vida cambian sustantivamente.
Con una tasa elevada, las personas son optimistas sobre el futuro (si no, miren a Alan García a quien le dijeron hace poco, básicamente, que vivía en otra realidad).
Esto puede hacer que las personas aumenten su gasto, se endeuden y consideren sus puestos de trabajo como algo seguro.
Las caídas abruptas del PBI elevan los niveles de pobreza.
Se deteriora la distribución del ingreso.
Incrementan el desempleo y el sub-empleo.
Aumentan las tasas de interés y las deudas impagas.
Aumentan las protestas y movilizaciones sociales.
Se pierde capital humano, social y físico. Hay un escaso aprovechamiento de la fuerza laboral y del potencial productivo físico (maquinarias, equipo).
Se terminan vendiendo empresas, desnacionalizando la economía (Inka-Kola, Backus).
Pero, frente a esto, los sectores de ingresos altos tiene mecanismos de defensa: ahorros, stock de moneda extranjera, propiedad inmueble, acciones, seguros de enfermedad y de vida, bienes duraderos, “voz”, “relaciones”, “contactos”, etc.
Estos cambios también debilitan al Estado: debilitan a sus burocracias, a sus instancias, al Poder Judicial.
También a la sociedad civil, a sus gremios, a sus sindicatos. El capital social se deteriora y no hay organizaciones que puedan canalizar demandas y conflictos de manera institucionalizada.
En conclusión, el descenso del PBI afecta a la sociedad de una manera exponencial.
En el Perú se han dado, por lo menos, cada 10 años. Esto genera un empresario, un trabajador y un consumidor pesimistas (debido a los repetidos fracasos, a las continuas expectativas frustradas). La autoestima de las personas se ve severamente afectada.
Surge también lo que se llama “desempleo oculto”: personas que están en edad de trabajar, pero que ya no lo buscan porque han perdido las esperanzas de obtenerlo. Entre 1970 y 1996 fue en promedio 10,5%. El desempleo abierto anduvo por el 9%.
Esta coyuntura incentivó la migración al extranjero del segmento de subempleados de la economía.
Los hijos de las familias también abandonan los colegios, los institutos y las universidades para que trabajen o ingresen a otros centros de educación de menores tarifas.
Aumentan también la corrupción, la delincuencia, la drogadicción, el maltrato familiar, la prostitución, etc.
La inseguridad invade los hogares y se instala en la sociedad.
“(…) es preferible crecer a una tasa sostenible más baja que experimentar crecimientos ostentosos y artificialmente gestados, que generalmente también conducen a caídas dramáticas, como lo ilustran las experiencias pasadas en el país. Consecuentemente, asegurando la estabilidad en el manejo económico, en teoría, se pueden evitar o suavizar, tanto los crecimientos muy acelerados, como los decrecimientos muy bruscos” (pág. 44).
Ahora bien, otra cuestión muy importante es que el PBI no toma en cuenta solamente, ni principalmente, aspectos ligados al bienestar de la gente.
Schuldt afirma que en la jerga económica se denomina YPD (Ingreso personal disponible). Se trata del dinero del que disponen las familias (neto de impuestos directos y otros descuentos) para destinarlo al gasto de consumo personal y, si alcanza, para ahorrar.
El PBI puede aumentar al mismo tiempo que el YPD se mantiene igual o decrecer.
En el Perú no hay datos medir esto. De ahí que Schuldt proponga utilizar la variable del consumo privado (CP).
§ 2. Descentralización estatal.
El desarrollo económico del Perú se explica por su geografía y por su historia.
Las regiones, los recursos naturales, los fenómenos climáticos han condicionado la organización económicas en diferentes épocas.
¿Cómo entender la dinámica centralista que hemos tenido? Hay que prestar atención a dónde están localizadas las actividades productivas, las distancias y los costos de transporte, la estructura de mercados en el espacio, las economías de escala, las economías de aglomeración, la demanda, la propiedad del espacio.
Hay desigualdades en torno al crecimiento y a la redistribución.
Hay concentración económica y centralización estatal.
Una descentralización fiscal que se quiera exitosa va a requerir de un Estado más grande y de una economía espacialmente más integrada.
[El PBI de Lima constituía el 50% del PBI del país, en la década de 1970, 48% en los 80s, 46% en los 90s y 47.5% en la primera década del siglo XXI.
En promedio, el PBI de Lima es dos veces mayor que el del resto de regiones del país.
En general (1970-2008), la sierra crece más que la selva, la costa más que la sierra, y Lima crece mucho más que el resto de la costa.]
¿Qué es la descentralización estatal?
Es la desconcentración y transferencia de las funciones del Estado de los niveles más altos a los más bajos.
Supone los principios de subsidiariedad, equidad y responsabilidad fiscal.
En el Perú hay:
1 Gobierno Central cuyo ámbito es todo el territorio nacional.
25 gobiernos regionales que coinciden con 23 departamentos, una provincia constitucional y Lima Metropolitana separada de Lima Provincia.
195 gobiernos municipales provinciales.
2008 gobiernos municipales distritales.
¿Cuáles son los problemas de la descentralización?
Los problemas de origen son:
1. Haber iniciado la descentralización fiscal sin haber resuelto el problema de la regionalización.
2. No haber planteado una estrategia de descentralización con metas políticas, fiscales y administrativas.
3. No haber tomado en cuenta el problema de la desigualdad de los desarrollos regionales.
Los problemas de proceso son:
1. La débil descentralización administrativa. No permite capacidad de gestión y gasto.
2. No tener una instancia de coordinación económica y administrativa en los distintos niveles de gobierno.
3. La distorsión generada por el gran incremento del impuesto a la renta (bajo la forma del canon) en el sector minero y petrolero. Los gobierno regionales y locales no estaban preparados institucionalmente para un incremento tan grande de los recursos fiscales.
Del 2002 al 2007 aumentó la transferencia a los gobiernos descentralizados de 2,5 mil millones a 7, 2 mil millones.
4. Proceso lento de toma de decisiones para el gasto y la inversión (debido a la tensión entre la corrupción y las normas para prevenirla).
En el 2001 se hizo la descentralización, pero no hubo una evaluación adecuada.
No se integraron varios departamentos en regiones.
Esto hubiese creado bases económicas y mercados grandes para atraer inversión, para aprovechar economías de escala y crear bases tributarias.
Además, mayores recursos fiscales con los mismos recursos humanos y administrativos tendrá como un efecto cuasi inevitable la incapacidad para gastar o invertir los recursos adicionales.
Para remediar esto Gonzales de Olarte propone:
1. La transferencia de personal del gobierno central a los gobiernos descentralizados junto con la transferencia de funciones.
2. Establecer una carrera pública descentralizada con una escala de sueldos acorde con las responsabilidades técnicas y políticas que asumen los gobiernos regionales y locales.
3. Crear un sistema de administración pública descentralizado que contempla normas, procedimientos y coordinaciones entre los diferentes niveles de gobierno.
Pero hay condiciones buenas, puede resultar prometedora la descentralización, si es que es bien llevada:
Hay un ciclo económico en expansión de largo plazo, hay estabilidad macroeconómica, hay recursos fiscales, hay corrientes doctrinarias e ideológicas favorables a ella.
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