¿90 años de qué?

PA453

Necesitar de capital extranjero en incluir a la clase media es para García el supuesto pecado original que generó el desdén de la izquierda hacia el APRA. Reconocer el New Deal y una política del perdón a la oligarquía (con el fin de reconstituir la libertad democratica) sería lo que la izquierda no habría entendido. Esta historia de ciencia ficción, en muchas páginas más (con algunas especulaciones y ucronías), es la síntesis del balance histórico del APRA hecho por García en 90 años de aprismo. Hay, hermanos, muchísimo que hacer (Lima: Titanium 2013, un tiraje de 15 mil ejemplares), en términos de sus vaivenes, ambigüedades y virajes ideológicos.

Los errores del APRA sería en primer lugar el “ideologismo” (no ver la evolución de Haya y asumir sus tesis juveniles de manera  acrítica). Otro error sería el sectarismo, la tesis metafísica según la cual el aprismo se transmite biológicamente de padres a hijos, como algunas terribles enfermedades. Sin embargo, lo que sí se mantendría como el núcleo esencial del aprismo, al margen de los espacio-tiempo históricos, serían “la democracia social”, “el Estado antiimperialista” y “la integración”. Lo que debe tenerse en cuenta es que en la práctica estas expresiones de Haya son depuradas de cualquier significación sustantiva para devenir significantes vacíos, ejemplificando a la perfección la manera como operan los discursos populistas según Laclau. De ahí que se afirme que, en la práctica, el segundo gobierno de García habría cumplido lo esencial del aprismo, siendo más aprista que el primer gobierno de García.

García cree que estamos en un momento constituyente donde se encontrarían los elementos básicos para arribar al ideal: la “democracia social” (la utopía del “pan con libertad”). La historia del aprismo es larga, pero su líder confía en que el aprismo ya ha devenido patrimonio del país. Avala el viraje oligárquico del partido como “revolucionario” y defiende la tesis de que el APRA debe devenir hoy el partido de las micro y pequeñas empresas urbanas, es decir, que sea la organización política de los emprendedores (esto en concreto suena como competir con Acuña para recuperar el ex-sólido norte y disputar el electorado joven y “emprendedor”).

Los vaivenes ideológicos son justificados por García bajo la idea de que el aprismo es un marco conceptual “abierto” y no un catecismo de verdades acabadas. Sin embargo, y sin que quede claro, piensa que ello no debe equipararse con oportunismo. Lo que tendría el aprismo sería enseñanza y mandato sería la máxima política de “saber tratar” con el capitalismo y la idea de formar un “frente único” pluriclasista (que luego devino en partidos de masas y no de clase y que se espera que hoy devenga “partido de emprendedores”). García tiene sintomáticamente como ejemplo paradigmático de un gobierno aprista a China (país que como sabemos es capitalismo sin democracia). Su delirio lo lleva a decir cosas como las siguientes:

China comprueba, a pesar de una población que es 45 veces superior a la del Perú, lo correcto de una política realista de aprovechamiento de las fuerzas del mercado mundial, un antiimperialismo constructivo, la alianza de todos los sectores capaces de promover las fuerzas productivas en un frente único, y la integración económica con otros países respetando su soberanía. China es así la mayor y mejor confirmación de las grandes tesis enunciadas por Haya de la Torre, en 1924 y a lo largo de su vida (García 2013: 39).

Y más adelante:

Además, China ha superado ya la dictadura absoluta y genocida del maoísmo y su actual situación en materia de libertades  es un gran paso adelante en relación a aquella. Los demócratas críticos deben tener en cuenta ese proceso, que sigue ritmos tan largos como todos los de la historia y el espacio-tiempo chinos (García 2013: 42).

En pocas palabras, García es un converso (ingenuo o cínico, usted decide) de la teoría de la modernización más burda (apelando también a ciertos elementos culturalistas). El desarrollo del capitalismo generará pluripartidismo y elecciones. García sostiene que no se puede criticar el unipartidismo chino o su corrupción porque las democracias bipartidistas son como si un partido con dos tendencias gobernase y porque también hay gran corrupción en las democracias. Parece que García sigue siendo marxista porque las libertades formales de la democracia liberal no parecen contar de ninguna manera para defender a este tipo de régimen de los autoritarismos, por más exitoso que sea su crecimiento económico.

