El fin de la filosofía (1)

En estos días, a través de distintos posts, me he encontrado con diversas (e interesantes) reflexiones en lo relativo al quehacer filosófico y académico. El primero de ellos es el post de Levi Bryant (Who’s Authorized to Speak?). Dicho post era una continuación a otro que borró (Thoughts of Consolation). Graham Harman, por su parte, escribió hace poco un post sobre el escribir y el quehacer académico (writing advice). Finalmente, en nuestro medio, Alejandro León escribió un post también en torno a dicho asunto (¡Autistas del mundo, uníos! El encierro de la filosofía académica y la liberación por el pensamiento colectivo). Dado que la reflexión sobre lo que es la filosofía, así como su quehacer, campo y tareas, es algo que siempre me ha interesado de sobre manera, estos posts me han motivado a comentarlos y a esbozar algunas cosas al respecto. Todo ello con el fin de clarificar mejor el problema o el estado de la cuestión (con vistas a, obviamente, hacer algo al respecto). Es importante señalar que nuestra especialidad de filosofía está en estos momentos discutiendo la posibilidad de cambios y reformas. De ahí que este tipo de discusiones me interesen aún más.

***

Quisiera empezar con el primer post de Bryant, el que borró (más adelante comentaré el otro post de Bryant, el post de Harman y el post de León) .En dicho post, Bryant arremete contra las grandes organizaciones o asociaciones filosóficas de la tradición continental (él alude específicamente a la SPEP). La razón: esencialmente porque han dejado de lado el abordaje de problemas filosóficos para dedicarse únicamente a ser comentaristas de grandes filósofos (asumo que los lacanianos también correrían este riesgo).

Although it occasionally happens, it’s very difficult to imagine papers at SPEP not devoted to Husserl, Heidegger, Sartre, Irigaray, Merleau-Ponty, Derrida, Foucault, Deleuze, etc., etc., etc. This is a scandal for philosophy insofar as it reduces philosophy to intellectual history.

Concuerdo con Bryant en que la filosofía no puede reducirse a hacer comentarios de otros filósofos. Creo que la exégesis y el rigor para profundizar en la historia de la filosofía es fundamental, tanto para la docencia, como para la investigación y la creación de nuevas ideas y pensamientos. Sin embargo, si llevamos dicho pathos exegético al límite, tendremos justamente la reducción de la filosofía a mera historia de ideas, o peor, de diversas lecturas sobre ideas.

The point isn’t that we shouldn’t talk about other philosophers– of course we should, just read Aristotle or Plato –but that philosophy shouldn’t be about other philosophers. SPEP promotes a culture of commentary that strives to insure the exclusion of new or emerging thinkers.

La tesis de Bryant, que comparto, es que la exégsis o el estudio de los clásicos debe hacerse con vistas a pensar creativamente y no con vistas únicamente a poder repetir lo que los grandes pensadores han dicho. No me malentiendan: el mundo necesita manuales de filosofía y comentarios a las grandes obras del pensamiento, así como congresos y artículos especializados. El punto es que eso, si bien es importante, no es lo fundamental de la filosofía, por lo menos tal y como yo la entiendo ahora. La originalidad y la profundidad requieren del conocimiento de la tradición, pero un conocimiento erudito de la tradición no garantiza nada.

En el caso de la tradición anglosajona de filosofía analítica y de sus organizaciones (Bryant tiene en mente la APA), la crítica se centra en la extrema especialización y asilamiento que la filosofía ha adoptado. Y es que, si bien la tradición analítica se ha jactado de tratar de problemas y no de erudición histórica, los resultados no son más prometedores. La filosofía carece aquí de una cuasi total posibilidad de devenir interdisciplinaria ya que se está conviertiendo en una profesión tecnocrática, aislada en sus departamentos y círculos especializados. Para efectos prácticos, si bien la filosofía continental no es lo más mainstream del mundo, uno puede ir a Crisol y comprar Heidegger o los últimos textos de Habermas. Pero, ¿Dónde cualquier persona compraría los papers relevantes de filósofos analíticos si no es en suscripciones especializadas?

