Base real, ideología, historia y revolución en Marx: Prólogo de la Contribución a la crítica de la economía política (2)

En un estudio <esta parece ser una erra de la edición, debería ser “estadio” y no “estudio”> determinado de su desarrollo, las fuerzas productivas materiales de la sociedad entran en contradicción con las relaciones sociales de producción existentes o -lo cual sólo constituye una expresión jurídica de lo mismo- con las relaciones  de producción <otras ediciones dicen acá “propiedad”> dentro de las cuales se habían estado moviendo hasta ese momento. Esas relaciones se transforman de formas de desarrollo de las fuerzas productivas en ataduras con las mismas. Se inicia entonces una época de revolución social. Con la modificación del fundamento económico todo ese edificio descomunal se trastoca con mayor o menor rapidez (5).

Siguiendo con lo visto en el post anterior, podemos comprender a continuación cómo es que Marx propone su clave para entender el movimiento histórico. A diferencia del hegelianismo tradicional, la historia universal no se movía por los Estados, por el derecho o por el Espíritu. El motor de la historia se encuentra en el sistema de las necesidades de la sociedad civil hegeliana, sistema cuya anatomía, hemos visto, es la economía política. Por eso es que las revoluciones, cambios y grandes transformaciones sociales se dan por una contradicción diálectica, al igual que en la visión de la historia de Hegel, material, económica y social. La tesis es que el desarrollo de las fuerzas productivas entra en contradicción con las relaciones sociales de producción. El antagonismo se va agudizando cada vez más hasta que se hace insosteible y entonces se hace una revolución que libera este desarrollo de las fuerzas productivas, generando así una nueva estructura económico social, al configurar y establecer relaciones sociales de producción que sean lo más conformes y propias posibles con el modo de producción y su estadio evolutivo histórico particular.

Al considerar esta clase de trastocamientos, siempre es menester distinguir entre el trastocamiento material de las condiciones económicas de producción, fielmente comprobables desde el punto de vista de las ciencias naturales, y las formas jurídicas, políticas, religiosas, artísticas o filosóficas, en suma, ideológicas, dentro de las cuales los hombres cobran conciencia de este conflicto y lo dirimen (5).

Marx nos invoca distinguir entre lo económico (científico) y lo ideológico. Lo que no debemos perder de vista aquí es que es desde la ideología desde donde los seres humanos son conscientes de los conflictos.

Así como no se juzga a un individuo de acuerdo a lo que éste cree ser, tampoco es posible juzgar una época semejante de revolución a partir de su propia conciencia, sino que, por el contrario, se debe explicar esta conciencia a partir de las contradicciones de la vida material, a partir del conflicto existente entre fuerzas sociales productivas y relaciones de producción. Una formación social jamás perece hasta tanto no se hayan desarrollado todas las fuerzas productivas para las cuales resulta ampliamente suficiente, y jamás ocupan su lugar relaciones de producción nuevas y superiores antes de que las condiciones de existencia de las mismas no hayan sido incubadas en el seno de la propia antigua sociedad.

Lo que comentamos antes ahora debe ser considerado dentro de la valoración de Marx. Si bien los seres humanos son conciencias de los conflictos sociales desde la ideología, siendo esta el edifico erigido sobre la base real de la estructura económica, esta conciencia no es la manera más científica para poder comprender dichos procesos sociales, económicos y materiales. Por eso es que Marx pone la analogía entre la primera y tercera persona en lo que respecta a saber objetivamente cómo es. La idea es conocer y comrpender lo que es por lo que es y no por lo que dice ser, por lo que cree ser, o por el grado de conciencia de lo que es.

De ahí que la humanidad siempre se plantee sólo tareas que puede resolver, pues considerándolo más profundamente siempre hallaremos que la propia tarea sólo surge cuando las condiciones materiales para su resolución ya existen o, cuando menos, se hallan en proceso de devenir. A grandes rasgos puede calificarse a los modos de producción asiático, antiguo, feudal, y burgués moderno de épocas progresistas de la formación económica de la sociedad (5).

Marx resalta aquí la importancia de las condiciones sociales de la base real para poder generar una trasformación, una revolución, cuando la contradicción se agudiza a tal punto que no puede detenerse.

Las relaciones de producción burguesas son la última forma antagónica del proceso social de la producción, antagónica no en el sentido del antagonismo individual, sino en el de un antagonismo que surge de las condiciones sociales de vida de los individuos, pero las fuerzas productivas que se desarrollan en el seno de la sociedad burguesa crean, al mismo tiempo, las condiciones materiales para resolver este antagonismo. Con esta formación social concluye, por consiguiente, la prehistoria de la sociedad humana (5-6).

En este último párrafo que comentaré del prólogo me interesa hacer ver que el desarrollo unilineal, progresivo y teleológico es algo que puede derivarse en este texto, ya que se piensa que la forma burguesa de producción es la última. La razón es la de ser un modelo donde la explotación ha quedado explicitada (véase el Manifiesto del partido comunista), fuerzas productivas que generaron burgueses y proletarios, pero que cada vez más van aumentando a éstos últimos. La tensión entre el aumento de la producción y la gran concentración del capital y de la propiedad privada en pocas manos genera una contradicción que, para Marx, debe resolverse en la gran revolución comunista que ponga fin a la prehistoria de la humanidad (prehistoria entendida, como una historia de la continua explotación del hombre por el hombre). Y es que el proletariado es la negación última de dicha contradicción histórica. Los proletarios no tienen nada. De ahí que sus intereses de clase sean para Marx universales y, por ende, los que generen la emancipación humana al constituir una sociedad comunista sin clases y sin propiedad privada.

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