A pesar de ello, García no deja de contradecirse unas páginas más adelante:

Todo desarrollo social material debe lograrse dentro de la democracia política, afirmando el derecho a la libertad de expresión, con la participación libre de la población en la elección de sus gobiernos y en la constitución de sus partidos, sindicatos y organizaciones. Sin ese objetivo, pronto surge la dictadura abierta o su nueva forma encubierta que manipula los recursos del Estado para la continuidad reeleccionista (García 2013: 67).

Tres páginas más adelante, García cae en la misma contradicción o ambivalencia…

China nos ofrece ahora un importante avance: su estabilidad política y su conducción responsable, colegiada e impersonal. El aprismo latinoamericano no plantea la hegemonía de un solo partido ni falta de libertad, ni comparte el modelo de las reelecciones criollas, pero rechaza el análisis simplificado del caso chino y destaca su inigualado desarrollo social (García 2013: 70).

La apología de China llega al punto de ser la ejemplificación de lo que debería ser la reconceptualización del quinto punto del programa máximo:

Además, otro de los grandes objetivos del aprismo, el quinto punto de su Programa Máximo, es la “Solidaridad” con los pueblos y las clases que luchan por su libertad”, y China merece un lugar notable entre estos, pues ha bregado con éxito por liberarse de la miseria, el desempleo y el atraso campesino (García 2013: 112).

Ese pragmatismo con el capital es “confundido” ilegítimamente por García con concertación, obviando el hecho de que se trata de una modernización autoritaria:

Es muy importante reconocer el doble carácter de ambas corrientes para concertar acciones pragmáticas. Como lo señaló Deng Xiao Ping con inteligencia, cuando se buscan resultados sociales lo importante es alcanzar logros concretos: “No importa de qué color sea el gato. Lo importante es que cace ratones”. Ese debe ser el trabajo del aprismo: concertar. Ya lo había señalado Haya al definir el universo lingüístico del Congreso Económico Nacional (García 2013: 116).

Entonces parece ser que de jure las libertades democráticas importan, pero de facto lo relevante es medir el grado de crecimiento y modernización capitalista, al margen de si se trata de un régimen autoritario. Seguramente García podría anhelar que las grandes inversiones no tuviesen que requerir de consulta o respeto a derechos y libertades (cfr., el problema de la modernización).

En segundo lugar, García afirma que su segundo gobierno fue más aprista que el primero (aunque usted no lo crea). El desastroso primer gobierno se habría debido a rezagos velasquistas y no a las ideas de Haya, aunque antes se haya propuesto estas no que no son un catecismo (sin embargo, nunca un aprista diría que Haya está equivocado en algo. Hasta los mariateguistas son más moderados). El Estado no debe ser propietario de empresa. Para García, debe ser un regulador. Lo que sí debe garantizar es el orden y la seguridad frente a la delincuencia y el terrorismo. Su manera de redefinir la soberanía que reclamaba el aprismo es haciendo que el Perú le venda a más países. De esa forma no sería tan dependiente de pocos países y eso afirmaría la autonomía política nacional. ¿En serio? Los apristas-alanistas deben estar felices porque, de acuerdo a esto, venimos teniendo gobiernos apristas desde 1990.

Millian Modes of Presentation

Comparto los audios de la última conferencia.