While the APA is to be commended for promoting problems over the tradition of commentary, it has created a discursive structure that is so constipated as to be almost entirely irrelevant.

El otro asunto es el relativo al canon. Todo departamento, región, tradición, tendrá su canon de autores. Por ejemplo, en nuestro departamento de filosofía, los principales referentes contemporáneos  son los clásicos de la fenomenología y hermenéutica: Husserl, Heidegger y Gadamer. Ello no es algo bueno o malo en sí mismo. Simplemente expresa que dichos autores gozan de cierta “hegemonía” en lo que a referencias se refiere (y en todo lugar siempre habrá autores hegemónicos que configuren un canon). Bryant sostiene algo en lo cual concuerdo: la originilidad del quehacer filosófico, en lo que a la apropiación de la tradición se refiere, tiene mucho que ver con la introducción de referentes no canónicos para la investigación y discusión.

The best and most significant philosophy is always that philosophy that risks the cannon and strives to posit its own conditions by introducing new philosophers into discourse. We can think of the heroic move Harvey makes in making Marx and Lefevbre so central to his work, or the move Jameson makes in taking Sartre so seriously in a context where Sartre is largely ignored, or the significance of Harman taking Latour, Zubiri, and Gasset seriously, or Deleuze taking Bergson, Hume, Spinoza, and Leibniz so seriously in a French intellectual climate dominated linguistic idealism and Hegelianism in a variety of forms, of Brassier taking the Churclands and Laruelle seriously, or of Grant deciding to champion Schelling.

Es esta desazón frente al status quo de la academia filosófica contemporánea por lo que Bryant expresa el desinterés que la discusión con especialistas le genera. En cambio, tener intercambios con profesionales y académicos creativos de otras disciplinas puede resultar mucho más enriquecedor. Creo que en este punto ello puede ser cierto. Por mi experiencia, los estudiantes y profesores de filosofía de nuestro medio suelen tener intereses muy delimitados y ello impide un diálogo que trascienda el área de especialización de cada filósofo. De ahí que siempre vayan las mismas personas a los mismos eventos a escuchar lo mismo y a decir lo mismo, en la mayoría de las veces.

I also know, however, that I would much prefer to have dinner with a media theorist, a literary theorist, a geographer, a gender theorist, etc. Namely, anyone that is actually working on a problem and therefore compelled to create something new.

El texto de Bryant termina con el anhelo de que las nuevas teconologías y medios puedan fomentar una actividad filosófica más creativa, aunque ello no implique (obviamente) dejar de lado los medios tradicionales para la elaboración y difusión de la producción filosófica y académica. Y una de las últimas frases del post realmente me gustó mucho porque es algo que yo también he sentido desde hace algún tiempo:

I hope that people dream of becoming thinkers rather than police officers of the cannon, impassioned over how Heidegger or Wittgenstein have been misinterpreted.

He conocido en nuestro medio a múltiples filósofos que se dedican a eso: a saber de manera exhaustiva y erudita todo sobre un filósofo y su producción académica se limita a sostener que quienes lo han criticado no lo han entendido. Y, curiosamente, los grandes pensadores leyeron mal a estos autores, pero estos eruditos y fieles seguidores del filósofo mal entendido han venido a este mundo para defenderlo porque nunca se contradijo y está más vigente que nunca en todos los aspectos. Esa ortodoxia de la academia filosófica es la que más me disgusta. Siempre he pensado que la filosofía tiene mucho que ver con la arrogancia de pensar. Por eso es que la siguiente cita de Heidegger siempre me ha sido muy cara:

