El paso del Estado oligárquico al Estado neoliberal (2): Belaunde y Velasco

[Continuación de lo visto en el post anterior (1)]

Debemos empezar mencionado como, a partir de la acusación de fraude hecha por Belaunde contra Manuel Prado, las Fuerzas Armadas dieron lugar a lo que Sinesio llama el primer golpe institucional y antioligárquico del siglo XX (18 de julio de 1962).Este golpe contra la oligarquía tuvo lugar en un contexto donde el Apra, en disputa con la Unión Nacional Odriista (UNO), ganó las elecciones, pero no tuvo el tercio electoral requerido.

Belaunde_0El plazo de un año que hubo hizo posible que la Democracia Cristiana y Acción Popular formaran una alianza, con la que salieron victoriosos en las elecciones de 1963. Este resultado fue, además favorecido por un fáctor estrcutural relativo a un momento de crecimiento económico. Esto generó la integración de los sectores pertenecientes a las clases medias del país. Sin embargo, Belaunde no contaba con una suficiente fuerza de tipo política para poder tener una efectiva política antioligárquica: contaba con el poder ejecutivo, pero el poder legislativo era controlado, mayoritarialmente por el Apra y la UNO. Esta coalición oligárquico termino haciéndole freno a las reformas antioligárquicas.

Mientras eso sucedía, las Fuerzas Armadas habían venido desarrolándose profesionalmente cada vez más, especializándose (por ejemplo, con el CAEM y el servicio de inteligencia), ganando mucha más institucionalidad. Por otra parte, la Iglesia católica jugó un papel importante, a raíz del concilio Vaticano II. Finalmente, los medios de comunicación de masas fueron consolidándose, cada vez más, como un poder espiritual fundamental (diarios, radio y televisión). En pocas palabras, la sociedad civil fue algo que empezó a crecer, de manera acelerada y significativa, durante la década de 1960. Al mismo tiempo, la educación creció, se masificó y, finalmente, entró en crisis. La sindicalización, por su parte, también creción bastante.

El choque continuo entre los bloques UNO-APRA y DC-AP, en el contexto de crisis económicas y políticas, trajo como Velasco_3consecuencia la división de estas alianzas. De esta manera, los grupos se reconfiguraron en una coalición de partidos de centro. Por un lado AP y el PPC (que sale de un grupo de la DC), por el otro APRA y PSD. Esta unión entre grupos de centro fue vista como el fracaso, entregismo, y hasta inmoralidad, del gobierno de Belaunde. El 3 de octubre, un grupo de oficiales radicales harán un golpe de Estado que devino institucional (casi como una “revolución por decreto”).

La coalición de centro-derecha fue desplazada por una coalición conformada por militares, algunos empresarios, tecnoburócratas acabó con la oligarquía y el gamonalismo mediante la reforma agraria. Además, limitó al capital extranjero con fuertes políticas nacionalistas, proteccionistas y estatistas. Según Stepan, la coalición apeló al corporativismo, al estatismo orgánico y a la participación como forma de dominación (269). La autoridad fue centralizada (no más gamonalismo), la exclusión racial y étnica fue abolida. Según López, esto dio lugar a un ciudadano comunitarista.

Aquí podemos ver como los analistas han distinguido tres períodos en el gobierno de Velasco:

I. 1968-1970: instalación y definición del gobierno “revolucionario”.

II. 1970-1973: continuación de las grandes reformas y de los conclfictos con los sectores afectados por dichas reformas.

III. 1973-1975: crisis del gobierno, con conflictos entre los mismos militares.

Stepan, por su parte, distingue dos grandes períodos: un primera fase de instauración de las grandes reformas (cambios importantes en lo que concierne a relaciones sociales y relaciones de autoridad) y una segunda fase, fallida, de institucionalización de esas reformas. La instauración, además de realizar las grandes reformas, definió lo que constituyó la ideología de la “revolución peruana”. Los fundamentos esenciales de dicha ideología eran la adopción del modelo orgánico estatista, y la inclusión corporativo.

