Sobre el concepto de “Estado” (moderno)

Lo siguiente es el audio y la guía de la primera sesión de prácticas del curso de Teoría del Estado del cual soy asistente este semestre. La primera sesión tuvo por tema la discusión sobre la expresión “Estado” (en sentido moderno), a partir del texto “The State” de Quentin Skinner. La idea de compartir estos recursos es triple: (1) poder hacer que estos recursos sirvan a un público más amplio; (2) que los propios alumnos del curso tengan estos recursos con mayor disponibilidad; y (3) el que una mayor exposición de estos recursos posibilite una discusión crítica constructiva que lleve a mejorar la propia clase y mis propias lecturas, con el fin de brindar un mejor curso cada semestre. No está demás decir que cada uno de estos textos y autores daría para muchas horas (o meses) de discusión  teórica. Sin embargo, las sesiones asignadas son de dos horas semanales. Al mismo tiempo, el curso está pensado para alumnos de quinto semestre, alumnos que recién están empezando sus estudios de especialidad de ciencia política. De ahí que los temas tiendan a tratarse con un tono más introductorio y general.

Sin más preámbulo…

***

 

§ 1. Introducción.

[¿Qué es el Estado? ¿Qué significa la palabra “Estado”? (en sentido moderno)]

[Max Weber y la modernización: diferenciación]

Vamos a ver cómo va configurándose esta expresión en la reflexión teórico-política occidental. Para esta sesión vamos a discutir el texto de Quentin Skinner (“The State”) que se encuentra en su syllabus (y que deben leer para la próxima semana).

[Algunas de nuestras lecturas, lamentablemente, van a estar en inglés. Este idioma se ha posicionado en la disciplina como el idioma más relevante (buena parte de los mejores departamentos de ciencia política del mundo se encuentran en EEUU). Si no saben inglés, les sugiero que empiecen a estudiarlo. Más adelante en la carrera la carga de lecturas en inglés será mucho mayor, sobre todo las lecturas más contemporáneas]

[Esta primera sesión va a estar dedicada los principales sentidos que ha ido teniendo la expresión “Estado” desde fines del medioevo, hasta fines de la modernidad, pero centrándonos sobre todo en autores de los siglos XVI y XVIII. Todo esto será bastante básico debido a los límites propios de la sesión, pero deberán ver ampliaciones de estas ideas en los cursos dedicados a teoría política (clásica y moderna, sobre todo)]

El autor más importante para pensar el Estado moderno, en sus fundamentos, probablemente sea Hobbes, autor que ya deben haber conocer (aunque sea de oídas).

¿Con qué cosa va a romper radicalmente el concepto moderno de “Estado”?

Para empezar, con la tesis de que uno tiene deberes para con el gobernante (con la persona).

Con Hobbes termina una era donde el concepto del poder público había sido tratado y concebido de una manera mucho más personalista y carismática. Esto no quiere decir que luego esto no se haya dado, o que no sea pertinente. Lo relevante es que no es la esencia de lo moderno que caracteriza al Estado.

La modernidad va a generar abstracción, impersonalización, diferenciación.

Por eso Nietzsche, en Así habló Zaratustra, sostuvo que el Estado moderno era “El más frío de todos los monstruos fríos”.

¿Cómo eran algunas de las ideas medievales sobre el gobierno?

Estado viene del latín status (como el status de Facebook).

  1. La palabra status vino a designar un “estado legal”. Los gobernantes tenían un estado diferente: un status regis (“estado real”) (de ahí probablemente venga la expresión de que algo es “regio”). Se trata de un “estado de majestad”, un “estado de alteza” (por eso las expresiones “su alteza”, “su majestad”).

La palabra aludía al “estado del gobernante” (la expresión no es la más feliz traducida).

  1. Pero se va a dar un viraje y empezará a significar también “república” y “reino” (status reipublicae). El derecho público pertenecía a esto (retomando la tradición romana con el Renacimiento).

Se recupera la aspiración romana de perseguí un optimus status republicae (Italia): una ciudad buena, próspera y feliz.

[Cicerón – De Republica]

El bien común y la justicia deben estar siempre por sobre todo interés individual o faccional (La Utopía de Tomás Moro se presentaba como esto).

Las ciudades-república italianas (Florencia y Venecia) tuvieron ideales participativos y republicanos de gobierno, mientras fueron hostiles a la monarquía hereditaria. Se dio un debate sobre si el “estado óptimo” venía de un gobierno electo (podestá) o por el gobierno de un príncipe sabio que busque el bien común y la felicidad de sus súbditos.