Presentación – Victor Krebs


Lecture 03


Discusión


Land sobre #Acelerar

Comentario de Land sobre el Manifiesto (tomado de aquí):
Thanks for the Accelerationist Manifesto — I enjoyed it. As you might expect, some quibbles (in rough order of importance):
(a) Is there really an effective and sympathetic audience for this kind of program? Assuming that the only accelerating processes for which we have historical precedent have involved some kind of ‘exploitation’ (directing energies into self-reinforcing productive systems, rather than leisure consumption), how realistic is it to envisage a left-accelerationist alliance? Would this not require that the labor resources which are to be channeled into accelerating growth subjectively embrace the intensification and economization of work? This strikes me as politically implausible, in the extreme.
(b) The acceleration / speed distinction is not very precisely described. Impressionistically, it suggests that capitalist ‘speed’ lacks some kind of qualitative openness relative to a ‘left acceleration’ — that it is too narrowly channeled. Without seeing more clearly what this missing quality might be, it is hard to respond precisely. My suspicion is that it involves a romantic attachment to some conception of productive ‘liberation’ beyond that captured by the capitalist index of economic value (which in turn reduces to the self-reference of auto-excitation, or production-for-production). Since the capitalist formula tends to capture mathematically-pure acceleration (self-referential growth) with great exactitude, it is hard to see what it is missing. (Do the Left Accelerationists really think they can drive the production trend harder? That sounds like the early-Soviet and Maoist illusions that markets slow things down.)
(c) Is ‘collective self-mastery’ being conceived as an immanent goal of economic evolution — in Marxian fashion? No reason is given here for embracing it. Perhaps it is supposed to be self-evident, or the Left political identity is taken as a given, which then upgrades itself through accelerationist theory, without discarding prior moral commitments. In any case, it seems extraneous to the immanent accelerationist principle, which is intensification of practical self-reference on the part of the productive machine. Optimization for intelligence is intrinsically accelerative, can the same be said of ‘collective self-mastery’? Why would such ‘mastery’ be directed towards driving the process harder? Process and goal seem to be entirely disconnected.
(d) ‘Neoliberalism’ is undefined, and given that it means everything from intense laissez-faire capitalism (when used critically by ‘Bolivarian’ Latin Americans) to mildly market-reformed New Deal social democracy (when used affirmatively by Clinton-era Democratic Party sympathizers in the United States) it is difficult to know what to make of it. The implicit idea that we are presently in a post-Keynesian epoch strikes me as preposterous. This vocabulary is a tribal rallying cry, rather than a serious contribution to political-economic analysis.
(e) Does the preliminary eco-panic do any theoretical work? It looks like an awkward fit, to say the least.
(f) “The future must be cracked open once again, unfastening our horizons towards the universal possibilities of the Outside.” — My PhD supervisor warned me against ‘must-aphysics’ and I’ve tried not to forget it. If it ‘must’ through some naturalistic destiny, OK (great). If ‘we’ ‘must’ ‘do it’ it sounds like silly soap-boxing. Waving guns at people might earn a ‘must’. Waving a politico-theoretical manifesto at them really doesn’t …

The Metaphysics and Epistemology of Information

Comparto los audios de la segunda conferencia de Scott Soames.

Presentación – Eduardo Villanueva


Lecture 02


Discusión


#Acelerar: Manfiesto aceleracionista de izquierda

En relación al problema de la modernización, vale la pena discutir el Manifiesto aceleracionista:

Las últimas transformaciones ponen en ridículo las organizaciones y estructuras que dieron lugar a los Estados-Nación modernos, teniendo como principales problemas los de índole ecológica y demográfica. Esto sumado a las crisis financieras, austeridad  desempleo y recorte de servicios sociales (neoliberalismo 2.0).  La edad de oro se terminó. No vuelve más y  los estándares de vida de la clase media del norte empiezan a desvanecerse. La política contemporánea, frente a estos problemas, no ha podido generar nuevas idea sus modos de organización que permitan superarlos y transformar las sociedades.  En el mejor de los casos, las izquierdas piden keynesianismo, cuando las condiciones de la posguerra ya no existen (trabajo industrial fordista de masas). Otros movimientos buscan primitivamente una autenticidad comunitaria o política localista y directa que no tiene oportunidad frente al capital global . Lo que debe recuperar la izquierda, si es que aspira a una hegemonía global, es a la recuperación del futuro (y esto implica superar, a nivel ideológico, la tesis del fin de la historia).