Los principios normativos del estatismo orgánico fueron dos. El primero era el principio de coordinación, que ponía como fin último del Estado la consecución del bien común. El segundo principio era el de subsidiariedad, sostenía que todas las partes componentes (familia, individuos, asociaciones de tipo prvadas) tenían una función dentro de una totalidad orgánica, aunque se sostenga, al mismo tiempo, que el Estado constituye la comunidad de tipo política más perfecta. En la práctica, era más intervencionista que el liberalismo, pero tenía una penetración menor en la sociedad que la que realizaba el socialismo. Stephan condensa lo propio del estatismo orgánico de la siguiente manera:

“Por un lado, la prioridad de la comunidad política y la responsabilidad del Estado en la búsqueda del bien común implicaban límites fuertes al individualismo del libre mercado y, por otro, la existencia de asociaciones privadas implicaban fuertes limitaciones sobre la legitimación del Estado para actuar como propietario de los medios de producción y como planificador de la economía” (271)

El problema esencial eran las tensiones entre el Estado y sus partes, ya que la armonía que buscaba el estatismo orgánica no era preestablecida a priori. Esa participación, según López nunca llegó a ser efectiva.

Debemos mencionar que, como arreglos institucionales efectivos, el estatismo orgánico iba de la mano, en el caso peruano, con un corporativismo incluyente que buscaba estructurar la representación de los intereses de los diversos grupos sociales. Sinesio dice al respecto:

“Ese corporativismo inclusivo fue primero distributivista y secundariamente coercitivo, trtaando de expandir las capacidades de control y de planificación, de arbitraje y de regulación del Estado sobre la economía y las masas movilizadas, y de legitimarse a través de un populismo político y del nacionalismo económico. En resumen, las reformas velasquistas de la primera fase produjeron no un ciudadano liberal, sino un ciudadano comunitarista” (271).

De ahí que la reforma agraria no haya dado lugar a:

“(…) relacionaes individualistas de autoridad y a ciudadanos liberales, sino, más bien, a ciudadanos sociales y a formas comunitaristas -corporativas- de relación entre los trabajadores y el Estado” (271).

Con la reforma agraria Velasco puso fin a las relaciones tradicionales de servidumbre que nuestro país había tenido sistemáticamente durante su corta historia republicana, y ni que decir de la época virreinal. Abolir esa servidumbre significó el incio fundamental para abolir la discriminación ético racial. Uno de los intentos de políticas de reconocimiento (cfr. Charles Taylor sobre este concepto) impulsado por Velasco fue la reivindicación de la lengua quechua, pues esta fue reconocida como lengua oficial. Sin embargo, el intento de querer imponer el bilingüismo para todos los peruanos fracasó rotundamente, pues había muchas cosas que debían tomarse en cuenta para darse cuenta que era muy difícil que tal iniciativa tuviese éxito, o que se mostrara como viable, e incluso verosímil. López dice al respecto:

“El bilingüismo representaba, sin duda, muchas dificultades, las más importantes de las cuales eran la acelerada castellanización del mundo andino, la diversidad dialectal del quechua y, sobre todo, la resistencia del mundo criollo hispanohablante a aprender quechua” (274).

De ahí que Morales Bermudez diera marcha atrás con esta iniciativa. Quizá si se hubiese circunscrito a determinadas zonas, hubiese tenido éxito. Sin embargo, eso nunca lo podremos saber.

Ahora, y regresando a lo anterior, no debemos olvidar, tampoco, que el estatismo orgánico y corporativista propio del Estado de Velasco, más allá de sus inetreses reivindicadores y emancipadores, tenía la forma de una dictadura, y como tal presentaba los rasgos propios de ésta:

1. Peeminencia de las Fuerzas Armadas y del poder ejecutivo. Es importante señalar aquí, que algo esencial que logró hacer Velasco fue centralizar la autoridad del Estado al acabar con el gamonalismo.

2. Eliminación del poder legislativo.

3. Subordinación del poder judicial.

4. Expansión de los aparatos estatales, principalmente los económicos, como las empresas estatales. En un momento, incluso, el Estado fue una fuerza fundamental de la economía peruana.

5. Crecimiento de la sociedad civil controlado por el Estado.

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