La fenomenología, mientras se entienda a sí misma, seguirá esa vía de investigación, contra cualquier tipo de profetismo, contra cualquier inclinación a hacer de guía de la vida. La investigación filosófica es y sigue siendo ateísmo; por eso puede permitirse la “arrogancia del pensar”, y no sólo se la va a permitir, sino que esa arrogancia es la necesidad íntima de la filosofía y la verdadera fuerza, y justamente en el ateísmo llega a ser lo que en una ocasión dijo uno de los grandes, una “gaya ciencia”

Pero los especialistas confunden que su trabajo es eso y piensan que son los sacerdotes y sumos teólogos de una iglesia filosófica de la cual ellos son miembros con los demás especialistas del mundo. En mi experiencia particular, Heidegger es uno de los filósofos que más han influido en mí. Sin embargo, nunca he sentido mayor aprecio por los heideggerianos. De hecho, creo que le hacen mucho mal a Heidegger. Y creo que peor serían los nietzscheanos, seguidores de quien no quería seguidores, sino “compañeros de viaje”. Quizá el premio se lo lleven los marxistas que convirtieron el pensamiento crítico en dogma y “religión atea”.

No hay filósofo que no se haya equivocado (así nos duela). No hay filósofo que no haya dicho cosas estúpidas. No hay filósofo cuyas obras completas sean absolutamente imprescindibles per se.

Si ser matemático no es equivalente a ser un historiador erudito de las matemáticas (o de un período de su historia) y ser científico no es igual a ser un historiador erudito de la ciencia (o de algún momento clave de su historia), entonces ¿ser filósofo es algo distinto a ser un historiador erudito de la filosófia (de algún período o de algún filósofo en particular o de algún libro en particular)?

(Volver a Filosofía, academia y nuevas tecnologías)


17 responses to “El fin de la filosofía (1)

  • Víctor Samuel Rivera

    Estimado Erich;

    Supongo que en un cierto momento del camino (de la filosofía) uno adopta la vista del niño, y entonces vuelve a ver con inocencia, esto es, sin el preegnante sentimiento de deuda con la tradición que en gran medida constituye nuestra profesión. Uno readopta la niñez. Te escribo desde mi propia experiencia. Cuando la niñez se asoma entonces uno es capaz de admirarse. Uno se deja llevar por las cosas y es como si empezara de nuevo… solamente que uno ya no es más un niño, sino que es un hombre que se admira. Creo que, para los parámetros de nuestra cultura filosófica del siglo XXI, es en esto que consiste la experiencia filosófica fundamental: uno se hace niño con la tradición, sea cual fuere el nivel de cercanía con ella, y entonces las cosas aparecen de nuevo. Y cuando aparecen de nuevo, uno juega. Es un jugar esencial, en que deseo creer que es posible la experiencia de la verdad o que confluye con ella.

    No conozco el blog de Bryant, pero me gusta la idea de que la filosofía requiera de la “introducción de referentes no canónicos para la investigación y discusión”. En realidad esos “referentes” son reelaboraciones de nuestra experiencia sobre la base de lo que la tradición académica nos ha dicho y, de un elemento más que añadiría yo: de cómo hemos procesado e incorporado esta tradición en nuestra experiencia humana, como profesionales que somos hombres (y no sólo cerebros que aprenden y calculan: me leo y me veo cursi). En realidad estos “referentes” son fijaciones, detalles que se hacen significativos en una vida humana específica que ha sido integrada por la filosofía (académica). Mucho de lo que es criticable de nuestras vidas filosóficas es que están diseñadas para evitar ser expresiones de nuestras vidas humanas ordinarias.