Acá “estado” va a devenir la “posición política” de los gobernantes. Por eso Maquiavelo en El Príncipe se dirige al que quiera tener un mantener el estado (lo stato).

  1. “Estado” aquí también podía significar “régimen”. Los tipos de gobierno clásicos (Aristóteles, Tomás de Aquino) son también tipos de status. Maquiavelo: “todos los stati son repúblicas o principados”. También podría significar el régimen que prevalece.
  1. El otro significado es el área (territorio) sobre la cual el gobierno ejerce control.
  1. Finalmente, status también podía aludir a instituciones de gobierno, medios de control coercitivo cuya función es organizar y preservar el orden de la comunidad política.

Sin embargo, esta diferenciación entre los aparatos de gobierno y las personas gobernando es algo que va a ir desarrollándose y acentuándose con la modernización de la noción de Estado.

Se trata de un proceso (como ya mencionamos) de “abstracción”, “autonomización”, “diferenciación”, “despersonalización” o “impersonalización”.

§ 2. La tradición republicana.

El republicanismo del renacimiento italiano partía de un principio importante: todo poder tiene la posibilidad de corromperse.

Todo individuo o grupo, si se le da poder, tenderá a promover sus propios intereses, a expensas de los de la comunidad. Entonces, más poder irrestricto a los individuos, grupos o facciones, mayor corrupción y menor interés por el bien común.

¿Qué hacer? Para evitar (lo más posible) que esto ocurra, debe hacerse que todos los ciudadanos estén a cargo de los asuntos públicos. Virtud cívica, ciudadanos comprometidos con lo público. Que lo público prevalezca sobre lo privado. Tal es la libertad “de los antiguos” (como lo dijo Constant), frente a la libertad “de los modernos”, donde lo público se subordina a lo privado (esto se da de manera fundamental con el liberalismo moderno).

Se buscaba la libertas de las ciudades-república italianas (reminiscencias de la autarquía de la polis griega). Independencia frente a poderes imperiales, feudales y eclesiásticos.

[Marsilio de Padua – Defensor pacis de 1324]

[Maquiavelo – Discursos sobre la primera década de Tito Livio]

El único régimen político adecuado para la tradición republicana es la que mantenga a ésta como una res pública, en sentido literal.

Para conseguir esto, la soberanía debe reposar en la comunidad, en los ciudadanos. Las autoridades son electas y deben ser percibidas como encargados, agentes o ministros. No son gobernantes en “sentido fuerte”. Su función es hacer cumplir las leyes que la comunidad se ha dado a sí misma.

Se oponen a los gobiernos monárquicos.

Es en la tradición republicana donde se encuentran los gérmenes más claros del Estado moderno. Se distingue una autoridad política autónoma que regula los asuntos públicos de una comunidad independiente. Cuenta con el poder coercitivo (“monopolio de la violencia legítima”).

También impusieron condiciones estrictas para los gobernantes y magistrados: debían ser elegidos; estaban sujetos a las leyes y a las instituciones; debían promover siempre el bien común (paz, felicidad, etc.).

La autoridad gubernamental se distingue de los gobernadores o magistrados particulares. Los poderes del gobierno civil están “in-corporado” (“encarnado”, “objetivado”) en leyes e instituciones.

A los gobernadores y magistrados se les confía administrar esto para promover el bien común. Se deja de pensar que estas personas deben “mantener su status (donde persona y estructura/ institución no están bien distinguidos)” y pasan a pensar que deben “mantener el status” (en general, o en sentido menos personal y más abstracto).

Sin embargo, todavía falta para hablar de “Estado”, en sentido moderno: la autoridad estatal debe distinguirse de la de los gobernantes o magistrados a quienes se les confía el temporal ejercicio de estos poderes. Pero también se distingue a la autoridad estatal de la autoridad que tienen la sociedad o la comunidad (tomadas como un todo), sobre la que éste ejerce sus poderes.

[Burke – Reflexiones sobre la Revolución Francesa]

Los republicanos distinguen lo primero, pero no lo segundo. De hecho, la teoría republicana  clásica supone no distinguir lo segundo (autoridad estatal – sociedad o comunidad).