En el caso del capitalismo, la competencia y el crecimiento son los ejes fundamentales de su tendencia aceleracionista. Land captura esto, pero cae en la miopía de pensar que el desarrollo científico y tecnológica arribará sin más. Su problema es que aceleración no es simplemente velocidad y que el neoliberalismo no va a generar de manera espontánea lo que Land vaticina. La lectura correcta es ver cómo hay, siguiendo a Deleuze y Guattari, desterritorialización (desregulación Thatscheriana) y reterritorialización (valores victorianos).  Neoliberalismo no es sin más modernización. Marx es un pensador paradigmáticamente aceleracionista que, con las herramientas teóricas y empíricas más avanzadas de su época, busco comprender y transformar su mundo. Marxismo, teoría crítica y política emancipatoria no están desligadas de la ciencia. La requieren como una condición necesaria, aunque no suficiente.La izquierda tiene la tarea de actuar en pro de una efectiva aceleración que por ahora es reprimida por el sistema económico actualmente vigente.

La política aceleracionista es la que reconoce complejidad, globalidad y tecnología como ejes constitutivos que son ineludibles. Retener los avances del capitalismo y superar sus patologías, sistema de valores y estructuras de gobernanza. La aceleración emancipatoria debe terminar con que el ser humano trabaje menos, en lugar de repetir absurdamente la contemporánea producción de meros gadgets. Pero promover esto es buscar una vuelta al pasado. No hay vuelta al fordismo. Incluso debe ser tenido por indeseable por lo que suponía (colonias, imperios, una periferia no desarrollada, jerarquías nacionales, racismo y sexismo). El aceleracionismo de izquierda quiere desarrollar las fuerzas productivas, yendo más allá de lo que puede hacer el neoliberalismo y con vistas a un post-capitalismo. Sin embargo, esto no es techno-utopismo: la tecnología no es una condición suficiente para la emancipación. Solamente se alcanza suficiencia si esta condición se articula con acción socio-política. La tecnología acelerada no supera conflictos sociales de manera automática. En realidad, de lo que se trata es de que la tecnología debe ser acelerada porque es necesaria para poder ganar los conflictos sociales. No hay nada espontáneo aquí: se requiere planificación. Por eso la izquierda requiere estar a la vanguardia, en lo que a avances científicos y tecnológicos se refiere. La modelización económica, análisis de redes, de big data, simulación basada en agentes… todo esto y más es necesaria para hacer inteligible un mundo complejo. La izquierda aceleracionista debe ser alfabeta en esto y más.

La clásica acción directa no basta para estas cosas: marchar, llevar carteles. No basta hacer eso. El criterio de una buena táctica no debe ser hacer “algo”. Debe ser si posibilito algún tipo de éxito significativo. Incluso si esto implica abandonar la retórica “radical” de apertura, horizontalidad e inclusión. Una acción política efectiva puede requerir también de verticalidad, exclusión y de secretos. Pero, además, la democracia no se piensa de manera puramente procedimental (voto, discusión, asambleas y elecciones). El ideal debe ser sustantivo  el autogobierno colectivo.  Se trata de una neo-ilustración en tanto se piensa que este autogobierno requiere del conocimiento del mundo. Lo que busca el aceleracionisnmo es una planificación no totalitaria que pueda superar un orden caprichoso y emergente que se encuentra fuera de control. Lo que buscan es el matrimonio de la planificación con el orden improvisado de las redes.

Sus objetivos de mediano plazo son tres. Primero: construir una infraestructura intelectual. Esto implica una nueva ideología y modelos socio-económicos. Se trata tanto de ideas, como de instituciones y caminos materiales para realizar estas ideas. Segundo: reformar los medios de gran escala. Es fundamental pelear porque estos medios puedan estar lo más cerca posible del control popular. Tercero  reconstituir el poder de clase. Esto implica abandonar la idea de un proletariado sustantivo y orgánicamente generado, para pasar a la idea de articular diferentes identidades proletarias, fruto de las formas de trabajo precario de la era post-fordista. El ensamblaje de tácticas y organizaciones es lo único que podrá generar un efectivo cambio sistemático.