    La filosofía académica es creativa y enriquecedora cuando reconocemos lo que hemos estudiado a nuestro alrededor. Me tomó mucho comprender que si leía a Descartes, o a Husserl, o a Hegel, en realidad estaba acercándome a mi vida, y que en mi vida misma yacían las ideas de Descartes, Husserl o Hegel, esperando a que yo, con mirada de niño, jugara con ellas-

  • Víctor Samuel Rivera

    Estimado Erich;

    Si me es permitido recoger brevemente una sugerencia de tu post. Tu preguntas “¿ser filósofo es algo distinto a ser un historiador erudito de la filosófia (de algún período o de algún filósofo en particular o de algún libro en particular)?” Te alcanzo mi opinión: ser un experto en algunas materias es una condición necesaria para hacer filosofía, y uno de los ejes de la actividad de los filósofos en la vida real es el expertisse en materias de historia de la filosofía. Pero esta condición necesaria no es suficiente para ser filósofo.

    Obviamente, parto de la suposición de que el estudiante de filosofía aspira a ser filósofo realmente, y no a ser mero experto en algo. De chico siempre pensé que “tenía que” ser experto, y profesor y que ése era el destino natural de la filosofía como carrera. No me equivocaba en lo primero, pero sí en lo segundo. Uno puede estudiar filosofía con la mera expectativa de ser profesor y escribir algunos textos de exégesis, todo lo cual llamamos “vida académica”. Pero ser filósofo exige esta definición, que tomo adaptada de Leo Strauss: las opiniones de uno mismo deben devenir conocimiento (a través de las herramientas dadas por y la condición de haberse graduado de experto “en algo”).

    Ahora sí un inmenso abrazo.

    VSR

    PD: un éxito haber hecho referencia al blog de Alejandro León que vengo de leer.

  • Erich Luna

    Hola VSR

    Estoy de acuerdo con que conocer la tradición y manejar con rigor y profundidad ciertos temas es condición necesaria para una buena reflexión filosófica, aunque no suficiente.

    Concuerdo con que la “vida académica” es un aspecto fundamental. Sin embargo, el problema que se discute es que si está especialización se exagera demasiado, entonces la filosofía deviene una actividad de mera erudición y se genera una brecha insalvable con otras disciplinas igualmente importantes y con el mundo extra-académico. Y eso si me parece nocivo y hasta peligroso.

    Saludos,
    Erich

  • Víctor Samuel Rivera

    Estimado Erich;

    Estoy totalmente de acuerdo. Pero… quizá habría que diferenciar la filosofía como una actividad social o como una práctica cultural y la filosofía como el conocimiento de “algo”. Si lo hacemos, lo primero es condición necesaria de lo segundo, pero no suficiente. La pregunta es cuál debe ser la extensión de quienes ACTUAN con el conocimiento (crean más conocimiento, descubren un argumento crucial, se les ocure una metáfora nueva, etc.). Si la extensión es pequeña, es normal que las instituciones y agentes filosóficos no logren más que conocer especializadamente a otros autores y dictar clases sobre ellos y casi nada más. En este esquema, está implícito que no todos, sino muy pocos, hacen o hacemos filosofía.

    El problema se hace dramáico en este caso: Si deseamos, o creemos que es deseable, que todos los agentes sociales de la filosofía deban ACTUAR con el conocimiento (o sea, producir ideas nuevas, o metáforas más intersantes, o interrelacionarse de manera más “adecuada” con la realidad social). La filosofía no es muy democrática. Si nos ponemos muy “originales” debemos sustentarlo, y la inmensa mayoría considerará cosas como ésta: “él se cree muy original, pero no me convence”, “es un posero”, etc. El auditorio -que no actúa el conocimiento- tiene la tendencia a desestimar la novedad, creatividad y originalidad por las mismas razones sociológicas por las que está restringido el acceso a la actuación filosófica.

    Un abrazo.

    VSR

    PD: Ayer releí LST. Lo que te ecribí en Anamnesis sobre el pensamiento único está en las pp. 153-154 (mira cómo hay que confirmarnos con auoridades y textos: es inevitable).