El poder del pueblo no se distingue del poder del Estado (y esto tampoco se hace en la tradición de los “Estados libres”, donde se encuentra Locke).

§ 3. La tradición del “Estado libre”/ luego liberal.

La soberanía del pueblo no debe ser transferida en esta tradición, sino que debe ser solamente delegada. De esta forma se preserva la paz y la libertad.

El Estado es un medio administrativo que expresa de manera conveniente el poder del pueblo. Busca preservar el bien común, la paz y la libertad.

En esta tradición no se diferencia entre el poder del pueblo y el poder del Estado.

Por eso es que en caso de que el gobierno civil no cumpla con esto, el pueblo puede levantarse y derrocar al mal gobernante (derecho a la insurección).

No usan prácticamente la expresión “Estado”. Hablan de “civitas”, “city”, “commonwealth” y “gobierno civil”.

La diferencia más relevante con los republicanos va a ser, en la tradición liberal, la subordinación de lo público a lo privado. Aquí es importante el bien del individuo, su propiedad y su libertad. La noción de lo común es mucho más débil.

§ 4. La tradición absolutista.

La segunda distinción surge entre los teóricos políticos “absolutistas”.

[Bodino – Los seis libros de la República de 1576]

[Hobbes - Leviatán]

Acá se sostiene que la autoridad coercitiva está capacitada para asegurar el bien común, la paz, la seguridad, la felicidad, etc. (en mayor o menor medida). Y en esto parece haber acuerdo (con las otras tradiciones).

La diferencia está en que aquí no se acepta que el poder político que se ejerce sea “delegado” o “confiado temporalmente” en nombre de “conveniencia administrativa”.

El poder político sí se instituye a través del pueblo, pero no de manera delegada. Lo que sucede es una “transferencia absoluta” de la soberanía originaria del pueblo (sería más una “alienación”  (no en sentido marxista o en algún sentido “peyorativo”) que una delegación).

Ser soberano, poseer soberanía no es aquí ser un “guardián” o “depositario” del poder soberano.

Pero para estos teóricos del absolutismo (no los del derecho divino de los reyes) el poder de un gobernante nunca es un poder estrictamente personal. Sí es cierto que él tiene la soberanía (por algo es “el soberano”), pero se la han dado. Y se la han dado para que cumpla con deberes: esencialmente, la seguridad y el orden.

La asociación civil y política establece aquí una autoridad soberana suprema. Este poder se distingue del pueblo que lo instituyó.

¿Cómo se llamó a esto? “civitas”, “república”, “commonwealth”. Ninguna de estas expresiones resultó muy satisfactoria.

El concepto que resolvió estos problemas fue el de “Estado”: una forma impersonal de autoridad política, distinta de los gobernantes y los gobernados.

Hobbes: para conseguir la paz y el orden, debe investirse del poder soberano al Estado: al “Leviatán” (en alusión al monstruo del Libro de Job), al “Dios mortal” (artificial). No se trata de una alusión fundamental a los gobernados, ni a los gobernantes.

Los contractualistas liberales (los teóricos que piensan el origen de la sociedad como un “contrato” entre individuos) enfatizaron, frente a esta tradición, la soberanía popular, en lugar de la soberanía estatal.

Por eso hablaron más de “gobierno civil” o “sociedad política”.

Hegel criticó a esta tradición señalando que los contractualistas no daban cuenta correctamente estas cuestiones, debido a que no distinguían entre los poderes de la sociedad civil y los poderes del Estado (Hegel es considerado el primer gran filósofo en hacer esta distinción). Para Hegel es crucial esta distinción, ya que solamente reconociendo la autoridad independiente del Estado es que los propósitos de la sociedad civil pueden ser realizados.

Luego que Hegel sostuviera eso, surgió una tradición crítica que consideró que dicha autonomía o independencia del Estado frente a la sociedad civil es un fraude. Este escepticismo se presentó en autores como Michels, Pareto y en la tradición marxista. Marx sostuvo en muchos lugares que el Estado moderno es el “comité ejecutivo” de la burguesía (“el Estado es siempre el Estado de la clase dominante”).

Y en el caso de la lealtad o compromiso político, se dio el paso de los “súbditos” que eran leales al monarca soberano, hacia los “ciudadanos” que son leales al Estado mismo, debido a que la soberanía reside en el Estado y no en los gobernantes.

El resultado de esto es aceptar la palabra “Estado” como expresión de la suprema forma de autoridad impersonal.

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