Solamente una política prometéica de este tipo es la única que podrá vencer al capital. El control y el dominio no debe ser inherentemente fascista, como la posmodernidad lo afirma. Conocimiento de la complejidad es la mejor manera que tenemos para llevar a cabo las tareas necesarias para una sociedad que se quiera emancipada. En última instancia, el aceleracionismo retoma los motivos clásicos y comunis de la crítica al capital: un sistema injusto y perverso, pero añade uno que ya no se suele mencionar: es un sistema que frena el progreso. El aceleracionismo quiere desencadenar el desarrollo tecnológico que es reprimido por el capitalismo. La culminación de la ilustración, en tanto auto-crítica y auto-dominio. Tal es el ideal a seguir.

La disyuntiva para el aceleracionismo es la siguiente: “¿post-capitalismo globalizado o fragmetación primitivista, crisis perpetua y colapso ecológico global?”. Recuperar el futuro para arribar al afuera.

Language, Meaning, and Information: A Case Study on the Path from Philosophy to Science

Comparto el primer de los Hempel Lectures de Scott Soames. Un absoluto lujo tenerlo en nuestra universidad.

Presentación de Miguel Giusti


Lecture


Discusión


No existe “la” filosofía

La discusión crítica que realiza Brassier de Laruelle en Nihil Unbound: Enlightenment and Extinction es muy interesante. Sin embargo, me gustaría determe brevemente, primero, en un par de ideas excelentes, aunque bastante externas a la relevancia del texto en cuestión. Laruelle propone a la “no-filosofía” como una práctica o ciencia que tiene por objeto de estudio a la filosofía, buscando comprender (entre otras cosas) su funcionamiento. La esencia restrictiva de la filosofía que identifica es lo que denominará la “decisión”. Más allá de la relevancia de Laruelle para la filosofía contemporánea que Brassier reconoce, lo interesante es que señala abiertamente como una crítica que lo que Laruelle ha hecho hacer una crítica a un cierto modo de filosofar que está hipostaseando a todo filosofar. Su influencia para hacer esto viene de Heidegger y Derrida: pensar que la filosofía tiene una especie de lógica,  estructura invariante, o simplemente “algo” que se repite desde los presocráticos hasta hoy. Las aporías de la deconstrucción simplemente expresarían el destino consumado de la perenne esencia griega de la filosofía. Brassier recuerda que algo así como la “historia del ser” heideggeriana termina cayendo en el absurdo de descubrir la esencia de la filosofía inductivamente a partir de la exégesis de ciertos textos, textos que pertenecen a una historia de contingencias, distorsiones, malinterpretaciones, variables socio-políticas, etc. En pocas palabras, no hay posibilidad de conseguir suficiente evidencia textual para sustentar cuál sería la esencia de la filosofía.

La filosofía sería en realidad una práctica intelectual con una historia material compleja y solamente una perspectiva idealista podría pretender que existe una perenne y abismal esencia. Una cosa es decir que filósofos como Platón, Kant, Hegel y Nietzsche (por poner algunos ejemplos) ejemplifican lo que es más profundo en filosofía, con la afirmación idealista e indefendible de que estos autores encarnan su esencia. Sin embargo, a pesar de que la influencia heideggeriana es decisiva, Laruelle termina pensando que es Hegel quien lleva al límite a la filosofía, en tanto esta se concibe como totalización. Brassier muestra el absurdo de esta visión hegeliano-heideggeriana que mantiene Laruelle diciendo que afirmar tal cosa sería como creer que los grandes deportistas encarnan la esencia de “el deporte”. Solamente los filósofos hablan. Nunca “la filosofía”. Brassier afirma que Laruelle cae en lo mismo, pero para demarcar críticamente su proyecto “no-filosófico”. El resultado: tiene que mantener que todos los filósofos son en la práctica hegelianos o que los no-hegelianos no son filósofos (de Hume a Churchland). Brassier piensa que no es necesario abandonar los aciertos de Laruelle. Lo que es necesario es redefinir su proyecto, pensándolo como una crítica a cierta filosofía y esa filosofía sería el correlacionismo (de Kant a Badiou). Lo que resulta de esta crítica es la posibilidad de una posición que es anti-correlacionista (en lugar de “no-filosófica”) abriendo la posibilidad de un realismo trascendental contemporáneo.

La estrategia es brillante: apropiarse de una buena crítica, pero redefiniendo sus alcances y límites.


@erichluna

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