  • Erich Luna

    Hola VSR

    No sé muy bien si la distinción entre “práctica cultural” y “concocimiento de algo” sea la más útil. Por eso preferí usar la contraposición entre mera erudición académica (respetable y necesaria) y la creación y/ o originalidad (que no tiene que ser demasiado radical tampoco) que puede surgir a partir de ella.

    Entiendo que lo nuevo o lo que valga la pena no sea necesariamente tan “masivo” o, como tú lo llamas, “democrático”. Sin embargo, creo que si a uno le interesa la filosofía por lo primero (conocimiento de la tradición) y, sobre todo por lo segundo (creación), entonces lo mínimo que uno puede hacer es intentar algo al respecto. No puede desestimarse el intento a priori.

    Ahora bien, esa visión más aristocrática de la reflexión debe moderarse en mi caso, en la medida en que creo que la misma actividad filosofíca e intelectual puede estar girando hacia una labor conjunta y común. No más pensador solitario o maestro, sino “compañeros de viaje” (como los quería Zaratustra). No pensar en filósofos individuales que tienen en comun afinidades, como si de gustos de consumo se tratase, sino de movimientos filosóficos.

    Saludos,
    Erich

  • Víctor Samuel Rivera

    Estimado Erich;

    1. Comparto 100% esto: “Entiendo que lo nuevo o lo que valga la pena no sea necesariamente tan “masivo” o, como tú lo llamas, “democrático”. Sin embargo, creo que si a uno le interesa la filosofía por lo primero (conocimiento de la tradición) y, sobre todo por lo segundo (creación), entonces lo mínimo que uno puede hacer es intentar algo al respecto”.

    2. Distinguir “conocimiento” de “práctica social” apunta, sí, a una idea algo aristocrática de la filosofía. Pero también es la descripción cómo hacemos filosofía realmente (integrándonos a una tradición y cultivando su continuidad). En esto soy lector (y creo haber aprendido mucho) de Leo Strauss.

    3. Creo que eres muy pesimista con la imitación en filosofía. Aprendemos siendo un poco lo mejor o lo que más apreciamos de los demás que están alrededor de nosotros. A veces uno aprende de gente que no es reconocida, o que ni siquiera es filósofa, pero los filósofos son nuestros referentes, sean estos meros libros o personas reales. Con todo, la imitación no significa renuncia a uno mismo, sino cultivo y cuidado de uno mismo. La imitación es filosofía cuando descubres algo de ti mismo y lo haces valioso para los demás.

    Creo que vale la pena decirte que la mera imitación, el mero “discipulado” no es recomendable para nadie y que yo personalmente no lo fomento.

    Un gusto escribirte.

    Un abrazo.

    VSR

  • Erich Luna

    Hola VSR

    En 1 estamos de acuerdo.

    2. No me sigue convenciendo la distinción del todo. Habría que leer a Strauss en todo caso.

    3. Yo no menosprecio el manejo riguroso de la historia de la filosofía. He dicho que me parece una condición necesaria, pero no suficiente.

    CReo que el intercambio y diálogo entre filósofos y tradiciones es fundamental. Pero creo que no debe reducirse a eso. Sería un “solipsismo” filosófico que, a mi humilde juicio, será contraproducente para el quehacer filosófico.

    Los grandes filósofos siempre han estado vinculados a más cosas que a la filosofía per se, entendida como una actividad meramente académica y especializada.

    Finalmente, mi alusión crítica a la relación maestro-discípulo va en relación a que la complejidad de los problemas hoy exige, me parece, un trabajo de conjunto que trascienda las barreras de la hiper-especialización. Por eso hablo de “movimientos filosóficos”, cierto trabajo conjunto (con obvias disidencias y autocríticas).

    Saludos,
    Erich

  • Víctor Samuel Rivera

    Estimado Erich;

    Debe ser ésta la primera vez en mi vida que veo redondearse una argumentación entre dos personas(en un espacio público) que piensan diferente. ¡Estamos de acuerdo entonces!

    Un abrazo.

    VSR

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